HERMANDAD SACRAMENTAL NTRA SRA DEL ESPINO CORONADA

viernes, 28 de diciembre de 2012

DISTINTAS VERSIONES DE LOS SANTOS INOCENTES

Los santos inocentes

Matanza o bacanal


(Imagen: Archivo)

Dentro de la semana de la celebración por el nacimiento de Jesús en el octavo día se conmemora una fecha que marca la muerte de los Santos Inocentes que fueron asesinados por órdenes del rey Herodes ante su temor de ser destronado.

El 28 de diciembre la Iglesia recuerda la matanza de niños, a pesar de que, según los Evangelios, la misma debió haber sucedido después de la visita de los Reyes Magos al rey Herodes, es decir, uno o dos días antes del 6 de enero.No es la única contradicción: se supone que fueron degollados miles de niños, pero según el censo ordenado por el gobernador Quirino, Belén no tenía por entonces más de 800 habitantes.
Teniendo en cuenta que no nacían más de 30 bebés al año y que la mitad moría antes de empezar a caminar, los degollados por Herodes no debieron haber sido más de 15. ¿Sucedió? Hay quienes lo dudan porque el mayor historiador de la época, Flavio Josefo, no alude a eso en su Historia de Judea.

Para muchos especialistas, Mateo pudo haber interpolado en su relato la historia de Moisés, quien fue arrojado en una canasta al Nilo para ser salvado, en tiempos en que el faraón ordenó matar a todos los hijos varones de los esclavos israelíes.

Pero a la vez, esto pudo haber sido una adaptación de la leyenda hindú sobre el nacimiento de Krishna: el sabio Nárada Muni le dijo al rey Kamsa de Mathura que el bebé estaba destinado a matarle, y éste ordenó asesinar a todos los kumaras (en sánscrito, "muere fácil") de menos de dos años de edad.

Otra versión fundamentada

El Día de los Santos Inocentes fue instituido por Herodes Agripa II, nieto del reyHerodes, quien en su trigésimo aniversario decidió honrar la memoria de su abuelo, conmemorando el sangriento edicto promulgado por él de matar a todo niño menor de dos años empadronado en Belén por temor al vaticinio de que se convirtiera en Rey de los Judíos. 

Herodes Agripa, rey de Calcis y tetrarca de Batananea y Trachonitis fue un político fracasado según relatan las crónicas históricas, llevó una vida desordenada y fue amigo de lujos y dispendios. Disfrutaba organizando bacanales en las que se servían los manjares y vinos más exóticos traídos de diversos países. Hombre de dudosa reputación, era conocido en todo el reino por su afición a las bromas satíricas y mordaces.

Para celebrar su trigésimo cumpleaños, el 28 de diciembre, organizó una fiesta que duró una semana, comenzando el último día de las Saturnales – “para no enfriar el regocijo del pueblo” según sus palabras, recogidas por historiadores de la época – y, cuyo momento álgido sería el día 28. A ella fueron invitados dignatarios de todos los países (incluidos aquellos que no tenían buenas relaciones diplomáticas con el Imperio), además del pueblo llano. Se sacrificaron decenas de reses, cabras, corderos y corrieron ríos de vino entre los miles de asistentes al multitudinario acontecimiento, mezclados todos en una alegre algarabía sin importar la diferencia entre clases sociales.

En la mañana del día de su onomástica, Herodes convocó a todos sus ministros en sesión especial, en la que proclamó que dictaría condenas y castigos para todos los que no hubieran acatado las leyes imperiales o mantenido alguna disputa con Romadurante la última década de su reinado. Se cuenta que entre las condenas redactó penas de muerte y torturas de todo tipo, multas de miles de denarios, destierros a los rincones más alejados del planeta, largas reclusiones carcelarias y hasta varias órdenes de yacer con las esposas de algunos de los invitados durante todo el año siguiente, por incumplimiento del deber marital por parte de sus maridos. Los aterrorizados convidados, tras recibir los edictos aquella mañana temprano y aún bajo los efectos de las libaciones de la noche anterior intentaron huir, pero fueron retenidos por la guardia pretoriana, apostada por órdenes del rey en cada salida de la ciudad. El pánico cundió entre todos los condenados, que fueron obligados por Herodes a asistir a los actos de celebración de ese día y a agasajarle con los regalos que habían llevado ex profeso, como estaba previsto, para el gran acontecimiento. El rey, haciendo caso omiso de las temblonas manos y la palidez cadavérica de los asistentes, que dejaron manjares y vinos sin probar sobre las bien servidas mesas, continuó festejando su recién estrenada década con inmenso placer.

