HERMANDAD SACRAMENTAL NTRA SRA DEL ESPINO CORONADA

viernes, 1 de febrero de 2013


SAN CECILIO, PATRÓN DE GRANADA
De la vida de San Cecilio se sabe muy poco, casi nada, porque sólo ha trascendido hasta
nosotros algunos hechos históricos, es decir, comprobados y ciertos. Todo lo demás se
halla en las nebulosas de las leyendas que, como sabemos, se ha ido transmitiendo a
través de los siglos de padres a hijos. Al escribir sobre San Cecilio, Patrón de Granada,
hemos de introducirnos en el túnel del pasado y situarnos en los años anteriores al alba
del cristianismo. Según las leyendas que arropan al santo patrón, éste, al parecer, nació
en la década anterior a la venida al mundo de Jesús, el Hijo de Dios. Apoyándonos en la
tradición, se cree que sus ascendientes pertenecieron, durante los últimos siglos antes de
Cristo, a familias romanas de gran abolengo, ya que estaban formadas por preclaros
políticos y militares, muy beneficiados por los dirigentes romanos de aquellos tiempos,
a cuyas órdenes se encontraban. No es de extrañar que Cecilio hasta su conversión al
cristianismo hubiese estado también al servicio de  distintos emperadores romanos. Por
ello, creo conveniente escribir a grandes rasgos quiénes fueron éstos durante la vida del
santo.  
San Cecilio era un niño de pocos años al comenzar la Era Cristiana con el
nacimiento de Jesús. César Augusto (61 a.C. - 14 d.C.) o (- 61 a 14) gobernaba, en
aquella época, como el primer emperador del Imperio Romano. Hijo de Atia, sobrina de
César, su nombre era Cayo Octavio, pero asumió el de Cayo Julio César Octaviano al
pasar a ser hijo adoptivo y heredero de César (- 46). El nombre de Augusto, por el que
también se le conoce, corresponde a un título, instituido por él, el cual, posteriormente,
se les fue otorgando a los emperadores romanos y a sus esposas. Precisamente,    de
César Augusto partió la orden de aquel empadronamiento, primero en la historia del
pueblo romano y por ende de aquellas poblaciones dominadas por éste. Dicho edicto fue
el que motivó el hecho de que José y María, ya encinta, marcharan de Nazaret (Galilea)
a la ciudad de David, llamada Belén (Judea), bajo el mando del rey Herodes, como bien
es sabido.
Tras la muerte de César Augusto (14), Tiberio (- 42 a 37), hijo de Tiberio
Claudio Nerón y Livia Drusila, fue proclamado por el Senado emperador del Imperio.
Anteriormente, en el año 4, Augusto lo adoptó, y Tiberio tomó el nombre de Tiberio
Julio César al ser elegido, por el propio emperador, su sucesor. Durante su mandato,
Jesús de Nazaret llevó a cabo su “vida pública”, murió crucificado, resucitó al tercer día
y fue llevado al cielo, tal y como lo profetizó.
A Tiberio le sucedió Cayo Julio César, llamado Calígula (12 a 41). El hijo de
Germánico y Agripina estuvo en el poder, como emperador, un tiempo efímero (37 a
41). He de destacar que se identificó como dios y mandó introducir su estatua en todos
los lugares de culto, incluido el Templo de Jerusalén. Asimismo, he de manifestar, en
justicia, que la fama de crueldad que le atribuyeron los cronistas partidarios del Senado
ha sido puesta en duda por algunos historiadores modernos. Víctima de una conjura,
murió asesinado por el tribuno Casio Querea.
A la muerte de Calígula (41), un tío de éste, hermano de Germánico, Claudio I (-
10 a 54), fue proclamado emperador de los romanos por los pretorianos con el nombre
de Claudio I (41 a 54). Después de repudiar y hacer matar a Mesalina, su tercera esposa,
casó luego con su sobrina Agripina, a la que ciertos estudiosos le atribuyen una 2
solapada intervención en la muerte de su esposo y tío. En el año 43 llegó el apóstol
Pedro a Roma, en donde creó la capitalidad o núcleo mundial de la Iglesia.
Muerto Claudio I (54), le sucedió Claudio César Nerón (37 a 68), quinto
emperador romano (54 a 68).    Hijo de Cneo Domicio Ahenobarbo y de Agripina,
descendiente por línea directa de Augusto. Ésta se desposó, como ya he referido en el
párrafo anterior, en segundas nupcias con el emperador Claudio I, con cuya hija Octavia
casaría más tarde Nerón. Ante el interés mostrado por su madre para que algún día
cogiese las riendas del poder un hijo de Claudio I, llamado Británico, y la negativa de
Nerón al deseo materno, éste envenenó a su hermanastro (55), asesinó a su madre (59) y
repudió e hizo matar a Octavia (62). En el año 64, un incendio destruyó parte de Roma.
Nerón inculpó del mismo a los cristianos, iniciando con este pretexto la primera
persecución contra ellos. Tras varios complots, sublevaciones y sediciones, a la última
de las cuales se le unió el Senado en pleno, Nerón huyó de Roma y se hizo matar por un
liberto (68).
Desde la conversión al cristianismo de Pablo de Tarso, en Damasco, éste no
llegó a Roma hasta el año 60, después de pasar los dos años anteriores encarcelado en
Cesárea. Su apelación a César Nerón surtió efecto y éste mandó que fuese trasladado a
la capital del Imperio. Allí estuvo en libertad vigilada, aunque marchó a la provincia
Tarraconense para continuar predicando las enseñanzas de Jesús. En la persecución
decretada por Nerón durante el año 67, murió decapitado. En la misma redada, Pedro
fue hecho prisionero y pereció crucificado cabeza abajo, en la arena del circo de Nerón,
ubicado en el montículo Vaticano. A finales de la década  (1950-1960) y principios de
la siguiente, se realizaron unas excavaciones en el subsuelo de la actual Basílica
Vaticana, localizándose los restos de la tumba del apóstol.
Pedro y Pablo enviaron a siete “varones apostólicos” (Cecilio, Eufrasio,
Hesiquio, Indalecio, Segundo, Tesifonte y Torcuato)  a España para propagar la Palabra
de Dios y convertir al cristianismo a la población de Hispania. Está históricamente
comprobado que Cecilio vino a Baetica (Bética), concretamente a Illíberis (Granada), de
donde fue Obispo hasta su muerte. También se sabe con certeza que escribió varias
obras para adoctrinar a los fieles al amparo de su Sede Episcopal.
Durante una persecución contra los cristianos de Illíberis, San Cecilio fue
apresado y sufrió martirio en el año 65, aún en tiempos de Nerón. Se cree que fue
quemado en una de las cuevas del Sacromonte, llamado de Valparaíso y antiguamente
Illipulitano, junto a Granada, donde se encontraron las cenizas de San Cecilio, San
Thesiphon y San Hiscio, discípulos del apóstol.
En cuatro años (del 65 al 68) murieron de “mala manera” San Cecilio (65), San
Pedro y San Pablo (67) y Nerón (68), como ya he expresado en parágrafos anteriores.
Quizás usted, amigo lector, se pregunte el porqué sabemos tan poco de la vida de
San Cecilio y por qué son las leyendas, no la historia, la que más luz nos proporciona al
respecto, exceptuando algunos datos históricos, ciertos totalmente. La causa de esta
pobreza biográfica se encuentra en los casi ocho siglos de dominación árabe en España.
Época en la que se destruyeron todos los vestigios del cristianismo sin dejar rastro
alguno. Las escasísimas fuentes históricas que poseemos sobre este santo son gracias a 3
los documentos de la Iglesia Católica allende nuestras fronteras. Lo demás es memoria y
tradición, como ya he reseñado, con las que no pudo el poderío sarraceno.
En el “Diccionario de los nombres de personas” de Jordi Bas í Vidal (Ed. De
Vecchi, Barcelona 1999), no aparece el nombre Cecilio, sí el de Cecilia, doncella
romana que vivió en la primera mitad del siglo III d.C. Como se negó a abjurar el
cristianismo, se le aplicó el martirio.
En castellano, el nombre de varón Cecilio procede del sustantivo latino, también
nombre propio de varón, Caecilius - ii. Éste a su vez tiene su raíz en el término
“caeculus”, diminutivo de “caecus - i” (ciego o persona que ve poco). Mientras sólo fue
un sustantivo romano, se usó más el masculino, pero desde que fue considerado como
nombre cristiano, se utilizó y se sigue empleando hoy en día más el femenino que el
masculino.
La festividad de San Cecilio se celebra el 1 de febrero.
Carlos Benítez Villodres

Celebración de San Cecilio en Granada - Romería en el Sacromonte

El 1 de Febrero es el día del Patrón de Granada: San Cecilio. Aunque este día sea el del patrón de la ciudad, no es festivo. Por lo tanto, la fiesta se celebra el primer domingo de febrero, día en que hay una romería que sube al Sacromonte, hasta el lugar donde están las catacumbas del santo. 

fiesta de san cecilio en granada
 

Es tradicional visitar en romería las catacumbas y el Monasterio del Sacromonte, donde después de celebrar una misa oficial con presencia de las autoridades políticas y religiosas tiene lugar una gran fiesta popular con bailes regionales. 

flamenco en san cecilio

La celebración dura todo el día y es típico que se repartan habas, salaíllas y vino de la tierra. 

