HERMANDAD SACRAMENTAL NTRA SRA DEL ESPINO CORONADA

miércoles, 20 de marzo de 2013

EL NUEVO PAPA, FRANCISCO I, HUMILDAD Y SENCILLEZ POR BANDERA...

EL NUEVO PAPA, FRANCISCO I, HUMILDAD Y SENCILLEZ POR BANDERA...


El cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco, es un jesuita con una sólida formación académica, considerado un hombre dialogante y moderado, amante del tango e hincha del equipo de fútbol San Lorenzo.
Quien hasta ahora era la máxima autoridad de la Iglesia argentinaestá considerado como un hombre prudente, lo cual no ha impedido que mantuviera fricciones con el actual gobierno del país, en temas como el matrimonio entre personas del mismo sexo.
En 2005, tras la muerte de Juan Pablo II, el arzobispo de Buenos Aires pidió a los cardenales electores que no le votaran. Entonces quedó en segundo lugar, tras Benedicto XVI, con quien ahora convivirá como Papa emérito, en una situación inédita.
Arzobispo de Buenos Aires y primado de Argentina, Bergoglio ha sido en la Santa Sede miembro de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los Sacramentos; de la Congregación para el Clero; de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y de las Sociedades de Vida Apostólica; del Pontificio Consejo para la Familia y la Pontificia Comisión para América Latina.
Nació en Buenos Aires, en el seno de una familia de origen italiano y comenzó su carrera en la Iglesia con 21 años tras estudiar ciencias químicas. Fue ordenado sacerdote el 13 de diciembre de 1969 y, en plena dictadura militar argentina, entre 1973 y 1979, fue enviado a Alemania, de donde pasó a la iglesia de la Compañía de Jesús de Córdoba.
En 2001, Juan Pablo II lo nombró primado de la Argentina y ocupó la presidencia de la Conferencia Episcopal durante dos períodos hasta que abandonó el cargo porque los estatutos le impedían seguir.
Durante este periodo, fue conocido por la tensa relación que mantuvo con los gobiernos del fallecido Néstor Kirchner y de su esposa y sucesora, Cristina Fernández.
La frialdad que marcó el tono de sus relaciones con el kirchnerismo se transformó en enfrentamiento abierto en temas como la crisis por las diferencias entre el gobierno y las patronales agrarias, la aprobación de la ley que reconoce el matrimonio homosexual y la polémica sobre el aborto.
En 2008, durante el conflicto con el campo, Bergoglio llegó a pedir a Cristina Fernández un "gesto de grandeza" con las patronales agrarias, denunció "homogeneización" del pensamiento y "crispación social".
En 2010, la cúpula de la Iglesia católica argentina libró una "guerra de Dios" contra el gobierno y trató por todos los medios de evitar la aprobación de la ley que reconoce el matrimonio entre personas del mismo sexo. Bergoglio encabezó manifestaciones, movilizó a los sacerdotes en defensa de la "unidad familiar" y convocó vigilias frente al Parlamento.
Aunque perdió esta batalla, se apuntó un tanto poco después al conseguir que el gobierno frenara la difusión de una guía médica que repasaba los supuestos de aborto admitidos por la ley argentina: violación y peligro para la vida o la salud de la madre.
Conocido por su sencillez, Bergoglio vivía solo, en un apartamento, en el segundo piso del edificio de la Curia, al lado de la Catedral de Buenos Aires, en el corazón de la ciudad. Medios locales recuerdan hoy cómo desde la ventana de su apartamento fue testigo de la violencia que se vivió en la Plaza de Mayo durante la crisis de diciembre de 2001.
Indignado, llamó al ministro del Interior para pedirle que diera instrucciones para que los agentes diferenciaran entre activistas y ahorradores que reclamaban por sus derechos. En 2004, tras la tragedia de la discoteca Cromagnon, recorrió los hospitales de la ciudad para acompañar a los familiares de las víctimas.
Poco amigo de las apariciones en los medios, Bergoglio ha tratado de mantener un bajo perfil público, acostumbra a viajar en transporte público e incluso acude a confesar a la Catedral. De hecho, fue de los pocos cardenales que cuando llegó a Roma para la elección del Papa no se subió a vehículos oficiales.
Aunque goza de buena salud, sufre problemas respiratorios tras la pérdida de un pulmón en una intervención quirúrgica. Preocupado por la educación, una de sus prioridades ha sido dedicar los esfuerzos de la iglesia argentina a los centros educativos y no solo a los concertados católicos.
El nuevo Papa es un amante de los autores clásicos, disfruta del tango y no oculta su pasión por el fútbol, en especial por el San Lorenzo de Almagro, hasta el punto de que tiene una camiseta firmada por los jugadores.

