HERMANDAD SACRAMENTAL NTRA SRA DEL ESPINO CORONADA

jueves, 7 de febrero de 2013


35
MD 35 Para el domingo cuarto después de Pascua
(Jn 16,5-14)
De los beneficios que nos proporcionan las penas,
sean interiores o exteriores
MD 35,1,1 Punto I.
Cuando Jesucristo dijo a sus apóstoles que volvía a aquel que lo había enviado,
sus corazones se llenaron en seguida de tristeza
  1
.
Como la presencia de su maestro constituía todo su consuelo y sostén, se
afligían mucho al ver que pronto estarían separados; pues estaban persuadidos
de que al no estar ya Jesucristo visiblemente con ellos, se verían privados de
una ayuda que creían imprescindible para ellos. Al no haber recibido todavía el
Espíritu Santo, se apegaban a lo que impresionaba sus sentidos, sin elevarse
más alto.
Cuando se abandona el mundo, y cuando al abandonarlo se renuncia a los
placeres de los sentidos, sucede, a veces, que esa renuncia se hace sólo por puro
gusto, y por pura atracción sensible hacia Dios y hacia las cosas de Dios, lo que
produce satisfacción incomparablemente superior a las de los sentidos.
MD 35,1,2 De modo que es un placer mayor el que mueve a privarse de buena gana de otro
placer mucho más pequeño; lo que indica que aún no se ha logrado el total
desasimiento.
Pedid mucho a Dios este pleno desasimiento, para no aficionaros sino a Él sólo,
en quien está toda la felicidad de esta vida y de la otra.
MD 35,2,1 Punto II.
Jesucristo, al ver que sus apóstoles estaban tristes porque les había dicho que
pronto se alejaría de ellos, les dio a entender que sería ventajoso para ellos que
Él partiese
  2
.
Quienes se han entregado a Dios, a menudo creen que la presencia sensible de
Dios es lo único que los puede sostener en la piedad, y que si alguna vez
cayeren en sequedades y en penas interiores, decaerían por completo del grado
de santidad a que Dios los había elevado. Y les parece que al perder cierto
gusto por la oración y la facilidad para aplicarse a ella, todo se ha perdido para
ellos, y que Dios los ha rechazado por completo. Se sienten desolados en su
interior, y se imaginan que se les ha cerrado cualquier camino para ir a Dios.
Hay que decirles entonces lo que Jesucristo dijo a sus apóstoles, que les es
beneficioso que Dios se retire de ellos sensiblemente, y que aquello que
consideran como pérdida es para ellos verdadera ganancia, si soportan la
prueba de buen grado.
MD 35,3,1 Punto III.
La razón principal por la que Jesucristo dice a sus apóstoles que les es
ventajoso que Él se vaya, es porque si no se va, no vendrá a ellos el Espíritu
consolador; pero si se va, Él se lo enviará
  3
.
340 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 35 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 54Por ahí comprendemos que a veces es más beneficioso estar privados de los
consuelos espirituales que tenerlos; pues cuanto más desprendido se está de lo
que agrada a los sentidos, de tantos más medios dispone uno para ir a Dios
puramente, con absoluto desasimiento de todas las criaturas. Entonces es, en
efecto, cuando el Espíritu de Dios viene al alma y la colma con sus gracias.
No os lamentéis, pues, cuando sufráis penas, tanto interiores como exteriores;
tened la certeza de que cuanto más permanezcáis en ellas, de más medios
dispondréis para ser todo de Dios.
MD 35,1,1:
1
 Jn 16,6. – MD 35,2,1:
2
 Jn 16,7. – MD 35,3,1:
3
 Jn 16,7.
36. Domingo quinto después de Pascua
36
MD 36 Para el domingo quinto después de Pascua
(Jn 16,23-30)
De la necesidad de la oración
MD 36,1,1 Punto I.
Pedid y recibiréis
  1
. Con estas palabras del evangelio de este día, Jesucristo
quiere darnos a entender que, puesto que necesitamos recibir sus gracias,
debemos también pedírselas; y que Dios, que desea dárnoslas, nos ha
proporcionado un medio seguro para obtenerlas. Este medio es la oración, que
nos resulta tanto más fácil cuanto que siempre la tenemos al alcance,  y
podemos servirnos de ella cuando queramos.
Por eso san Agustín, para darnos a entender la facilidad que tenemos de hacer
el bien, nos dice: «Si os veis impotentes para obrar, sea a causa de vuestra
debilidad, sea a causa de la violencia de la tentación, o por cualquier otro
motivo, recurrid a la oración, que os dará infaliblemente el poder de ejecutar lo
que supera vuestras fuerzas naturales».
MD 36,1,2 Cuando tengáis dificultad para practicar la virtud, actuad de forma que se os
haga fácil, por vuestra aplicación a la oración; acudid a ella con prontitud
recordando estas palabras de Jesucristo: Pedid y recibiréis.
