HERMANDAD SACRAMENTAL NTRA SRA DEL ESPINO CORONADA

miércoles, 6 de febrero de 2013

MEDITACIONES DE LOS DOMINGOS-JUAN BAUTISTA DE LA SALLE


16 Para el Miércoles de Ceniza
Del espíritu de penitencia del que debemos penetrarnos al recibir la ceniza,
y en el que debemos vivir durante toda la Cuaresma
El propósito de la Iglesia, que quiere que hoy se imponga la ceniza sobre
vuestra cabeza, es daros a entender que en este día debéis abrazaros con el
verdadero espíritu de penitencia.
Esta sagrada ceremonia es residuo de la antigua disciplina de la Iglesia, que
314 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 15,2,1 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 28obligaba a los penitentes públicos, al comienzo de su penitencia, a recibir la
ceniza sobre su cabeza, de mano de los ministros del sagrado altar, ante todos
los fieles.
Con el propósito de uniros a esta institución de la Iglesia y de participar en ella,
debéis comenzar este santo día preparándoos con la conveniente disposición del
corazón a este sagrado rito, cuyo espíritu es la compunción sincera. En esa
disposición hemos de comenzar y concluir esta santa cuarentena.
MD 16,2,1 Punto II.
Al recibir la ceniza pedid a Dios este espíritu de penitencia, del que debéis estar
animados, y que debe acompañar y santificar vuestro ayuno. Pues no es
suficiente el ayuno exterior; se necesita que humille el espíritu, al tiempo que
mortifica la carne.
Por tanto, el efecto que debe producir en vosotros la ceremonia de la ceniza, es
que toda vuestra conducta se impregne de la penitencia, y que ayunéis con los
ojos, con la lengua y con el corazón.
Con los ojos, por el profundo recogimiento y el alejamiento de cuanto sea
capaz de disiparos; con la lengua, por el silencio exacto, que os aparte de las
criaturas, para uniros durante este santo tiempo sólo a Dios; y con el corazón,
por la absoluta renuncia a cuantos pensamientos pudieran disiparos, distraeros e
interrumpir vuestra conversación con Dios.
El fruto del ayuno cristiano es la mortificación de los sentidos y de las propias
inclinaciones, y el alejamiento de las criaturas.
MD 16,3,1 Punto III.
Para animarnos al ayuno del espíritu, privándonos de los placeres de los
sentidos y apartándonos de cuantas satisfacciones pudiéramos encontrar en el
uso de las criaturas, la Iglesia nos dice por medio del sacerdote que nos impone
la ceniza en la cabeza, que recordemos que, por ser hombres,  no somos más que
ceniza, y que volveremos a ser ceniza.
  1
Nada nos induce tanto al desasimiento de las cosas creadas y a la sincera
penitencia como el recuerdo de la muerte. Por eso quiere la Iglesia que
pensemos en ella durante todo este tiempo en que practicaremos la penitencia,
para que, con este santo pensamiento, nos animemos a realizarla con mayor
gusto y fervor.
MD 16,3,2 Moriremos, y moriremos sólo una vez. Pero no moriremos bien y como Dios
desea, sino en cuanto hayamos vivido practicando la penitencia y nos hayamos
privado de los placeres en que se deleitan los sensuales al usar las criaturas.
¿Queremos morir santamente? Vivamos como verdaderos penitentes.

17. Domingoprimero de Cuaresma
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 315
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 29 MD 16,3,217
MD 17 Para el domingo primero de Cuaresma
(Mt 4,1-11)
De la tentación
MD 17,1,1 Punto I.
El evangelio de este día, al señalarnos que  Jesucristo se retiró al desierto, no
dice que fue para apartarse de la compañía de los hombres o para orar, sino
para ser tentado
  1
. Y con eso nos quiere dar a entender que el primer paso que
uno debe dar cuando quiere entregarse a Dios, es abandonar el mundo para
prepararse a combatir contra ese mismo mundo y contra todos los enemigos de
nuestra salvación.
En el retiro, dice san Ambrosio, es donde uno debe esperar ser tentado  y
sometido a muchas pruebas. También el Sabio os advierte de ello, al deciros
que  quienes se alistan en el servicio de Dios deben prepararse para la
tentación
  2
.
Ella les resulta, en efecto, muy provechosa, pues es uno de los mejores medios
de que pueden servirse para apartarse por completo tanto del pecado como del
afecto al pecado.
MD 17,1,2 ¿Habéis creído siempre que, para entregaros del todo a Dios, debéis estar
dispuestos a ser tentados? ¿No os extrañáis cuando os sobreviene alguna
tentación? En lo sucesivo, comportaos de modo que estéis siempre preparados
para recibirla, a fin de que podáis sacar el fruto que Dios pretende que ella
produzca en vosotros.
MD 17,2,1 Punto II.
Lo que debe impulsar a un alma verdaderamente entregada a Dios a estar
siempre preparada para la tentación, es que  la vida del hombre, dice Job,  es
tentación; o, según la versión de la Vulgata,  combate continuo
  3
. De donde
puede colegir que si Dios quiere que sea tentada en este mundo, es porque debe
combatir constantemente en él contra el demonio, sus pasiones y sus
inclinaciones, que nunca cesarán de hacerle la guerra mientras esté en esta vida.
Por eso dice san Jerónimo que es imposible que nuestra alma deje de ser
tentada en esta vida, y que si el mismo Jesucristo, nuestro salvador, fue tentado,
ningún hombre puede esperar atravesar el proceloso mar de esta vida sin verse
ejercitado en la tentación.
MD 17,2,2 Al retiraros del mundo, ¿contasteis con que habríais de combatir
constantemente contra el demonio y contra vosotros mismos? ¿Os mantenéis
siempre en guardia contra vosotros mismos, como debéis estarlo? ¿Estáis
provistos de cuanto habéis de tener para resistir al demonio y para no
abandonaros a los placeres de los sentidos?
Persuadíos de que es gran desdicha no experimentar tentación, pues es indicio
de que uno no se supera en nada y de que se deja vencer fácilmente por sus
pasiones.
El ángel que acompaña al joven Tobías dice al padre de éste que  porque era
agradable a Dios, fue preciso que la tentación le probara
  4
. Esto debe
convenceros por completo de la necesidad de esta clase de pruebas, pues ellas
os alcanzarán abundantes gracias.
No creáis, pues, dice san Crisóstomo, que cuando sois tentados estáis
abandonados de Dios; al contrario, el hecho de que os dé ocasión de combatir y
de ejercitaros en la práctica de la virtud y, por este medio, afianzaros en ella, es
una de las mayores señales que podéis tener de que Dios vela de manera muy
particular por vuestra salvación.
Pues se consigue, insensiblemente, virtud sublime cuando uno se mantiene
firme e inflexible en la práctica, a pesar de las recias tentaciones con que se vea
asaltado.
MD 17,3,2 Considerad, pues, como gran desdicha el no ser tentados. Es, en efecto, señal de
reprobación y de abandono de Dios, que prueba a los que ama, y se complace
en verlos tentados, como lo fueron Job y Tobías, dos de sus más fieles
servidores.

18. Domingo segundo de Cuaresma
18
MD 18 Para el domingo segundo de Cuaresma
(Mt 17,1-9)
De los consuelos espirituales
MD 18,1,1 Punto I.
El proceder ordinario de Dios es cuidar de sostener al alma pura con consuelos
espirituales, si ésta, después de las tentaciones y dificultades interiores, supo
soportarlas con paciencia.
El modo como Dios nos los da y con que hemos de comportarnos en ellos, se
nos indica en el evangelio de este día, en donde se refiere la transfiguración de
Nuestro Señor, que es símbolo de los consuelos espirituales con que Dios
favorece, a veces, a las almas que llevan vida verdaderamente interior.
MD 18,1,2 Se dice en el evangelio que Nuestro Señor se transfiguró cuando oraba en una
montaña apartada y muy alta
  1
, para darnos a entender que Dios derrama sus
consuelos sobre las almas que se aplican mucho a la oración y que aman este
santo ejercicio.
No deben, pues, extrañarse las almas tibias, flojas y poco amantes de la oración
si no cuentan entre las que Dios distingue con su especial cariño, y a las que se
comunica hasta la familiaridad; ya que ellas no tienen unión íntima con Él, al
no entregarse al ejercicio que une con Dios, en el que se aprende a saborear a
Dios, y a disfrutar, ya desde la tierra, de un anticipo de las delicias del cielo.
Sed tan fieles a este santo ejercicio, que vuestras acciones puedan ser realizadas
en espíritu de oración.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 317
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 31 MD 18,1,2MD 18,2,1 Punto II.
Dios, que se complace en comunicarse a las almas puras, que no tienen apego
alguno al pecado, no quiere, con todo, que ellas se aficionen demasiado a sus
dádivas. Pues ese apego es un defecto que le indispone con el alma, ya que
prueba que ésta no busca desinteresadamente a Dios, sino más bien el don de
Dios y la propia satisfacción.
Por eso, del mismo modo que Dios se vale de los consuelos para sostener al
alma y darle algún respiro, poco después de haber afrontado por sí misma la
prueba de la tribulación, debe ella tomar este pequeño alivio con la simple mira
de la benevolencia de Dios, sin complacerse en el gusto personal que encuentre
en ello.
MD 18,2,2 En esto faltaron los tres apóstoles que acompañaban a Jesucristo en el monte
Tabor, y que poco versados entonces en los caminos de Dios, atendían más a
las dulzuras que gustaban en este misterio, que a contemplar la grandeza y la
bondad de Dios, que hubieran debido ocupar en aquel momento todo su espíritu
y atraer toda su atención.
Por este motivo la gloria exterior de Jesucristo se desvaneció en un instante y
desapareció a sus ojos
  2
.
Así procede Dios: suele privar del placer sensible que acompaña a la
consolación cuando se muestra demasiado apego hacia ella o se la saborea con
excesiva complacencia.
MD 18,3,1 Punto III.
La transfiguración de Jesús duró poco, para indicarnos que los consuelos que
Dios da, a veces, en esta vida, no son más que un refrigerio que Dios concede a
las almas santas, en medio de sus desolaciones interiores, para ayudarlas a que
las soporten con más ánimo y para aumentar en ellas el amor, que en ocasiones
se debilita a causa del decaimiento de la naturaleza.
Apenas había comenzado Jesucristo a experimentar algún consuelo en su
transfiguración, cuando  se encontró solo
  3
, desprovisto de todo, sin otra
perspectiva que lo que debía sufrir en Jerusalén, de lo cual había hablado con
Moisés y Elías
  4
, y que fue el tema de  conversación que mantuvo con sus
apóstoles al bajar de la montaña
  5
.
Y todo esto, para hacernos comprender que esta clase de consuelos pasajeros
sólo deben servir para animarnos y para fortalecernos en el amor de los
sufrimientos y en el amor de las penas interiores y exteriores, de las que nadie
puede esperar verse libre en esta vida.