Cuenta la historia que San Cecilio fue enviado junto con Isio y Tesifón por San Pedro a Hispania para su evangelización. Cuando estaban reunidos en las catacumbas de este monte con otros nueve sacerdotes fueron sorprendidos por los romanos y martirizados. 

Sus discípulos escribieron la historia en unas láminas de plomo y las escondieron entre dos piedras, una blanca y otra negra, que fueron arrojadas al río Darro. 

orquestra en la procesion de san cecilio
Estas láminas fueron encontradas en 1595, y enviadas a Roma, donde se conservan las originales, para que confirmaran su autenticidad. 

A partir de este acontecimiento, se construyeron sobre las catacumbas una abadía y una colegiata. 

vista de la abadia de sacromonte detras de la cruz
Antiguamente, durante la romería, las jovencitas en edad casadera debían tocar la piedra blanca si querían conseguir marido; tocar la otra auguraba todo lo contrario. Así que ya sabéis, la elección es vuestra. 

Desde el año 2010 la imagen de San Cecilio sale en procesión el primer sábado del mes (el día 2 de Febrero en el 2013), un día antes de la romería, uniéndose así la parroquia de San Cecilio y la hermandad de los Favores, a las celebraciones que en su honor tienen lugar en Granada la primera semana de febrero. 

En el año 2013 la fiesta de San Cecilio se celebra el día 3 de Febrero con una función cívico-religiosa junto a la Abadía del Sacromonte

Cómo Llegar a la Abadía de Sacromonte

bares cerca de abadia de sacromonte durante fiesta de san cecilio de granada
En Autobus
Salida desde Plaza Nueva en el autobús línea 31 o 35 hasta la Calle Peso de la Harina (al lado de la Cuesta del Chapíz, antes del Camino de Sacromonte). 

El autiobús no llega hasta la Abadia del Sacromonte. La parada Peso de la Harina esta a unos 1000 metros de la romeria. Pero es un paseo muy bonito. 

En Coche
Tampoco se puede llegar muy cerca de la Abadia del Sacromonte en un coche. Se puede subir por la Caretera de Murcia -> Camino Viejo del Fargue y aparcar a unos 1000 metros de la Abadia. 

Dirección: Camino del Sacromonte 4. 

Cecilio de Elvira

San Cecilio
Martirio de san Cecilio.Heylan.png
Martirio de san Cecilio, zona central de un grabado de Francisco Heylan realizado para la Historia eclesiántica de Granada de Justino Antolínez de Burgos
Nacimientosiglo I
Fallecimiento1 de febrero de 55
Granada
Venerado enIglesia católica
PrincipalSantuarioSacromonteGranada
Festividad1 de febrero (fecha de su martirio)
AtributosMitrabáculopectoralcapa pluvial y un libro
PatronazgoGranada
San Cecilio (siglo I o II?) es un santo de la Iglesia Católica considerado mártir.
Según una tradición cristiana medieval recogida en la leyenda de los siete varones apostólicos1 y el Códice Emilianense,2 documentos del siglo X basados en textos más antiguos, fue uno de los siete varones apostólicos, discípulos del apóstol Santiago enviados a evangelizar a Hispania por san Pedro y san Pablo. Es considerado primer obispo de Ilíberis y desde finales del siglo XVI venerado como patrono de Granada y suarchidiócesis.
Tras la Reconquista, basándose en la tradición medieval y buscando enlazar la nueva Iglesia de Granada con sus más remotos orígenes en la comunidad cristiana de Ilíberis, una de las primeras parroquias creadas en la ciudad fue la de san Cecilio, aunque se veneraba a san Gregorio Bético o de Elvira como patrón.3 La extraordinaria aparición entre 1588 y 1599 en la torre Turpiana y en el Sacromonte —entonces monte de Valparaiso—, de una serie de reliquias, entre ellas las supuestas cenizas de san Cecilio, una lámina que indicaba que su martirio tuvo lugar en el monte Ilipulitano en el segundo año del imperio de Nerón y los Libros plúmbeos, intensificaron la devoción y el culto al santo obispo en Granada. A pesar de la polémica suscitada por los hallazgos, considerados actualmente un intento sincrético de la comunidad morisca para evitar laexpulsión que finalmente acabó produciéndose, un concilio local celebrado en 1600 declaró auténticas las reliquias encontradas, mientras que los Libros plúmbeos, tras numerosas vicisitudes, fueron declarados falsos y condenados por un breve apostólico de Inocencio XI en 1682. A raíz de estos acontecimientos, se cambió la fiesta litúrgica de san Cecilio del 15 de mayo, fecha en que se celebraba junto a los otros seis varones apostólicos, al 1 de febrero, fecha del martirio según una de las láminas encontradas. Para venerar los restos, se creó, con el impulso del arzobispo de Granada Pedro de Castro, la Abadía del Sacromonte, lugar donde actualmente se conservan. Aunque no se proclamara oficialmente como tal, san Cecilio ha sido considerado desde entonces patrono de Granada y su archidiócesis.4

MEDITACIONES PARA TODOS LOS DOMINGOS DEL AÑO


MEDITACIONES PARA TODOS LOS
DOMINGOS DEL AÑO
1. Para el domingo primero de Adviento
1
MD1 Para el domingo primero de Adviento
(Lc 21, 25-33)
Sobre el juicio universal
MD 1,1,1 Punto I.
Los hombres –dice Jesucristo en el evangelio de este día refiriéndose al juicio
final–  verán al Hijo del Hombre aparecer sobre las nubes, con gran poder y
majestad El aspecto majestuoso con que se mostrará Jesucristo, y el extraordinario
poderío que ostentará cuando venga para juzgar a los hombres, deben movernos
a temer su venida. Es lo que nos dice san Jerónimo acerca de estas palabras del
profeta Malaquías: ¿Quién podrá pensar en el día de su venida?
Y si nadie se atreve a pensar en el día del último juicio, a causa de la majestad y
poderío de aquel que será el juez, ¿quién podrá soportar su rigor? Esto será
tanto más difícil, añade, cuanto que hará de testigo el mismo que ha de juzgar.
Esto debe movernos a temer aún más este juicio. La misma severidad del juez,
dice en otra parte el mismo santo, que dará a cada uno según sus obras
, hará que quienes estén presentes no se atrevan a mirarlo al rostro.
Entonces se hará examen exacto y terrible de nuestras acciones y aun de
nuestros pensamientos, dice san Efrén; cuando cada uno de nosotros
comparezca ante el tribunal de este juez, que hará patente ante el mundo entero
las obras, palabras y pensamientos de los hombres, que estuvieran más ocultos
en este mundo, por haberse realizado en las tinieblas
.MD 1,1,2 Para que al comparecer ante el tribunal de este juez, que nos juzgará para toda
la eternidad y como juez inexorable, no tengamos que recibir una sentencia
dura y terrible, dice san Agustín, apliquémonos sin tregua a desasirnos de
nuestros defectos, ya que no podemos saber  el día ni la hora en que
moriremos. Pues quien no conoce con certeza la duración de su vida, no debe
descuidarse en adoptar los medios necesarios para asegurar la salvación.
MD 1,2,1 Punto II.
No sólo deben temer el juicio final los malos, a causa de su mala vida; sino que
también será objeto de temor tanto para los buenos como para los malos, dice
san Agustín; pues en esta general asamblea, dice san Jerónimo, habrá muy
pocos, o incluso ninguno, que no merezca ser reprendido con severidad y cólera
por el juez.
Por lo cual, añade, no hay ningún alma que no tema el juicio de Dios, ya que  ni
 las estrellas mismas, esto es, los santos, se hallarán puras en su presencia
Será muy difícil, dice luego este santo Doctor, encontrar alguno que sea
bastante puro e irreprensible para comparecer ante este juez con ademán seguro
y se atreva a decir:  ¿Quién me convencerá de pecado?
Por eso, afirma san Efrén, todas las criaturas estarán llenas de espanto, y los ejércitos de los santos
ángeles estarán llenos de temor, en el día grande de las venganzas del Señor.
La razón principal que hace temer a los justos en espera del juicio final es que
en él se dará cuenta no sólo  de las palabras inútiles que se hayan dicho
como dice Jesucristo en el Evangelio, sino incluso de lo bueno que se haya
practicado, según lo que dice Dios por el Real Profeta: juzgaré las justicias
, es  decir, todo el bien que los hombres hubieren hecho durante su vida, para
examinar si verdaderamente fue bueno y si no hubo en él algún defecto. ¿Quién
de nosotros no temerá, pues, los juicios de Dios?
MD 1,3,1 Punto III.
¿Cómo no temeremos nosotros los juicios de Dios, si los mayores santos nunca
dejaron de temerlos, no obstante su eminente santidad?
Job, cuya defensa tomó Dios contra los que le recriminaban cosas falsas, dice a
Dios: Temblaba en cada obra que hacía, sabiendo que Tú no perdonas al que
peca
. Y, en otro lugar: ¿Qué haré cuando Dios se levante para juzgarme? Y
cuando me pida cuentas de mi vida, ¿qué responderé?
Y después de alegar por extenso su modo de proceder, ordenado y libre de pecado, añade que  no
cesa de temer los juicios de Dios, y que ese temor ha resultado siempre para él
como peso que le abruma
.San Hilarión, encorvado por el peso de los años y de las austeridades, se
sobrecogió de temor a la hora de la muerte.
San Jerónimo, que había encanecido en la soledad y en todo género de prácticas
de penitencia, dice que se había recluido así, condenándose a una especie de
cárcel, por temor al juicio final. Y dice también en otro lugar que, estando
como estaba todo sucio de pecados, noche y día se ocultaba, por temor a que se
le gritase: «¡Jerónimo, sal fuera!», y se le obligara a  pagar hasta el último
céntimo
MD 1,3,2 San Efrén, que fue solitario desde su infancia, que era tan puro y tan penitente,
y que estaba tan lleno del Espíritu de Dios, dice que su corazón se estremecía y
todo su cuerpo temblaba cada vez que pensaba que en el día del juicio serán
revelados todos nuestros pensamientos, palabras y obras; y que, reconociéndose
siempre culpable, temía de continuo ser juzgado con rigor, sabiendo que no
tenía ninguna razón que alegar para excusar su negligencia.
Si santos tan eminentes sintieron tal pavor al pensar en este terrible día, ¿qué
sentimientos de temor no hemos de tener nosotros, que procedemos con tan
escaso fervor en el servicio de Dios, y que tan mal cumplimos nuestro deber?

