HERMANDAD SACRAMENTAL NTRA SRA DEL ESPINO CORONADA

jueves, 13 de diciembre de 2012



VIDA DE SANTA LUCÍA 

Lucía nace entorno al año 280 d.C, en Siracusa (Italia), espléndida ciudad sobre el mar, de nobles padres. El Padre de Lucía que se llamaba Lucio, muere cuando ella era todavía pequeña, así que fue educada por su madre Eutiquia, de la cual toma la verdad del cristianismo y el mensaje del amor de Jesús. Fue así que Lucía conoció el cristianismo, la historia de los primeros cristianos, sus martirios por el amor de Jesús y se dejó capturar por el corazón de Jesús. Por ello, en su corazón decidió consagrarse, uniéndose a Él como una esposa con su esposo, con votos perpetuos de virginidad.

PEREGRINACIÓN

Lucía, preocupada por una grave enfermedad que afectó a su madre, una hemorragia incurable, le sugirió peregrinar al sepulcro de la mártir Santa Ágata de Catania. Víctima en el 251 de la persecución de todos los cristianos ordenados por el emperador Decio, muchas personas se acercaban a su sepulcro para obtener gracias porque la fama de la gloriosa Santa era esparcida por todos los lugares a causa de los milagros que obraba. Lucía en su corazón tenía la certeza de que Santa Águata ayudaría también a su querida madre.

Eutiquia aceptó llena de esperanza la idea de Lucía y así decidieron partir en peregrinación a Catania, donde llegaron justo el día de la fiesta de Santa Ágata, era el 5 de febrero del 301. Durante la celebración escucharon atentamente el pasaje del Evangelio de Mateo, la narración de la mujer que sufría de hemorragias y fue curada por haber tocado el manto de Jesús.
Lucía, iluminada, le propuso a su madre tocar el Sepulcro de Santa Ágata, convencida de la poderosa intercesión de la Santa.
EL MILAGROS

Mientras Eutichia tocaba el Sepulcro, Lucía tuvo una visión de Santa Ágata, que le dijo: Lucía, mi hermana, ¿por qué me pides a mí esto si tú misma puedes obtenerlo para tu madre? Tu madre ya está curada por tu fe. Y así como por medio mío es beatificada la ciudad de Catania, por medio tuyo será salvada la cuidad de Siracusa.
Lucía le dijo a su madre, que por la intersección de Santa Ágata, Jesús ya la había curado, e inmediatamente Eutiquia sientió que le volvían las fuerzas y comprendió que había sido curada.

Entonces, Lucía comprendió que aquel era el momento justo para revelar a su madre la intención de consagrarse a Jesús, y de donar su rica dote nupcial a los pobres. Eutiquia que tenía el corazón lleno de gratitud por la gracia recibida, lo aceptó.


LA DENUNCIA

Un joven de la ciudad, enamorado de Lucía, desilusionado por la ausencia de matrimonio, después de que Lucía le había explicado que ella se había consagrado a Jesús, se vengó con rabia, denunciándola al prefecto romano Pascasio como secuaz de Cristo. El Emperador Diocleziano había emitido un edicto que preveía una feroz represión en contra de los cristianos.
EL ARRESTO

Lucía fue arrestada y condenada ante el prefecto Pascasio, que le ordenó hacer sacrificios paganos para que abandonase a su propia fe cristiana. Lucía se opuso refutándolo. Pascasio se dio cuenta de que no había obtenido nada y, entonces, ordenó que la joven fuese llevada a los peores barrios marginales de la ciudad, para que fuera tratada con violencia.


LOS PRODIGIOS

Los soldados la tomaron para llevársela, pero por más que se esforzaban no podían con ella, probaron también atarla con cuerdas, en las manos y en los pies, pero por más que se esforzaban no podían. Inexplicablemente la muchacha permanecía rígida como una gran piedra. Dios no permitía que nadie se la llevara.


EL MARTIRIO

Pascasio furiosamente la condenó a ser decapitada, muerte reservada a los condenados de la noble estirpe. Santa Lucía, antes de la ejecución, preanunció la muerte de Diocleziano, ocurrió pocos años después, al final de la persecución que terminó en el 313 d.C con el edicto de Constantino.
Lucía falleció el 13 de diciembre del 304 y fue sepultada en el mismo lugar donde, en el año 313, fue construido un Santuario dedicado a ella.

En el 1039, el General Bizantino Jorge Mariace transfiere el cuerpo de Santa Lucía de Siracusa a Constantinopla, para alejarla del período de invasión de la ciudad de Siracusa por parte de los Sarracenos.
En el 1204, durante la cuarta cruzada, el duque de Venecia Enrique Dandolo, encuentra en Constantinopla los restos de la Santa, los lleva a Venecia al monasterio de San Jorge, y en el 1280, los hace transferir a la Iglesia dedicada a ella en Venecia.

