HERMANDAD SACRAMENTAL NTRA SRA DEL ESPINO CORONADA

martes, 5 de febrero de 2013

FORMULARIO DE INCRIPCION A LA HERMANDAD



SI QUERÉIS HACEOS HERMANOS DE NUESTRA HERMANDAD, OS LO PONEMOS MAS FÁCIL DESDE AQUÍ PODÉIS IMPRIMIR Y RELLENAR LOS FORMULARIOS Y NOS LO ENVIÁIS POR CORREO ELECTRÓNICO A : virgendelespino@hotmail.com, O BIEN UNA VEZ MANDADOS NOS MANDÁIS UN MENSAJE AL FACERBOOK PARA QUE NO SE NOS PASE VUESTRA INSCRIPCIÓN.
GRACIAS

FRASES




MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS- JUAN BAUTISTA DE LA SALLE



 11 Para el domingo quinto después de la fiesta de Reyes
 (Mt 13,24-30)
De la excelencia y del mérito de la obediencia
MD 11,1,1 Punto I.
Como la obediencia, en una persona religiosa, es fuente de gracias, se la puede
comparar con la buena semilla sembrada en un campo, que rinde mucho a su dueño.
Esta virtud, en efecto, es la que produce el mérito de sus actos en las personas
consagradas a Dios, de manera que por buenos que sean, no tienen valor sino
en la medida en que los acompaña la obediencia.
Se puede decir, por eso, que lo que constituye el ornato de sus acciones es la
obediencia; y por muy santas que sean en sí mismas, si la obediencia no les da
el brillo, sólo tienen belleza aparente, capaz, ciertamente, de deslumbrar  a
quienes no ven las cosas con los ojos de la fe; pero respecto de las cuales las
personas esclarecidas ven todo lo que tienen de falso y de vanidad.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 307
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 21 MD 11,1,1MD 11,1,2 Quienes están bajo obediencia, tengan cuidado para que no se diga de ellos lo
que se dice de los escribas y fariseos, según el oráculo de la verdad: que eran
sepulcros blanqueados, muy adornados por fuera y hermosos a la vista, si sólo
se los contempla por fuera, pero que por dentro estaban repletos de huesos de
muertos y de podredumbre
  2
. Pues lo mismo podría decirse respecto de ellos, si
sus acciones no estuvieran todas realizadas bajo la guía de la obediencia. Según
las apariencias, serían virtuosas, pero en verdad, serían malas en el fondo,  y
serían completamente desagradables a Dios, al no estar animadas por la única
virtud que debe sustentarlas. Y esa virtud es la obediencia, sin la cual, esas
acciones, buenas a los ojos de los hombres, sólo son cuerpo sin alma, y no
pueden considerarse como acciones propias de una persona religiosa.
MD 11,2,1 Punto II.
Sucede a veces que una acción que parece hecha por obediencia, a causa de no
estar totalmente guiada y regulada por esta virtud, porque en ella falta algo
prescrito por el superior, sea en cuanto al tiempo, sea sobre la manera de
hacerla; esa acción, digo, degenera de lo que era, y por ese defecto se convierte
en acto de voluntad propia. Y esta falta es  la cizaña que el demonio sembró
entre el buen grano
  3
.
Sin duda es cosa muy lamentable que una acción, buena en sí misma, se
convierta en mala, porque le falta esa circunstancia; y que esta sola falta la haga
desagradable a Dios.
Eso muestra cuán grande ha de ser la vigilancia que el religioso ha de tener
sobre su conducta, para que sus acciones sean tal como deben ser para agradar a
Dios.
MD 11,2,2 Tened, pues, cuidado de que todo lo que hacéis esté dirigido por la obediencia,
y que en vuestras acciones no haya la mínima circunstancia que no esté
informada por esta virtud. Pues poco tendrá Dios en cuenta una acción, aunque
en sí misma esté hecha por obediencia, si no se es exacto a que no falte en ella
nada de lo ordenado por quien manda. Y eso, tanto más cuanto que, según el
axioma de los filósofos, para que una acción sea buena, es necesario que todo
en ella sea bueno; mientras que cualquier defectillo la convierte en acción mala.
Con todo, el no obedecer como se debe no es un defectillo, ya que es faltarle al
respeto a Dios y no profesarle la estima que se le debe tener.
MD 11,3,1 Punto III.
El mejor medio para realizar exactamente lo ordenado por el que manda es
estimar más la obediencia, que debe enaltecer la acción que se hace, que la
acción misma; pues una acción, por deslumbrante que sea en sí misma,
separada de la obediencia, no es apreciada por Dios en nada, porque está
desprovista de lo que constituye todo su mérito. En cambio, una acción que
parecería de poco valor, llega a ser excelente ante Dios por el cuidado que se
pone en hacerla con exactitud en espíritu de obediencia.
Así, el mérito de una persona incorporada a una comunidad religiosa no
proviene de la calidad de los actos que en ella realiza, sino de la perfección de
la obediencia con que los ejecuta.
Y eso es lo que ha de distinguir al religioso del seglar: las acciones de aquél son
308 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 11,1,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 22santificadas porque se practican por obediencia, mientras que en éste las
acciones no son santificadas sino por el mérito que tienen en sí mismas.
MD 11,3,2 Examinemos, pues, si es la obediencia el motivo y la regla de nuestra conducta;
en ello debemos poner toda nuestra atención.
Lo que nos prueba de forma más patente aún la excelencia de la virtud que aquí
meditamos, es que lo rectifica todo; y hasta las peores cosas se convierten, por
su medio, en agradables a Dios, cuando ignoramos invenciblemente su malicia,
y procedemos de buena fe y con sencillez, sin proponernos otro motivo que
obedecer a Dios.