MD 36,2,1 Punto II.
Lo que debe induciros particularmente a orar, es la debilidad a la que os ha
reducido el pecado; debilidad que os haría incapaces de producir ningún bien
sobrenatural. Y como cada día somos más débiles, porque a diario caemos en
nuevos pecados, también cada día tenemos mayor necesidad de este auxilio.
San Crisóstomo dice que «es medicina divina, que arroja del corazón toda la
malicia que encuentra en él, y lo llena de toda justicia».
Por eso, si queremos liberarnos completamente del pecado, no podemos hacer
nada mejor que aplicarnos a la oración. En efecto, por numerosos que sean los
pecados cometidos por una persona que ama la oración, en medio de los
mayores desórdenes, cuenta en la oración con el recurso rápido y fácil para
obtener la gracia de la penitencia y del perdón.
MD 36,2,2 Pedid, pues, a Dios un corazón puro, que rehúya y deteste no sólo los pecados
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 341
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 55 MD 36,2,2más graves, sino todo cuanto pueda empañar vuestra conciencia y haceros
desagradables a Dios.
MD 36,3,1 Punto III.
Estamos tan sometidos a la tentación, que Job dice que  nuestra vida es
tentación continua
  2
. Y por eso dice san Pedro que  el demonio, nuestro
enemigo, gira en torno nuestro como león rugiente, buscando sin descanso
algún medio para devorarnos
  3
.
La oración es la que nos capacita para resistirlo. Jesucristo dice, incluso, del
demonio de la impureza,  que no puede ser arrojado sino por la oración y el
ayuno
  4
. Y coloca la oración por delante del ayuno para indicarnos que, aunque
la mortificación sea muy necesaria para vencer al espíritu inmundo, es mucho
más importante aún armarse con la oración de cara a sus ataques.
Así, pues, cuando os veáis asaltados por el espíritu tentador, no ceséis de orar,
hasta que lo hayáis alejado totalmente de vosotros.
MD 36,1,1:
1
 Jn 16,24; Lc 11,9. – MD 26,3,1:
2
 Job 7,1. –
3
 1P 5,8. –
4
 Mt 17,20. Mc 9,29.
37. Lunes de Rogativas
37
MD 37 Para el lunes de Rogativas
De la obligación que tenemos de orar
por aquellos de quienes estamos encargados de instruir
MD 37,1,1 Punto I.
En el evangelio de este día propone Jesucristo una parábola que da a entender
la obligación que tenéis de interesaros por las necesidades de aquellos a quienes
instruís. Si alguno de vosotros, dice, fuere a media noche en busca de uno de
sus amigos y le dijese: préstame tres panes, pues uno de mis amigos acaba de
llegar de viaje a mi casa, y no tengo nada que darle
  1
.
En la exposición que hace san Agustín de esta parábola, dice que este amigo
viajero es aquel que, después de haber caminado por la vía de la iniquidad,
después de haber buscado la satisfacción de sus pasiones en el siglo, sin
encontrar en él más que vicios, vanidad, miserias y pesadumbres, se dirige  a
vosotros, en su indigencia, para recibir algún socorro, persuadido de que
vosotros habéis recibido gracia para sostener a los débiles, para enseñar a los
ignorantes y para corregir a los delincuentes
  2
. Acude a vosotros como viajero
cansado y fatigado, y os suplica que lo aliviéis en su necesidad.
MD 37,1,2 He ahí la disposición en que se encuentran aquellos a quienes la providencia os
encarga de instruir y a los que debéis formar en la piedad. Dios mismo es quien
os los ha traído; es Dios quien os hace responsables de su salvación
  3
, y quien
os ha impuesto la obligación de atender a todas sus necesidades espirituales.
Ese debe ser también vuestro constante afán.
MD 37,2,1 Punto II.
Los niños que acuden a vosotros, o no han recibido educación, o sólo la han
342 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 36,3,1 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 56tenido mala; y si alguna buena enseñanza recibieron, las malas compañías o los
malos hábitos les han impedido obtener provecho de ella. Dios os los envía
para que les comuniquéis el espíritu del cristianismo, y para que los eduquéis
según las máximas del Evangelio.
Vosotros mismos estáis obligados a instruiros, dice san Agustín, y deberíais
encontrar motivo de sonrojaros, al veros obligados a enseñarles lo que vosotros
mismos no sabéis, o a exhortarlos a practicar lo que vosotros no practicáis.
MD 37,2,2 Pedid, pues, a Dios aquello que no hay en vosotros, a fin de que Él os conceda
plenamente lo que os falta, es decir, el espíritu cristiano y un profundo
conocimiento de la religión.