2. Domingo segundo de Adviento

290 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 1,2,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 4MD 2 2
Para el domingo segundo de Adviento
(Mt 11,2-10) 
ADVERTENCIA
Puesto que el Adviento es un tiempo instituido por la Iglesia para disponer a los
fieles a celebrar dignamente la venida de Nuestro Señor a este mundo y atraerle
a sus corazones, para que no vivan ya sino por su Espíritu, parece muy
conveniente que hoy y los siguientes domingos nos apliquemos en la oración a
preparar nuestros corazones para recibir en ellos a Nuestro Señor; y tanto más,
cuanto que los evangelios que se leen esos tres días nos ofrecen ocasión y nos
invitan a ello.
Que debéis preparar vuestros corazones y los de aquellos a quienes estáis
encargados de instruir para recibir a Nuestro Señor y sus santas máximas
MD 2,1,1 Punto I.
El evangelio de este día nos indica que san Juan Bautista, que estaba en la
prisión, donde había sido encerrado por mandato de Herodes, envió a dos de
sus discípulos a Jesucristo para preguntarle si era él el Mesías. Lo cual dio a
Jesucristo ocasión de hacer el elogio de san Juan ante el pueblo, para concluir
diciendo que era de él de quien estaba escrito: Yo envío mi ángel delante de ti,
el cual te preparará el camino por donde has de caminar
  1
.
Vosotros sois, igual que san Juan, ángeles enviados por Dios para prepararle el
camino y el medio de venir, y de entrar en vuestros corazones y en los de
vuestros alumnos.
MD 2,1,2 Para lograrlo tenéis que hacer dos cosas: primera, asemejaros a los ángeles en
pureza interior y exterior; pues, igual que los ángeles, tenéis que estar
totalmente desprendidos del cuerpo y de los placeres de los sentidos, de modo
que parezca que en vosotros ya no hay más que vuestra alma; que sólo de ella
tenéis cuidado; y que es el fin de vuestras solicitudes; pues Dios os ha
destinado sólo a que os apliquéis, como los santos ángeles, a lo que mira a su
servicio y al cuidado de las almas.
Es necesario que en vosotros, como dice san Pablo,  se destruya el hombre
exterior, para que el hombre interior se renueve de día en día
  2
, y lleguéis a ser
semejantes a los ángeles; y que como ellos, dice el mismo apóstol,  no tengáis
en consideración las cosas visibles, sino las invisibles; porque, dice,  las
visibles son temporales y no hacen más que pasar, mientras que las invisibles,
por ser eternas
  3
, serán eternamente el objeto de nuestro amor.
MD 2,2,1 Punto II.
Jesucristo dedica a san Juan grandes alabanzas en el evangelio de este día. Dice
de él que vivía en el desierto y que no era caña agitada por el viento
  4
; es decir,
que la penitencia que había comenzado la había mantenido siempre;  que no
vestía regaladamente
  5
, pues, como se dice en san Mateo, llevaba un vestido de
piel de camello y un cinturón de cuero en la cintura
  6
. El mismo Jesucristo
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 291
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 5 MD 2,2,1añade que san Juan no comía pan ni bebía vino
  7
; y, en efecto, se dice en san
Mateo que se alimentaba de langostas y de miel silvestre
  8
; y a ello agrega
Jesucristo que no hubo profeta mayor que san Juan Bautista
  9
.
MD 2,2,2 ¿Con qué fin creéis que dedicó Jesucristo todas estas alabanzas a san Juan? Fue
para mover al pueblo a seguir su doctrina, y para que supieran que era verdad lo
que dijo luego de él: que san Juan había sido enviado por Dios para preparar los
corazones a acoger a Jesucristo y a aprovechar sus enseñanzas.
Puesto que este santo, que era su precursor, comenzaba, por medio del retiro, de
la oración y de la penitencia, a practicar lo que quería enseñar a los otros, y a
preparar su corazón para recibir la plenitud del Espíritu de Dios para disponerse
a desempeñar dignamente su ministerio, así también vosotros, que tenéis que
preparar los corazones de los demás para la venida de Jesucristo, debéis
disponer primero los vuestros, para que se llenen de celo, a fin de lograr que
vuestras palabras sean eficaces en aquellos a quienes instruís.
MD 2,3,1 Punto III.
San Juan, después de haberse preparado interiormente a predicar al pueblo
judío para disponerlo a recibir a Jesucristo, les propuso seis medios para
preparar en ellos el camino y la entrada de Jesucristo en sus corazones.
En primer lugar, les exigió que tuvieran horror al pecado, dirigiéndoles el
reproche de que eran raza de víboras
10
.
En segundo lugar, les propuso que temieran el juicio final, al declararles que
sus pecados serían examinados en él minuciosamente y juzgados con rigor.
Huid de la ira venidera
11
, les decía;  todo árbol que no dé buen fruto será
cortado y arrojado al fuego
12
.
En tercer lugar, para moverlos a evitar el rigor de este juicio, los animaba  a
hacer penitencia, con estas palabras: Haced dignos frutos de penitencia
13
.
En cuarto lugar, quiso que no se contentasen con llorar sus pecados y satisfacer
por ellos, sino que hicieran también buenas obras, sin las cuales su penitencia
sería inútil; lo que les dio a conocer con estas palabras:  Todo árbol que no
produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego
14
.
MD 2,3,2 En quinto lugar, les declaró que no les bastaba con tener a Abraham como
padre, y que no tenían derecho a gloriarse de ello, si no hacían acciones
semejantes a las suyas: No digáis, añadía, tenemos por padre a Abraham
15
.
En sexto lugar, les hizo comprender que no podrían salvarse, por buenas que
fueran sus obras, si no practicaban el bien propio y conveniente a su condición;
por eso hace ver  a los ricos la obligación que tienen de dar limosna; y a los
publicanos les dice que no exijan nada por encima de lo que les está mandado;
y a los soldados, que se contenten con su paga
16
.
Tomad esos avisos para vosotros mismos y seguidlos con exactitud; dádselos a
vuestros discípulos, y hacédselos practicar.