Santa Lucía salvó muchas veces a Siracusa en momentos dramáticos como hambre, terremotos, guerras y ha intervenido también en otras ciudades como Brescia que, gracias a su intersección, fue liberada de una gran miseria.
DEVOCIÓN

La devoción a Santa Lucía se difundió rápidamente después de su muerte y ha sido trasmitida hasta nuestros tiempos. El testimonio más antiguo es un epígrafe de mármol en griego que data del siglo IV, descubierto en el 1894 en las catacumbas de Siracusa.
El Papa Gregorio Magno, que vivió entre el año 590 y el 604, agregó a Santa Lucía en el canon de la misa romana. Algunas citas sobre ella se encuentran en la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino. Entre sus devotos encontramos también a Santa Catalina de Siena y San León Magno.
Dante la convirtió en el símbolo de la gracia iluminante y se definió como un fiel devoto suyo. La reputaba como protectora de la vista y, como cuenta en "El Convivio", a ella se le atribuye la curación de las afecciones de los ojos.

La leyenda popular cuenta que a la Santa le fueron sacados los ojos de sus órbitas, por eso alguna iconografía la representa con un plato plano en la mano en el cual fueron puestos sus ojos. Santa Lucía es la protectora de la vista.
TRADICIÓN DE SANTA LUCÍA

La fiesta de Santa Lucía es el 13 de diciembre.
En el norte de Italia, en Checoslovaquia y también en Austria se festeja Santa Lucía como portadora de donaciones para los niños. En Dinamarca y en Suecia la Santa se festeja con la búsqueda de una joven que la represente y en el cortejo con otros muchachos que la acompañan a llevar donaciones a los niños y a instituciones de caridad.
En Suecia es muy venerada también en la Iglesia luterana.
EPÍLOGO

Santa Lucía ha dejado en la historia, con su martirio, un grito de amor a través de Jesús.

Su corazón ardía como una llama del amor divino y esta fue la fuerza irresistible que le permitió superar las angustias que procedían de lo humano. Santa Lucía supo aceptar, para sí, el sacrificio y el dolor, en su firme fe de que Jesús persistía en su alma.

Aquel corazón, que ahora estará libre para palpitar sólo de amor, le había permitido llegar a la virtud en aquel camino hecho con el espíritu de iniciativa para vencer lo humano.

Al volver nuestra mirada sobre Santa Lucía, nos encontramos inundados de su luz caliente y envolvente, que desprende el aroma de sus virtudes, y desaparecemos frente a su sacrificio.

Podemos tranquilamente pedir, a través de su intercesión, reencender la llama ardiente del amor divino, que hace germinar las raíces de las virtudes, para alumbrar la esperanza de ser salvados.

También en las dificultades y en las necesidades podemos recurrir a su protección, seguros de ser ayudados.

Qué lindo sería tenerla a nuestro lado para ayudarnos a recorrer ese camino que sube hasta la cima que se pierde en el cielo de Dios.


SANTA LUCÍA
Mártir. 283-304
1. ORACIONES


Páginas: 1. Oraciones | 2. Novena


  • Festividad: 13 de diciembre
  • Nacionalidad: siciliana
  • Patrona: contra las hemorragias, invidentes, enfermedades de los ojos, disentería, trabajadores del cristal, mártires, campesinos, vendedores, Siracusa (Sicilia), infecciones de garganta, escritores.

(Fuente: Patron Saints Index)

[Estampa de santa Lucía]


ORACIÓN I

¡Oh bienaventurada y amable Santa Lucía!, universalmente reconocida por el pueblo cristiano como especial y poderosa abogada de la vista; llenos de confianza a ti acudimos pidiéndote la gracia de que la nuestra se mantenga sana y que el uso que hagamos de nuestros ojos sea siempre para bien de nuestra alma, sin que turben jamás nuestra mente objetos o espectáculos peligrosos, y que todo lo sagrado o religioso que ellos vean se convierta en saludable y valioso motivo de amar cada día más a nuestro Creador y Redentor Jesucristo, a quien, por tu intercesión, oh protectora nuestra, esperamos ver y amar eternamente en la patria Celestial. Amén

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ORACIÓN II

Oh Dios, nuestro Creador y Redentor, escucha nuestras plegarias con misericordia al venerar Tu sierva Santa Lucía, por la luz de la fe que derramaste sobre ella. Con Tu bondad, danos la capacidad de aumentar y preservar esa misma luz en nuestras almas, para que podamos evitar el mal, hacer el bien y aborrecer la ceguera y la obscuridad producto del mal y del pecado. Confiando en Tu bondad, Oh Dios, humildemente te pedimos, por la intercesión de Tu sierva Santa Lucía, que nos brindes perfecta visión a nuestros ojos, para que puedan servir a Tu honra y gloria, y por la salvación de nuestra alma en este mundo para gozar de la luz perenne del Cordero de Dios en el Paraíso. Santa Lucía, Virgen y mártir, escucha nuestras plegarias y atiende nuestras peticiones. Amén.