martes, 19 de marzo de 2013

Papa Francisco: A todos los que ocupan puestos de responsabilidad: seamos ´custodios´ de la creación
Homilía del papa Francisco en la solemne apertura de su ministerio petrino en la plaza de San Pedro
 
Ciudad del Vaticano, 19 de marzo de 2013 (Zenit.org)

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Queridos hermanos y hermanas:

Doy gracias al Señor por poder celebrar esta Santa Misa de comienzo del ministerio petrino en la solemnidad de san José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal: es una coincidencia muy rica de significado, y es también el onomástico de mi venerado Predecesor: le estamos cercanos con la oración, llena de afecto y gratitud.

Saludo con afecto a los hermanos Cardenales y Obispos, a los presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas y a todos los fieles laicos. Agradezco por su presencia a los representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, así como a los representantes de la comunidad judía y otras comunidades religiosas. Dirijo un cordial saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a las delegaciones oficiales de tantos países del mundo y al Cuerpo Diplomático.

Hemos escuchado en el Evangelio que «José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer» (Mt 1,24). En estas palabras se encierra ya la la misión que Dios confía a José, la de ser custos, custodio. Custodio ¿de quién? De María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia, como ha señalado el beato Juan Pablo II: «Al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo» (Exhort. ap. Redemptoris Custos, 1).

¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad y total, aun cuando no comprende. Desde su matrimonio con María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, acompaña en todo momento con esmero y amor. Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús.

¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio; y eso es lo que Dios le pidió a David, como hemos escuchado en la primera Lectura: Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu. Y José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, salvaguardar la creación.

Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.

Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.

Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.

Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura.

Hoy, junto a la fiesta de San José, celebramos el inicio del ministerio del nuevo Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, que comporta también un poder. Ciertamente, Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero ¿de qué poder se trata? A las tres preguntas de Jesús a Pedro sobre el amor, sigue la triple invitación: Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas. Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la

caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar.

En la segunda Lectura, san Pablo habla de Abraham, que «apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza» (Rm 4,18). Apoyado en la esperanza, contra toda esperanza. También hoy, ante tantos cúmulos de cielo gris, hemos de ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza. Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza. Y, para el creyente, para nosotros los cristianos, como Abraham, como san José, la esperanza que llevamos tiene el horizonte de Dios, que se nos ha abierto en Cristo, está fundada sobre la roca que es Dios.

Custodiar a Jesús con María, custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos; he aquí un servicio que el Obispo de Roma está llamado a desempeñar, pero al que todos estamos llamados, para hacer brillar la estrella de la esperanza: protejamos con amor lo que Dios nos ha dado.

Imploro la intercesión de la Virgen María, de san José, de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, de san Francisco, para que el Espíritu Santo acompañe mi ministerio, y a todos vosotros os digo: Orad por mí. Amen.

(19 de marzo de 2013) © Innovative Media Inc.
José, Santo
Esposo de la Virgen María, Marzo 19
 
José, Santo
José, Santo

Esposo de la Virgen María

Martirologio Romano: Solemnidad de san José, esposo de la bienaventurada Virgen María, varón justo, nacido de la estirpe de David, que hizo las veces de padre al Hijo de Dios, Cristo Jesús, el cual quiso ser llamado hijo de José y le estuvo sujeto como un hijo a su padre. La Iglesia lo venera con especial honor como patrón, a quien el Señor constituyó sobre su familia.

Etimológicamente; José = Aquel al que Dios ayuda, es de origen hebreo.

