HERMANDAD SACRAMENTAL NTRA SRA DEL ESPINO CORONADA

lunes, 9 de enero de 2012

8 DE ENERO: BAUTISMO DEL SEÑOR



Con esta fiesta del Bautismo del Señor que estamos celebrando, terminan las grandes celebraciones de la Navidad.
Con sencillez y en familia, nos hemos unido al misterio del nacimiento del Salvador, nos hemos alegrado, por el ejemplo que la Sagrada Familia nos deja, para todas las familias cristianas de cualquier época.
Junto a Jesús, hemos terminado un año, y de su mano hemos iniciado uno nuevo, en el que Él es la luz, que ilumina el camino de todos los pueblos y de todos los seres humanos, hacia la verdadera felicidad.
Cristo ha venido para salvar a todos, y en cada uno de aquellos magos de Oriente, se representaba a todo el mundo, expresión del mensaje universal del Señor.
Y hoy, contemplamos al Señor ya adulto, a punto de comenzar su vida pública, su peregrinación desde Galilea por todo el pueblo judío, anunciando una época de paz, de igualdad, de justicia para todos.
Y en Él, el profeta Isaías, ve, la palabra libertadora y justa de Dios, que quiere que cada ser humano, que cada uno de sus hijos, experimenten su amor, y su deseo de arrancarles del poder de las tinieblas, de todo lo que nos hace infelices, para que puedan participar de su luz, de su paz, de la felicidad más plena.
Y para poder caminar por el sendero de la felicidad, nuestros primeros pasos deben ser la justicia, la defensa del inocente, la igualdad y la dignidad de toda persona.
Así vivió Jesús, desde su bautismo, lleno de la fuerza de Dios: pasó haciendo el bien, y curando a los enfermos. Sin hacer distinciones, sin quedarse en los postulados de la Ley, teniendo sólo como referente, el mismo deseo salvador del Padre.
Juan íba bautizando a todos los que escuchando su voz, se preparaban para recibir al Mesías, su bautismo, era un bautismo de conversión, de cambio de vida, de perdón de los pecados. Jesús, bautizará con Espíritu, y será el bautismo que nos hace hijos de Dios, que nos introduce en una nueva vida.
El bautismo de Jesús, es una invitación a recordar nuestro propio bautismo, lo que significa en nuestra vida de cristianos.
Somos hijos de Dios, hermanos de todos, formamos una gran familia, y como en toda familia, vivimos momentos mejores y no tanto, pero lo importante, es que todos tengamos claro, que lo más importante que podemos hacer, es como Jesús, pasar haciendo el bien, curando a los enfermos.

Porque curar, se cura de muchas formas, con medicamentos, con ayuda de especialistas, pero también con la escucha, con la compañía, con la mano tendida, con la cercanía.
Nos debiéramos de plantear, en qué medida, cada uno vivimos comprometidos con la realidad, vivimos desde la justicia, desde la defensa de los más débiles, de los que más sufren.
Ante los magos de Oriente, Jesús se manifiesta como la luz que ilumina a todos los pueblos.
Hoy en el Jordán, en una nueva epifanía divina, Dios manifiesta al mundo, que Jesús es su Hijo, su Predilecto, su enviado, para llenarnos de paz, de libertad, de esperanza.
Pidamos al Señor, que la fuerza de su Espíritu, nos guíe por la vida, nos llene de la fuerza de Dios, y nos haga dar un testimonio sincero y fiel de nuestra fe.