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ORACIÓN III

Santa Lucía, que de la luz recibiste tu nombre, a Ti confiadamente acudo para que me alcances la luz celestial que me preserve del pecado y de las tinieblas del error.
También te imploro me conserves la luz de mis ojos, con una abundante gracia para usar de ellos según la voluntad de Dios.
Haz, Santa Lucía, que, después de haberos venerado y haber agradecido este ruego, pueda finalmente gozar en el Cielo de la luz eterna de Dios.
Así sea.

SANTA LUCÍA
Mártir. 283-304
2. NOVENA


Páginas: 1. Oraciones | 2. Novena



MODO DE HACER ESTA NOVENA

Se empezará el día 5 de diciembre y se concluirá en el 13, día especialmente dedicado por la Iglesia para celebrar las glorias de la Santa. Puede hacerse también en cualquier otro tiempo del año, en que se pretenda alcanzar del Señor alguna especial gracia, por medio de la intercesión de la Santa Lucía: en cuya inteligencia, puestos de rodillas delante de algún altar o imagen suya, persignándose y hecho un acto de contrición se dirá las dos oraciones preparatorias a Dios y a la Santa, que servirán para dar principio a la Novena, diciendo al fin de ella tres Padrenuestros y tres Avemarías; se continuará con las dos oraciones propias del día. Y hecha la súplica después, se concluirá con la oración especial de nuestro Señor Jesucristo. Los que hicieren esta novena se confesarán y comulgarán el primer día de ella, o al menos en alguno de los nueve.

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ORACIÓN AL ETERNO PADRE PARA TODOS LOS DÍAS
Dios mío y amorosísimo Padre mío, que por sola vuestra bondad infinita, criasteis en el principio del mundo los cielos y la tierra, haciéndolo todo de la nada; Vos, Señor, que con suma sabiduría lo gobernáis todo, y con admirable providencia lo ordenáis del modo más conducente a vuestra honra y gloria: suplícoos, Señor, penetréis mi corazón con un rayo de vocación verdadera para hacer esta novena, y que me enseñéis, corno sapientísirno Maestro, a pedir aquello que más me convenga para la salud espiritual de mi alma, disponiéndolo todo a mayor servicio vuestro, que así lo espero alcanzar de vuestra bondad y misericordia infinita. Amén.

ORACIÓN A SANTA LUCÍA PARA TODOS LOS DÍAS
Gloriosa Virgen y Mártir Santa Lucía, a quien previno el Señor desde la tierna infancia con las bendiciones de su gracia, eligiéndoos el Eterno Padre por digna hija suya, el Hijo soberano por esposa amada, y el Espíritu divino por su agradable habitación, suplícoos Santa mía me alcancéis de la beatísima Trinidad un fervor devoto, para celebrar esta novena en honor vuestro, y que así como vuestra dichosa alma empezó a servir a Dios, inflamada de los ardores de su amor, no desistiendo de tan noble empeño, hasta llegar a poseerle laureada de las dos coronas de virgen y mártir, así consiga yo, mediante vuestra intercesión poderosa, un verdadero amor suyo para que amándole y sirviéndole en esta vida, logre después verle y gozarle en la eterna bienaventuranza. Amén.
Ahora para alcanzar la gracia que se pide, se dicen tres Padrenuestros y tres Avemarías y se continúa con las oraciones correspondientes al día de la novena. Después se concluye con la oración final a Nuestro Señor Jesucristo.
DÍAS
1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9
ORACIÓN FINAL A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO PARA TODOS LOS DÍAS.
Señor mío Jesucristo, verdadero Dios y hombre, que por solo vuestro infinito amor descendisteis del cielo a la tierra, y os vestisteis el saco de la naturaleza humana en el purísimo vientre de María Santísima, Madre y Señora nuestra, y compadecido de que el enemigo común, como lobo carnicero, hubiese hecho presa en mi pobre alma, padecisteis cruelísimos tormentos, hasta morir afrentosamente clavado en un madero, resucitando glorioso al tercer día triunfando de la muerte y del demonio. No permitáis, Señor que por mi fragilidad vuelva yo a ser esclavo de tan fiero enemigo, antes bien dadme auxilios de vuestra gracia para formar un acto de verdadera contrición, con que me pese de haberos ofendido, sólo por ser Vos quien sois, con propósito firme de no volver más a ofenderos: y concededme la petición que hago en esta novena, y el perseverar en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida, para que mi alma logre después veros y gozaros por eternidades en la gloria, donde vives y reinas en unidad del Padre y del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