19. Domingo tercero de Cuaresma
318 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 18,2,1 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 3219
MD 19 Para el domingo tercero de Cuaresma
(Lc 11,14-28)
De la apertura y de la sencillez de corazón
MD 19,1,1 Punto I.
El evangelio de este día nos refiere que  Jesucristo libró del demonio a un
poseso, y que el demonio era mudo
  1
, es decir, que impedía hablar a aquel que
poseía.
Este poseso curado es figura de los que son mudos respecto de su superior, y
que no le abren el fondo de su corazón.
Es una de las cosas más perjudiciales, y con frecuencia la más perjudicial, para
el inferior. Pues así como no puede curarse el enfermo que no acierta  a
descubrir su mal, del mismo modo corre peligro de padecer por mucho tiempo
quien no descubre la llaga de su alma a su médico espiritual.
Lo que al principio era sólo leve dificultad para el espíritu, se convierte en
fuerte tentación, por no haber tenido el valor de manifestarlo a su director. Una
falta callada de ese modo, va seguida de otra falta mayor, y el mal resulta al fin
incurable, por no haberlo dado a conocer desde el principio, cuando nada
hubiera sido más fácil de remediar.
MD 19,2,1 Punto II.
Lo que impide de ordinario descubrir su interior al superior es el orgullo o el
respeto humano.
El orgullo, porque se tiene vergüenza de mostrar el fondo del alma, y porque
nuestro amor propio sufre mucho al tener que confesar ciertas debilidades.
Entonces nos cierra la boca, y nos persuade de que hablar sinceramente al
superior sería deshonrarnos, ya que podría, a causa de ello, recibir malas
impresiones sobre nuestra conducta.
Esto es lo que el demonio casi nunca deja de inspirarnos en tales ocasiones, y
pone buen cuidado en abultar las cosas a nuestros ojos, para impedirnos superar
la pequeña confusión que hay en reconocer las propias faltas.
El remedio contra esta enojosa idea es amar la humillación que se encuentra en
abrir el corazón, cumplir este deber como medio que sirve en gran medida para
humillarse, y decir al superior con sencillez, desde el principio, en la cuenta de
conciencia que se le da, todo cuanto hay de más humillante.
MD 19,3,1 Punto III.
El segundo motivo que, ordinariamente, es causa de dificultad para descubrirse
al superior, es el respeto humano.
Pensando que la falta de que se trata afecta al mismo superior, al que hay que
manifestarse, no se sabe cómo hacer. Se teme causarle disgusto, y a veces se
opta por no decir nada.
¿Pero hay algo más fútil que esta razón o algo menos fundado que este temor?
Pues aquí ocurre todo lo contrario de lo que se había imaginado.
El superior a quien el inferior descubre todo lo que pasa en él, aunque ello
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 319
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 33 MD 19,3,1tenga relación con él mismo o con otros, debe sentir, y de ordinario siente, en
efecto, afecto y estima muy particular hacia quien le hace tal confidencia. Es
insensible, como una piedra, a todo lo que le afecta, y no se preocupa de cuanto
se le dice, sino para aplicar el remedio que estima más conveniente.
MD 19,3,2 Considerad, pues, en lo sucesivo todos los pensamientos que puedan acudir a
vuestra mente para impedir descubriros con sencillez a quienes os dirigen,
como tentaciones del demonio, de las más peligrosas y perjudiciales para el
bien de vuestra alma.

En este evangelio parece que Jesucristo quiere insinuar que hay situaciones de
penas y sequedades en que las almas no pueden conseguir mucha ayuda de los
hombres, bien porque éstos no tienen bastantes luces naturales o adquiridas por
la experiencia, bien porque Dios no les concede la abundancia de gracias
necesaria  para poder aliviar a quienes se encuentran en tales situaciones.
Con todo, no deben dejar de acudir a ellos, porque tal es el ordenamiento de
Dios, y porque siempre pueden ayudarlos en algo.
Así, en esta ocasión: Jesucristo no dejó de dirigirse a sus discípulos y decirles
que atendiesen las necesidades de aquellas gentes; y aunque ellos no hubieran
podido hacerlo, se sirvió, con todo, de ellos para distribuir el pan que había
multiplicado, para alimentar a toda aquella multitud
  1
.
MD 20,1,2 Del mismo modo quiere Dios que acudáis siempre a quienes os dirigen,
representados en este evangelio por los Apóstoles, aunque haya momentos, o
aunque vosotros mismos atraveséis situaciones, en que el recurso que hagáis a
ellos parezca que os será poco útil. Pues Dios quiere que utilicéis siempre, en la
medida que os sea posible, los medios ordinarios que Él os da para guiaros, aun
cuando fuera sin resultado alguno.
MD 20,2,1 Punto II.
Dios quiere que cuando en vuestras dificultades habéis acudido a quienes os
dirigen y no han podido ofrecer remedio conveniente, os mantengáis en total
abandono a su proceder, esperando de Él y de su sola bondad toda la ayuda que
necesitéis; siguiendo el ejemplo de esta muchedumbre que había seguido  a
Jesucristo, y que aguardó pacientemente que Él proveyese a su sustento, sin ni
siquiera haberse preocupado de exponerle sus necesidades.
MD 20,2,2 Debéis estar convencidos, en efecto, de que  Dios no permitirá que seáis
tentados y afligidos más allá de vuestras fuerzas
  2
. Cuando los hombres no
320 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 19,3,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 34pueden nada, entonces es cuando Dios lo hace todo por sí mismo, manifestando
al mismo tiempo, con esplendor, su poder y su bondad.
Por eso tenéis que abandonaros a Dios, como hizo esta gente que siguió  a
Nuestro Señor, sea para padecer cuanto a Él le plazca, considerándolo como
provechoso para vosotros, sea para libraros de la dificultad mediante los medios
que Dios considere más provechosos para vosotros, y sin torturaros el alma
para recobrar la paz por vuestros propios medios, que muchas veces serían
inútiles.
MD 20,3,1 Punto III.
De ordinario sucede que después de haberse uno abandonado así a Dios, deja Él
sentir efectos del todo extraordinarios de su bondad y de su protección; de ello
nos ofrece muestras en el evangelio de este día, al multiplicar los cinco panes y
los dos pececillos que le presentaron, de modo que después de haberse saciado
con ellos cinco mil hombres, sin contar los niños, aún quedó mucho de sobra
  3
.
MD 20,3,2 Tened, pues, la certeza de que en cuanto os hayáis puesto en las manos de Dios
para sufrirlo todo, y en la medida que le pluguiere: si os deja en la dificultad, os
ayudará con su gracia, tal vez de manera no sensible, a soportar la prueba; o
bien, os librará de ella con medios imprevistos y cuando menos lo esperéis.
Eso es lo que David asegura que experimentó en sí mismo, cuando dice: Esperé
en el Señor, con suma paciencia, y al fin me escuchó. Él oyó mis plegarias y me
sacó de la hoya de miserias y del abismo. Él asentó mis pies sobre la roca y
condujo mis pasos. Muchas personas, al contemplar esta maravilla,
aprendieron a temer a Dios y a depositar en Él toda su confianza
  4
.
 21 Para el Domingo de Pasión
(Jn 8, 46-59)
Con qué espíritu se deben escuchar y recibir
las palabras de los superiores
MD 21,1,1 Punto I.
Jesucristo se queja con mucha razón de los judíos en el evangelio de hoy, de
que no creían sus palabras, aunque no les hubiera dicho sino la verdad
  1
,  y
aunque les hablase tal como su Padre le había enseñado
  2
, pues era señal de
que no lo reconocían como Hijo de Dios.
El mismo reproche se puede hacer con frecuencia a algunas personas religiosas,
que carecen de confianza en sus superiores, porque no los miran como
lugartenientes de Dios para con ellos. Por lo cual no aprovechan de sus
consejos ni ejecutan fielmente lo que les mandan.
MD 21,1,2 Para remediar este defecto, que puede tener muy malas consecuencias, es
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 321
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 35 MD 21,1,2preciso que cuantos se hallan bajo la dirección de un superior, crean en sus
palabras como en las del mismo Dios. Jesucristo se lo exige en el Santo
Evangelio, cuando, en la persona de los apóstoles, dice a todos los que tienen a
otros a su cargo: Quien os escucha, me escucha
  3
.
Puesto que hay que estar convencido de que el superior es el ministro de
Jesucristo, que Dios mismo está en él y lo mueve a hablar, y que sus palabras
son la verdad misma, que ha conocido de Dios, ¿no es cierto que si os hubierais
hallado siempre en esta disposición, hubierais añadido fe y sencillez a todo lo
que vuestros superiores os dijeron, y no hubierais dudado un solo momento
respecto de sus consejos y mandatos?
Confesad que si habéis incurrido en algunas faltas para con ellos, fue sólo
porque no considerasteis a Dios en ellos, ni sus palabras como las palabras de
Dios.
MD 21,2,1 Punto II.
Las personas religiosas no sólo deben creer las palabras de sus superiores, sino
que deben también escucharlas con respeto y humildad, y con la misma
disposición con que los hijos bien criados escuchan las palabras de su padre,
para que Jesucristo no les tenga que hacer el mismo reproche que dirige hoy a
los judíos, en el Evangelio, que si no escuchan sus palabras es porque no son
nacidos de Dios; pues, dice, quien es nacido de Dios, escucha las palabras de
Dios
  4
.
Así, pues, si poseen en sí mismos el Espíritu de Dios, escucharán gustosos las
palabras de su superior, puesto que reconocerán su lenguaje como el de Dios.
Estarán convencidos de que la verdad de Dios está en él, y que no habla por
impulso propio, sino por impulso del Espíritu de Dios
  5
, a quien deben escuchar
en él, según lo que dice Jesucristo Nuestro Señor.
MD 21,2,2 ¿Es así como escucháis a vuestros superiores? ¿No examináis a veces lo que os
dicen? ¿No admitís acaso en vosotros pensamientos contrarios a lo que ellos os
aconsejan o a lo que os mandan? Si obráis así, ofendéis a Dios en su persona.
MD 21,3,1 Punto III.
Tenéis también obligación de practicar con docilidad los consejos y mandatos
de vuestros superiores, pues, como dice san Juan, la prueba de que conocemos
a Dios es si guardamos sus mandamientos
  6
. Del mismo modo, la mejor señal
que podéis tener de que consideráis a quien os manda como vuestro superior, es
ejecutar con prontitud y fidelidad, no sólo cuanto os ordena, sino todo lo que os
dice, aunque sólo se trate de meros consejos.
MD 21,3,2 Y puesto que, según añade san Juan, quien dice conocer a Dios y no guarda sus
mandamientos es mentiroso, y la verdad no está en él
  7
, igualmente, quien no
hace todo lo que le dice su superior, manifiesta con su conducta que, aunque
diga que quien le habla es efectivamente su superior, no lo reconoce como tal;
pues lo que denota que uno está unido a él en cuanto superior, y como
dependiente de él, es si ejecuta lo que su superior le dice; del mismo modo que,
según este santo apóstol,  lo que da a conocer que somos de Dios es si
guardamos su palabra
  8
.
Juzgad, por todo ello, cómo debéis proceder en relación con lo que os dice
322 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 21,2,1 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 36vuestro superior.

