HERMANDAD SACRAMENTAL NTRA SRA DEL ESPINO CORONADA

viernes, 16 de noviembre de 2012


16 de noviembre

SANTA MATILDE Y SANTA GERTRUDIS
(+ 1298 - + 1302 ?)

El siglo xiii dio a la Iglesia dos figuras femeninas cuya santidad fue en parte el resultado de una amistad profunda. Este es el motivo que las une aquí. Son Matilde de Hackeborn y Gertrudis, llamada la Magna, cuya ascendencia nos es desconocida. Las dos pertenecen al monasterio de Helfta, en el norte de Alemania. Las dos ingresaron niñas en el convento.
En aquella centuria en que el problema del saber iba ocupando un primer plano cada vez más definido en la tabla de los valores humanos, las hijas de las familias nobles, dirigentes de entonces, eran enviadas a monasterios femeninos para ser educadas en las artes liberales y en las reglas de la cortesía francesa, que la moda de entonces imponía.
Ya durante el siglo anterior se había ido extendiendo la idea del monasterio-asilo. Todavía muy jóvenes, las niñas eran entregadas por sus padres al monasterio, al cual se consideraban obligados a corresponder con una dote en nombre de la hija. En cierto sentido ellos creían haber asegurado así para ella una mansión temporal y eterna. Estas ideas obscurecían el verdadero sentido de la vocación.
Fue así como entró la relajación en los monasterios femeninos. Puede ser considerado producto natural de una nobleza que, al mismo tiempo que defendía una posición en la vida, buscaba asegurarse el favor de Dios.
El monacato atravesaba una crisis grave. Y el pueblo se hacía eco de ella. Escandalizado por las costumbres mundanas de los que no debían ser del mundo, por el ansia desmedida de riquezas que contemplaban en los monjes y en el clero, sufría ante este espectáculo.
Pero, una vez más, la Iglesia, contra la que no prevalecen las puertas del infierno, sacó de entre sus cenizas nueva vida espiritual para sus hijos.
Muy a principios de siglo, Santo Domingo, español, de los Guzmanes, y San Francisco, "el enamorado de la dama pobreza", se levantaron en nombre de Dios "por una Iglesia mejor". Y con su vida austera dieron el gran ejemplo que el clero y la vida monacal de entonces necesitaban. Intelectualmente bien preparados, los dominicos se entregaron de lleno a la guía de almas.
Llegaron a Helfa, marcando con su espíritu nuevo una nueva etapa de espiritualidad en aquel monasterio, que, por lo demás, ya atrapa la atención de los que lo rodeaban por la santidad poco común de sus monjas.
Por una especial providencia de Dios, gobernó el monasterio durante cuarenta años la abadesa Gertrudis de Hackeborn, de espíritu recio y grandes cualidades de educadora, con una decidida aspiración a la santidad, que intentó imprimir en sus súbditas.
Allí llegaron nuestras dos Santas: una, Matilde, hermana de la abadesa, a los siete años, y la otra, Gertrudis, de familia desconocida y probablemente humilde, a los cinco años de edad. Encontraron un ambiente propicio para la perfección, a la que se entregaron con sinceridad total.