 

DÍA PRIMERO

Se empezará diciendo el Acto de contrición y las dos oraciones preparatorias, con los tres Padrenuestros y tres Avemarías, y luego se dirán las siguientes deprecaciones de este día:
ORACIÓN DEPRECATORIA AL SEÑOR
Misericordiosisimo Padre Eterno, fuente perenne de donde bajan infinitos arroyos de piedades, con que se riega la tierra estéril de los humanos corazones, y de cuya liberal mano desciende a este valle de lágrimas todo lo bueno, acordaos, Señor, de que por el grande amor que nos tenéis, permitís que os invoquemos con el dulce nombre de Padre; y que así, mirándonos como hijos, olvidado de nuestras ingratitudes, se mueve vuestra piedad a socorrernos; y pasando adelante vuestro amor, nos mandáis, por boca de vuestro preciosísimo Hijo y Señor nuestro Jesucristo, que llamemos a las puertas de la misericordia, empeñando al mismo tiempo vuestra divina palabra de abrirlas, y concedernos cuanto os pidamos dignamente. Así os suplico, Dios mío, me otorguéis la gracia que pido en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.


ORACIÓN DEPRECATORIA A LA SANTA
Oh piadosa Virgen y Mártir Santa Lucía, cuya vida inocentísima fue toda una vida hostia, ofrecida en holocausto al verdadero Dios, padeciendo por su amor divino los más crueles tormentos que inventó la rabia de los tiranos, hasta dar el último aliento a los filos de una espada; alcanzadme, Santa mía que imitando vuestra piedad, sepa ofrecer al Señor en recompensa de mis culpas cualquier trabajo, contratiempo y persecución que padezca. Asimismo espero conseguir me alcanzaréis la gracia que pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, honra vuestra y bien espiritual de mi alma. Amén.

Ahora levantando el corazón a Jesús se le pide con humildad y confianza, mediante los méritos de la Santa, la gracia que se desea alcanzar.
Se concluye con la súplica y con la oración final a Nuestro Señor Jesucristo de todos los días.

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DÍA SEGUNDO

Se empezará diciendo el Acto de contrición y las dos oraciones preparatorias, con los tres Padrenuestros y tres Avemarías, y luego se dirán las siguientes deprecaciones de este día:
ORACIÓN DEPRECATORIA AL SEÑOR 
Eterno Dios, que para dar a los hombres un espejo de humildad, enviasteis al mundo a vuestro unigénito Hijo, vestido con el ropaje de esclavo, siendo Rey de los reyes y Señor de los señores, concededme, Dios mío, me vea con los ojos de la meditación en el terso cristal de sus virtudes, donde en cada una hallaré muchos ejemplos de humildad que imitar, y a cuya vista conoceré mi pequeñez. Polvo soy, Señor, de polvo es mi principio y en polvo me he de volver; no permitáis que este vil polvo se levante, movido del viento de la vanidad y amor propio para cegarme los ojos del entendimiento, persuadiéndome que soy algo, cuando nada soy en la realidad. Concededme: además, la gracia que os suplico en esta novena, y el que llegue a conocerme, para que me anonade y humille. Amén.

ORACIÓN DEPRECATORIA A LA SANTA
Oh cándida Virgen y Mártir, Santa Lucía, encendida rosa de caridad, cuya perfecta virtud mostrasteis, cuando habiendo ido a la ciudad de Catania, a pedir en el sepulcro de la bien aventurada Santa Agueda, la salud de vuestra enferma madre, se os apareció la gloriosa virgen, y os dio amorosa queja, de que por su intercesión pedíais la gracia que vos misma podíais alcanzar. La humildad, oh Santa mía, no os dejaba vieseis vuestro poder para con el Autor de la salud, y minoraba vuestros méritos en su presencia. Alcanzadme, pues tan poderoso sois con el Señor, un verdadero conocimiento de mi pequeñez, con el que vea humildemente lo frágil de mi ser, lo dudoso de mi vida y lo cierto de mi muerte, para que no apetezca las vanas estimaciones del mundo, antes bien solicite sus desprecios; y asimismo facilitadme la gracia que os pido en esta novena, si es para mayor gloria de Dios, honra vuestra y bien de mi alma. Amén.

Se concluye con la súplica y con la oración final a Nuestro Señor Jesucristo de todos los días.