12. Domingo sexto después de Reyes
12
MD 12 Para el domingo sexto después de la fiesta de Reyes
(Mt 13,31-35)
De los excelentes frutos que produce lo que se hace por obediencia,
aunque parezca pequeño en sí mismo
MD 12,1,1 Punto I.
Jesucristo dice hoy en el evangelio que el reino de los cielos es semejante a un
grano de mostaza, que es la más pequeña de todas las semillas, pero que,
cuando crece, se hace árbol, de forma que los pájaros del cielo acuden  a
posarse en sus ramas
  1
.
Lo mismo se puede decir de lo que se ejecuta por obediencia. Aunque  a
menudo sea pequeño en apariencia, es sin embargo algo muy importante,
porque se realiza por obediencia. Comer, por ejemplo, o recoger las migajas de
la mesa, barrer una sala, limpiar la vajilla o prender un alfiler: todas estas
acciones parecen pequeñas en sí mismas, pero cuando se realizan por
obediencia, se convierten en acciones muy nobles, porque tienen a Dios como
objeto, ya que, al hacerlas, se obedece a Dios mismo.
Eso es lo que hace que esta virtud sea, entre todas, la que más se aproxima a las
virtudes teologales, pues tiene la fe como principio y guía, siempre va
acompañada de la esperanza y de la confianza en Dios, y es fruto de la caridad
y del puro amor de Dios.
MD 12,1,2 Las aves mismas del cielo, o sea, las virtudes que poseen los santos en el cielo,
se posan
  2
en los que obedecen. Pues disfrutan de tal gozo, de tal consuelo y de
tal paz interior, que no se puede expresar, y no se hallan de forma tan perfecta
en ningún otro género de personas en la tierra, sino sólo en quienes obedecen
con la mira únicamente en Dios.
Gustad cuán suave es el Señor
3
y cuán verdadero es lo que se os dice, vosotros,
que debéis poner, durante toda vuestra vida, vuestro afecto en obedecer.
MD 12,2,1 Punto II.
Se puede aplicar a la obediencia lo que Salomón dice de la sabiduría, que todos
los bienes nos han venido con ella
  4
. En efecto, quien obedece por espíritu de
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 309
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 23 MD 12,2,1religión posee en sí todas las virtudes. Es humilde, porque hay que serlo para
ser sumiso;  es manso, pues por mucha molestia que le cause lo mandado, no
hay que quejarse; es silencioso, pues el hombre obediente ha perdido el uso de
la palabra, y no sabe más que hacer lo que se le manda, sin replicar jamás;  es
paciente, porque lo soporta todo
  5
 y lleva todas las cargas que se le imponen; es
caritativo en extremo, porque la obediencia lo mueve a emprenderlo todo en
bien del prójimo.
Por eso dice san Buenaventura que, en la comunidad, la obediencia debe estar
presente en todo lo que se hace; y que sin ella, hasta las mejores acciones dejan
de ser buenas. Incluso los ayunos, tan meritorios ante Dios, son rechazados
cuando el motivo es la propia voluntad; porque entonces uno se convierte en
propietario de una acción sobre la cual Dios ejerce pleno dominio, y respecto
de la cual no tiene el hombre más derecho que el de hacer lo que Dios le pide.
MD 12,2,2 Hay que considerarse feliz de pertenecer a un estado que compromete a la
obediencia, y hay que considerarla en sí misma como madre y sostén de todas
las demás virtudes.
Pero si se quiere que esto sea efectivamente así, es preciso practicarla con la
mayor perfección que os sea posible; pues Dios no concede esta gracia sino a
quienes ya no tienen voluntad propia, y consideran la suya como regla  y
principio de toda su conducta.
MD 12,3,1 Punto III.
El fruto principal que produce la obediencia en la persona religiosa es que le
procura la perfección de su estado, le afianza en él, y le hace perseverar.
En efecto, nada ayuda tanto a los hombres a cumplir los deberes de la religión,
dice san Doroteo, como doblegar su propia voluntad. Es el medio más
adecuado del que pueden servirse para adquirir todo tipo de virtudes. Pues
doblegando a menudo la propia voluntad adquieren suma facilidad para
dominar sus pasiones y sus inclinaciones, y para poseer la impasibilidad del
alma en cualquier ocasión, que constituye la más elevada perfección.
Eso lleva a Casiano a decir que, en la religión, se posee tanta mayor pureza de
corazón y tanto mayor fervor, cuanto más se progresa en la obediencia.
Y san Ignacio, en la parte tercera de sus  Constitutiones
  6
, dice que no es sólo
conveniente, sino muy necesario en su comunidad, que todos practiquen la
obediencia perfectamente, para progresar en la virtud y en la perfección de su
estado.
MD 12,3,2 Además, nada lo hace más sólido y más firme, por el respeto y el amor que
inspira hacia todas las observancias de la religión, que son las vías seguras para
poseer plenamente el espíritu de su estado, y para perseverar en él.
¿Pues de dónde proviene que no se persevere? ¿No es porque se deja de
profesar amor a las reglas y a las prácticas de comunidad, lo que lleva  a
disgustarse de ellas, y que al final sólo se practiquen con desgana?
Concluid de todo ello cuán importante es, sobre todo, que os aficionéis a la
obediencia y pongáis vuestra principal aplicación en practicarla, pues según
Sulpicio Severo, es la primera y principal de todas las virtudes que constituyen
el ornato de una comunidad.
Tened la seguridad de que no amaréis vuestro estado ni poseeréis su espíritu
310 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 12,2,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 24sino en la medida en que seáis fieles a la obediencia.