3. Domingo tercerode Adviento
292 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 2,2,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 6MD 3 3
Para el domingo tercero de Adviento
(Jn 1, 19-28)
Que quienes enseñan a otros no son más que la voz que prepara
los corazones, y que a Dios mismo corresponde
disponerlos por su gracia para recibirlo
MD 3,1,1 Punto I.
Habiendo enviado los judíos desde Jerusalén sacerdotes y levitas a san Juan
para preguntarle quién era, si él era el Cristo, o si era Elías, o si era un profeta,
san Juan, después de decirles que no era ni lo uno ni lo otro, soy, respondió, la
voz del que clama en el desierto: enderezad los caminos del Señor
  1
.
San Juan, queriendo atribuir a Jesucristo todo el mérito de la conversión de las
almas, en lo que él mismo trabajaba incansablemente sin interrupción, dijo que
no era más que la voz que grita en el desierto, para dar a entender que la
sustancia de la doctrina que enseñaba no era suya; que lo que predicaba era
efectivamente la palabra de Dios, y que, en cuanto a él, no era más que la voz
que la anunciaba.
Así como la voz es un sonido que llega al oído para hacer comprender la
palabra, del mismo modo disponía san Juan a los judíos para recibir  a
Jesucristo.
Lo mismo sucede con quienes instruyen a otros; no son más que la voz de quien
dispone sus corazones para recibir a Jesucristo y su santa doctrina; y  quien los
dispone, dice san Pablo, no puede ser otro que Dios
  2
, que les otorga el don de
hablar.
MD 3,1,2 Así, pues, según el mismo Apóstol, aun cuando hablaseis todas las lenguas de
los hombres y de los ángeles, si no tenéis caridad, o mejor, si no es Dios quien
os hace hablar y quien se sirve de vuestra voz para hablar de él y de sus santos
misterios, no sois, como lo dice el mismo san Pablo, más que bronce que suena
o campana que retiñe
  3
; ya que todo lo que digáis no producirá ningún buen
efecto, ni será capaz de producir fruto alguno.
Humillémonos, pues, considerando que siendo sólo voz, no podemos por
nosotros mismos decir nada que sea capaz de producir algún bien en las almas,
ni que les pueda dejar alguna impresión; puesto que no somos sino una voz, que
sólo tiene el sonido, del que no queda nada después de haber resonado en el
aire.
MD 3,2,1 Punto II.
De Dios, del que los que enseñan no son sino la voz, ha de proceder la palabra
que lo dé a conocer a quienes ellos instruyen. Él es, pues, quien habla en ellos,
cuando hablan de Él o de lo que a Él se refiere. Por eso, dice san Pedro,  cuando
uno habla, es preciso que siempre parezca que Dios habla por su boca; y si
alguno ejerce un ministerio, que no lo haga sino como actuando por la virtud
que Dios le comunica, para que Dios sea honrado en todo por Jesucristo
  4
.
Y el mismo san Pedro, después de haber dicho en otro lugar, en lo tocante a la
verdad que predicaba:  No cesaré de advertiros de estas cosas, aunque la
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 293
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 7 MD 3,2,1verdad ya sea conocida y esté asentada en vosotros
  5
, añade:  Tenemos la
palabra de los profetas, que es más firme, y hacéis bien en adheriros a ella,
porque es como una lámpara que brilla en lugar oscuro, hasta que amanezca
el día, y la estrella de la mañana se levante sobre nuestros corazones; porque
la profecía no se hizo por la voluntad de los hombres en tiempos pasados, sino
que los hombres de Dios hablaron por inspiración del Espíritu Santo
  6
.
MD 3,2,2 También hoy hablan impulsados por el Espíritu de Dios cuantos anuncian su
reino. Pero si Dios se vale de los hombres para hablar a aquellos a los que dan a
conocer las verdades cristianas, y para preparar sus corazones a ser dóciles a
ellas,  corresponde sólo a Dios, dice el Sabio,  guiar sus pasos
  7
y dar a sus
corazones la docilidad que necesitan para saborear las santas verdades que Dios
les ha dado a conocer.
No os contentéis, pues, con leer o aprender de los hombres lo que tenéis que
enseñar a otros; pedid a Dios que lo grabe de tal modo en vosotros, que ya
nunca tengáis motivo para ser ni para consideraros a vosotros mismos sino
como ministros de Dios y dispensadores de sus misterios, según lo que dice san
Pablo
  8
.
MD 3,3,1 Punto III.
San Zacarías, padre de san Juan Bautista, en el cántico que entonó al nacer su
hijo, dice que el motivo por el que san Juan debía ir delante de Jesucristo, para
prepararle los caminos, era comunicar a su pueblo la ciencia de la salvación
  9
.
Pero esta ciencia no bastaba; era preciso que el mismo Dios, por Jesucristo
Nuestro Señor, nos mostrase el camino que hemos de seguir, y nos infundiese
el deseo de ir en pos de su Hijo.
Aunque  gimamos en esta vida bajo la pesantez de nuestro cuerpo, porque
deseamos ser despojados de él
10
, es Dios quien nos formó para eso mismo,  y
quien nos dio como prenda su Espíritu Santo
11
. Sólo a Dios corresponde, pues,
enderezar nuestros caminos hacia el cielo, para poder llegar a él con seguridad.
Por eso Jesucristo, como Hijo de Dios, se constituyó en autor de la salvación
eterna.
MD 3,3,2 Igual que la salvación viene de Dios
12
, dice el Profeta, de Él procede también
la perfección; pues, como dice Santiago,  toda gracia excelente y todo don
perfecto viene de arriba, y desciende del Padre de las luces
13
.
Pedid, pues, a Dios que os guíe en el camino del cielo, por la vía que Él mismo
os ha trazado, y que os mueva a abrazar la perfección de vuestro estado; puesto
que Él es quien os puso en él, y por lo tanto, quien ha querido, y todavía quiere,
que dentro del mismo toméis el camino y los medios para santificaros.