Matilde fue maestra de la escuela monacal; Gertrudis fue algo más sencillo; fue una monja sin más título que su espléndida santidad y entrega total a Cristo. El Maestro correspondió por su parte a esta exquisita generosidadmostrándosele en visiones místicas y revelaciones. Pero no hay que olvidar que a estas gracias del Señor precedió con seguridad una época de gran purificación en estas dos mujeres, de esfuerzo personal constante, de fidelidad exquisita a Jesucristo. De un seguir adelante "a pesar de". El que esas luchas no hayan llegado descritas hasta nosotros es en cierto aspecto natural en la mentalidad de la Edad Media, más dispuesta a dejarse deslumbrar por lo portentoso que por lo sencillo y oscuro. Hay que considerar, además, que los testimonios que de estas dos Santas han llegado hasta nosotros son noticias dadas por ellas mismas. Es lógico concluir que consideraron más interesante dar testimonio de Cristo y sus revelaciones que de su lucha ascética.
Tampoco de sus vidas sabemos mucho. Matilde nació en 1242 y murió en 1299. Tenía veinte años cuando llegó Gertrudis al monasterio, quien, quince años más joven, murió en 1302.
Matilde fue directora de estudios de la niña. Tanto Matilde como la abadesa percibieron rápidamente las cualidades intelectuales extraordinarias de la pequeña discípula. Y ambas se esmeraron en cultivar su inteligencia con el estudio de las artes liberales y divinas. Así preparada, Gertrudis llegó a ser la amanuense de su propia maestra. Durante la larga enfermedad que el Señor envió a Matilde, ella fue escribiendo en secreto las confidencias de la monja sobre su extraordinaria intimidad con Jesucristo. A través y con motivo del año litúrgico, el Señor se iba entregando a aquella alma, dándole a conocer la intensidad del amor de su corazón. Los favores y revelaciones recibidos por Matilde quedaron así expresados por Santa Gertrudis en un libro deliciosamente ingenuo llamado Libro de la gracia especial.También Gertrudis fue favorecida a los veinticinco años con la gracia de las revelaciones de Cristo. Por deseo expreso de Jesús nos las legó en su libro El embajador de la divina piedad.
Es un mensaje común el que Cristo dio a estas dos monjas benedictinas.
Las dos penetraron finamente el misterio de Dios hecho hombre. A través de sus revelaciones, el amor de Dios llega palpitante y vivo hasta nosotros. Ellas recibieron la gracia de comprender mejor cuál es "la anchura y longitud, la altura y profundidad de este misterio" (Eph. 3,18).
Su papel ha sido hermoso. En aquellos momentos de debilidad espiritual y tibieza en el monacato, ellas acercaron el corazón del hombre al corazón de Dios. Y dieron a conocer el poder casi infinito que el amor da al alma sobre ese corazón: "Discurría (Matilde) en una ocasión sobre el poder del amor divino, que, arrancando a Cristo del seno del Padre, le abajó al seno de su Madre, y el Señor le dice: "Heme aquí a discreción de tu alma como cautivo tuyo para que hagas de mí cuanto te plazca, y yo, como cautivo que nada puede más que lo preceptuado por su dueño, estaré a merced de tu querer" (Libro de la gr. esp., c.31).
De esta nueva categoría de valores en la vida espiritual surgió el principio de la devoción al Corazón de Cristo, símbolo definitivo del amor.
Una corriente de vitalidad se extendió por el monasterio y sus alrededores, pues la santidad de estas dos mujeres llamó pronto la atención de los que visitaban el convento. Los dominicos, los santos de entonces, con su prestigio, defendieron las teorías místicas que sobre el Corazón de Jesús sostenían aquellas benedictinas.
Hoy, refrendadas sus revelaciones por las que Cristo hizo a Santa Margarita María, corresponde a estas dos mujeres un puesto importante en la espiritualidad de la Iglesia, que desea, por su intercesión, que sus hijos lleguemos también "a conocer aquel amor de Cristo que sobrepuja a todo conocimiento, para que seamos llenos de toda la plenitud de Dios" (Eph. 3,19).