Las fuentes biográficas que se refieren a san José son, exclusivamente, los pocos pasajes de los Evangelios de Mateo y de Lucas. Los evangelios apócrifos no nos sirven, porque no son sino leyendas. “José, hijo de David”, así lo llama el ángel. El hecho sobresaliente de la vida de este hombre “justo” es el matrimonio con María. La tradición popular imagina a san José en competencia con otros jóvenes aspirantes a la mano de María. La elección cayó sobre él porque, siempre según la tradición, el bastón que tenía floreció prodigiosamente, mientras el de los otros quedó seco. La simpática leyenda tiene un significado místico: del tronco ya seco del Antiguo Testamento refloreció la gracia ante el nuevo sol de la redención.

El matrimonio de José con María fue un verdadero matrimonio, aunque virginal. Poco después del compromiso, José se percató de la maternidad de María y, aunque no dudaba de su integridad, pensó “repudiarla en secreto”. Siendo “hombre justo”, añade el Evangelio -el adjetivo usado en esta dramática situación es como el relámpago deslumbrador que ilumina toda la figura del santo-, no quiso admitir sospechas, pero tampoco avalar con su presencia un hecho inexplicable. La palabra del ángel aclara el angustioso dilema. Así él “tomó consigo a su esposa” y con ella fue a
José, Santo
José, Santo
Belén para el censo, y allí el Verbo eterno apareció en este mundo, acogido por el homenaje de los humildes pastores y de los sabios y ricos magos; pero también por la hostilidad de Herodes, que obligó a la Sagrada Familia a huir a Egipto. Después regresaron a la tranquilidad de Nazaret, hasta los doce años, cuando hubo el paréntesis de la pérdida y hallazgo de Jesús en el templo.

Después de este episodio, el Evangelio parece despedirse de José con una sugestiva imagen de la Sagrada Familia: Jesús obedecía a María y a José y crecía bajo su mirada “en sabiduría, en estatura y en gracia”. San José vivió en humildad el extraordinario privilegio de ser el padre putativo de Jesús, y probablemente murió antes del comienzo de la vida pública del Redentor.

Su imagen permaneció en la sombra aun después de la muerte. Su culto, en efecto, comenzó sólo durante el siglo IX. En 1621 Gregorio V declaró el 19 de marzo fiesta de precepto (celebración que se mantuvo hasta la reforma litúrgica del Vaticano II) y Pío IX proclamó a san José Patrono de la Iglesia universal. El último homenaje se lo tributó Juan XXIII, que introdujo su nombre en el canon de la misa.

FALTAN 21 DIAS


lunes, 18 de marzo de 2013

ORACION DE LOS CINCO DEDOS



¿Conocen ya la oración de los cinco dedos?
Muy conocida, práctica, sencilla y llena de amor. El autor es el Papa Francisco (cuando era obispo de Argentina).
Hermosa:

1. El dedo pulgar es el que está más cerca de ti. Así que comienza orando por aquéllos que están más unidos a ti. Son los más fáciles de recordar. Orar por los que amamos es "una dulce tarea."

2. El próximo dedo es el índice: Ora por los que enseñan, instruyen y curan. Ellos necesitan apoyo y sabiduría al conducir a otros por la dirección correcta. Mantenlos en tus oraciones.

3. El siguiente dedo es el más alto. Nos recuerda a nuestros líderes, a los gobernantes, a quienes tienen autoridad. Ellos necesitan la dirección divina.

4. El próximo dedo es el del anillo. Sorprendentemente, éste es nuestro dedo más débil. Él nos recuerda orar por los débiles, enfermos o atormentados por problemas. Ellos necesitan tus oraciones.

5. Y finalmente tenemos nuestro dedo pequeño, el más pequeño de todos. El meñique debería recordarte orar por ti mismo. Cuando hayas terminado de orar por los primeros cuatro grupos, tus propias necesidades aparecerán en una perspectiva correcta y estarás preparado para orar por ti mismo de una manera más efectiva.