MD 22 Para el Domingo de Ramos
(Mt 21,1-9)
De la realeza de Jesucristo
MD 22,1,1 Punto I.
Jesucristo vino a la tierra para reinar en ella, no como los demás reyes, dice san
Agustín, que exigen tributos, levantan ejércitos y combaten visiblemente a sus
enemigos –pues Jesucristo asegura que su reino no es de este mundo
  1
–, sino
para establecer su reino en las almas, según lo que dice Él mismo en el Santo
Evangelio, que su reino está dentro de nosotros
  2
.
MD 22,1,2 Para que Jesucristo reine en vuestras almas es preciso que le deis en tributo
vuestras acciones, que han de estarle todas consagradas, no poniendo en ellas
otra cosa sino lo que le sea agradable, y no teniendo otra mira, al hacerlas, que
cumplir su santa voluntad, que debe guiarlas todas, a fin de que no haya nada
de humano en ellas. Pues como el reino de Jesucristo es divino, se requiere que
cuanto a él se refiere sea divino en sí mismo, o divinizado por la relación que
tiene con Jesucristo.
Y puesto que el fin principal de Jesucristo en este mundo era  cumplir la
voluntad de su Padre
  3
, tal como lo atestigua en varios lugares del Evangelio,
quiere también que vosotros, que sois miembros y vasallos suyos, y que como
tales debéis estar unidos a Él, tengáis este mismo fin en vuestras acciones.
Ved si es ése el que en ellas os proponéis.
MD 22,2,1 Punto II.
Para que Jesucristo reine en vuestra alma, tenéis que combatir bajo sus órdenes
a los enemigos de vuestra salvación, que son los suyos. Y puesto que quiere
establecer en vosotros su paz, que, según san Pablo,  debe triunfar en vuestros
corazones
  4
, es necesario para ello que Él supere, y que vosotros superéis con
Él, con su auxilio, todo cuanto puede obstaculizarlo, como son vuestras
pasiones y vuestras malas inclinaciones; y que destruyáis en vosotros el hombre
de pecado, que reinó anteriormente en vosotros, para libraros de la vergonzosa
esclavitud a la que os había reducido el pecado
  5
.
MD 22,2,2 Disponeos hoy a recibirlo plenamente, abandonándoos completamente a su
dirección, y dejando que reine sobre todos vuestros movimientos interiores, de
forma tan absoluta, de su parte, y tan dependiente, de la vuestra, que podáis
efectivamente decir que ya no sois vosotros los que vivís, sino que es Jesucristo
quien vive en vosotros
  6
.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 323
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 37 MD 22,2,2MD 22,3,1 Punto III.
Si queréis que Jesucristo combata en vosotros a los enemigos que intentan
impedirle que reine en vosotros, es necesario que pueda levantar un ejército,
compuesto de las virtudes con que tenéis que adornar vuestra alma, que le
permitan ser totalmente dueño de vuestro corazón. Se requiere también que
luchéis denodadamente bajo su bandera, y que os sirváis de las armas que pone
en vuestra mano: que llevéis en vuestros lomos, dice san Pablo, el cíngulo de la
verdad, que os revistáis con la coraza de la justicia, es decir, con el amor a los
deberes de vuestro estado;  que toméis el escudo de la fe, con el que podáis
apagar todos los dardos encendidos del demonio; que os sirva de casco la
esperanza de la salvación, y de espada la palabra de Dios
  7
.
Por medio de estas armas, dice el mismo san Pablo, la paz de Jesucristo estará
verdaderamente en vuestros corazones

MD 23 Para el Lunes Santo
Del designio que tuvieron los judíos de dar muerte a Jesucristo
MD 23,1,1 Punto I.
Los judíos, indignados porque Jesucristo  obraba numerosos milagros, y
porque, a causa de ello, todos corrían en pos de Él y lo miraban como profeta,
concibieron el designio de darle muerte. Por lo cual celebraron consejo entre
ellos
  1
, para ver el modo que podrían utilizar para prenderlo. Y como temían al
pueblo
  2
, que le profesaba singularísimo afecto, tenían que adoptar
precauciones. Pero como lo odiaban, lo hicieron pasar por novador, y buscaban,
con tal pretexto, el medio de perderlo.
MD 23,1,2 Asombraos del odio que los judíos sentían hacia Jesucristo, y de la oposición de
Jesucristo a los judíos, particularmente a los fariseos, que le causaron la muerte.
Considerad a qué excesos conducen la envidia y la rabia de los perversos, pues
llevan hasta dar muerte a un inocente, a un santo, a un profeta, a un hombre que
tenía en sí todos los signos exteriores de la divinidad.
MD 23,2,1 Punto II.
Jesucristo, a pesar del odio que le tenían los judíos y de sus perversos designios
contra Él, no deja de hablarles, en cuanto le concierne, con toda la dulzura
imaginable.
En una ocasión les dice que había realizado muchas obras buenas entre ellos, y
que les rogaba le dijesen por cuál de esas obras buenas querían darle muerte
  3
.
Ellos mismos habían declarado el motivo en su asamblea:  Si le dejamos con
vida, dijeron, todo el mundo creerá en Él
  4
.
Así pues, ¿qué mal ha hecho?, les dijo Pilato.  No encuentro en Él ningún
324 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 22,3,1 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 38crimen que merezca la muerte
  5
. Pero bastaba que Jesucristo fuese odiado por
los judíos, y que los reprendiera por sus vicios, para ser culpable ante su
tribunal, y para que lo juzgaran digno de muerte.  Condenémoslo a muerte
infame
  6
, dijeron tomando la palabra del Sabio.
MD 23,2,2 Adorad la disposición interior de Jesús en todos estos designios de la cábala
farisaica. Él soporta con valor la ejecución, porque coincidía con los designios
del Padre Eterno. No tendrías poder sobre mí, dijo a Pilato, si no te fuera dado
de lo alto
  7
.
MD 23,3,1 Punto III.
Otra razón que dieron los judíos en su asamblea, de por qué querían dar muerte
a Jesucristo, era que temían que si muchos llegaban a creer en Él, lo seguirían
y honrarían como rey, los romanos vendrían a destruir su ciudad y su nación
  8
.
En lo cual estuvieron muy cegados, dice san Agustín; pues si su ciudad fue
sitiada y tomada por los romanos, y arrasada de tal forma, que no quedó piedra
sobre piedra
  9
, como había predicho Jesucristo, fue a consecuencia de las
crueldades que cometieron contra el ungido del Señor. Según el testimonio de
Josefo, escritor de aquel tiempo, y de la secta de los fariseos, esto no sucedió
sino a causa de haber ellos dado muerte a Jesucristo.
MD 23,3,2 Es también proceder ordinario de Dios trastocar los designios de los hombres, y
disponer que ocurra lo contrario de lo que se habían propuesto, para que
aprendan a confiar en Dios y a entregarse completamente a su providencia, sin
emprender nada por ellos mismos, ya que no deben querer sino lo que Dios
quiere.

 24 Para el Martes Santo
Del abandono de Jesucristo
a los padecimientos y a la muerte
MD 24,1,1 Punto I.
Es de admirar cómo Jesucristo, que durante algún tiempo se ocultó a los ojos de
sus enemigos, escapó de sus manos y se alejó de ellos, sin querer aparecer en
público, porque sabía que pensaban matarlo
  1
, acuda ahora al lugar donde sabe
que van a ir a buscarlo los que lo querían perder; se adelante y se presente ante
ellos cuando lo buscaban
  2
, se deje apresar, atar y llevar
  3
, sabiendo, dice el
Evangelio,  lo que le debía ocurrir
  4
, y  que sería entregado en manos de los
pecadores
  5
.
MD 24,1,2 Adorad estas diferentes disposiciones de Jesucristo, conformadas con los
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 325
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 39 MD 24,1,2designios que Dios tenía sobre Él, tal como decía Él mismo, que su alimento
era la voluntad del Padre
  6
, es decir, la norma y como el alma de su conducta.
Aplicaos, a ejemplo de Jesucristo, vuestro divino maestro, a no querer sino lo
que Dios quiere, cuando lo quiere y como lo quiere.
MD 24,2,1 Punto II.
El Evangelio nos da como razón de estas diferentes disposiciones de Jesucristo
que, en las primeras ocasiones, su hora todavía no había llegado
  7
; mientras
que, posteriormente, ya sabía que el tiempo y la hora de pasar de este mundo a
su Padre ya habían llegado
  8
.
Por eso, cuando Judas salió para ejecutar lo que había concertado contra Él con
sus enemigos, Jesús le dijo:  lo que has de hacer, hazlo pronto
  9
; para dar  a
entender que para dejarse prender y entregarse por sí mismo a la muerte, no
había esperado sino a que la hora hubiera sido fijada por el Padre Eterno. Lo
cual es signo de que Jesucristo seguía punto por punto las órdenes del cielo, y
que quería que todo lo que había de realizar y sufrir le fuese mandado por su
Padre.
Imitad este ejemplo admirable que os da Jesucristo, de no hacer nada por
propio impulso, sino dejar que vuestros superiores determinen y ordenen todo
lo que tenéis que hacer, hasta en las menores circunstancias.
MD 24,3,1 Punto III.
Así es como Jesucristo se abandonó a la voluntad de su Padre, para sufrir  y
morir cuando y como le pluguiere.
Por eso, cuando se preparaba a su pasión y a la muerte que esperaba, orando en
el Huerto de los Olivos, manifestó a su Padre que por mucha repugnancia que
sintiera por la muerte que preveía y que estaba próxima, deseaba, con todo,
que no se atendiese a su voluntad, sino a la de su Padre
10
, a la que se sometía
plenamente, como se había abandonado siempre durante su vida; pues no había
venido al mundo, como dice en varios lugares del Evangelio,  para hacer su
propia voluntad, sino la voluntad del que le había enviado
11
.
MD 24,3,2 ¡Oh, amoroso abandono de la voluntad humana de Jesús, sometida en todo a la
voluntad divina, que no mostró otra inclinación ya sea por la vida, ya por la
muerte, ya por el momento, o por el género de suplicio en que debía expirar,
que la que el Padre Eterno le infundía!
Haceos en esto discípulos de Jesús, para no tener otra voluntad que la de Dios.