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DÍA TERCERO

Se empezará diciendo el Acto de contrición y las dos oraciones preparatorias, con los tres Padrenuestros y tres Avemarías, y luego se dirán las siguientes deprecaciones de este día:
ORACIÓN DEPRECATORIA AL SEÑOR
Generoso Padre mío, de cuya liberalidad son testigos infalibles los cielos y la tierra, y cuanto en ellos resplandece, pues todo nos lo dais del tesoro de vuestras riquezas; concededme Señor, que imitando esta generosidad, reparta con mis prójimos los bienes que tengo, y apartad de mi corazón el desordenado apetito de las temporales riquezas, que insensiblemente arrastran los sentidos con su mentida hermosura. No permitáis, Dios mío, reine en mi alma la abominable peste de la avaricia: antes bien que, despreciando todos los bienes caducos y perecederos, sólo apetezca los eternos de vuestra gloria. Concededme también la gracia que os pido en esta novena, y la pobreza de espíritu, con que no solicite cosa de esta vida. Amén.


ORACIÓN DEPRECATORIA A LA SANTA
Oh humilde Virgen y Mártir Santa Lucía, paraíso ameno de las delicias del Señor, que despreciando generosamente las riquezas de esta vida, con liberal desasimiento suplicasteis a vuestra madre que, en recompensa de la salud que le habías alcanzado del Altísimo, diese a los pobres cuanto os pudiese pertenecer por razón de dote; quedando vuestra alma rica, habiendo logrado la preciosa gala de la liberalidad, para celebrar desposorios castísimos con Jesucristo, Señor nuestro. Alcanzadme, Santa mía, un corazón desasido de los bienes perecederos, y que arranque de él todo amor y deseo, como espinas y abrojos que impiden que mi alma produzca sazonados frutos de virtudes. Asimismo conseguidme la gracia que os pido en esta novena a mayor honra y gloria de Dios. Amén.

Se concluye con la súplica y con la oración final a Nuestro Señor Jesucristo de todos los días.

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DÍA CUARTO

Se empezará diciendo el Acto de contrición y las dos oraciones preparatorias, con los tres Padrenuestros y tres Avemarías, y luego se dirán las siguientes deprecaciones de este día:
ORACIÓN DEPRECATORIA Al SEÑOR
Omnipotente Dios, que criasteis al hombre para sentarlo a vuestra mesa, ofreciéndole los sabrosos manjares de la gloria, y convidándole con las dulzuras de las espirituales delicias; Vos, Señor, que con sabiduría infinita nos hicisteis un medio entre los ángeles y los brutos, formándonos de cuerpo terreno y de espiritual alma; concededme, Dios mío, la virtud de la templanza, para que contentándome con el preciso alimento, no apetezca lo superfluo, llegando por este vicio a poder asimilarme con los mas estólidos irracionales, habiéndome dado un alma tan noble, que es capaz de espirituales operaciones, y de lograr los regalos de la vida eterna. En el ínterin os suplico me otorguéis la gracia que os pido en esta novena, si es para mayor honra y gloria vuestra. Amén.


ORACIÓN DEPRECATORIA A LA SANTA
Oh penitente Virgen y Mártir, Santa Lucía, ameno campo, no de frutos terrestres y perecederos sino de celestiales flores, que produjo en tu alma la virtud de la templanza, como se vio claramente en tus continuos ayunos, abstinencias y vigilias. Oh fragante rosa, que conservasteis la más singular hermosura, no por el jugo que recibíais de la tierra, sino por el rocío de la gracia que en vos destilaba el Cielo; alcanzadme, Santa mía, hambre y sed de los manjares de la gloria, un espiritual apetito de las celestiales viandas, y un eficaz deseo de sustentarme en aquella celestial mesa, para que a su vista me cause hastío la bajeza de los deleites de la gula, y abominándolos los desprecie como principio de nuestra perdición, pues por ellos, fuimos justamente desterrados del Paraíso. También os suplico me impetréis la gracia que pido en esta novena, a mayor honra y gloria de vuestro querido y amado esposo Jesús. Amén.

Se concluye con la súplica y con la oración final a Nuestro Señor Jesucristo de todos los días.

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DÍA QUINTO

Se empezará diciendo el Acto de contrición y las dos oraciones preparatorias, con los tres Padrenuestros y tres Avemarías, y luego se dirán las siguientes deprecaciones de este día:
ORACIÓN DEPRECATORIA AL SEÑOR
Divino Señor y criador mío, tan amante de la castidad, que a sus amadores concedéis plaza en las escuadras angélicas, haciendo coro con estos celestiales espíritus; dadme, Dios mío, a conocer la nobleza y hermosura de esta virtud, para que enamorados mis sentidos y potencias de su belleza, no pierdan la modestia y recato necesarios para conservarla, antes bien cerrados con la llave de vuestro santo temor, preserven mi alma pura y limpia de todo apetito sensual, cuyo fiero huracán ha derribado los más alto cedros de santidad. Otorgadme además Señor, la gracia que os pido en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.


