HERMANDAD SACRAMENTAL NTRA SRA DEL ESPINO CORONADA

lunes, 14 de octubre de 2013

Fray JOSE DE CHAUCHINA (en el siglo Alejandro Casares Menéndez), Diácono. Religioso profesa OFMCAP.

Fray JOSE DE CHAUCHINA (en el siglo Alejandro Casares Menéndez), Diácono. Religioso profesa OFMCAP.
Vio la luz, el Siervo de Dios en la localidad granadina de Chauchi­na, de la provincia y diócesis de Granada, el 25 de febrero de -1.897. Fueron sus padres José María Casares Chica y Modesta Menéndez Sierra. Recibió las aguas bautismales en la iglesia
parroquial de Chauchina el 4 de marzo del mismo año y se le impuso el nombre de Alejandro de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Fue confirmado el 14 de diciembre de 1.905 por D.José Meseguer y Costa, arzobispo de Granada.
De carácter noble desde pequeño, pronto despertó en él la vocación a la vida religiosa ingresando a los doce años en el Cole­gio Seráfico de Antequera, brillando ya en esa edad por su piedad y candor de espíritu. Ingresó en el noviciado el 18 de agosto de 1.912; emitió sus votos simples el 19 de agosto de 1.913 y los solemnes el 20 de agosto de 1.916. Posteriormente recibiría las órdenes sagradas hasta el diaconado no pasando al presbiterado por padecer una enfermedad nerviosa.
Enviado al Colegio Seráfico de Antequera dio muestras y bue­nos ejemplos, como a lo largo de toda su vida, tanto a alumnos como a religiosos, de ser un buen y diligente trabajador. Dotado de excelentes cualidades literarias rindió en este campo los mejores frutos. Su bondad fue grande, era incapaz de molestar lo más mínimo, teniendo siempre la buena disposición de agradar en todo. Para sus alumnos fue como una verdadera madre. Era gran devoto de la Virgen del Pincho aparecida en su pueblo en 1.906.
El Siervo de Dios se distinguía por su bondad, prestándose siempre a realizar cualquier servicio que le pidiesen. Dice el P Claudio de Trigueros de Fray José de Chauchina, que "su corazón era más grande que su misma inteligencia". En el mismo sentido abundan otros compañeros: "Si se le pedía alguna cosa -dice el P. Angel de León- no descansaba hasta que no lo hacia". "Fray José de Chauchina -cuenta el P. Jerónimo de Málaga- se distinguió por su extrema caridad, no era capaz de negar un favor a quien se lo pidiese, siempre estaba dispuesto para ayudar a todos".
Junto a su caridad y disponibilidad para todo lo que le pidiesen, estaba también su bondad, puesta manifiestamente de relieve por todos los que le conocieron. Dicen de él que era "bueno y simple", un "ángel por su simplicidad", como "un niño pequeño por su ingenuidad y simplicidad", "era extraordinariamente simple".
En los primeros días de la revolución: "Fray José de Chauchina estuvo refugiado durante algunos días en casa de un carpin­tero, pero después volvió al convento para correr la misma suerte que sus compañeros", según manifestó Concepción Vázquez Arcos, lavandera entonces en el convento.
Mucho sufrió el ánimo de este Siervo de Dios durante los die­ciocho días de asedio al convento capuchino de Antequera. Final­mente salió de casa con los demás religiosos. Entre sus hermanos marchaba en cuarto lugar y se dirigía al monumento de la Inma­culada, llevando un pequeño crucifijo entre las manos cuando los milicianos le dispararon reiteradamente, cayendo muerto l.a tarde del 6 de agosto de 1.936, a los pies del monumento a la Virgen.

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