25 Para el Miércoles Santo
Del deseo que Jesucristo tenía de padecer y morir
MD 25,1,1 Punto I.
Jesucristo, que no descendió del cielo a la tierra sino para preparar la salvación
de los hombres, y que sabía que este designio sólo se realizaría sufriendo
mucho y muriendo en la cruz, al encarnarse se ofreció al Padre Eterno para
sufrir todo cuanto le pluguiere, a fin de satisfacer por nuestros pecados. Pues,
dice san Pablo,  era imposible que se borraran los pecados con la sangre de
carneros y de toros.
Por lo cual, dice el mismo san Pablo, dijo a Dios: los holocaustos y sacrificios
por el pecado no te han agradado; entonces dije: heme aquí, vengo para
cumplir tu voluntad. Y es esa voluntad, dice el mismo apóstol,  la que nos ha
santificado, por la ofrenda que Jesucristo hizo una sola vez de su cuerpo
  1
.
MD 25,1,2 Adorad la santa disposición que tuvo Jesucristo al venir al mundo, y que ha
seguido teniendo siempre, de padecer y morir por nuestros pecados y por los de
todos los hombres. Agradecedle bondad tan grande y haceos dignos de recibir
sus frutos, participando vosotros mismos en sus sufrimientos.
MD 25,2,1 Punto II.
El tierno amor de Jesucristo a los pecadores le puso en la disposición no sólo de
padecer y morir por nosotros, sino también de concebir ardiente deseo de ello,
que lo movía a exclamar, suspirando por la destrucción del pecado: He venido a
traer fuego a la tierra, ¿y qué he de desear, sino que arda?
  2
.
Pero veía que ese fuego de amor de Dios sólo podía arder en nosotros mediante
la destrucción del pecado, y que el pecado no podía ser destruido sino por sus
padecimientos y por su muerte. Eso es lo que le hacía añadir, al hablar de su
muerte: Hay un bautismo con el que tengo que ser bautizado: ¡oh, cuánto me
tarda el verlo cumplido!
  3
.
MD 25,2,2 Con estas palabras dejaba traslucir cuán grande era la pena que experimentaba
al ver que el designio de su muerte, que tan beneficiosa había de ser para los
hombres, tardase tanto en realizarse; ya que su dilación también retrasaba la
salvación de los hombres.
¿No os produce sonrojo que Jesucristo haya deseado tanto vuestra salvación, y
que siga deseándola todavía hoy con tanta vehemencia, y que vosotros
correspondáis tan mal a tan ardiente deseo?
MD 25,3,1 Punto III.
Jesucristo no se contentó con haber mantenido durante toda su vida este deseo
de morir por nosotros. Cuando vio que la hora de su muerte se acercaba, dio
testimonio de gozo, que lo movió a decir a sus apóstoles al celebrar con ellos la
última Pascua,  que durante mucho tiempo lo había deseado, y que sentía
incluso deseo ardiente de celebrar aquella Pascua con ellos
  4
; porque sabía que
había de ser la última acción de su vida mortal, y la última comida que había de
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 327
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 41 MD 25,3,1tener con sus apóstoles antes de padecer y morir por nosotros, que era lo que
deseaba con más vehemencia.
Esto lo impulsó a decir, poco antes de su muerte, que tenía sed
  5
; que los santos
Padres aplican a la sed de nuestra salvación que le apremiaba. Y también por
ello, al morir, profirió aquellas palabras, que todo estaba consumado
  6
, porque
su ardiente deseo de sufrir por nuestra salvación se había cumplido.
MD 25,3,2 Ahora sólo resta, por vuestra parte, como dice san Pablo, acabar en vosotros lo
que falta a la pasión de Jesucristo
  7
; esto es, aplicárosla mediante la
participación que tengáis en sus padecimientos.
Haceos, pues, dignos de tal gracia.

 26 Para el Jueves Santo
De la institución del Sacramento de la Eucaristía
MD 26,1,1 Punto I.
Este santo día es día venturoso para todos los fieles. Es el día en que Jesucristo
instituyó el sacramento de su cuerpo y de su sangre.
En él se reproduce para estar siempre con ellos y para hacerlos partícipes de su
divinidad
  1
; para convertir sus corazones y sus cuerpos en tabernáculos vivos
  2
,
donde pueda descansar como en lugar agradable para Él y digno para quienes lo
reciben; y del modo más provechoso posible para ellos.
Jesucristo realizó esta institución en favor de sus discípulos y de cuantos
participan de su espíritu; y les da su Cuerpo en este augusto sacramento para
hacerlos partícipes de su Espíritu.
Adorad a Jesucristo en esta acción. Uníos a sus intenciones y participad en la
medida en que os corresponde en tan santa institución.
MD 26,2,1 Punto II.
Al instituir este divino sacramento, Jesucristo cambió el pan en su carne y el
vino en su sangre. Y hoy, realmente, se convierte en pan vivo bajado del cielo
  3
para unirse con nosotros, para incorporarse a nosotros, y para comunicarse a la
pequeñez de una vil criatura.
Este pan celestial se une a nuestra alma para alimentarla de Dios mismo, y para
cebarla, según la expresión de Tertuliano, con la carne de Jesucristo. Él se
despoja de todo el fulgor de su divinidad para asumir la apariencia del pan
común; apariencia que no guarda ninguna proporción con lo que contiene. Lo
que ocupa el lugar del pan es su propia sustancia, objeto de veneración para los
ángeles y los hombres.
MD 26,2,2 Admirad esta santa institución; haceos dignos de aprovechar de ella por medio
de una vida santa; y pedid hoy a Jesucristo que, al venir a vosotros, destruya
por completo vuestras inclinaciones y vuestro espíritu propio, para que no
328 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 25,3,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 42tengáis  ya otras inclinaciones que las suyas,  y no os guiéis sino  por su
Espíritu
  4
.
MD 26,3,1 Punto III.
El amor que nos tiene Jesucristo es lo que le hizo concebir el designio de
instituir este divino sacramento, para darse del todo a nosotros y para
permanecer siempre con nosotros.
Sabía que, inmediatamente después, debía padecer y morir por nosotros; y que
esta ofrenda que deseaba hacer de sí mismo sobre la cruz, no se realizaría más
que una vez
  5
, y que después de subir al cielo, ya no aparecería más entre los
hombres. Por todo ello, deseando darnos muestras de su ternura y bondad, antes
de morir dejó a sus apóstoles, y en sus personas a toda la Iglesia, su cuerpo y su
sangre, para que a lo largo de los siglos les sirviera de preciosa prenda del
tierno amor que les profesa.
MD 26,3,2 Recibid hoy esta dádiva con respeto y acciones de gracias. Devolved a Jesús
amor por amor, en atención a tan inmenso beneficio; y que el amor que le
profesáis, así como el ansia de uniros a Él, os mueva a sentir vivo deseo de
comulgar con frecuencia.

27 Para el Viernes Santo
Sobre la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo
MD 27,1,1 Punto I.
No hay quien pueda imaginar cuán grandes fueron los sufrimientos de
Jesucristo en su Pasión.
En ella, padeció en todas las partes de su cuerpo. Su alma fue abrumada con
tristeza tan sensible y extremada, que no pudiendo expresarla, se limitó a decir
que es imposible estar más triste sin morir
  1
; y produjo en Él tal efecto, que le
ocasionó un sudor de sangre
  2
; y cayó en tanta debilidad, que el Padre Eterno
se vio precisado  a enviarle un ángel que le confortase
  3
, para sostenerlo  y
ponerlo en condiciones de soportar hasta el final todos los dolores de su Pasión.
Además, lo cubrieron de oprobios y confusión; le colmaron de injurias,
maldiciones y calumnias; y fue preferido a Él un sedicioso, homicida  y
malvado.
Ése es el estado al que nuestros pecados redujeron a aquel que merece todo
género de estima, honor y respeto.
MD 27,2,1 Punto II.
No sufrió menos Jesucristo en su cuerpo que en su alma:  fue atado  y
agarrotado indignamente por soldados
  4
; su cabeza fue coronada de espinas
  5
,
que le hincaron con duros golpes de caña;  algunos lo escupieron al rostro, y
otros le dieron bofetadas
  6
. Fue tan cruelmente azotado
  7
, que la sangre corrió
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 329
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 43 MD 27,2,1por todas las partes de su cuerpo. Le dieron a beber hiel y vinagre
  8
; cargaron
sus hombros con pesada cruz
  9
; y, finalmente,  lo crucificaron entre dos
ladrones
10
, después de atravesar sus manos y sus pies con enormes clavos, y  el
costado con una lanza
11
.
¿Qué crimen había cometido Jesucristo para que lo trataran así? Y, sin
embargo, la rabia de los judíos no quedaba aún satisfecha, dice san Bernardo,
después de haberle hecho sufrir injustamente tantos tormentos.
¿Se puede tratar de este modo a quien no se dedicó a otra cosa que a hacer bien
a todos?
MD 27,3,1 Punto III.
Jesucristo sufre por parte de todo tipo de personas:  uno de sus apóstoles lo
traiciona
12
,  otro lo niega
13
, y todos  los demás huyen y lo abandonan
14
en
manos de sus enemigos.
Los príncipes de los sacerdotes envían soldados para prenderlo
15
,  y los
soldados le tratan ignominiosamente
16
; el pueblo se mofa de Él
17
, y un rey lo
insulta y lo despide con desprecio tildándolo de loco
18
.  El gobernador de
Judea lo condena a muerte
19
, todos los judíos lo miran como a malhechor
20
 y
todos los transeúntes blasfeman de Él
21
.
MD 27,3,2 ¿Se puede contemplar al Hombre-Dios en tan lastimoso estado sin sentir horror
del pecado y profundo dolor por los que se han cometido, puesto que no
podemos ignorar que fueron nuestros pecados la causa de su muerte y de tantos
padecimientos?
No querer dejar de pecar es no querer que Él cese de padecer. ¿Acaso no
sabemos que con cuantos pecados cometemos, otros tantos tormentos le
infligimos? Lo crucificamos de nuevo
22
, según san Pablo, y le causamos otra
clase de muerte, que le es aún más dolorosa y más cruel que la primera.

 28 Para el Sábado Santo
Sobre las cinco llagas de Jesucristo
MD 28,1,1 Punto I.
Adorad las cinco llagas de Jesucristo Nuestro Señor, y considerad que no las ha
conservado en su sagrado cuerpo sino como señales gloriosas de la victoria
alcanzada sobre el infierno y el pecado, de donde rescató a los hombres por sus
padecimientos y muerte.
Sabed, dice san Pedro, que habéis sido rescatados de la vida llena de vanidad
que recibisteis de vuestros padres, no con oro ni plata, sino con la sangre
preciosa de Jesucristo, cordero sin mancha
  1
.
330 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 27,3,1 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 44Son estas sagradas llagas, de las que manó aquella sangre preciosa, las que nos
recuerdan tan singular favor.
MD 28,1,2 Poned, pues, vuestros ojos, con frecuencia, en objeto tan santo. Mirad las llagas
del cuerpo de vuestro Salvador como otras tantas bocas que os reprochan
vuestros pecados, y que os traen el recuerdo de todo cuanto sufrió para
borrarlos.
MD 28,2,1 Punto II.
Estas sagradas llagas no sólo honran el cuerpo de Jesucristo, sino que sirven
también, según el testimonio de san Pedro,  para enseñarnos que Jesucristo
sufrió para darnos ejemplo, para que lo sigamos y caminemos tras sus huellas.
Él mismo llevó nuestros pecados en su propio cuerpo sobre el árbol de la cruz,
para que muramos al pecado y vivamos para la justicia, ya que fuimos curados
por sus magulladuras
  2
 y amorosas llagas.
Puesto que Jesucristo, según el mismo apóstol, sufrió la muerte en su carne
  3
,
al contemplar las llagas de Jesucristo, entended que deben animaros a morir a
vosotros mismos; que  quien está muerto a la carne, ya no peca más; y que
mientras viva en cuerpo mortal, ya no ha de vivir según las pasiones de los
hombres, sino según la voluntad de Dios
  4
. Eso es lo que debemos deducir de
cuanto aquí nos dice el Príncipe de los Apóstoles.
MD 28,2,2 El fruto que podemos obtener de la contemplación de las llagas de Nuestro
Señor es apartarnos por completo del pecado, mortificar nuestras pasiones  y
combatir nuestras inclinaciones demasiado humanas y demasiado naturales.
MD 28,3,1 Punto III.
Otro provecho que ellas nos pueden procurar es el de animarnos a amar los
sufrimientos, pues nos manifiestan cuán inclinado a padecer se mostró
Jesucristo. Él ha conservado en su cuerpo glorioso las cicatrices de sus llagas,
como ornamento y señal de honor. Como miembros de Jesucristo, debéis
vosotros, del mismo modo, consideraros honrados de sufrir como Él y por Él. A
ejemplo de san Pablo, no debéis gloriaros sino en la cruz de vuestro Salvador
  5
.
MD 28,3,2 Prosternaos con frecuencia ante estas divinas llagas. Consideradlas como las
fuentes de vuestra salvación. Meted vuestra mano en la llaga del costado
  6
, con
santo Tomás, no tanto para afianzar vuestra fe, sino para penetrar, si es posible,
hasta el corazón de Jesús, y conseguir que de allí pasen al vuestro los
sentimientos de paciencia verdaderamente cristiana, de entera resignación y de
perfecta conformidad con la voluntad de Dios; y para adquirir, con ello, valor
para buscar las ocasiones de sufrir.