13. Domingo de Septuagésima
13
MD 13 Para el domingo de Septuagésima
(Mt 20,1-16)
Sobre la necesidad que tienen las personas consagradas a Dios
de ser ejercitadas en la práctica de la obediencia
MD 13,1,1 Punto I.
Hay muchas personas que viven en las comunidades a las que se podría
preguntar, con más extrañeza y con mayor razón que a quienes permanecían de
pie en la plaza pública:  ¿Por qué estáis aquí ociosos todo el día?
  1
. Se han
consagrado a Dios y han hecho profesión de trabajar en la perfección de su
estado; sin embargo, permanecen en él sin realizar ningún progreso en la virtud,
y sobre todo en la obediencia.
Y aunque se hayan comprometido a ello de manera especial, con todo, no se les
ve hacer ningún ejercicio de ella, y a menudo el superior tiene que acomodarse
a sus disposiciones o a sus inclinaciones. Eso hace que no practiquen nunca la
obediencia, o que sea sólo condicional, veleidosa o puramente humana. Por lo
que puede decirse de ellos con verdad que no hacen ningún ejercicio de
verdadera obediencia.
¡Ah!, cuán dignos son de lástima, por no ser nunca ejercitados y por seguir
siempre como principiantes en la práctica de la virtud.
MD 13,2,1 Punto II.
Parece que este desorden proviene de dos fuentes. La primera, por parte de
quienes se han comprometido en la obediencia, pero que no se ofrecen
espontáneamente para ser ejercitados en la práctica de esta virtud. Dicen que se
contentan con seguir las prácticas de la comunidad, y con cumplir
exteriormente, y a veces con mucha flojedad, sus pequeñas obligaciones. Por
eso, cuando se llega a mandarles algo que no se esperaban, no acaban de
resolverse a cumplirlo, alegando que es demasiado duro para ellos y que no son
capaces de semejante prueba. Y así, todo lo que se les manda lo consideran
superior a sus fuerzas y a su virtud, ya que no están dispuestos a ser ejercitados
en ello.
O bien, este desorden se halla en ellos porque quieren vender demasiado cara
su obediencia. No están dispuestos a obedecer sino con arreglo a condiciones
que juzgan oportuno imponer al superior, o cuando se hallan de buen talante.
MD 13,2,2 ¡Ah, cuán desgraciado es quien teniendo la obligación de obedecer, no se
entrega gustoso a la obediencia! ¡Y cuán difícil resulta entonces su práctica!
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 311
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 25 MD 13,2,2MD 13,3,1 Punto III.
La segunda fuente de este desorden proviene por parte de los superiores, que
dejan a sus inferiores en cierta ociosidad y no les ejercitan nunca en la práctica
de la obediencia.
¡Nadie nos ha mandado a trabajar!
  2
, dicen estos obreros ociosos. Por lo cual,
nunca adquieren esta virtud, que sólo se hace fácil, igual que las demás,
mediante el ejercicio; y ésta, con mucha mayor dificultad, pues para ejercitarse
bien en la obediencia, hay que vencerse a sí mismo y renunciar al propio
espíritu y a las inclinaciones naturales.
Cuando se da alguna orden a este tipo de inferiores, algunos la cumplen sólo en
parte, o sólo externamente; otros replican, o alegan razones para eximirse de
ella; y otros rehúsan en absoluto obedecer.
MD 13,3,2 ¡Ah, cuán desdichados son quienes tienen superiores que no les proporcionan
ninguna ocasión, o casi ninguna, de practicar la obediencia, en la que es
importante que sean ejercitados cada día los que de ella hacen profesión!

