HERMANDAD SACRAMENTAL NTRA SRA DEL ESPINO CORONADA

jueves, 10 de mayo de 2012

Mes de Mayo

primavera, ofrécele unos ramos de flores a nuestra Madre celestial en forma Rosarios
Este preciosísimo ejercicio, que con tanto fervor practican cada año todos los devotos de la Virgen María, tuvo su origen en Roma, siendo uno de los santos que más se distinguieron en recomendarlo, San Felipe Neri, en 1584, contribuyendo también a facilitar su difusión el "Mes de María", compuesto por el padre Lalomia, de la Compañía de Jesús. Con todo, no entró en su apogeo esta devoción hasta mediados del siglo XIX, siendo hoy contados los verdaderos cristianos que no lo rezan, aunque sea uno de los más breves que hay compuestos. Lo esencial de esta práctica consiste en dirigir a la Virgen María, cada día, algunas preces y acompañarlas de algún obsequio; cosas ambas que contribuyen a conseguir el fin que se tuvo presente en sus orígenes, que era defender de los peligros que en esta época del año, la primavera, solían ser más frecuentes en la juventud, y el ofrecer a la Reina del Cielo los perfumes de las flores y los encantos de la naturaleza, en los días luminosos de esa privilegiada estación del año. Pero los fieles que tengan algún tiempo disponible, además conviene que mediten en la vida y virtudes de la Virgen María.

Oración para todos los días

¡Santísima Madre de Dios y Madre nuestra!. Aquí me presento delante de Vos, para tributaros mis pobres obsequios en este mes de Mayo, consagrado a vuestro culto.
Dignaos aceptarlos como prueba del amor que os profeso, y alcanzadme lo que más me conviene. Amén.
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno que haya acudido a Vos, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Virgen Madre de las vírgenes!, y, aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a parecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, ¡oh purísima Madre de Dios!, mis humildes súplicas; antes bien, inclinad a ellas vuestros oídos y dignaos atenderlas favorablemente y concederme lo que os pido.
¡Oh Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra!, siempre te amamos, siempre te invocamos, siempre nos consagramos a Ti. Pero especialmente queremos hacerlo en este mes de las flores, que los cristianos dedican a tu amor.
¡Oh flor de todas las virtudes y árbol de todas las gracias, cuyo fruto es Nuestro Señor Jesucristo!
Haz que en nuestras almas florezcan todas las virtudes y gracias de Dios, y fructifique Nuestro Señor Jesucristo en santidad y gracia. Y, pues eres fuente sellada y pura, no permitas que se sequen jamás en nuestras almas la flor de tu devoción y el fruto del amor a Jesucristo, tu Hijo.

Deprecaciones en honor del Dulcísimo Nombre de María.

  1. Madre mía amantísima, en todos los instantes de mi vida acordaos de mí, miserable pecador. Avemaría.
  2. Acueducto de las divinas gracias, concededme abundancia de lágrimas para llorar mis pecados. Avemaría.
  3. Reina de cielos y tierra, sed mi amparo y defensa en las tentaciones de mis enemigos. Avemaría.
  4. Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, alcanzadme de vuestro Santísimo Hijo las gracias que necesito para mi salvación. Avemaría.
  5. Abogada y refugio de los pecadores, asistidme en el trance de mi muerte y abridme las puertas del Cielo. Avemaría.

Oración:

Concédenos, por favor, Señor Dios, que nosotros, tus siervos, gocemos de continua salud de alma y cuerpo; y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutemos de las alegrías de la eterna.

Súplica final para todos los días:

¡Oh la más bella de las creaturas y Madre del Creador! A ti volamos atraídos por el olor de tus virtudes. Mediadora de la salvación del universo, gloria de la humanidad, esperanza de los abatidos, modelo de los perfectos, intercesora en el Empíreo. Todo en Ti lo hallamos, ¡oh María!, y en Ti quiso el eterno dar socorro a toda necesidad, y consuelo a toda miseria. No podemos buscar una virtud que en Ti no resplandezca, ni un documento que tu vida no enseñe, ni una gracia que no hayas alcanzado; ni aún volver los ojos al mismo Dios, sin verte a El unida, sin recordar la gloria de tu dignidad y el valimiento de tu protección. ¿Cómo no amarte sin cesar? ¿Cómo no invocarte a menudo? ¡Ah!; si entre las espinas que crecen en nuestro árido corazón ha brotado alguna rosa, a Ti la consagramos, que sembraste en el su semilla. Bendice ¡Oh Señora!, estos obsequios, y que se multipliquen y den fruto de vida eterna estas flores que forman la corona inmarcesible de la gloria.
Alienta y conserva los buenos deseos que hemos formado; planta en nosotros y fecundiza las virtudes que nos faltan; y haz que, renaciendo a la verdadera vida, como la naturaleza en la primavera, cada día de este sagrado mes, veamos arrancada una espina de nuestro corazón, y nacida una de las flores que, encerradas en Ti, forman las delicias del Eterno.
Oración:
¡Oh María, prado amenísimo de las delicias de todo un Dios, huerto cerrado y jardín florido!
Postrado a vuestras plantas soberanas, os ofrezco la Flor espiritual de este día, y por ella os pido me hagáis participante de la fragancia de vuestras virtudes, plantándolas todas en mi pobre corazón. Regadlo, Madre mía, con el rocío de la divina gracia, para que, dando frutos de justicia y santidad, pueda después merecer la eterna gloria. Amén.
Florecillas a nuestra Madre Santa