4. Domingo cuartode Adviento
294 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 3,2,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 8MD 4 4
Para el domingo cuarto de Adviento
(Lc 3, 1-6)
Que sólo por la penitencia y la exención del pecado
se dispone uno a recibir a Jesucristo
MD 4,1,1 Punto I.
Según el evangelio de este día, san Juan recorrió la región próxima al Jordán,
predicando el bautismo de penitencia, para la remisión de los pecados
  1
, con el
fin de disponer a los judíos a la venida de Nuestro Señor.
Con tal proceder, este santo nos da a entender que la principal de las
disposiciones que hay que tener para recibir a Nuestro Señor es la penitencia y
el alejamiento de todo pecado; y, por consiguiente, que hay que aplicarse a ella
todo lo posible, pues la penitencia lava y purifica al alma de los pecados con
que esté manchada.
San León la llama, sencillamente, bautismo; y san Gregorio de Nacianzo,
siguiéndolo, bautismo doloroso. Según san Ambrosio, a este bautismo se refiere
David cuando dice que se consumió de tanto gemir y suspirar, que lavó todas
las noches su lecho con su llanto, y que bañó con sus lágrimas el lugar donde
se acostaba
  2
.
MD 4,1,2 Eso es lo que nosotros deberíamos poder decir, igual que David, pues no
tenemos menos necesidad de penitencia que él, si queremos atraer a nosotros a
Jesucristo. Por lo cual, como dice la glosa, expíe cada uno sus pecados pasados
por medio de la penitencia, para acercarse a la salvación, que había perdido, y
recuperar la facilidad de volver a Dios, de quien se había alejado.
Por eso dice Dios por un profeta: Convertíos a mí por el ayuno, las lágrimas y
los gemidos
  3
; pues esos, en efecto, son los medios más adecuados para volver
a Dios cuando se le ha perdido, y lo que mejor contribuye a conseguir la pureza
del corazón, que David pedía a Dios con tanta insistencia; y era también con
esta mira por lo que decía a Dios:  Lávame más y más de mis iniquidades  y
purifícame de mis pecados
  4
. Este rey penitente estaba bien persuadido de que
las manchas del alma pecadora sólo pueden lavarse con las lágrimas que tienen
su fuente en el corazón humilde y contrito.
Pidamos a Dios con frecuencia la gracia de lavarnos tan perfectamente, que no
quede ningún rastro de nuestros pecados; y, por nuestra parte, contribuyamos
mediante la penitencia que hagamos.
MD 4,2,1 Punto II.
Se dice de san Juan que  predicaba la penitencia para la remisión de los
pecados
  5
, pues lo que procura la remisión de los pecados a quienes han
ofendido a Dios es la penitencia, según lo que dice san Pedro a los judíos en los
Hechos de los Apóstoles:  Haced penitencia y convertíos para que sean
perdonados vuestros pecados
  6
.
Porque ése es el fin propio de esta virtud, y sólo ella es capaz de ablandar el
corazón de Dios, irritado contra los pecadores. Eso es lo que Dios mismo dice
en Ezequiel, con estas palabras:  Si el impío hiciere penitencia de todos los
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 295
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 9 MD 4,2,1pecados que haya cometido, si observa todos mis preceptos, y si obra según la
equidad y la justicia, no me acordaré más de sus iniquidades, y no le serán
imputadas
  7
. Y san Pedro, predicando al pueblo judío para enseñarle las
verdades del Evangelio, le dice:  Haced penitencia para obtener el perdón de
vuestros pecados
  8
.
MD 4,2,2 También por medio de esta virtud los ninivitas, que habían irritado al cielo con
sus desórdenes, lograron, dice san Jerónimo, que Dios cambiara la sentencia
que había dado contra ellos, de destruir su ciudad
  9
. Lo que no consiguieron
sino por la conversión de sus corazones, mediante la predicación de Jonás y a
petición de su rey. Para impedir las desgracias con que estaban amenazados, no
tuvieron otro recurso, dice san Ambrosio, que ayunar constantemente y cubrirse
de saco y ceniza, con el fin de apaciguar la cólera de Dios.
MD 4,2,3 Por este mismo camino obtendréis vosotros la remisión de todos los pecados
que cometisteis en el mundo, y de todos los que cometéis aún cada día, en la
casa de Dios. Pues, como dice san Jerónimo, Dios sigue dirigiendo cada día a
los hombres las amenazas que hizo a los ninivitas, para que así como aterraron
a aquéllos, del mismo modo impulsen a quienes quedan en la tierra a hacer
penitencia. Aprovechemos, pues, tan admirable ejemplo.
MD 4,3,1 Punto III.
El profeta Ezequiel nos advierte que la penitencia no sólo nos alcanza la
remisión de nuestros pecados, sino que también nos preserva de ellos, lo cual es
la mayor dicha que se pueda disfrutar en este mundo. Pues después de haber
dicho que  si el impío hace penitencia de todos sus pecados, Dios no se
acordará más de ellos, añade que vivirá practicando obras de justicia y que no
morirá
10
.
Por eso san Pedro nos consuela inmensamente al decirnos que el Señor, el día
de su venida, hallará en la paz del alma a cuantos hayan hecho dignos frutos
de penitencia
11
, porque los encontrará exentos de pecado. De esa forma, según
Teodoreto, habrán asegurado su salvación. También de ese modo, practicando
la penitencia, supo san Juan Bautista preservarse de los más leves pecados,
como canta la Iglesia.
MD 4,3,2 También por ese mismo camino conseguiréis vosotros congraciaros con
Nuestro Señor, y, según san Pedro, recibiréis el don del Espíritu Santo
12
, que
os consolidará en el bien, por su permanencia en vosotros. Este Espíritu Santo
es el Espíritu de Jesucristo. Pedidle que afiance vuestro corazón en el bien de
tal manera, que el día de su venida, como dice san Pedro, os halle puros  e
irreprensibles a sus ojos
13
.
Tened cuidado de que cuando venga, no os haga el mismo reproche que san
Juan dirige, en el Apocalipsis, a un obispo, y que os diga que habéis decaído de
vuestra primera caridad
14
. Y si os hace tal reproche, acordaos, según el aviso
que se dio a ese obispo, del estado de donde caísteis; haced penitencia y volved
a la práctica de vuestras primeras obras
15
. 5. Domingo en la octava de Navidad

296 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 4,2,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 10MD 5 5
Para el domingo en la octava de Navidad
(Lc 2, 33-40)
Que no hay que contradecir las verdades,
los preceptos ni los consejos del Evangelio
MD 5,1,1 Punto I.
El evangelio de este día refiere que san Simeón, después de bendecir al padre y
a la madre de Jesús en el Templo, dijo a María, su madre, que aquel niño
había venido para ruina y para resurrección de muchos en Israel; pues algunos
sacarían provecho de su muerte, y otros, al no ser fieles a la gracia que debía
merecerles el Redentor, convertirían esa misma gracia en principio de su
condenación.
Luego, el santo anciano añadió que Jesucristo sería blanco de la contradicción
de los hombres
  1
. Durante su vida, en efecto, hubo numerosas personas que
contradijeron su proceder; y todavía se encuentran muchas cada día, incluso
entre los cristianos, que contradicen su doctrina y sus máximas.
Hay algunos que tienen poco respeto a las decisiones de la Iglesia; y a veces,
hay otros que se mezclan en discusiones sobre cuestiones de la predestinación y
de la gracia, acerca de las cuales, quienes no son expertos, no deben decir
nunca ni palabra, pues están por encima de su alcance; y si alguno les hablare
de ellas, entonces no tienen otra cosa que responder, sino en general: creo lo
que cree la Iglesia.
MD 5,1,2 Procedamos de igual modo sobre varias otras cuestiones de doctrina, que la
inteligencia no puede concebir, pensando en estas palabras del Sabio en el
Eclesiástico: No te desasosiegues por las cosas que te sobrepasan
  2
. Dejemos
las disputas sabias para los sabios; dejémosles el cuidado de refutar las herejías
y de confundir a los herejes; por nuestra parte, hablemos sólo de la doctrina
común de Jesucristo, y no adoptemos como práctica más que seguir en todo lo
que enseña la Iglesia a los fieles en los catecismos que aprueba; es decir, en los
catecismos realizados o adoptados por los obispos, unidos al Vicario Universal
de Jesucristo; y no nos permitamos nunca la libertad de dogmatizar sobre
cuestiones difíciles de la religión.
MD 5,2,1 Punto II.
El peligro de contradecir la moral de Jesucristo no es menor que el de
contradecir su doctrina; porque, de ordinario, lo que lleva a perder la fe es el
desarreglo de las costumbres, y porque Jesús no vino para anunciarnos tantas
verdades santas de la moral cristiana, sino para animarnos a practicarlas
debidamente.
Con todo, es bastante frecuente ver cristianos, hasta en las comunidades
regulares, que aprecian poco las verdades prácticas, las contradicen en su
corazón e, incluso, a veces, en su comportamiento externo; como cuando se les
dice que en el día del juicio darán cuenta hasta de una palabra inútil
  3
; que hay
que orar sin descanso
  4
y  entrar en el cielo por la puerta angosta
  5
; y que
Jesucristo dijo: Si no hiciereis penitencia, todos pereceréis
  6
;
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 297
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 11 MD 5,2,15,2,2 y que, por lo tanto, es obligación indispensable poner en práctica estas máximas
si uno quiere salvarse; que para ellos es un mandamiento amar a los enemigos,
hacer bien a quienes los odian, pedir a Dios por quienes les persiguen  y
calumnian, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo, que hace salir
el sol sobre buenos y malos
  7
.
¿Cuántos se persuaden que todos estos artículos son sólo de perfección, a pesar
de que Jesucristo los predicara como otras tantas prácticas de necesidad de
medio para la salvación?
Guardaos de caer en tan craso error, que os apartaría del verdadero camino que
conduce al cielo.
MD 5,3,1 Punto III.
Para nosotros no es suficiente con no contradecir la moral del Evangelio. San
Pablo dice que nos muestra un camino todavía más excelente y más perfecto
  8
,
al cual nos ha llamado Jesucristo y que Él mismo nos ha marcado.  Si alguno,
dice Jesucristo, quiere venir en pos de mí, renúnciese a sí mismo; es decir, que
renuncie a su propio juicio y a su propia voluntad, que lleve su cruz cada día y
que me siga
  9
.
¿Quiénes son los que no contradicen, si no con la boca, al menos de corazón,
esta divina sentencia de Jesucristo, nuestro maestro?
¿Cuántos concuerdan con este pensamiento de san Bernardo, a saber: que las
palabras de ligereza y las chanzas en boca de un seglar, sólo son chanzas; pero
en boca de la persona consagrada a Dios son blasfemias? ¿Cuántos hay que
aprecian las palabras de san Doroteo: Pongamos atención, dice, en las cosas
más leves, por temor a que tengan efectos y consecuencias lastimosas? ¿A
cuántos les parecen duras estas palabras de Jesucristo:  Bienaventurados los
pobres de espíritu
10
; es más difícil que un rico entre en el cielo, que un camello
pase por el ojo de una aguja
11
?
MD 5,3,2 En cuanto a nosotros, sondeemos nuestro corazón. ¿Está bien penetrado de lo
que dice Jesucristo:  Seréis bienaventurados cuando los hombres digan de
vosotros, con falsedad, todo género de mal
12
? ¿Cuántos hay que contradicen
sus Reglas en muchos artículos, como si no estuvieran obligados a practicar
más que lo que creen que les conviene en esas Reglas? Estos tipos de personas
caen muy pronto en el desorden; pues, como dice san Doroteo, en cuanto uno
comienza a decir: ¿qué importa que diga esta palabra?, ¿qué mal hay en que
tome este bocado?, ¿qué delito cometo haciendo esto o aquello?, llega hasta
pasar por alto todos los remordimientos de su conciencia en los puntos más
esenciales.
Nosotros, a quienes Dios ha llamado a vivir según la perfección del Evangelio,
temamos perdernos si nos aficionamos a tales máximas, que conducen a la
relajación.