Santa 
importante en la historia de la devoción al Sagrado Corazón.
Jesús a Sta. Gertrudis:
Nada me da tanta delicia como el corazón del hombre, del cual muchas veces soy privado. Yo tengo todas las cosas en abundancia, sin embargo, cuanto se me priva del amor del corazón del hombre”

Santa Gertrudis, le preguntó a San Juan porque, habiendo reposado su cabeza en el pecho de Jesús durante la última cena, no había escrito nada para nuestra instrucción, sobre las profundidades y movimientos del Sagrado Corazón de Jesús. San Juan le respondió: “Mi ministerio en ese tiempo en que la Iglesia se formaba consistía en hablar únicamente sobre la Palabra del Verbo Encarnado...... pero en los últimos tiempos, se les está reservado la gracia de oír la voz elocuente del Corazón de Jesús. A esta voz, el mundo, debilitado en el amor a Dios, se renovará, se levantará de su letargo y una vez más, será inflamado en la llama del amor divino”
 

Oración de Sta. Gertrudis"Por tu Corazón heridoquerido Señor, traspasa el mio tan profundamente con el dardo de Tu amor, que ya no pueda mas contener cosas terrenas sino que sea gobernado tan solo por la acción de Tu divino amor."
 

Oración para las almas
del purgatorio
Padre eterno, yo te ofrezco la preciosísima sangre de tu Divino Hijo Jesús, en unión con las misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas animas del purgatorio por todos los pecadores del mundo.
Por los pecadores en la iglesia universal, por aquellos en propia casa y dentro de mi familia. Amen.
El Señor le dijo a Sta. Gertrudis que cada vez que rezara esta oración, pudiese librar 1000 almas del purgatorio.

Santa Gertrudis la Grande
(+1301)
Fiesta 16 de Noviembre
Religiosa de clausura, virgen, vidente del Sagrado Corazón,

-SCTJM
Santa Gertrudis la Grande (1256-1301(2)). Religiosa benedictina alemana, de gran cultura filosófica y literaria, que destacó por su don de contemplación. Una de los primeros apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús.
Del su libro de las Insinuaciones de la divina piedad: Tuviste sobre mí designios de paz y no de aflicción

Nació el 6 de enero de 1256 en Eisleben (Turingia). A los cinco años de edad, fue enviada a estudiar al monasterio benedictino de Helfta donde su maestra, Santa Matilde, era su hermana de sangre y abadesa. Las dos santas eran muy unidas en el amor al Señor. Gertrudis era muy atractiva e inteligente.  Con el tiempo tomó el hábito en el mismo convento. Era amiga de Santa Mechtilde of Hackeborn+1298, quien era de la misma comunidad y también tenía una especial devoción al Corazón de Jesús.
Aun antes que Nuestro Señor se apareciera a Santa Margarita María, Santa Gertrudis la Grande tuvo una experiencia mística del Sagrado Corazón de Jesús.
Santa Gertrudis se adelantó a su tiempo en ciertos puntos, como la comunión frecuente, la devoción a San José y la devoción al Sagrado Corazón. Con frecuencia hablaba del Sagrado Corazón con Santa Matilde y se cuenta que en dos visiones diferentes reclino la cabeza sobre el pecho del Señor y oyó los latidos de su corazón.
Muri'o el 17 de Noviembre del 1301
Se discute si Santa Gertrudis fue benedictina o cisterciense ya que ambas órdenes reclaman la pertenencia de su convento en aquella época y ambas veneran a Santa Gertrudis.