29. Domingo de Pascua
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 331
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 45 MD 28,3,229
MD 29 Para el domingo de Pascua
(Mc 16,1-7)
Sobre la Resurrección de Jesucristo
MD 29,1,1 Punto I.
Esta fiesta es día de gozo para toda la Iglesia. Por eso se cantan tan frecuente y
solemnemente estas palabras del Profeta Rey: Este es el día que hizo el Señor,
en el que hemos de regocijarnos y vibrar de gozo
  1
. En efecto, la resurrección
de Jesucristo es, a la vez, gloriosísima para Él y utilísima a todos los fieles.
Es gloriosa para Jesucristo, pues por medio de ella venció a la muerte. Eso
induce a san Pablo a decir que  Jesucristo resucitó para gloria de su Padre, y
que habiendo resucitado, ya no morirá más, y que la muerte no tendrá dominio
sobre Él
  2
.
MD 29,1,2 Es útil para nosotros, porque es garantía de nuestra resurrección, pues es cierto,
como dice, que  así como todos murieron en Adán, todos también resucitarán
en Jesucristo
  3
. Fue, pues, en este día venturoso, según el mismo apóstol,
cuando la muerte fue destruida
  4
 sin remedio.
Regocijaos con toda la Iglesia de tan excelente favor, y tributad por él  a
Jesucristo Nuestro Señor vuestras humildísimas acciones de gracias.
MD 29,2,1 Punto II.
La resurrección de Jesucristo es también gloriosa para Él, y útil para nosotros,
por haber destruido el pecado.  No resucitó, según san Pablo,  sino para que
nosotros viviésemos nueva vida, seguros de que si somos injertados en Él por
la semejanza de su muerte, también lo seremos por la semejanza de su
resurrección; y si hemos muerto al pecado con Jesucristo, viviremos también
con Él
  5
.
MD 29,2,2 Así, pues, puesto que Jesucristo, al resucitar, destruyó el pecado, haced,
siguiendo el aviso de san Pablo, que el pecado no reine más en vuestro cuerpo
mortal
  6
; clavad ese cuerpo, con todas sus aficiones desordenadas, a la cruz de
Jesucristo
  7
, lo que lo hará, por anticipado, partícipe de la incorruptibilidad, a
imitación del suyo, al preservarlo del pecado, principio de toda corrupción.
MD 29,3,1 Punto III.
La resurrección de Jesucristo debe procuraros, además, el beneficio de resucitar
espiritualmente, haciéndoos vivir según la gracia; es decir, de haceros entrar en
una vida del todo nueva y celestial.
Para ponerlo por obra, y para dar pruebas, según san Pablo, de  que habéis
resucitado con Jesucristo, buscad las cosas que son de arriba; amad las cosas
del cielo, y no las de la tierra
  8
. Y alejaos tan resueltamente del trato con los
hombres,  que vuestra vida les quede oculta, y que sea toda en Dios, con
Jesucristo
  9
. Mortificad vuestros cuerpos terrestres, dice el mismo apóstol,  y
despojaos del hombre viejo, para revestiros del nuevo
10
.
 30 Para el lunes de Pascua
Del modo de comportarse en las conversaciones
MD 30,1,1 Punto I.
Una de las primeras cosas que han de hacer quienes han resucitado con
Jesucristo  y quieren llevar vida nueva
  1
es regular bien sus conversaciones,
procurando que sean santas y agradables a Dios.
Pues sucede de ordinario que donde se cometen más faltas y de mayor entidad,
sobre todo en las comunidades, es en las conversaciones. Por lo cual, las
conversaciones son una de las cosas sobre las que más hay que vigilar, para que
no resulten perjudiciales.
Y, para conseguirlo, no pueden hacer nada mejor que tomar como modelo de
las suyas la de Jesucristo con los dos discípulos que iban a Emaús, así como la
que tuvieron estos dos discípulos entre sí, antes de que Jesucristo se uniera a
ellos, y después que los dejó
  2
.
MD 30,1,2 ¿Tenéis cuidado, en vuestras conversaciones y en los recreos, de tomar  a
Jesucristo como modelo? ¿Acudís a ellos con el propósito de edificaros
mutuamente? ¿Salís de ellos abrasados en el amor divino, como los discípulos
que iban a Emaús, mejor informados de vuestras obligaciones, como ellos, y
más animados a cumplir con ellas? ¿La materia de sus reflexiones es también la
materia de las vuestras? ¿Sus máximas y prácticas son, alguna vez, materia de
vuestras conversaciones?
Ese es el medio de lograr provecho incluso de los ratos que la obediencia os
concede para descansar de vuestros trabajos y para recrearos.
MD 30,2,1 Punto II.
Para acomodar vuestras conversaciones a la de estos dos discípulos y a la de
Jesucristo con ellos, es bueno que sepáis primero sobre qué conversaban estos
discípulos. Sólo se trataba de cosas buenas: hablaban de lo que había sucedido
en Jerusalén a la muerte de Jesucristo, de sus obras santas, de sus milagros y
de su vida admirable, a causa de lo cual era tan considerado por el pueblo, que
lo miraba como gran profeta, e incluso como el Mesías que había de liberar a
Israel. Hablaban también de los rumores que se habían difundido sobre su
resurrección
  3
.
MD 30,2,2 Cosas de esta índole son las que deben constituir el tema ordinario de las
conversaciones de los religiosos y de quienes viven juntos en comunidad.
Puesto que se han retirado y alejado del mundo, sus conversaciones también
deben ser totalmente distintas de las que tienen los mundanos. Pues de poco les
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 333
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 47 MD 30,2,2serviría haberse alejado con el cuerpo, si no adquiriesen un espíritu que se
oponga al suyo. Y, precisamente, en las conversaciones es donde deben
manifestarlo.
MD 30,3,1 Punto III.
Los buenos efectos que la conversación de estos dos discípulos produjo en ellos
fueron: en primer lugar, que  Jesucristo se juntó a ellos
  4
. Ese es también el
fruto que se obtiene de las conversaciones santas, el tener a Jesucristo consigo.
En segundo lugar, que su corazón se vio plenamente encendido
  5
para practicar
el bien  e inflamado del amor de Dios. Es también el beneficio que procuran las
buenas consideraciones que se hayan tenido en la recreación, que se sale
enardecido y animado a hacer el bien.
En tercer lugar, como Jesucristo estaba satisfecho de su conversación,  entró en
el lugar al que iban, y permaneció con ellos
  6
. De igual modo se complacerá
Jesús con vosotros cuando sintáis gusto en hablar de Él y de lo que puede
conducir a Él.
En cuarto lugar, en fin,   Jesús les dio su sagrado cuerpo   y ellos lo
reconocieron
  7
.
MD 30,3,2 Vosotros experimentaréis dicha semejante cuando platiquéis gustosos sobre
asuntos de piedad. Jesucristo, que está en medio de vosotros, se os dará y os
comunicará su Espíritu. Y en la medida en que habléis de Él y de lo que le
concierne, también vosotros aprenderéis a conocerlo y a gustar el bien y sus
santas máximas.
31 Para el martes de Pascua
De la paz interior y de los medios para conservarla
MD 31,1,1 Punto I.
Al aparecerse Jesucristo a sus discípulos el día de la Resurrección, les dijo: La
paz sea con vosotros
1
, para darnos a entender que una de las señales principales
de que una persona lleva vida nueva, es decir, vida interior y espiritual, y que
ha resucitado con Jesucristo, es cuando posee la paz dentro de sí.
MD 31,1,2 Hay muchas personas que parece que son espirituales y que gozan de paz
interior, pero no la tienen. Se les puede aplicar lo que dice Jeremías: que desean
la paz, pero que, sin embargo, la paz no se encuentra en ellas
  2
.
Estas personas, en apariencia, son las más piadosas y las más devotas del
mundo, hablan muy bien y con gusto de las cosas interiores, y mantienen  a
menudo la presencia de Dios en la oración. Pero decidles una palabra más alta
que otra, haced algo que las disguste, y he ahí a esas personas descompuestas
de inmediato. Pierden la paz porque no están cimentadas sólidamente en la
virtud, y porque no se han esforzado por destruir en sí mismas los movimientos
334 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 30,3,1 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 48de la naturaleza.
¿No estáis, acaso, vosotros, entre ellas? Hay que darse a Dios de manera más
sólida y verdadera.
MD 31,2,1 Punto II.
Como la verdadera paz interior procede de la caridad, nada hay tan a propósito
para destruirla como lo que lleva a perder la caridad y el amor de Dios.
¿Qué nos separará, dice san Pablo
  3
,  de la caridad de Jesucristo? ¿Será la
tribulación, es decir, las dificultades, sean interiores o exteriores?  ¿Será la
desolación, es decir, todo lo que puede acarrear algún disgusto, como la
separación y la privación de algo a lo que se estaba apegado?  ¿Será el hambre,
porque se vive en una casa que es pobre, y en ella uno es alimentado
pobremente?  ¿Será la desnudez, porque os dan hábitos muy gastados  y
remendados, que os producen confusión ante el mundo?  ¿Será algún peligro,
en el que estéis expuestos a perder vuestra salud, o incluso la vida?
MDD 31,2,2 ¿Será alguna persecución que sobrevenga, sea a vuestra comunidad, sea  a
vosotros en particular, como las injurias y los ultrajes que puedan inferiros?
¿Será la espada, de alguna calumnia que otro haya dicho contra vosotros, o una
severa reprimenda que hubiereis tenido que soportar a causa de alguna falta que
os hayan imputado? Nada de todo esto puede haceros perder la paz interior, si
es verdadera, porque nada de ello es capaz de haceros perder la caridad.
¿Os halláis en esta disposición? Si no la tenéis, tratad de alcanzarla por medio
de frecuentes violencias que vosotros mismos os impongáis.
MD 31,3,1 Punto III.
La razón que aduce san Pablo, por la que ninguno de los males de que ha
hablado, ni ninguna otra cosa, pueden llevaros a perder la caridad o la paz
interior, es que debéis estar dispuestos, por amor de Dios, a mortificaros  a
vosotros mismos y a soportar que otros os mortifiquen, a lo largo de todo el día,
sea interior o exteriormente.
Es, también, que debéis sentiros muy a gusto de que os consideren, y de
consideraros vosotros mismos,  como ovejas destinadas al matadero
  4
, que se
dejan clavar el cuchillo en la garganta sin quejarse y sin traslucir nada.
Por eso, añade el mismo apóstol,  en medio de todos los males que os puedan
causar, habéis de permanecer victoriosos por el que os amó, que es Jesucristo;
pues ni la muerte, ni la vida, ni criatura alguna podrán separaros jamás de la
caridad de Dios, que os une a Jesucristo Nuestro Señor
 32 Para el domingo de Cuasimodo
(Jn 20,19-31)
De la fe de que está penetrada el alma
que ha resucitado según la gracia
MD 32,1,1 Punto I.
Jesucristo entra hoy en la sala donde estaban reunidos los apóstoles después de
su Resurrección, cuando estaban cerradas las puertas
  1
, para indicarnos que las
puertas del alma que no vive vida renovada y vida de gracia, están cerradas a
todos los movimientos interiores del Espíritu de Dios, y sólo se abren a los
movimientos humanos y naturales.
Es éste uno de los efectos de la ceguera del espíritu y de la dureza de corazón
que el pecado ha causado en nosotros, que hace que los hombres, ilustrados en
las cosas de este mundo, carezcan de toda luz y apertura para lo que se refiere a
Dios y a su servicio.
Es lo que nos da a entender Jesucristo, cuando dice que los hijos del siglo son a
menudo más prudentes y sagaces en los negocios temporales, que la mayoría
de los hijos de la luz
  2
en lo referente a su bien espiritual y a la salvación de sus
almas.
¿No estáis vosotros entre ellos?
MD 32,2,1 Punto II.
Al entrar Jesús en aquella sala difundió tal impresión de su divinidad, que santo
Tomás, hasta entonces incrédulo, a la sola vista de Jesucristo y de sus llagas,
quedó totalmente penetrado por ella
  3
; porque Jesucristo lo llenó entonces de fe
y le hizo conocer, en un instante, por la luz y la penetración de fe, lo que antes
le había estado escondido.
Del mismo modo, cuando Jesucristo penetra en el alma, la eleva de tal modo
por encima de todos los sentimientos humanos, por la fe que la anima, que ya
no ve nada sino a su luz; y nada que pueda acontecerle es capaz de hacerla
vacilar, de apartarla del servicio de Dios, y ni siquiera de disminuir lo más
mínimo el ardor que siente por Él; pues  las tinieblas que antes ofuscaban su
espíritu se han transformado en luz admirable
  4
, lo que hace que, en adelante,
ya no vea nada sino con los ojos de la fe.
¿Os sentís vosotros en esta disposición? Pedid a Jesucristo resucitado que os
ponga en ella.
MD 32,3,1 Punto III.
Penetrado santo Tomás de esta luz y de este sentimiento de fe, no pudo por
menos de exclamar, al ver a Jesucristo:  ¡Señor mío y Dios mío!
  5
. Hasta
entonces había mirado a Jesucristo sólo con ojos ofuscados y cubiertos por las
tinieblas de la incredulidad; no había podido descubrir la divinidad, velada por
las sombras de la naturaleza humana. Pero, gracias a esta iluminación de fe, por
la que recibió su alma fuerte impresión por la presencia del Salvador
resucitado, descubrió todo lo que de divino había en Él. Y su fe, así fortalecida,
336 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 32 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 50le dio el valor de confesar que quien había muerto en cruz, y había sido
sepultado en la tumba, era su Señor y su Dios.
MD 32,3,2 Así es como un alma penetrada de sentimientos de fe se ve tan elevada hasta
Dios, que no conoce sino a Dios, no estima nada sino a Dios, ni gusta de otra
cosa que de Dios. Lo que hace que en adelante no pueda aplicarse sino a Dios,
puesto que, esclarecida con luces sobrenaturales, ya no experimenta gusto
alguno por las cosas de la tierra, y sólo puede mirarlas con desprecio.
En esta disposición estaba san Francisco, cuando penetrado totalmente de fe y
abrasado en el amor de Dios, repetía a lo largo de su vida: ¡Mi Dios y mi todo!
Procurad poneros hoy en parecida disposición.
 33 Para el domingo segundo de Pascua
(Jn 10,11-16)
Del modo como deben proceder los maestros con respecto a sus escolares
MD 33,1,1 Punto I.
Jesucristo, en el evangelio de este día, compara a quienes tienen cargo de almas
con el buen pastor, que cuida con esmero de sus ovejas; y una de las cualidades
que ha de tener, según el Salvador, es conocerlas a todas, distintamente.
Éste ha de ser también uno de los principales cuidados de quienes están
empleados en la instrucción de otros: saber conocerlos y discernir el modo de
proceder con ellos. Pues con unos se precisa más suavidad, y con otros más
firmeza; algunos requieren que se tenga mucha paciencia, y otros que se les
aliente y anime; a algunos es necesario reprenderlos y castigarlos para
corregirlos de sus defectos; y hay otros sobre los cuales hay que vigilar
continuamente, para evitar que se pierdan o extravíen.
MD 33,1,2 Este proceder depende del conocimiento y del discernimiento de los espíritus.
Es lo que debéis pedir a Dios a menudo e insistentemente, como una de las
cualidades que más necesitáis para guiar a aquellos de quienes estáis
encargados.
MD 33,2,1 Punto II.
También es necesario, dice Jesucristo,  que las ovejas conozcan a su pastor,
para poderlo seguir. Dos cosas necesitan los que tienen dirección de almas,  e
incluso deben sobresalir en ellas.
En primer lugar, mucha virtud para servir de ejemplo a los demás, pues éstos no
podrían por menos que extraviarse al seguirlos, si ellos mismos no estuviesen en
el camino verdadero.
En segundo lugar, debe manifestarse en ellos especial ternura con las almas que
les están confiadas, de modo que sean muy sensibles a todo lo que pueda afectar
o herir a sus ovejas. Esto es lo que mueve a las ovejas a amar a su pastor y a
complacerse en su compañía, porque encuentran en ella su descanso y su alivio.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 337
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 51 MD 33,2,1MD 33,2,2 ¿Queréis que vuestros discípulos practiquen el bien? Practicadlo vosotros
mismos, pues les convenceréis mucho mejor con el ejemplo de una conducta
juiciosa y modesta que con todas las palabras que pudierais decirles. ¿Queréis
que guarden silencio? Guardadlo vosotros. No los haréis modestos y comedidos
sino en la medida en que vosotros lo seáis.
MD 33,3,1 Punto III.
Las ovejas de Jesucristo tienen también obligación de  escuchar la voz de su
pastor
  3
. Es, pues, deber vuestro enseñar a los niños que os están confiados, y
es deber de cada día. Escucharán vuestra voz, porque debéis darles
instrucciones adecuadas a su capacidad, sin lo cual les serían poco útiles.
Por esta razón tenéis que esforzaros y formaros para hacer comprender bien
vuestras preguntas y respuestas durante los catecismos, para explicarlas con
claridad, y para utilizar palabras de fácil comprensión.
En vuestras exhortaciones tenéis que mostrarles con sencillez sus faltas;
ofrecerles los medios para corregirse de ellas; darles a conocer las virtudes que
les convienen y hacerles ver que resultan fáciles; e inspirarles sumo horror al
pecado y el alejamiento de las malas compañías. En una palabra, hablarles de
cuanto puede moverlos a la piedad. Así es como deben escuchar los discípulos
la voz de su maestro.
34 Para el domingo tercero después de Pascua
(Jn 16,16-22)
Sobre las falsas alegrías del mundo,
y de la verdadera que poseen los servidores de Dios
MD 34,1,1 Punto I.
Jesucristo dice en el evangelio de este día que el mundo se alegrará, y que los
servidores de Dios permanecerán algún tiempo en la tristeza, pero que su
tristeza se cambiará en gozo
  1
. Lo cual os da ocasión para considerar la
diferencia que hay entre la alegría de los mundanos y la de los servidores de
Dios.
La alegría del mundo será corta, y la de los servidores de Dios no tendrá fin.
Eso es lo que se manifiesta en las palabras del Santo Evangelio. El mundano,
dice Jesucristo, se alegrará; pero, ¿por cuánto tiempo? A lo sumo, mientras esté
en el mundo. Pero cuando deje de estar en el mundo, es decir, después de esta
vida, su alegría acabará, y la tristeza que siga será eterna.
En cuanto a la alegría de los servidores de Dios, será tal,  que nadie, dice
Jesucristo, se la podrá arrebatar
  2
. Si tienen penas y motivos de tristeza, será
sólo por poco tiempo
  3
, y la alegría que ha de seguir a sus penas no tendrá fin.
¡Ay de aquellos que sólo buscan contentarse en este mundo, porque ese
contento durará poco!
338 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 33,2,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 52MD 34,2,1 Punto II.
La segunda diferencia que existe entre la alegría de las gentes del mundo y la
de los servidores de Dios, es que la de los primeros es sólo superficial, mientras
que la de los segundos es muy sólida.
Esta diferencia se advierte en las palabras de Jesucristo: el mundo se alegrará
  4
;
pero en cuanto a los servidores de Dios, será su corazón el que se regocije
  5
. Lo
cual nos indica que la alegría de los primeros es sólo aparente; en el mundo
todo es ostentación y apariencia. Pero cuando los servidores de Dios están
gozosos, es su corazón el que se regocija. Y como este es el sostén de la vida
del hombre, pues es en ellos lo último que muere, su alegría es muy sólida,
según la aplicación de Nuestro Señor; y no se ve fácilmente sujeta a alteración,
porque se fundamenta en lo que es para ellos soporte de la vida de gracia; a
saber, el amor de Dios y la comunicación con Dios, por medio de la oración y
el uso de los sacramentos. Esto hace que su alegría esté sólidamente fundada,
como apoyada en Dios; pues es Dios quien la sostiene y la alimenta.
MD 33,2,2 Vuestra alegría es sólida si os regocijáis en medio de los sufrimientos y de las
penas más amargas. Pero si hacéis consistir vuestra alegría en gozar de los
placeres de los sentidos, ¡ah!, cuán cierto resulta que todo en ella es superficial,
pues participa de la misma naturaleza de su objeto, que no es sino un bien frágil
y perecedero
MD 34,3,1 Punto III.
Hay aún otra diferencia muy notable entre la alegría de la gente del mundo y la
de los servidores de Dios: la alegría de los primeros es totalmente exterior; la
de los últimos es interior, porque reside en el corazón.
De ahí que en los mundanos, la menor pena perturbe su alegría y los sumerja en
el abatimiento; mientras que la alegría de los servidores de Dios, al residir
dentro de ellos mismos, no puede ser menoscabada por nada exterior; pues nada
de lo externo puede penetrar hasta el fondo del corazón, que no tiene
comunicación con el exterior, sino en cuanto se deja influenciar por los
sentidos. Y como la alegría de los justos está originada por el amor de Dios,
que se asienta en el fondo de su corazón, y como el objeto de este amor es un
bien inalterable, inmutable y eterno, se sigue que, mientras la caridad mantenga
sus almas unidas a Dios, no podrán verse turbados en la posesión de tan
delicioso contentamiento.
¿Procede vuestra alegría del interior? ¿No os dejáis llevar alguna vez de cierta
alegría vana y del todo exterior?