Para el domingo entre la Circuncisión y la Epifanía
(Mt 2,13-15)
Del amor al retiro, a imitación de Jesucristo,
retirado y desconocido en Egipto
MD 6,1,1 Punto I.
Avisado san José por un ángel de que llevara al Niño Jesús a Egipto, porque
Herodes lo buscaba para matarlo, lo condujo allí inmediatamente, con la
Santísima Virgen
  1
.
Él se creía seguro en Judea, porque en ese reino habitaba el pueblo de Dios; por
lo cual, no habría deseado abandonar el país para ir a vivir entre extranjeros, si
no fuera por el mandato de Dios; pues como atestigua Jesucristo en el santo
Evangelio, no vino a este mundo para hacer su voluntad, sino sólo la de Dios,
su Padre
  2
.
Así debemos proceder nosotros cuando se trate de emprender algo o de desistir
de alguna empresa.
MD 6,1,2 Dios os ha colocado en el retiro y en un lugar santo, y en su misma casa, donde
congrega a quienes ha escogido como suyos. Si salís de ella, no debe ser sino
porque Dios lo quiere y porque os lo manda, para conservar la vida de
Jesucristo en los corazones de quienes estáis encargados, o por alguna otra
necesidad. El alejamiento que debéis mantener respecto de todos los que os son
extraños, ha de hacer que temáis salir de vuestro retiro y dejar la compañía de
vuestros Hermanos, lugar que Él os ha destinado como vuestra morada
ordinaria.
MD 6,2,1 Punto II.
San José, la Virgen santa y el Niño Jesús vivieron en Egipto tan desconocidos,
que parece que nunca se hubiera oído hablar de ellos. Y el Evangelio no nos
dice nada, ni de ellos, ni de lo que hicieron en aquel país durante el tiempo que
permanecieron allí. Tampoco vemos que ninguna historia haya hablado de
ellos,  pues vivieron tan ocultos, que nadie sabía que estaban allí.
La vida humilde y desconocida era la que más agradaba a esta sagrada familia,
y la que el Padre Eterno había destinado para Jesucristo hasta que se dedicara a
la predicación de su Evangelio y a la conversión de las almas, que era el primer
fin de su venida. Su largo retiro sirvió de preparación para su vida apostólica.
MD 6,2,2 Cuando os veáis obligados a salir de vuestro retiro para actuar en el mundo,
también vosotros habéis de proceder en él de tal manera, que nadie, quienquiera
que sea, os conozca. Incluso, que hasta ignoren vuestro nombre aquellos  a
quienes impartís instrucción, preocupándoos en vuestra clase sólo de
desempeñar vuestro ministerio, en lo que Dios exige de vosotros respecto de
vuestros discípulos, y de actuar de tal modo que, por ese medio, les procuréis el
espíritu del cristianismo.
A ejemplo de la Sagrada Familia, evitad que se hable de vosotros en el mundo;
sed sólo como transeúntes, ocupados únicamente en la obra de Dios y de
procurar que Jesús viva en las almas de quienes no lo reconocen.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 299
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 13 MD 6,2,2MD 6,3,1 Punto III.
Después de la muerte de Herodes, un ángel avisó en seguida a san José para
que volviera a Judea y se estableciese allí, para permanecer constantemente
con la Virgen santa y el Niño Jesús. Este aviso le bastó, y fue tan diligente en
realizar lo que Dios deseaba de él, que  al instante se levantó, y tomando
consigo a la madre y al niño partió con toda prontitud
  3
. ¡Admirable fidelidad
de san José a la orden de Dios!
MD 6,3,2 A ejemplo de este gran santo, sed fieles en hacer todo cuanto Dios quiera de
vosotros, considerando que debéis guiaros en todas las cosas por orden suya.
Por lo tanto, sed exactos en dejarlo todo en cuanto suene la campana para
llamaros a algún ejercicio, y que nada sea capaz de reteneros.
Cuando hayáis terminado lo que atañe a vuestro empleo, cuidad de no atrasaros
y no deteneros con nada; apresurad vuestro regreso cuanto sea posible. El
mismo Dios que os encomendó el empleo, os saca de él: ¿se necesita más? En
toda ocasión debéis dejar patente que dependéis de Dios, y que estáis
dispuestos a ir, a la primera señal, a donde os llame.

7. Domingo primero después de Reyes
7
MD 7 Para el domingo primero después de la fiesta de Reyes
(Lc 2,40-52)
Sobre la necesidad de la obediencia
MD 7,1,1 Punto I.
El evangelio de este día refiere que san José y la santísima Virgen fueron con
Jesús a Jerusalén, cuando tenía doce años, para celebrar allí la fiesta de
Pascua. Al regresar, pasados los días de la fiesta, Jesús permaneció en
Jerusalén. Sus padres volvieron para buscarlo, y habiéndolo encontrado en
medio de los doctores, lo llevaron con ellos a Nazaret, donde les estaba sujeto
1
, nos dice san Lucas.
Eso es todo lo que nos enseña el Evangelio sobre su estancia en Nazaret hasta
el tiempo en que salió de allí para anunciar el reino de Dios. Lección admirable
para todos aquellos que están encargados de instruir a los demás en las
verdades cristianas.
Jesucristo, por medio de la sumisión y de la obediencia, se preparó para cumplir
la magna obra de la redención de los hombres y de la conversión de las almas;
pues sabía que nada es más adecuado para lograrlo de forma útil y segura, que
el prepararse durante largo tiempo mediante la práctica de una vida humilde y
sumisa.
Por este motivo, en la Iglesia primitiva, y sobre todo en Oriente, de ordinario se
escogían como obispos a quienes habían vivido mucho tiempo bajo obediencia.
MD 7,1,2 Vosotros, a quienes Dios ha llamado a un empleo que os compromete a trabajar
en la salvación de las almas, debéis prepararos mediante larga práctica para
300 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 6,3,1 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 14haceros dignos de empleo tan santo, y para poneros en condiciones de producir en él
copiosos frutos. Cuanto más fieles seáis a la gracia de Jesucristo, que tan perfectos os
quiere en esta virtud de la obediencia, tanto más bendecirá Dios también vuestros
trabajos, pues cualquiera que obedece a sus superiores, obedece al mismo
Dios
  2
.
MD 7,2,1 Punto II.
Lo que debe moveros, además, a la exacta obediencia, es que el primer fin que
hubimos de tener al venir a esta casa fue obedecer a quienes la dirigen; pues,
como muy bien dice san Buenaventura, la obediencia es el fundamento de las
comunidades, que, sin ella, caerían en ruina. Y como también dice santa Teresa
de modo excelente, una comunidad no se puede mantener sin obediencia; y, si
no se observa esta virtud, ni siquiera merece el nombre de comunidad, aunque
se practiquen todas las demás virtudes de manera eminente. Como ocurría con
aquellos cenobitas que, según refiere Casiano, vivían sin obediencia; los
antiguos Padres del desierto juzgaron que formaban más un monstruo que un
cuerpo de comunidad.
MD 7,2,2 También la práctica de la obediencia fue la primera instrucción que dio el ángel
al abad Postumio, cuando le comunicó, por orden de Dios, que la primera regla
que debían observar los que viviesen en común era la de obedecer a quienes les
fueren designados para dirigirlos. La razón misma nos hace ver la necesidad
que hay de obedecer en una sociedad religiosa, puesto que la obediencia es la
virtud que pone en ella orden, unión, paz y tranquilidad entre quienes viven en
ella. Y sin ella, efectivamente, al actuar cada uno por propio impulso, no puede
dejar de introducirse la turbación, el desorden y el desconcierto, que la
destruirán por completo, pues toda casa donde haya división, dice san Marcos,
caerá en ruinas
  3
.
Puesto que la obediencia es la más necesaria de todas las virtudes que ha de
haber en una comunidad, aplicaos a ella de modo particular; pues sin ella no
podríamos mantenernos por mucho tiempo en nuestro estado.
MD 7,3,1 Punto III.
Cada estado, dice santo Tomás, tiene una gracia particular que le es propia, y
por consiguiente, necesaria a cuantos lo han abrazado, para en él santificarse y
salvarse. Esta gracia, para cada uno de vosotros, es la gracia de la obediencia;
pues la obediencia debe ser la característica de las personas que viven en
comunidad. Ella los debe distinguir de quienes viven en el mundo y disponen
de su libertad.
Por eso dice san Lorenzo Justiniano que quien desee entrar en una sociedad
religiosa, debe, ante todo, despojarse de la propia voluntad. San Bernardo, para
dar a entender que este despojo es lo que santifica, dice que tal es el significado
de las palabras de Jesucristo, propuestas en el Evangelio como primer medio de
perfección, que es  renunciarse a sí mismo
  4
. Y san Vicente Ferrer dice que
Jesucristo jamás dará su gracia a quien, en la religión, se niegue a dejarse guiar
por su superior.
MD 7,3,2 Puesto que nadie puede salvarse sin la gracia de su estado, y que la de una
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 301
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 15 MD 7,3,2persona que vive en comunidad es la obediencia, todo su empeño ha de ser
poseerla con la mayor perfección que sea posible.
Es verdad que habéis de practicar además otras virtudes para cumplir vuestro
deber, pues estáis comprometidos en un empleo exterior; pero tened la
seguridad de que nunca desempeñaréis cumplidamente vuestro deber, si no
poseéis a la perfección la virtud de la obediencia.
Por lo tanto, debéis aplicaros las palabras de san Gregorio, papa, en los
Diálogos: que la primera y principal virtud que tenéis que profesar es la
obediencia, porque será en vosotros la fuente de todas las demás y de vuestra
santificación.