En recientes investigaciones han sido encontradas misivas, entre antiguos documentos oficiales de dignatarios asistentes a aquel banquete, con el sello imperial de Herodes Agripa y una única palabra escrita “innocens”, por lo que algunos eruditos sospechan que fue la gran bufonada llevada a cabo por Herodes, la que se conmemora desde aquel lejano año y no la versión dada por la Iglesia Católica.
Los Santos Inocentes
Fiesta, 28 de diciembre, es buena ocasión de hacer agradable la vida a los demás
 
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La consulta bien intencionada de aquellos Magos que llegaron de Oriente al rey fue el detonante del espectáculo dantesco que organizó la crueldad aberrante de Herodes a raíz del nacimiento de Jesús.

Habían perdido el brillo celeste que les guiaba, llegó la desorientación, no sabían por donde andaban, temieron no llegar a la meta del arduo viaje emprendido tiempo atrás y decidieron quemar el último cartucho antes de dar la vuelta a su patria entre el ridículo y el fracaso.

Al rey le produjo extrañeza la visita y terror la ansiosa pregunta sobre el lugar del nacimiento del Mesías; rápidamente ha hecho sus cálculos y llegado a la conclusión de que está en peligro su status porque lo que las profecías antiguas presentaban en futuro parece que ya es presente realidad. Se armó un buen revuelo en palacio, convocaron a reunión a los más sabios con la esperanza de que se pronunciaran y dieran dictamen sobre el escondrijo del niño "libertador". El plan será utilizar a los visitantes extranjeros como señuelo para 
Los Santos Inocentes
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encontrarle. Menos mal que volvieron a su tierra por otro camino, después que adoraron al Salvador. Impaciente contó Herodes los días; se irritó consigo mismo por su estupidez; los emisarios que repartió por el país no dan noticia de aquellos personajes que parecen esfumados, y se confirma su ausencia. Vienen los cálculos del tiempo, y contando con un margen de seguridad, le salen dos años con el redondeo.

Los niños que no sobrepasen dos años en toda la comarca morirán. Hay que durar en el poder. El baño de sangre es un simple asunto administrativo, aunque cuando pase un tiempo falten hombres para la siembra, sean escasos los brazos para segar y no haya novios para las muchachas casaderas; hoy sólo será un dolor pasajero para las familias sin nombre, sin fuerza, sin armas y sin voz. Unas víctimas ya habían iniciado sus correteos, y balbuceaban las primeras palabras; otras colgaban todavía del pecho de sus madres. Pero para Herodes era el precio de su tranquilidad.

Son los Santos Inocentes. Están creciendo para Dios en su madurez eterna. Ni siquiera tuvieron tiempo de ser tentados para exhibir méritos, pero no tocan a menos. Están agarrados a la mano que abre la gloria. Aplicados los méritos de Cristo sin que fuera preciso crecer para pedir el bautismo de sangre, como tantos laudablemente hoy son bautizados en la fe de la Iglesia con agua sin cubrir expediente personal. El Bautismo es gracia.

Entraron en el ámbito de Cristo inconscientes, sin saberlo ni pretenderlo; como cada vez que por odio a Dios, a la fe, hay revueltas, matanzas y guerras; en esas circunstancias surgen mártires involuntarios, que aún sin saberlo, mueren revestidos y purificados por la sangre de Cristo, haciéndose compañeros suyos en el martirio; y no se les negará el premio sólo porque ellos mismo, uno a uno, no pudieran pedirlo. En este caso es el sagrado azar providente de caer por causa de Cristo, porque la mejor gloria que el hombre puede dar a Dios es muriendo.

Ya el mismo Jeremías dejó dicho y escrito que "de la boca de los que no saben hablar sacaste alabanza".

Hoy los mayores también hacen bromas en recuerdo del modo de ser juguetón y alegre de aquellos bebés que no tuvieron tiempo de hacerlas; es buena ocasión de hacer agradable la vida a los demás, con admiración y sorpresa, en desagravio del mal que provocó el egoísmo de aquel que tanto se fijó en lo suyo que aplastó a los demás.