EL SANTO JOB- PATRON DE LA PACIENCIA.

Job, Santo
Patriarca, Mayo 10
 
Job, Santo
Job, Santo

Patriarca

Se llama patriarca a un antiquísimo jefe religioso de Israel. Así por ej. fueron Patriarcas: Noé, Abraham, Jacob, Isaac, etc.
Job ha sido considerado durante muchos siglos como el mejor modelo de paciencia, antes de Jesucristo. El profeta Jeremías afirma que la tierra donde Job nació y vivió (al suroriente del Jordán) era considerada como región de grandes sabios y profundos pensadores.

La S. Biblia narra de la siguiente manera los hechos de Job: "Había en la región de Us (al suroriente de Palestina) un hombre de muy buen comportamiento, que se apartaba del mal y temía mucho ofender a Dios. Tenía siete hijos y tres hijas. Era inmensamente rico. Tenía 7,000 ovejas, 3,000 camellos, 500 pares de bueyes, 500 asnas, y muchísimos obreros. Era el más rico de toda la región".

De vez en cuando ofrecía sacrificios de animales a Dios, para pedirle perdón por los pecados de sus hijos, porque se decía: "¡Quien sabe si alguno de mis hijos haya disgustado al Señor con algún pecado!".

Un día se reunió Dios en el cielo con sus ángeles y les dijo: ¿Han visto a mi amigo Job? No hay nadie en la tierra tan bueno como él. ¡Tiene gran temor de ofenderme y se aparta del mal! ¡Pero Satanás llegó y dijo a Dios: "Es que has tratado demasiado bien a Job. Le concediste enorme cantidad de animales, y de personas. Así cualquiera se porta bien. Pero permítele que se le acaben sus riquezas, y verás como se portará de mal!". - Y Dios le dijo a Satanás "Le concedo permiso para que lo ataque en sus bienes, en sus animales y personas que le sirven. Pero cuidado ¡A él no lo vaya a tocar!".

Y un día en que sus siete hijos y sus tres hijas estaban celebrando un almuerzo en casa del hijo mayor, llegó corriendo un mensajero a decirle a Job: "Sus bueyes estaban arando, y sus asnas estaban pastando en el potrero y llegaron los guerrilleros y mataron a los trabajadores y se robaron todos los animales. Solamente yo logré huir para traerle la noticia".

Todavía estaba el otro hablando cuando llegó un segundo obrero y le dijo: "Cayeron rayos del cielo y mataron a todas sus ovejas y a sus pastores. Solamente yo logré salir huyendo para traerle la noticia".

Aún estaba hablando el anterior cuando llegó otro que le dijo: "Los enemigos del país vecino se dividieron en tres escuadrones y atacaron los camellos, mataron a los arrieros, y se llevaron todos los animales. Unicamente yo logré huir para venir a contarle la noticia".

No había terminado el otro de hablar cuando llegó un cuarto mensajero a decirle: "Sus siete hijos y sus tres hijas estaban almorzando en casa del hijo mayor y se cayó el techo y los mató a todos".

Job se levantó, rasgó sus vestiduras en señal de tristeza; se rapó la cabeza en señal de duelo y exclamó: "Desnudo salí del vientre de mi madre. Sin nada volveré al sepulcro. Dios me lo dio, Dios me lo quitó. Bendito sea Dios".

Y en todo esto no pecó Job, ni dijo ninguna palabra contra Dios que había permitido que le sucedieran tantas desgracias.