8. Domingo segundo después de Reyes
8
MD 8 Para el domingo segundo después de Reyes
(Jn 2,1-11)
De la exactitud en la obediencia
MD 8,1,1 Punto I.
El evangelio de este día refiere que  Jesucristo fue convidado a una boda, con
María, su madre, y sus discípulos, y como viniese a faltar el vino, Jesús
convirtió el agua en vino a ruegos de la Virgen santísima, su madre, que dijo a
quienes servían la mesa que hicieran todo cuanto su hijo les dijera
  1
.
Ella sabía que la mejor disposición que podían aportar por su parte para mover
a Jesucristo a realizar este milagro era la total sumisión a sus órdenes.
Este es también el verdadero medio del que podemos servirnos para conseguir
gracia tan abundante, y para que obre en nosotros prodigios y, en cierto modo,
milagros, superándonos a nosotros mismos. Lo cual mueve a decir al Sabio que
es propio del verdadero obediente alcanzar victorias
  2
.
MD 8,1,2 Para que la obediencia produzca su efecto, ha de ser exacta. Y en primer lugar,
respecto de la cosa que se manda, de modo que quien obedece esté dispuesto a
realizar todo lo que se le mande, y no muestre que siente más inclinación por
una cosa que por otra.
Para esto, es necesario esforzarse mucho en morir a sí mismo, pues es muy
difícil no dejar traslucir que se haría con más gusto una cosa que otra. En eso
hay que vencerse, para ahogar de tal manera todas las repugnancias, que quien
manda no pueda juzgar ni discernir, si fuera posible, lo que gusta o lo que
disgusta a quien obedece.
¿Puede decirse que mantenéis por dentro y por fuera indiferencia total sobre
todo lo que se os manda o se os pudiera mandar? ¿Sois fieles a ejecutar punto
por punto las órdenes de vuestros superiores? La señal más segura que podéis
dar de ello es no pedirles nada ni rehusarles cosa alguna.
302 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 8 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 16MD 8,2,1 Punto II.
Se hace notar luego en el Evangelio, que Jesucristo dijo a los que servían la
mesa que llenaran de agua seis cántaros que había allí, y que servían para las
purificaciones de los judíos, y que ellos las llenaron todas hasta arriba
  3
.
Esta expresión, hasta arriba, nos da a entender que el verdadero obediente no
sólo realiza la cosa que se le manda, sino que su exactitud en cumplirla llega
hasta el punto de ejecutarla de la manera que se le manda.
Estos sirvientes hubieran podido pensar que obedecían a Nuestro Señor
llenando más o menos las tinajas que había allí; pero no era suficiente para
ellos, pues querían cumplir lo que se les había mandado con exactitud, no sólo
en cuanto a la cosa, sino también en cuanto al modo de hacerlo. Por eso
llenaron las tinajas hasta arriba, porque deseando obedecer exactamente,
tomaron la palabra llenar en toda su extensión.
MD 8,2,2 Así debéis proceder cuando vuestros superiores os manden algo. No sólo debéis
realizar la cosa, sino hacerla de la manera que se os manda. Si, por ejemplo, se
os manda hacer algo con un instrumento, y lo hacéis con otro, que consideráis
más cómodo, o si en vuestro empleo tenéis que serviros de la señal, y os servís
de la voz, creyendo que os resultará más fácil, obedecéis en lo referente al
objeto, pero no en cuanto al modo; y eso es lo que no corresponde a un
religioso perfectamente obediente.
Tened cuidado, pues, en lo sucesivo, si queréis obedecer exactamente, en
vigilar sobre vosotros mismos para no realizar las cosas de forma distinta  a
como os fueren mandadas.
MD 8,3,1 Punto III.
En lo tocante a la exactitud que se ha de tener en la obediencia, hay que notar
todavía lo referente al tiempo; pues, para obedecer bien, hay que hacer las cosas
en el tiempo prescrito, y no antes ni después. Porque la exactitud en lo que
respecta al tiempo es tan necesaria para hacer perfecta a la obediencia, como lo
que se refiere a la cosa mandada y al modo de realizarla.
Esto es lo que cumplió Jesucristo con su proceder, y también aquellos que
servían el festín de la boda. En efecto, Jesucristo, en este pasaje del Evangelio,
da a entender que no quería realizar este milagro sino en el tiempo que su Padre
le había señalado, cuando dijo a la santísima Virgen, su madre, que su hora, es
decir, la hora de realizar el milagro, todavía no había llegado
  4
.
Quienes servían la mesa llenaron los cántaros de agua en cuanto Jesucristo se
lo dijo; tomaron del agua convertida en vino y la llevaron al maestresala para
que la probara
  5
 justo en el momento en que el Salvador se lo mandó.
MD 8,3,2 Observad la misma exactitud cuando se os mande algo, pues Dios quiere la
cosa que se os manda en el momento preciso, y no en otro que sea de vuestra
elección. Si, por ejemplo, tocáis con retraso para un ejercicio, o vais a él
cuando ya ha comenzado, o si os levantáis antes de lo que está marcado,
entonces no practicáis la obediencia con exactitud, pues no realizáis el acto a la
hora exacta que os está indicada; y, en consecuencia, no se puede decir que
obedecéis como es debido, ya que la circunstancia del tiempo forma parte de la
obediencia exacta y puntual.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 303
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 17 MD 8,3,2MD 8,1,1:

