HERMANDAD SACRAMENTAL NTRA SRA DEL ESPINO CORONADA

jueves, 27 de diciembre de 2012

Fabiola de Roma, Santa

Fabiola de Roma, Santa
Matrona romana, 27 de diciembre
 
Fabiola de Roma, Santa
Fabiola de Roma, Santa
Etimológicamente significa “frijol”. Viene de la lengua latina.

En el creyente hay a veces una gran espera y desde ella percibe la voz de Dios, voz interior que es la oración casi silenciosa. Y para orar, una sola palabra puede ser suficiente.

Esta joven nació y vivió en Roma en el siglo IV.

¿Y sabes cuál fue su mayor timbre gloria?
Sencillamente haber tenido piedad y amor por la gente que nadie quiere en este mundo: los pobres y abandonados de la sociedad.

Pero no se quedó en buenas intenciones y preciosas palabras que se las lleva el viento. No,¡ qué va!

Cerca de Roma, en la playa de Ostia, fundó un hospital enorme en el que eran atendidos gratuitamente todos los que necesitaban de consuelos espirituales y materiales.
Fue, según relatan las crónicas, el primer establecimiento que se puso en marcha en Europa.

Esta fundación, se señala en las fechas soberanas de la historia de la civilización occidental, escribió el historiador Camille Jullian, como uno de los más importantes a tener en cuenta.

Fabiola pertenecía a la ilustre familia de los Flavianos. En su juventud, escandalizó a la Iglesia porque se divorció civilmente de su marido legítimo para casarse con otro.

Loa dos murieron muy pronto. Fabiola, llevada por su amor a Dios, hizo penitencia de sus pecados públicamente en san Juan de Letrán, una de la grandes basílicas de Roma.
El mismo Papa Siricio (384-399) le dio la comunión. Ella se consagró desde entonces a la piedad y empleó su inmensa fortuna en buenas obras.

En el año 395, Fabiola partió para Tierra Santa y pasó allí algún tiempo en el escuela de san Jerónimo.

Este, gran sabio de la Iglesia, se quedó impresionado por su fuerte personalidad, su inteligencia y su virtud. Y fue él quien escribió su pequeña biografía.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!

“El que está enamorado de sí mismo no tendrá rivales” (Franklin).

Juan Apóstol y Evangelista, Santo

Juan Apóstol y Evangelista, Santo
El discípulo amado, 27 de diciembre
 
Juan Apóstol y Evangelista, Santo
Juan Apóstol y Evangelista, Santo

El Discípulo Amado
Diciembre 27



Juan, hijo de Zebedeo y de Salomé, hermano de Santiago, fue capaz de plasmar con exquisitas imágenes literarias los sublimes pensamientos de Dios. Hombre de elevación espiritual, se lo considera el águila que se alza hacia las vertiginosas alturas del misterio trinitario: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios”.

Es de los íntimos de Jesús y le está cerca en las horas más solemnes de su vida. Está junto a él en la última Cena, durante el proceso y, único entre los apóstoles, asiste a su muerte al lado de la Virgen. Pero contrariamente a cuanto pueden hacer pensar las representaciones del arte, Juan no era un hombre fantasioso y delicado, y bastaría el apodo que puso el Maestro a él y a su hermano Santiago -”hijos del trueno”- para demostrarnos un temperamento vivaz e impulsivo, ajeno a compromisos y dudas, hasta parecer intolerante.

En el Evangelio él se presenta a sí mismo como “el discípulo a quien Jesús amaba”. Aunque no podemos indagar sobre el secreto de esta inefable amistad, podemos adivinar una cierta analogía entre el alma del “hijo del trueno” y la del “Hijo del hombre”, que vino a la tierra a traer no sólo la paz sino también el fuego. Después de la resurrección, Juan parmanecerá largo tiempo junto a Pedro. Pablo, en la carta a los Gálatas, habla de Pedro, Santiago y Juan “como las columnas” de la Iglesia.

En el Apocalipsis Juan dice que fue perseguido y relegado a la isla de Patmos por la “palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.” Según una tradición, Juan vivió en Éfeso en compañía de la Virgen, y bajo Domiciano fue echado en una caldera de aceite hirviendo, de la que salió ileso, pero con la gloria de haber dado también él su “testimonio”. Después del destierro en Patmos, regresó definitivamente a Éfeso en donde exhortaba infatigablemente a los fieles al amor fraterno, como resulta de las tres epístolas contenidas en el Nuevo Testamento. Murió de avanzada edad en Éfeso, durante el imperio de Trajano, hacia el año 98.