ORACIÓN DEPRECATORIA A LA SANTA
Oh casta Virgen y Mártir, Santa Lucía, blanca y cándida azucena, cuyos armiños no pudo manchar toda la malicia del demonio, induciendo al juez Pascasio os llevaran al lugar público pecaminoso, donde fuese amancillada vuestra pureza; lo que no consintió vuestro Esposo, haciendo milagrosamente que ni las fuerzas de los verdugos, ni la violencia de forzudos bueyes, pudiesen moveros de la tierra que pisabais. Alcanzadme, oh Santa mía, persevere yo inmóvil en la virtud de castidad, y que no prevalezcan contra mi, ni las asechanzas del enemigo común, ni las tentaciones sino que resistiendo animosamente salga victorioso de todas ellas. También os suplico me alcancéis la gracia que os pido en esta novena, a mayor honra y gloria del Señor. Amén.

Se concluye con la súplica y con la oración final a Nuestro Señor Jesucristo de todos los días.

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DÍA SEXTO

Se empezará diciendo el Acto de contrición y las dos oraciones preparatorias, con los tres Padrenuestros y tres Avemarías, y luego se dirán las siguientes deprecaciones de este día:
ORACIÓN DEPRECATORIA AL SEÑOR
Pacientísimo Dios mío, ¡cuántas veces mis pecados han irritado vuestra infinita justicia! pero vuestra infinita misericordia os ha quitado siempre de las manos la espada, que yo mismo había puesto en ellas. Suplícoos, Señor, adornéis mi alma con la preciosa joya de la paciencia; y si se alborotare contra mí el dilatado y soberbio mar del mundo, acometiéndome con las olas de sus persecuciones, conjurándose en perversas voluntades mis enemigos, dadme paciencia, Señor, pues no tengo de qué quejarme si me ofenden, acordándome de lo mucho que os he ofendido. Concededme, os ruego, la gracia que pido en esta novena a mayor honra y gloria vuestra. Amén.

ORACIÓN DEPRECATORIA A LA SANTA
Oh paciente Virgen y Mártir, Santa Lucía, finísimo diamante de la tolerancia como se vio en los crueles tormentos con que el juez Pascasio intentó quebrantar vuestra fortaleza, logrando sólo que se descubriesen los preciosos quilates de vuestra paciencia. Alcanzadme, oh Santa mía, de vuestro querido Esposo, una perfecta tranquilidad, paz y sosiego, para que no se levante en mi alma la furiosa borrasca de odios, iras y deseos de venganza contra los que me ofenden, antes bien les ofrezca gustoso la otra mejilla, como el Señor nos lo dejó encomendado. Asimismo suplicadle me conceda la gracia que os pido en esta novena a mayor honra y gloria suya. Amén.

Se concluye con la súplica y con la oración final a Nuestro Señor Jesucristo de todos los días.

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DÍA SÉPTIMO

Se empezará diciendo el Acto de contrición y las dos oraciones preparatorias, con los tres Padrenuestros y tres Avemarías, y luego se dirán las siguientes deprecaciones de este día:
ORACIÓN DEPRECATORIA AL SEÑOR
Sempiterno Dios y amantísimo Padre mío, cuyo amor con el hombre es tan grande que os obligó a enviarnos a vuestro unigénito Hijo y Señor nuestro para que nos redimiese de la potestad del infierno, y nos enseñase el camino de la gloria; haced Señor, se imprima en nuestros corazones una ardiente y fervorosa caridad, para que amándonos unos a otros, seamos reputados por verdaderos discípulos de Jesucristo; y apartad de mi corazón todo género de envidias del bien de mis prójimos, no permitiendo que me entristezca por sus felicidades. Llenadlos, Dios mío, a todos de bienes espirituales y temporales, y concededme a mí la gracia que os pido en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra.


ORACIÓN DEPRECATORIA A LA SANTA
Oh amante Virgen y Mártir, Santa Lucía, encendido clavel de caridad, cuya perfecta virtud os unió tan estrechamente con Jesús, vuestro amado Esposo, que anhelabais padecer por su amor los mayores tormentos; y así, cuando vuestro cuerpo fue cercado de encendida leña, pez y resina ardiente, no permitió el Señor que las llamas consumiesen vuestra vida, y en medio de la hoguera le rogabais dulcemente por la salud espiritual de los mismos verdugos. Alcanzadme, Santa mía, que imitándoos en la caridad, aunque me vea rodeado de trabajos, contratiempos y persecuciones, no desfallezca en amar y servir a mi Dios, antes en medio de las tribulaciones sepa pedirle por los mismos que me ofenden. Conseguidme de su piedad infinita la gracia que solícito en esta novena, mayor honra y gloria suya. Amén.

Se concluye con la súplica y con la oración final a Nuestro Señor Jesucristo de todos los días.