Dios los Bendiga

22 DIAS PARA VERTE


viernes, 15 de marzo de 2013

HERMANDADES ACOMPAÑANTES


RECONOCIMIENTO A SU LABOR DE CAPATAD : NICETO MARTOS LOZANO 2012


DIOS TE SALVE MARIA, LLENA ERES DE GRACIA


FOTO


VIRGEN DEL ESPINO: RUEGA POR NOSOTROS


FALTAN 25 DIAS


FOTOS AÑO 2012





No se puede predicar a Cristo sin la cruz, se arriesga ser una ONG asistencial

No se puede predicar a Cristo sin la cruz, se arriesga ser una ONG asistencial
Primera homilía del papa Francisco. Misa ´´pro ecclesia´´ en la Capilla Sixtina con los 114 cardenales electores
 
Ciudad del Vaticano, 14 de marzo de 2013 (Zenit.org) H. Sergio Mora

Con gran solemnidad en la capilla que contiene los frescos de Miguel Ángel sobre el Juicio Final, se realizó hoy jueves por la tarde la misa pro ecclesia.

Con la misma el papa Francisco, ha querido concluir el cónclave, motivo por el cual participaron los 115 electores del mismo: el papa y los 114 cardenales, todos con casulla dorada.

La misa en latín que se realizó en la Capilla Sixtina, versus populi, duró casi una hora y media, y fue animada con los cantos polifónicos y llanos del coro de la Capilla Sixtina.

La homilía del papa fue breve, pero clara: no se puede predicar a Cristo sin la cruz, sin el riesgo de transformarse en una ONG asistencial.

El papa partió recordando las tres lecturas: “La primera lectura el movimiento en el camino; la segunda lectura, el movimiento de la edificación de la Iglesia y la tercera, el Evangelio, el movimiento en la confesión. Caminar, edificar, confesar”.

Y recordó el pedido de integridad que Dios hizo a la Casa de Jacob: “Venid, caminemos en la luz del Señor. Esto fue lo primero que Dios le dijo a Abrahan. Camina en mi presencia y sé irreprensible”.

“Nuestra vida --prosiguió el papa Bergoglio- es un camino y cuando nos detenemos la cosa no va. Caminar siempre en presencia del Señor y de la Luz del Señor. Con la irrepresibilidad que Dios le pedía a Abrahan en su promesa”.

Y sobre “Edificar la Iglesia” precisó que “se habla de piedras, tienen consistencia, piedras vivas, ungidas por el Espíritu Santo. Edificar la Iglesia, la Esposa de Cristo, sobre su piedra angular que es Nuestro Señor”.

“Y tercero --añadió el santo padre- confesar. Nosotros podemos caminar cuanto queramos, podemos edificar tantas cosas pero si no confesamos a Jesucristo, algo no va. Seremos una ONG piadosa, pero no la Esposa del Señor. Cuando no se camina uno se ha detenido. ¿Cuándo no se edifica sobre las piedras qué sucede? Lo que le pasa a los niños en la playa cuando hacen un castillo de arena: todo se derrumba, no hay consistencia”.

El nuevo papa aquí profundiza recordando que “Cuando no se confiesa a Jesucristo, me viene lo de Leon Bloy: ´Quien no le reza al Señor le reza al diablo´. Cuando no se reza a Jesucristo se confiesa la mundanidad del diablo, la mundanidad del demonio”.

“Pero la cosa --precisó el papa Francisco- no es tan fácil, porque en el caminar y construir, en el confesar, a veces hay remezones, que no son propiamente del camino, sino que nos llevan hacia atrás”.

Y recuerda el Evangelio leído : “Este evangelio prosigue con una situación muy especial. El mismo Pedro que confesó a Jesucristo dice. Tu eres Cristo, el hijo de Dios vivo, pero no hablemos de Cruz, esto no tiene que ver. Te sigo con otras posibilidades, sin la cruz, y cuando caminamos sin la cruz, cuando edificamos sin la cruz, y cuando confesamos a Cristo sin la cruz, no somos discípulos del Señor, somos mundanos, hermanos, sacerdotes, cardenales, pero no discípulos del Señor”.

“Querría que todos nosotros --le expresó el santo padre a los presentes- después de estos días de gracia, que tengamos el coraje de caminar en presencia del Señor, con la cruz del Señor. De edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor que derramó en la Cruz y confesar la única gloria: Cristo crucificado. Y así la Iglesia irá adelante”.

Y concluyó con un deseo, “para todos nosotros, que el Espíritu Santo, la oración de la Virgen nuestra Madre, nos conceda esta gracia: caminar, edificar, confesar a Jesucristo Crucificado. Que así sea”.

(14 de marzo de 2013) © Innovative Media Inc.