35. Domingo cuarto después de Pascua
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 339
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 53 MD 34,3,135
MD 35 Para el domingo cuarto después de Pascua
(Jn 16,5-14)
De los beneficios que nos proporcionan las penas,
sean interiores o exteriores
MD 35,1,1 Punto I.
Cuando Jesucristo dijo a sus apóstoles que volvía a aquel que lo había enviado,
sus corazones se llenaron en seguida de tristeza
  1
.
Como la presencia de su maestro constituía todo su consuelo y sostén, se
afligían mucho al ver que pronto estarían separados; pues estaban persuadidos
de que al no estar ya Jesucristo visiblemente con ellos, se verían privados de
una ayuda que creían imprescindible para ellos. Al no haber recibido todavía el
Espíritu Santo, se apegaban a lo que impresionaba sus sentidos, sin elevarse
más alto.
Cuando se abandona el mundo, y cuando al abandonarlo se renuncia a los
placeres de los sentidos, sucede, a veces, que esa renuncia se hace sólo por puro
gusto, y por pura atracción sensible hacia Dios y hacia las cosas de Dios, lo que
produce satisfacción incomparablemente superior a las de los sentidos.
MD 35,1,2 De modo que es un placer mayor el que mueve a privarse de buena gana de otro
placer mucho más pequeño; lo que indica que aún no se ha logrado el total
desasimiento.
Pedid mucho a Dios este pleno desasimiento, para no aficionaros sino a Él sólo,
en quien está toda la felicidad de esta vida y de la otra.
MD 35,2,1 Punto II.
Jesucristo, al ver que sus apóstoles estaban tristes porque les había dicho que
pronto se alejaría de ellos, les dio a entender que sería ventajoso para ellos que
Él partiese
  2
.
Quienes se han entregado a Dios, a menudo creen que la presencia sensible de
Dios es lo único que los puede sostener en la piedad, y que si alguna vez
cayeren en sequedades y en penas interiores, decaerían por completo del grado
de santidad a que Dios los había elevado. Y les parece que al perder cierto
gusto por la oración y la facilidad para aplicarse a ella, todo se ha perdido para
ellos, y que Dios los ha rechazado por completo. Se sienten desolados en su
interior, y se imaginan que se les ha cerrado cualquier camino para ir a Dios.
Hay que decirles entonces lo que Jesucristo dijo a sus apóstoles, que les es
beneficioso que Dios se retire de ellos sensiblemente, y que aquello que
consideran como pérdida es para ellos verdadera ganancia, si soportan la
prueba de buen grado.
MD 35,3,1 Punto III.
La razón principal por la que Jesucristo dice a sus apóstoles que les es
ventajoso que Él se vaya, es porque si no se va, no vendrá a ellos el Espíritu
consolador; pero si se va, Él se lo enviará
  3
.
340 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 35 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 54Por ahí comprendemos que a veces es más beneficioso estar privados de los
consuelos espirituales que tenerlos; pues cuanto más desprendido se está de lo
que agrada a los sentidos, de tantos más medios dispone uno para ir a Dios
puramente, con absoluto desasimiento de todas las criaturas. Entonces es, en
efecto, cuando el Espíritu de Dios viene al alma y la colma con sus gracias.
No os lamentéis, pues, cuando sufráis penas, tanto interiores como exteriores;
tened la certeza de que cuanto más permanezcáis en ellas, de más medios
dispondréis para ser todo de Dios.