La palabra del superior en la comunidad es la semilla del evangelio de este día,
la cual, a veces, es recibida por tres clases de personas mal dispuestas.
La simiente que cae a lo largo del camino
  1
es la palabra del superior recibida
por quienes se contentan con los deseos de obedecer. Parece que tienen mucho
amor a la obediencia; hablan bien de ella cuando hay ocasión; e incluso animan
a los demás a obedecer. Pero no se advierte en ellos más que buena voluntad, y
no sus frutos, porque encuentran difícil todo lo que se les manda.
La razón de que no acaben de decidirse a la práctica y de que no obedezcan, es
que su corazón no se ha preparado antes. Para determinarlos a la obediencia,
sería preciso que el superior, cuando se resuelve a mandarles algo, les preparase
antes para hacérselo aceptar con gusto.
MD 14,1,2 ¿No sois vosotros de este número? ¿Estáis siempre dispuestos a obedecer?
Disponed vuestro corazón a ello de tal  forma, que vuestro superior os pueda
mandar con confianza en cualquier momento, y que siempre os encuentre
dispuestos a ejecutar sus órdenes.
MD 14,2,1 Punto II.
La semilla que cae entre piedras
  2
es la palabra del superior recibida por
aquellos que ejecutan lo que se les manda cuando no tienen ni dificultades ni
tentaciones. Pero a la menor tentación, a la menor turbación de espíritu, a la
menor dificultad con su superior, helos ahí consternados, sin poder
312 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 13,3,1 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 26determinarse a realizar lo que les manda, porque no están cimentados en la
virtud, y porque no se les ha ejercitado en la práctica de la obediencia.
¡Ah, cuán importante es que a estas personas, débiles y sujetas a la tentación, se
las ejercite bien; y cuánto necesitan, gentes de tal carácter, ser contrariadas y
probadas!
Pedid con frecuencia a vuestros superiores que no permitan en vosotros tales
debilidades, y rogad a Dios que ponga en vosotros un corazón siempre dócil.
MD 14,3,1 Punto III.
La simiente que cae entre espinas
  3
es la palabra del superior recibida por
quienes obedecen en todo aquello que les gusta, y en lo que no encuentran
ninguna dificultad; pero en cuanto sienten alguna repugnancia a lo que se les
manda, no son capaces de decidirse a ejecutarlo, pues no pueden vencerse ni
violentarse en la medida que el caso requiere.
Para decidirlos a obedecer, sería preciso que su superior no les mandase sino
cosas que les gustasen, y que antes de mandárselas, se cuidara de examinar su
temperamento y sus inclinaciones.
Esta es una obediencia del todo natural y humana que, en consecuencia, no
tiene nada de religiosa ni de meritoria ante Dios; pues pone al superior en el
trance de preguntar al inferior qué quiere hacer, mientras que corresponde al
inferior decir a su superior: ¿Qué queréis que haga?
  4
.
15. Domingo de Quincuagésima
15
MD 15 Para el domingo de Quincuagésima
(Lc 18,31-43)
De tres clases de personas que obedecen 
sin tener el mérito de la obediencia ciega