REVELACIONES DE SANTA GERTRUDIS
Alrededor de sus veintiséis años, Santa Gertrudis tuvo la primera de sus revelaciones. Cuando iba a acostarse, le pareció ver al Señor en forma de joven.
"Aunque sabía yo que me hallaba en el dormitorio, me parecía que me encontraba en el rincón del coro donde solía hacer mis tibias oraciones y oí estas palabras `yo te salvaré y te libraré. No Temas.` Cuando el Señor dijo esto, extendió su mano fina y delicada hasta tocar la mía, como para confirmar su promesa y prosiguió: `Has mordido el polvo con mis enemigos y has tratado de extraer miel de las espinas. Vuélvete ahora a Mí, y mis delicias divinas serán para ti como vino.`" Entonces se interpuso un seto de espinos entre los dos. Pero Gertrudis se sintió como arrebatada por los aires y se encontró al lado del Señor: "Entonces vi en la mano que poco antes se me había dado como prenda, las joyas radiantes que anularon la pena de muerte que se cernía sobre nosotros."
Tal fue la experiencia de Gertrudis que podría llamarse su "conversión", a pesar de que se trataba del alma más pura e inocente. A partir de entonces, se entregó con plena conciencia y toda deliberación a la conquista de la perfección y de la unión con Dios. Hasta entonces, los estudios profanos habían sido sus delicias; en adelante, se dedicó a estudiar la Biblia y los escritos de los Padres, sobre todo de San Agustín y de San Bernardo, quien había muerto no hacía mucho tiempo. En otras palabras, del estudio de la gramática pasó al de la teología"; y sus escritos muestran claramente la influencia de la liturgia y de sus lecturas privadas.
Comentarios sobre la muerte
Exteriormente, la vida de Santa Gertrudis fue como la de tantas otras contemplativas, es decir, poco pintoresca. Sabemos que solía copiar pasajes de la Sagrada Escritura y componer pequeños comentarios para sus hermanas en religión, y que se distinguía por su caridad para con los difuntos y por su libertad de espíritu. El mejor ejemplo de esto último es su reacción ante las muertes súbitas e inesperadas. "Deseo con toda el alma tener el consuelo de recibir los últimos sacramentos, que dan la salud; sin embargo, la mejor preparación para la muerte es tener presente que Dios escoge la hora. Estoy absolutamente cierta de que, ya sea que tenga una muerte súbita o prevista, no me faltará la misericordia del Señor, sin la cual no podría salvarme en ninguno de los dos casos."
Continúa la presencia del Señor y las revelaciones
Después de la primera revelación, Gertrudis siguió viendo al Señor "veladamente", a la hora de la comunión, hasta la víspera de la Anunciación. Ese día, el Señor la visitó en la capilla durante los oficios de la mañana y, "desde entonces, me concedió un conocimiento más claro de El, de suerte que empecé a corregirme de mis faltas mucho más por la dulzura de Su amor que por temor de su justa cólera". Los cinco libros del "Heraldo de la a bondad de Dios" (Comúnmente llamados "Revelaciones de Santa Gertrudis"), de los que la santa sólo escribió el segundo, contienen una serie de visiones, comunicaciones y experiencias místicas, que han sido ratificadas por muchos místicos y teólogos distinguidos.
La santa habla de un rayo de luz, como una flecha, que procedía de la herida del costado de un crucifijo. Cuenta también que su alma, derretida como la cera, se aplicó al pecho del Señor como para recibir la impresión de un sello y alude a un matrimonio espiritual en que su alma fue como absorbida por el corazón de Jesús. Pero "la adversidad es el anillo espiritual que sella los esponsales con Dios".
Recuesta la cabeza en el costado de Jesús
En la fiesta de San Juan Evangelista, Santa Gertrudis tuvo una visión de Nuestro Señor, quién le permitió descansar su cabeza en la Llaga de Su costado.  Al escuchar el palpitar de Su Corazón, ella se tornó hacia San Juan, quién estaba también presente. Le preguntó si había escuchado lo mismo en la Ultima Cena, cuando se reclinó sobre el pecho del Señor y de haberlo escuchado, por qué no lo relató en su Evangelio. San Juan contestó que la revelación del Sagrado Corazón de Jesús estaba reservada para tiempos posteriores cuando el mundo, aumentando en frialdad, necesitaría ser reavivado en el amor. 

Escritos
A la santa se le atribuyen cinco libros que componen el "Heraldo de la amorosa bondad de Dios" (Comúnmente llamados "Revelaciones de Santa Gertrudis"). El primero fue escrito por amigos íntimos de la santa después de su muerte, el segundo fue escrito por la santa y los restantes fueron compuestos bajo su dirección.
Sus escritos relatan visiones, comunicaciones y experiencias místicas.  Habla de un rayo de luz, como una flecha, que procedía de la herida del costado de un crucifijo. Cuenta también que su alma, derretida como la cera, se aplicó al pecho del Señor como para recibir la impresión de un sello y alude a un matrimonio espiritual en el que su alma fue como absorbida por el corazón de Jesús. Enseña al mismo tiempo que "la adversidad es le anillo espiritual que sella los esponsales con Dios".
Se le atribuyen además ciertas oraciones del siglo XVII  aunque no son de ella.
Final
Santa Gertrudis sufrió diez años de penosas enfermedades y murió el 17 de Noviembre de 1301 o 1302. Tenía alrededor de los cuarenta y cinco años.
Ni Santa Gertrudis ni su hermana fueron canonizadas formalmente, pero Inocencio XI introdujo el nombre de Gertrudis en el Martirologio Romano en 1677. Clemente XII   ordenó que se celebrase su fiesta en toda la Iglesia de occidente.