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DÍA OCTAVO

Se empezará diciendo el Acto de contrición y las dos oraciones preparatorias, con los tres Padrenuestros y tres Avemarías, y luego se dirán las siguientes deprecaciones de este día:
ORACIÓN DEPRECATORIA AL SEÑOR
Increado Padre mío, que habéis adornado al hombre de un entendimiento para conoceros, de una voluntad para amaros y de una memoria para acordarse de los beneficios que le hacéis, concediéndole piadoso el tiempo de esta vida, para que lo emplease en vuestro santo servicio: por lo que le ofrecéis en recompensa de sus trabajos abundantes riquezas en la gloria: apartad, Señor, de mi corazón la pereza que ha tantos años que lo posee, malogrando por mi flojedad y tibieza uno y otro día, sin saber sí llegaré al de mañana. Dadme, Dios mío, un espíritu pronto y fervoroso, con que no deje pasar un instante que no lo emplee en agrado vuestro, ayudado de los fervores y auxilios de vuestra gracia; y concededme lo que os pido en esta novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.


ORACIÓN DEPRECATORIA A LA SANTA
Oh laboriosa Virgen y Mártir Santa Lucía que como oficiosa abeja, volando día y noche en las ramas del Líbano de la Iglesia, hicisteis en vuestra alma un panal sabrosísimo de heroicas virtudes, con que regalar a vuestro divino Esposo; y como fiel gusanillo, con continuado trabajo, tejisteis en vuestro corazón la preciosa tela de tan realzadas obras, que enamorado el mismo Dios, os concedió la aureola del martirio, para que con los rubíes y corales que vertió vuestra garganta a los filos de la espada, se aumentase el valor de la vestidura de actos de amor, con que os adornabais. Alcanzadme, Santa mía, sepa yo también ejercitarme toda mí vida en servir y amar al Señor, y que por mi ociosidad y desidia no me parezca a aquella viña sin fruto o higuera estéril que, como árboles inútiles, fueron condenados al fuego eterno. Pedid también a Dios que me conceda la gracia que solicito en esta novena, a mayor honra y gloria suya. Amén.

Se concluye con la súplica y con la oración final a Nuestro Señor Jesucristo de todos los días.

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DÍA NOVENO

Se empezará diciendo el Acto de contrición y las dos oraciones preparatorias, con los tres Padrenuestros y tres Avemarías, y luego se dirán las siguientes deprecaciones de este día:
ORACIÓN DEPRECATORIA A LA SANTA
Dios inmenso, principio y fin de todas las cosas, que por ser tan perfectas, publican ser obras dignas de vuestro poder, resplandeciendo en ellas como en cristiano espejo vuestros soberanos atributos de poderoso, por haberlo hecho todo de la nada; de sapientísimo, por el orden admirable con que lo dispusisteis, y de inmenso, por haberos comunicado a tanta criatura. Bendígante, Señor, todas las obras de vuestras manos: alábente y glorifíquente por tantos beneficios como de Vos reciben, y principalmente yo os doy infinitas gracias, porque me habéis concedido empezar y concluir esta novena, en que os he pedido las principales virtudes, para que adornada de ellas mi alma, sea digna morada vuestra. Finalmente os ruego me otorguéis la merced que solicito y el especialísimo don de la perseverancia en el bien obrar, con que logre la corona que tenéis ofrecida a los que perseveran en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amen.


ORACIÓN DEPRECATORIA A LA SANTA
Oh feliz Virgen Mártir Santa Lucía, girasol amante del Sol de justicia que olvidada de la tierra que habitabais, corristeis dichosamente a beber los rayos celestiales, sin desviaros un paso de la perfección, por más estorbos que el enemigo común solicitó poneros, peleando tan varonilmente que merecisteis las dos aureolas de virgen y mártir; gózome, Santa mía, de que el coro de los ángeles os recibiese, admirado de ver en una criatura vestida de cuerpo y alma, aquella pureza propia de su espiritual naturaleza, de que los mártires os diesen mil enhorabuenas por ver en su jerarquía vuestro valor y constancia; de que las vírgenes cantasen a Dios nuevos cánticos de alabanza, por veros en su compañía; y finalmente, de que Jesús, vuestro amado dueño, os recibiese como a esposa. Y pues tan poderosa sois con el Señor, espero de vuestro patrocinio me alcancéis lo que pido en esta novena, con auxilios de gracia, para enmendarme y perseverar hasta el fin de mi vida en servir y amar a Dios, y conseguir después acompañaros en la gloria. Amén.

Se concluye con la súplica y con la oración final a Nuestro Señor Jesucristo de todos los días.

Lucía de Siracusa

Lucía de Siracusa
Santalucia.jpg
Santa Lucía
Nacimiento283
Siracusa (Sicilia)
Fallecimiento310
Siracusa (Sicilia) (21 años)
Venerada enIglesia CatólicaIglesia Ortodoxa y en la Iglesia Luterana Escandinava
Festividad13 de diciembre
AtributosEspada y ojos en un platón
PatronazgoCiegos, pobres, niños enfermos, Siracusa, Venecia, Pedro del Monte, Llanos de Santa Lucía y Santalla de Rey
Santa Lucía (Siracusa (Sicilia), ¿283 - 304?) es una mártir de la Iglesia Católica.