MD 15,1,1 Punto I.
El ciego que curó Jesucristo en el evangelio de este día, a quien dijo el
Salvador:  ¿Qué quieres que te haga?
  1
, es imagen de aquellas personas  a
quienes los superiores se ven precisados a preguntarles qué es lo que les agrada,
y que quieren examinar lo que se les pretende mandar antes de mostrarse
dispuestos a ejecutarlo.
Hay tres clases de estos religiosos caprichosos.
Los primeros, los que no hacen más que examinar los mandatos. Antes de
obedecer tienen que saber lo que el superior les quiere mandar, y considerar si
les conviene o si les será demasiado costoso; o si no habrán de proponer alguna
condición, para que la ejecución les resulte más fácil y cómoda. Y otras
reflexiones por este estilo, todas ellas de orden natural.
Un hombre verdaderamente obediente, no examina nada, ni presta atención a
nada, sino a que debe obedecer. La fe que absorbe por completo su espíritu le
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 313
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 27 MD 15,1,1impide todas estas reflexiones.
MD 15,2,1 Punto II.
La segunda clase de personas que quieren ver antes de creer y de obedecer, es
la de quienes alegan razones a su superior, bien para dispensarse de ejecutar lo
que les manda, bien para realizarlo de otra manera distinta de la mandada, o
para mostrar que resultaría más oportuno hacer algo distinto de lo que pretende
el superior.
La verdadera obediencia no admite, en absoluto, estos razonamientos, ya que la
obediencia se asienta en la fe, que es infinitamente superior a la razón.
MD 15,2,2 Por lo cual, para obedecer bien, no hay que aducir ninguno. En efecto, si para
someterse hay que estar convencido o, al menos, persuadido por la razón, ya no
se obedece porque es Dios quien manda, sino porque lo mandado parece
razonable. Y así ya no se actúa como verdadero obediente, sino como un
filósofo, que prefiere la razón a la fe.
¿De cuál de estas dos maneras os conducís respecto de vuestros superiores?
Discutir con ellos y pretender inducirlos a que os manden lo que es de vuestro
gusto, ¿no es, en cierto modo, poneros por encima de ellos y dictarles la ley?
MD 15,3,1 Punto III.
La tercera clase de religiosos incapaces de obedecer a ciegas son quienes,
profanando de manera vergonzosa lo que hay de más sagrado en la religión,
que es ejecutar la voluntad de Dios, presumen de tal manera de sus propias
luces, que intentan demostrar a sus superiores que se equivocan al imponerles
determinadas órdenes, y que lo mandado va contra el sentido común.
Así procedió aquel novicio que mereció ser expulsado por san Francisco, al
haber pretendido sostener su opinión contra la del santo.
MD 15,3,2 Sentid horror ante semejante proceder, que destruye la obediencia,  y
consideradlo, en la comunidad, como  la abominación en el lugar santo
  2
. La
obediencia, para ser perfecta, ha de ser ciega; y en calidad de tal, no puede
admitir la impugnación, el razonamiento, el examen, ni la mínima réplica.