Un centurión que tenía enfermo en su casa a un criado, según se refiere en el
evangelio de este día, rogó a Jesucristo que fuese a devolverle la salud. Pero
pensando luego que era inútil que Jesús se tomase aquella molestia, y que le
bastaba mandar que el criado se curase, para que lo fuera, de inmediato este
centurión acudió él mismo ante el Salvador para expresarle  que una sola
palabra de su parte era suficiente para curar al enfermo. Jesús, admirado de la
fe del centurión, dijo que no había encontrado fe tan grande en Israel
  1
.
Este centurión nos hace comprender la excelencia de la obediencia, animada y
sostenida por la fe. En efecto, quienes obedecen a su superior, con la mira de
que obedecen al mismo Dios, enaltecen tanto su obediencia con esta mirada de
fe, que se convierte en uno de los actos de religión más eminentes que se
puedan realizar en este mundo, pues se dirige directamente a Dios, velado bajo
la forma de un hombre débil y mortal, pero revestido de la autoridad divina.
MD 9,1,2 Un acto así fue el que realizó este centurión cuando, aunque no veía en
Jesucristo más que las apariencias de un hombre como los demás, estaba
vivamente persuadido de que, para operar tales milagros, como la curación de
su criado, debía poseer la misma autoridad de Dios, y que, en consecuencia, era
Dios.
¿Obedecéis con este sentimiento y con esta mirada pura y sencilla? ¿Es a Dios
a quien obedecéis, oculto bajo la apariencia de un hombre, que no puede
mandaros sino por el poder de Dios, que está en él? ¿Es esta mira de fe el único
motivo que os mueve a someteros con prontitud y ciegamente? Sólo por ese
motivo puede vuestra obediencia desprenderse de toda mira humana.
MD 9,2,1 Punto II.
El centurión dijo a Jesús que bastaba con una sola palabra suya para curar a su
criado; y lo prueba con su propio proceder respecto de los soldados de su
compañía, a los que sólo tenía que decir una palabra para ser obedecido
inmediatamente
  2
. De lo cual ha de concluirse que si hay hombres que por pura
consideración humana se someten de tal forma a otro, a quien consideran su
jefe, con cuánta más razón quienes se han entregado a Dios y deben guiarse
sólo por su Espíritu, están obligados a realizar al punto cuanto les es ordenado
por sus superiores, sin tener otra mira que Dios al dirigirse a ellos, persuadidos
de que es Dios quien, en sus personas, les manda.
MD 9,2,2 ¿Os basta una palabra o una señal de vuestro superior para resolveros a dejarlo
todo, o para realizarlo todo, de inmediato, con el único motivo de que esa
palabra es la palabra de Dios, y que esa señal es la señal del mismo Dios?
304 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 9 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 18Esta sencilla mira de fe consigue que quien obedece se eleve sobre sí mismo
para mirar sólo a Dios, allí donde a menudo no aparece, y para despojarse de
todos los sentimientos que la naturaleza puede sugerirle.
Renovad de vez en cuando en vosotros esta mira de fe en la obediencia; y para
penetraros mejor de ella, adorad con frecuencia a Dios en aquellos que os
mandan.
MD 9,3,1 Punto III.
El centurión tenía mucha razón, pues en cuanto creyó que Jesús podía curar a
su criado con una sola de sus palabras, su criado quedó efectivamente curado
  3
;
y esta gracia se concedió a la excelencia y al ardor de su fe.
Del mismo modo, no se necesita más que una palabra, por parte de un superior,
a un hombre verdaderamente obediente y animado de viva fe, para realizar en él
grandes milagros y para producir en él los más sorprendentes efectos de la
gracia.
La obediencia, practicada de ese modo, hace que quien obedece no replique en
nada al que le manda, y que no encuentre ninguna dificultad en ejecutar sus
órdenes. Y aunque la cosa mandada sea difícil de ejecutar, el amor con que la
ejecuta se la hace aceptar, y le permite realizar todo con gusto. Por este medio
adquiere sencillez de niño, que no sabe discernir ni razonar, pues la sencillez
con que obedece, hace que su espíritu, iluminado por su mirada directa a Dios,
ahogue en él todas las miras y todas las razones humanas.
MD 9,3,2 ¿Es así como obedecéis vosotros? ¿No encontráis razones que alegar para
dispensaros de hacer lo que se os manda? Si no las manifestáis externamente y
de palabra, ¿no se satisface vuestra mente dando vueltas a aquellas que le
parecen buenas, y que considera mejores y más pertinentes que lo dicho por el
superior?
Poned atención a que no hay que obedecer por razón, sino por gracia y con
simple mira de fe; y que quien escucha a la razón, actúa como hombre y no
como discípulo, dócil a la voz de Jesucristo, que debe conducirlo siempre por
espíritu de fe.

10. Domingo cuarto después de Reyes
10
MD 10 Para el domingo cuarto después de la fiesta de Reyes
(Mt 8,23-27)
De la fidelidad que se debe tener a la obediencia,
a pesar de las más violentas tentaciones
MD 10,1,1 Punto I.
Mientras Jesús estaba en una barca, surgió en el mar tan recia tormenta que la
las olas cubrían la barca. Habiéndolo avisado de ello sus discípulos, se levantó
y mandó a los vientos y al mar que se apaciguasen, y se produjo gran bonanza,
lo cual maravilló tanto a los que estaban presentes, que decían:  ¿Quién es este
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 305
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 19 MD 10,1,1hombre, a quien los vientos y el mar obedecen?
  1
Vivir en comunidad regular es estar en la barca con Jesús y sus discípulos; pues
quienes moran en ella, habiendo dejado el mundo para seguir a Jesús, se han
puesto por ello bajo su guía y entran a formar parte del número de sus
discípulos, y se encuentran a cubierto de las olas del tormentoso mar del
mundo; es decir, de las numerosas ocasiones que en él hay para ofender a Dios.
MD 10,1,2 Con todo, no se está en ella exento de dificultades y tentaciones. Las más
peligrosas y nocivas son las que inducen a no obedecer, o a no obedecer de la
manera como se ha de hacer. Pues como a una comunidad no se debe haber
venido sino para obedecer, en cuanto uno se aleja de la obediencia, se priva de
las gracias que necesita para mantenerse en su estado. Por eso es importante
que las personas que viven en comunidad dispongan de los medios de
preservarse contra estas clases de tentaciones.
MD 10,1,3 Es, por lo tanto, muy conveniente, que vosotros, que estáis todos los días
expuestos a ellas, contéis con los remedios que os mantengan libres de sus
malas consecuencias. En eso habéis de poner todo vuestro cuidado y toda
vuestra aplicación, porque de ello depende, de ordinario, vuestra fidelidad a la
vocación.
Así, pues, lo que más tenéis que pedir a Dios es que os enseñe a obedecer, y a
obedecer bien, a pesar de los obstáculos y las dificultades que el demonio hará
nacer en vosotros para quitaros el gusto de ello.
MD 10,2,1 Punto II.
Las tentaciones y dificultades más importantes y ordinarias contra la obediencia
se refieren al que manda, o a lo mandado. Las que se refieren al que manda,
proceden de que no se lo mira más que como hombre, aunque para nosotros
ocupe el lugar de Dios; y sólo habría que considerarlo entonces en calidad de
tal, ya que  no hay ningún poder, dice san Pablo,  que no venga de Dios
  2
,
particularmente cuando se trata de disponer, mandar o prohibir algo
concerniente a la salvación.
Sin duda, para hacérselo entender a los hombres y lograr que lo recordasen, la
mayoría de las veces en que Dios ordena algo en el Antiguo Testamento, añade
después de hacerlo: Yo soy el Señor, o Yo soy el Señor Dios vuestro
  3
.
MD 10,2,2 Y así como uno no puede dispensarse de obedecer a Dios, tampoco, en
consecuencia, se puede, en una comunidad, faltar a la obediencia respecto a sus
superiores, sin hacerse culpable de desobediencia respecto a Dios.
Por esto, por grande que fuere la dificultad contra un superior, esa dificultad
debería referirse sólo a la persona, y no a su cualidad; pues obedeciéndolo, no
es a él personalmente a quien se obedece, sino a Dios.
No aleguéis, pues, nunca más vuestras dificultades con los superiores para
dispensaros de obedecerlos, pues sería hacerlas recaer sobre Dios mismo.
MD 10,3,1 Punto III.
El segundo tipo de tentaciones contra la obediencia que se debe a los
superiores, y el más ordinario, es que no se puede cumplir lo que mandan
porque es demasiado difícil y se siente demasiada repugnancia.
306 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 10,1,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 20Pero ninguna de estas dos razones debe impedir obedecer, si se considera que
lo mandado y lo que se ejecuta al obedecer es la voluntad de Dios.
Dios conoce lo que podéis hacer, y  no puede mandaros cosas superiores  a
vuestras fuerzas
  4
. Si son difíciles en sí mismas, a Él le toca daros la facilidad
de ejecutarlas; pues corresponde a Dios, dice san Pablo, otorgarnos no sólo la
voluntad de hacer el bien, sino también la gracia de realizarlo
  5
. Y la voluntad,
prevenida y sostenida por la gracia de Dios para el bien, no encuentra nada
difícil en la ejecución, pues Dios allana todas las dificultades que puedan
sobrevenir.
Eso es lo que se mostró en aquellos inferiores que se arrojaron al fuego sin
experimentar daño alguno, o que hicieron, a la primera orden de sus superiores,
otras cosas tan difíciles como ésa. ¿No realizó Jesucristo por obediencia algo
bien difícil para Él, como morir en la cruz por los pecados de todos los
hombres?
MD 10,3,2 Debe uno vencer tanto sus repugnancias como sus dificultades respecto de las
cosas mandadas, pues querer obedecer sólo en cosas hacia las que se siente
inclinación, es querer hacer su propia voluntad y no la de Dios. Sin embargo,
hay que persuadirse de que al obedecer se ejecuta la voluntad de Dios, como lo
sabemos por san Pablo, que hablando a quienes están obligados a obedecer,
les dice: Haced de buena gana todo lo que ejecutáis, como quien obedece  a
Dios, no a los hombres
  6
. Y también Casiano dice que hay que realizar lo que
mandan los superiores como si fueran mandatos que Dios hubiera dado desde
lo alto del cielo, que habría que ver, sin duda, como tales, y a los que no se
dejaría de ser fiel.