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[editar]Su vida

Nacida en Siracusa, entonces ciudad de la provicia romana de Sicilia, de acuerdo con la tradición Lucía era de padres nobles y ricos, y fue educada en la fe cristiana. Perdió a su padre durante la niñez, consagró su vida a Dios e hizo un voto de virginidad. Su madre que estaba enferma, la comprometió a casarse con un joven pagano y ella, para librarse de ese compromiso, la persuadió para que fuese a rezar a la tumba deÁgueda de Catania a fin de curar su enfermedad, como su madre sanó, Lucía le pidió que la liberara del compromiso, le dejara consagrar su vida a Dios y donara su fortuna a los más pobres. Su madre, de nombre Eutiquía, accedió. Pero su pretendiente la acusó ante el procónsul Pascacio debido a que era cristiana, en tiempos del emperador Diocleciano.
Juicio de Santa Lucía
Ella fue a ver a su pretendiente y le pregunto qué era lo que le gustaba de ella y él le respondió que sus ojos; entonces ella tomó una espada y se sacó los ojos, los colocó en una bandeja de plata y se los entregó al joven pidiéndole que le dejara consagrar su vida a Dios.
Es la patrona de la vista debido a una leyenda en la Edad Media que decía que, cuando Lucía estaba en el tribunal, aun sin ojos, seguía viendo. También es patrona de los pobres, los ciegos, de los niños enfermos y de las ciudades de SiracusaVenecia y de Pedro del Monte. También es patrona de los campesinos, electricistas, choferes, afiladores, cortadores, cristaleros y escritores.
Durante la Edad Media, debido al retraso acumulado por el Calendario Juliano, la festividad de Lucía coincidía con el solsticio de invierno y, por tanto, el día más corto del año. El nombre de la santa, que significa la que porta luz y la fecha en que se conmemoraba su martirio, explicarían el origen de esa leyenda posterior sobre sus ojos.

[editar]Día de conmemoración

Desde tiempos inmemorables se ha tenido a Santa Lucía como patrona de los ciegos y abogada de problemas de la vista. Sus devotos como agradecimiento de curaciones le ofrecen como exvoto ojos de oro o plata. Las iglesias católica, ortodoxa y luteranas escandinavas celebran su fiesta el día 13 de diciembre.
Lucía de Siracusa

[editar]Iconografía

Se le representa normalmente con una espada que le atraviesa el cuello, una palma, un libro, una lámpara de aceite y en ocasiones también con dos ojos en un plato.

[editar]Veneración de sus restos

Según la leyenda, el cuerpo de Lucía, mártir siracusana (13-12-304), conservado intacto hasta nuestros días, después de haber sido cedido a Constantinopla (1040) fue nuevamente traído a Italia durante la cuarta cruzada. Desde hace más de siete siglos, Venecia lo guarda celosamente. En 1955, por expreso deseo del Patriarca Cardenal Roncalli (futuro Juan XXIII), el rostro de la santa fue cubierto con una máscara de plata.
El sarcófago de cristal expuesto bajo el altar, se encuentra en la Iglesia de los Santos Geremias y Lucía. En muchos mapas y planos de Venecia, la Iglesia figura sólo con el nombre de San Geremia, en la plaza del mismo nombre. Los restos de la santa fueron trasladados a esta iglesia en 1861, cuando la dedicada a ella fue demolida para construir la estación de tren, que lleva por ello su mismo nombre y su velación fue en San Vicente de Paul de Faseras

[editar]Fiesta de Santa Lucía en Suecia y Finlandia

Debido a una fiesta cuyos orígenes se remontan a la edad media, iniciada en los siglo XVIs y XVII en Suecia y en partes de Finlandia, al comienzo de la temporada de adviento se comenzó a celebrar formalmente en Estocolmo una fiesta, en la que se come y bebe. Hoy en día, en la mañana del 13 de diciembre, los niñas se visten de "Lucia" (llevando un vestido blanco largo y una corona de siete velas en la cabeza) y los niños de "stjärngossar" ("chicos con estrellas", debido al sombrero puntiagudo decorado con estrellas que usan). Las familias hornean pastelitos (llamados "lussekatter", "gatos de Lucía" y decorados a veces con forma de ojos) y se los comen, después de cantar canciones tradicionales. Se presentan los pastelitos también a los maestros de escuela, jueces y políticos de la región para desearles suerte y que sean justos en sus labores. Una chica en particular es elegida como "Reina de Lucía de Suecia" (Sveriges Lucia) y se la corona el 13 de diciembre en Skansen.