36 Para el domingo quinto después de Pascua
(Jn 16,23-30)
De la necesidad de la oración
MD 36,1,1 Punto I.
Pedid y recibiréis
. Con estas palabras del evangelio de este día, Jesucristo
quiere darnos a entender que, puesto que necesitamos recibir sus gracias,
debemos también pedírselas; y que Dios, que desea dárnoslas, nos ha
proporcionado un medio seguro para obtenerlas. Este medio es la oración, que
nos resulta tanto más fácil cuanto que siempre la tenemos al alcance,  y
podemos servirnos de ella cuando queramos.
Por eso san Agustín, para darnos a entender la facilidad que tenemos de hacer
el bien, nos dice: «Si os veis impotentes para obrar, sea a causa de vuestra
debilidad, sea a causa de la violencia de la tentación, o por cualquier otro
motivo, recurrid a la oración, que os dará infaliblemente el poder de ejecutar lo
que supera vuestras fuerzas naturales».
MD 36,1,2 Cuando tengáis dificultad para practicar la virtud, actuad de forma que se os
haga fácil, por vuestra aplicación a la oración; acudid a ella con prontitud
recordando estas palabras de Jesucristo: Pedid y recibiréis.
MD 36,2,1 Punto II.
Lo que debe induciros particularmente a orar, es la debilidad a la que os ha
reducido el pecado; debilidad que os haría incapaces de producir ningún bien
sobrenatural. Y como cada día somos más débiles, porque a diario caemos en
nuevos pecados, también cada día tenemos mayor necesidad de este auxilio.
San Crisóstomo dice que «es medicina divina, que arroja del corazón toda la
malicia que encuentra en él, y lo llena de toda justicia».
Por eso, si queremos liberarnos completamente del pecado, no podemos hacer
nada mejor que aplicarnos a la oración. En efecto, por numerosos que sean los
pecados cometidos por una persona que ama la oración, en medio de los
mayores desórdenes, cuenta en la oración con el recurso rápido y fácil para
obtener la gracia de la penitencia y del perdón.
MD 36,2,2 Pedid, pues, a Dios un corazón puro, que rehúya y deteste no sólo los pecados
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 341
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 55 MD 36,2,2más graves, sino todo cuanto pueda empañar vuestra conciencia y haceros
desagradables a Dios.
MD 36,3,1 Punto III.
Estamos tan sometidos a la tentación, que Job dice que  nuestra vida es
tentación continua
  2
. Y por eso dice san Pedro que  el demonio, nuestro
enemigo, gira en torno nuestro como león rugiente, buscando sin descanso
algún medio para devorarnos
  3
.
La oración es la que nos capacita para resistirlo. Jesucristo dice, incluso, del
demonio de la impureza,  que no puede ser arrojado sino por la oración y el
ayuno
  4
. Y coloca la oración por delante del ayuno para indicarnos que, aunque
la mortificación sea muy necesaria para vencer al espíritu inmundo, es mucho
más importante aún armarse con la oración de cara a sus ataques.
Así, pues, cuando os veáis asaltados por el espíritu tentador, no ceséis de orar,
hasta que lo hayáis alejado totalmente de vosotros.

Ninguno es profeta en su tierra
Marcos 6, 1-6. Tiempo Ordinario. Cristo sale a nuestro encuentro, quiere encontrarnos, hablarnos, tocar nuestra vida.
 
Ninguno es profeta en su tierra
Del Evangelio según san Marcos 6, 1-6

Salió Jesús de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él. Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio». Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.

Oración introductoria

Señor, permite, por tu gracia, que pueda reconocerte en esta meditación. Confío en Ti, en tu Palabra que me ha revelado que, a pesar de mis debilidades, puedo acercarme a Ti para ser curado y redimido por tu amor.

Petición

Jesús, ayúdame a conocerte más, para poder amarte más.

Meditación del Papa

Según las expectativas judías, el Mesías no podía proceder de un pueblo tan oscuro, como era el caso de Nazaret. Al mismo tiempo, sin embargo, muestra la libertad de Dios, que sorprende nuestras expectativas, manifestándose precisamente allí donde no nos lo esperamos. [...] "Ven y lo verás". Nuestro conocimiento de Jesús tiene necesidad sobre todo de una experiencia viva: el testimonio de otra persona es ciertamente importante, pues normalmente toda nuestra vida cristiana comienza con el anuncio que nos llega por obra de uno o de varios testigos. Pero nosotros mismos tenemos que quedar involucrados personalmente en una relación íntima y profunda con Jesús. De manera semejante, los samaritanos, después de haber escuchado el testimonio de la compatriota con la que Jesús se había encontrado en el pozo de Jacob, quisieron hablar directamente con Él y, después de ese coloquio, dijeron a la mujer: "Ya no creemos por tus palabras; pues nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo". (Benedicto XVI, 4 de octubre de 2006).

Reflexión

La predicación de Cristo era entonces acogida con entusiasmo. Lo vemos rodeado por muchedumbres, buscado, querido, aclamado... Pero en su tierra no fue así. Y el mismo Cristo se admiraba de su incredulidad. “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”, leemos en el prólogo del Evangelio de san Juan.

Cristo viene a nosotros cada día. Baja al altar, en tantos rincones del mundo, en las manos del sacerdote necesitado, en el pobre, en el triste. Viene en esa voz interior que a veces escuchamos, la que se hace pan para estar junto a nosotros, viene a nosotros en nuestro prójimo, en él nos invita a ser más nobles y generosos, a cambiar algunos detalles de nuestra vida. Nos habla a través de nuestros sacerdotes, en la palabra del Papa y de nuestros obispos.

Cristo sale a nuestro encuentro de una y mil formas. Quiere encontrarnos, hablarnos, tocar nuestra vida. Que nos conceda la gracia de saber reconocerle y recibirle, dejarle entrar hasta el fondo. Vino a los suyos, - los suyos somos nosotros - y los suyos queremos agradecerle con amor.

Propósito

Reconocer y honrar diariamente a Jesús, que se me manifiesta continuamente en la oración. Antes de tomar una decisión importante me preguntaré cuál es el ejemplo que Jesucristo me da en el Evangelio para tratar de imitarlo.

Diálogo con Cristo

Señor Jesús, ¿qué importancia le doy a tu Palabra? ¿Es ella la brújula en mi toma de decisiones? ¿Es mi fortaleza cuando aparecen las contrariedades? Ayúdame a buscarte en la lectura atenta y fervorosa de la Sagrada Escritura, libro vivo donde puedo aprender a conocerte, amarte y seguirte. 
Dorotea y Teófilo, Santos
Mártires, 6 de febrero
 
Dorotea y Teófilo, Santos
Dorotea y Teófilo, Santos

Mártires

Martirologio Romano: En Cesarea de Capadocia, santos mártires Dorotea, virgen, y Teófilo, estudiante (c. s. IV).

Etimología: Dorotea = Aquella que posee el don de Dios, es de origen griego.
Etimología:Teófilo = Aquel que ama a Dios, es de origen griego.
En Cesarea de Capadocia a fines del Siglo III, nació Dorotea, cuando Diocleciano, a nombre del Emperador Maximiano Galerio, regía los destinos del imperio romano.

Dorotea era cristiana, amaba y servía al verdadero Dios y le honraba con el ayuno y la oración Era muy atractiva, mansa, humilde, pero sobre todo, prudente y sabia. Quienes la conocían, se maravillaban de sus dones y glorificaban a Dios por su sierva. Por su amor perfecto a Cristo alcanzó la corona de la virginidad inmaculada y la palma del martirio.

La fama de la santidad de Dorotea llegó a oídos del perseguidor de los cristianos Saprizio, el Prefecto, quien mandó a apresarla para interrogarla.

Cuando se instaló el tribunal, trajeron a Dorotea quien, después de haber elevado su oración ante Dios, se mantuvo firme delante del Prefecto.
- ¿Cómo te llamas?” , le preguntó.
- “Mi nombre es Dorotea”, respondió la joven.
Saprizio dijo: “He mandado traerte para que ofrezcas sacrificios a los dioses inmortales, según la ley de nuestros augustos príncipes”.
Respondió Dorotea: “El Dios que está en el cielo es la augusta Majestad, sólo a Él sirvo: Adorarás al Señor, tu Dios y a él sólo servirás. Los dioses que no crearon el cielo y la tierra, perecerán de la tierra. Pues bien, a qué emperador debemos obedecer, al terrenal o al celestial, a Dios o a un hombre. Los emperadores son hombres mortales como lo fueron también estos dioses, de los cuales adoráis sus imágenes”.