Se volvió Dios a reunir con sus ángeles en el cielo y les dijo: "¿Se han fijado en mi amigo Job? No hay ninguno tan santo como él en la tierra. Tiene gran temor de ofenderme y se aparta siempre del mal. ¡Y aunque he permitido que le sucedan tantos sufrimientos, no se aparta de mi amistad!". Pero llegó Satanás y le dijo: "Sí, se conserva así porque goza de buena salud. ¡Pero permíteme quitarle la salud y verás que ahora sí maldice y se porta mal!". - Y Dios le dijo - Puede quitarle la salud. ¡Pero cuidado: respétale la vida!.

Y a Job le llegó una enfermedad en la piel, y se volvió una sola llaga desde la cabeza hasta los pies. Tuvo que ir a sentarse junto a un basurero, y con un pedazo de teja se rascaba, y vivía entre la basura. Y hasta su mujer lo despreciaba y le decía: "¡Maldiga su suerte y muérase!".

Pero Job le respondió: Si aceptamos de Dios los bienes, ¿Por qué no vamos a aceptar los males que El permita que nos sucedan?.

Y en todo esto no pecó Job con sus labios o sus palabras.

Y eran tales sus angustias y los desprecios que le hacían, que cuando amanecía exclamaba: "¿Cuándo anochecerá para que no me desprecien ni se burlen más de mí?". Y cuando anochecía decía: "¿Cuándo amanecerá para que no me atormenten más las pesadillas y espantos?". Y todo esto le sucedía, siendo él tan santo.

Al saber tan tristes noticias, llegaron tres amigos desde diversos sitios, a consolarlo. Y al verlo tan acabado, lanzaron gritos de angustia, rasgaron sus vestiduras en señal de dolor, se echaron polvo en la cabeza como penitencia, y se quedaron siete días, sentados en el suelo, sin decir palabra, llenos de dolor.

Y después los tres amigos empezaron un diálogo en verso, diciendo cada uno a qué se debían probablemente aquellos infortunios tan terribles del pobre Job. Y sacaron como consecuencia final que probablemente él había sido muy pecador y que por eso era que estaba disgustado Dios. Job respondió con fuertes exclamaciones que esa no era la causa de sus desgracias. Que él se había esmerado durante toda su vida por comportarse de una manera que le fuera agradable a Dios. Que había compartido sus bienes con los pobres. Que su deseo de mantenerse puro era tan sincero que había hecho un pacto con sus ojos para no mirar a mujeres jóvenes. Y decía: "estoy cierto que un día, con estos ojos veré a mi Dios".

En un momento de emoción Job llega a decirle a Dios que a él le parece que Nuestro Señor ha exagerado en el modo de hacerle sufrir. Que siendo Dios tan poderoso por qué se venga de un pobrecito tan miserable como él. Y entonces interviene Dios y le contesta fuertemente a Job que la criatura no tiene porqué pedirle cuentas al Creador, y empieza la voz de Dios a hacer una descripción maravillosamente poética de los seres que El ha creado. "¿Cuando yo hice el universo dónde estabas tú? ¿Cuando hice el mar y los animales que lo llenan, por dónde andabas a esa hora?". Y luego Dios va describiendo la imponencia del cocodrilo y del rinoceronte, y las astucias de los animales salvajes, y le pregunta a Job: "Cuando yo hice a todos estos animales, dónde estabas tú, para que ahora me vengas a pedir cuenta de lo que yo hago? ¿Quién es este que se atreve a discutirme?".

Job se da cuenta de que hizo mal en ponerse a pedirle cuentas a Dios y le dice humildemente: "Señor: me he puesto a hablar lo que no debía decir. Retracto mis palabras. Me arrepiento de lo que he dicho al protestar. Te pido perdón humildemente, mi Señor".

Entonces Dios volvió a hablar con voz amable, y dijo a los amigos de Job: "Ofrézcanme un sacrificio para pedirme perdón por lo que dijeron contra mi amigo Job. Y por las oraciones de él, yo los perdono".

Luego Dios le concedió a Job el doble de bienes de los que antes había tenido. Vinieron todos sus familiares cercanos y lejanos y cada uno le trajo un regalo y una barra de plata, y un anillo de oro y celebraron un gran banquete en su honor. Y Dios bnedijo otra vez a Job y le concedió 14,000 ovejas, 6,000 camellos, 1,000 pares de bueyes, y 1,000 asnas. Se casó de nuevo y tuvo siete hijos y tres hijas. Y sus hijas fueron las mujeres más bellas de su tiempo.

Y Dios le concedió a Job una larga vida. Vivió hasta los 140 años. Y conoció a los nietos, a los biznietos y a los tataranietos. Y murió en feliz ancianidad y lleno de alegría y paz.