Saprizio añadió: “Si quieres regresar sana y salva, cambia tu decisión y ofrece el sacrificio a los dioses, de lo contrario te haré castigar por las leyes más severas, para escarmiento de los demás”.

“Ante esto -replicó Dorotea- daré testimonio de temor de Dios, para que todos aprendan a temer a Dios y no a los hombres airados que, como criaturas irracionales o perros rabiosos, se lanzan contra los hombres inocentes, se agitan, se inquietan, ladran insolentes y los desgarran con mordeduras”.
Saprizio dijo. “Veo que estás resuelta a mantenerte firme en tu confesión inútil y quieres morir. Escúchame, y ofrece sacrificios para que escapes del “potro” (caballete de torturas.).
Esas torturas son pasajeras, pero los tormentos del infierno son eternos. Para escapar de la pena eterna, no temo estos sufrimientos, pues Jesús dijo: “No temáis los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma, temed más bien a Aquel que puede herir el cuerpo y el alma en el infierno” , dijo Dorotea.
Saprizio replicó: “Entonces teme a los dioses y ofréceles sacrificios, para evitar el castigo de su ira”.
Pero ella dijo: “De ningún modo me convencerás, esos dioses son los espíritus de hombres vanos que vivieron torpemente y murieron como seres irracionales, porque no conocieron al Creador del cielo y de la tierra, del mar y de todas las cosas. Las almas de tus ídolos cuya imagen impresa en metales adoráis, arden en el fuego, donde también irán los que negaron al Creador”.
Saprizio se encendió en cólera y dijo a los verdugos: “Ponedla en el potro, atormentadla hasta que ofrezca el sacrificio a los dioses”.
La sierva de Dios inmutable y firme, le interpeló: “¿Qué esperas? Haz lo que debes hacer, así podré ver a Aquel por cuyo amor no temo la muerte ni los tormentos”.
Saprizio añadió: “¿Pero, quién es Aquel que tu deseas?”.
“Cristo, el Hijo de Dios”, respondió Dorotea.
Y ¿dónde está Cristo? preguntó Saprizio.
Dorotea respondió: Si creemos en su Omnipotencia, Él está en todas partes; si miramos en cambio su Humanidad santísima, profesamos que el Hijo de Dios subió al cielo y está sentado a la diestra de Dios Padre omnipotente, desde allí, verdadero y único Dios con el Padre y con el Espíritu Santo, nos invita al Paraíso de sus delicias, donde los árboles siempre están cargados de frutas. En toda las estaciones florecen los lirios, las rosas, verdean los campos los montes, las colinas se adornan, el agua fluye dulcemente y las almas de los santos gozan en Cristo. Si creyeses lo que yo creo, también tú podrías entrar en el Paraíso de las delicias de Dios”.
Saprizio sentenció: “Olvídate de esas pequeñeces, ofrece incienso a los dioses, cásate y disfruta en esta vida sino perecerás como tus padres”.

Conversión y martirio de Crista y Calixta 

Después de esto, Saprizio llamó a dos hermanas Crista y Calixta quienes, poco antes habían apostatado y les ordenó: “Así como vosotras abandonasteis la vanidad y la superstición cristiana y ya adoráis a los dioses invictos, por lo cual os recompensé; ahora debéis inducir a Dorotea a renunciar de su necedad, os premiaré con mejores regalos”.
Llevaron a su casa a Dorotea y trataron de persuadirle: “Acepta lo que te dice el juez, y te librarás del peligro de las penas como nosotras. No desperdicies tu vida con los tormentos y la muerte”.
Dorotea, con dulzura, les reprochó: “Oh, si escuchaseis mi consejo, os arrepentiríais de haber ido tras los dioses falsos, pero el Señor es bueno y misericordioso hacia quienes se convierten a Él de todo corazón”.
Crista y Calixta se conmovieron: “Pero si ya hemos matado a Cristo en nuestro corazón, cómo lo resucitaremos?”.
Dijo Dorotea: “Pecado más grande es desesperar de la misericordia del Señor que ofrecer sacrificios a los ídolos. No desesperéis porque el Señor puede curar vuestras llagas. No hay llaga que El no pueda sanar. Es Salvador porque salva; es Redentor porque redime; liberador porque no cesa de liberar. Arrepentíos de corazón, tened fe y seréis perdonadas”.
Las dos mujeres se arrojaron a sus pies, bañadas en lágrimas y le suplicaron su intercesión para ofrecer a Dios su arrepentimiento y alcanzar el perdón.
Dorotea elevó su oración conmovida por las lágrimas: “Oh Señor que has dicho, “No quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.” Y “hay mayor fiesta en los cielos por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no han pecado”, muestra tu piedad hacia quienes el Demonio te había arrebatado. Vuelve a llamarlas a tu grey para que con su ejemplo, regresen a Ti todos los que se alejaron de tu amor”.
Mientras así oraba, el Prefecto mandó traer a Crista y Calixta para averiguar si habían logrado replegar el ánimo de Dorotea.
Ellas respondieron: “Estabamos equivocadas, habíamos obrado inicuamente al ofrecer sacrificios a los dioses falsos por miedo a las penas y dolores pasajeros; pero ya nos hemos arrepentido para alcanzar el perdón de Dios”.
Entonces Saprizio, se rasgó sus vestidos y ordenó furioso que las amarrasen juntas de espaldas y las pusieran en el suplicio de la copa, si no adoraban a los dioses, mas, ellas elevaron su oración: “Señor Jesús, acepta nuestro arrepentimiento y concédenos tu perdón.” Y repitiendo esta confesión fueron torturadas y quemadas vivas.
Dorotea les animaba: “Id al cielo, con la certeza del perdón de vuestros pecados, sabed que habéis recuperado la palma del martirio que habías perdido. Viene a abrazaros el Padre, alegre por el hijo perdido y hallado”.

Muerte de Dorotea 

Luego, Dorotea al ser torturada nuevamente, comprendió que había llegado por fin su anhelada aspiración. Subió feliz al tormento porque, aquellas almas que el Demonio había raptado de Dios, en ese momento, habían sido reconquistadas.
Dijo a Saprizio “En el cielo hay una gran fiesta; gozan los Angeles, se alegran los Arcángeles, exultan los Apóstoles, los Mártires y todos los Profetas. Apresúrate, haz pronto lo que debes hacer, para poder unirme a la alegría y gozo de los santos”.

Entonces Saprizio hizo aplicar en los costados de la joven, antorchas encendidas, y luego la hizo abofetearla hasta desfigurar la cara. Finalmente dictó la sentencia de muerte: “A Dorotea, joven muy soberbia que se negó a adorar a los dioses inmortales para salvar su vida y más bien, quiso resueltamente morir por no sé qué hombre que se llama Cristo, ordeno la pena de muerte a espada”.
Dorotea exclamó dichosa: “Te agradezco, oh Amado de las almas, porque me invitas a tu Paraíso y a las nupcias celestiales”.

Mientras salía del pretorio, Teófilo, el abogado de Saprizio, en forma irónica le dijo: “Oh tú, esposa de Cristo, mándame rosas y manzanas del paraíso de tu esposo.” Dorotea le respondió: “Sí, te las mandaré”.

Al llegar al lugar del suplicio, oró un instante, y se realizó el prodigio: apareció un niño con tres manzanas y tres rosas. Dorotea le ordenó: “Llévalas a Teófilo y dile: “He aquí, te mando del Paraíso lo que me has pedido”.
Enseguida, la joven fue degollada, y, circundada con la gloria del martirio, fue al encuentro de Cristo.

Conversión y muerte de Teófilo 

Teófilo, aún estaba burlándose de la promesa de Dorotea, cuando en ese mismo instante apareció el niño con las manzanas y rosas: “He aquí, Dorotea desde el paraíso de su Esposo te manda estos dones”. Era el mes de Febrero.

Teófilo los tomó y exclamó en alta voz: “Cristo es el verdadero Dios, no hay en Él ningún engaño”.

Le dijeron los compañeros: “¿Te has vuelto loco”, Teófilo, o bromeas?; “No me he vuelto loco, ni intento bromear- dijo- tengo razones para creer en el verdadero Dios. Mirad, Capadocia está inmersa en un frío glacial, ningún arbusto está revestido de su verde follaje, de dónde creéis que vengan estas manzanas y rosas magníficas?”.

Bienaventurados los que creen en Cristo; los que sufren por su Nombre. Él es el verdadero Dios y quien cree en Él, es un verdadero sabio”.

Con estas palabras, los compañeros fueron ante el Magistrado: “Tu abogado Teófilo que luchó y persiguió a los cristianos hasta la muerte, está alabando y bendiciendo el nombre de no sé qué Jesucristo y muchos creen en su predicación”.

Teófilo confesó: “Alabo a Cristo a quien hasta hoy, he negado”. Le dijo el Magistrado: “Me sorprende que tú, hombre prudente, pronuncies ese nombre, si antes habías perseguido a cuantos lo nombraban”. Teófilo respondió: “Ahora creo que Él es el verdadero Dios porque me sacó del error y me condujo a la vía recta.”

Añadió el Magistrado: “Todos crecen en la sabiduría, los sabios llegan a ser más sabios; tú en cambio, de sabio te haces ignorante, llamas Dios a Aquel que fue crucificado por los judíos según dicen los cristianos”.

Dijo Teófilo: “He oído que fue crucificado y por esto, en mi error, creía que no fuese Dios, pero me arrepiento de mis pecados y blasfemias, y profeso que Cristo es Dios”.
Continuó el Magistrado “Y dónde y cómo te has hecho cristiano, si hasta hoy habías adorado a nuestros dioses?”. Contestó Teófilo: “Desde el momento en que he pronunciado el nombre de Cristo, he creído en Él, me he convertido en cristiano. Creo con todo mi corazón en Cristo inmortal, Hijo de Dios, predico su Nombre santo, inmaculado, en el cual no hay engaño como en tus dioses”. “¿Quieres decir que nuestros dioses son impostores?” preguntó Saprizio.

Teófilo dijo: “Mentiría si digo que no hay falsedad en estos simulacros que el hombre ha tallado de la madera, ha fundido del bronce, ha limado del hierro, ha modelado del plomo, custodiados por los mochuelos, entretejidos por las telas de araña en cuyas partes cóncavas hacen nidos los ratones. Como no te miento, es justo que tú aceptes la Verdad y te liberes de la falsedad. Y como tú juzgas a los mentirosos, es necesario que te liberes de la mentira y te conviertas a la verdad que es Cristo”.

El Magistrado dijo: “Infeliz Teófilo, quieres morir de una muerte execrable. Si persistes en tu necedad, ordenaré que te den una muerte con crueles suplicios ”.

Respondió Teófilo: “Yo deseo encontrar la verdadera vida. Ya he tomado esta decisión y estoy resuelto a ello.”

Cuando estuvo en el caballete de tormentos exclamó: “ahora soy verdadero cristiano porque estoy en la cruz. (la forma del potro era como una cruz) Gracias, Oh Cristo, porque me has concedido ser elevado en tu madero”.

Luego laceraron sus costados con garfios de hierro y los quemaron con antorchas encendidas. Antes de ser decapitado entregó su espíritu con esta oración: “Oh Cristo, Hijo de Dios, creo en Ti: inscríbeme en el número de tus santos”.

(Tomado de las Actas del Martirio)