Quienes se dirigen a vosotros vienen en medio de la noche. Eso indica, dice san
Agustín, su mucha ignorancia; su necesidad es apremiante, y vosotros no tenéis
con qué aliviarla; la simple fe en los misterios sería suficiente para vosotros,
pero no os es suficiente para con ellos. ¿Los abandonaréis, pues, y los dejaréis
sin instrucción? Recurrid a Dios,  llamad a la puerta, rogad, solicitad con
insistencia, incluso hasta importunar
  4
.
Los tres panes que habéis de pedir, dice el mismo Padre, son el conocimiento
de las tres divinas personas. Si lo obtenéis de Dios, tendréis con qué alimentar a
los que recurren a vosotros, necesitados de instrucción.
MD 37,3,1 Punto III.
Debéis mirar a los niños de quienes estáis encargados de instruir como
huérfanos pobres y abandonados. En efecto, aunque la mayoría tengan padre en
la tierra, en realidad, es como si no lo tuvieran, y viven abandonados a sí
mismos en lo referente a la salvación del alma. Por esta razón los pone Dios, en
cierto modo, bajo vuestra tutela.
Él los mira compasivo, y cuida de ellos, como quien es su protector, su apoyo y
su padre
  5
; pero se descarga en vosotros de este cuidado.
MD 37,3,2 Este Dios bondadoso los pone en vuestras manos, y toma sobre sí el otorgarles
cuanto le pidáis para ellos: la piedad, la modestia, la mesura, la pureza, el
alejamiento de las compañías que pudieran serles peligrosas.
Y como Él sabe que por vosotros mismos no tenéis ni suficiente virtud ni
suficiente poder para procurar todas estas cosas a los niños de quienes estáis
encargados, quiere que se las pidáis para ellos, frecuente, fervorosa  e
insistentemente; a fin de que, gracias a vuestros cuidados, no les falte nada de
lo que necesitan para salvarse.
MD 37,1,1:
1
Lc 11,5-6. –
2
1Ts 5,14. – MD 37,1,2:
3
Cf. Hb 13,17. – MD 37,2,2:
4
Lc 11,9. – MD
37,3,1:
5
 Sal 68,6.
38. Martes de Rogativas
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 343
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 57 MD 37,3,238
MD 38 Para el martes de Rogativas
Del amor a la oración
MD 38,1,1 Punto I.
Jesucristo, para instar vivamente a los hombres a orar, asegura que  cuanto se
pidiere, se recibirá
  1
. Todo el que pide, dice, recibe
  2
. La oración produce por sí
misma este efecto, eso es lo que Dios le garantiza; y por eso cuanto más se le
pide, tanto más da; porque se complace mucho en dar a los hombres. No nos
exhortaría tanto a que le pidiéramos, dice san Agustín, si no estuviera dispuesto
a dárnoslo, y si no lo quisiera efectivamente.
MD 38,1,2 Sentid, pues, vergüenza de veros tan pusilánimes y negligentes en pedir a Dios,
que tiene más ganas de daros que vosotros de pedirle; tiene Él más compasión
de vuestra miseria que vosotros deseo de libraros de ella.
Animaos, pues, a creer a quien tanto os insta; haceos dignos de sus promesas, y
complaceos en recurrir a Él.
¿Quién es, dice san Agustín, el que confió obtener de Dios alguna cosa,  y
quedó confundido?
MD 38,2,1 Punto II.
Jesucristo, en el santo Evangelio, da dos razones de la eficacia de la oración. La
primera es la fe y la confianza con la que se acude a la oración. Cualquier cosa,
dice Jesucristo, que pidierais con fe en la oración, la obtendréis
  3
. Dice todo,
indistintamente, y no exceptúa nada.
¿Quién creería que la fe tiene tal efecto, de obtener infaliblemente todo lo que
se pide a Dios, si el Hijo de Dios, que es la verdad misma
  4
, no os lo asegurara?
No sólo os lo ha dado a conocer con estas palabras, sino que os ha dado un gran
ejemplo en aquella mujer cananea, que habiendo orado insistentemente  y
apremiado a Jesucristo para que librara a su hija poseída por el demonio,
mereció que Jesucristo accediese a su petición, tan sólo a causa de su fe. ¡Oh
mujer, le dijo Jesús, cuán grande es tu fe! Hágase según tu deseo
  5
.
MD 38,2,2 Estad, pues, persuadidos de que Dios está dispuesto a no rehusaros nada de lo
que le pidáis con fe y con confianza en su bondad.
MD 38,3,1 Punto III.
La segunda razón por la que Dios concede todo a quienes oran es la humildad
con que le piden lo que necesitan; pues, como muy bien dice el Sabio, Dios
resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes
  6
; es decir, que no concede
nada a aquéllos, pero a éstos no les niega nada. Esto es lo que Jesucristo mostró
con toda evidencia en la parábola del fariseo y del publicano, que oraban juntos
en el Templo; de ellos el último  volvió a su casa, dice Jesucristo, justificado,
pero no el otro; y la razón que da a continuación es que quien se ensalza será
humillado, y quien se humilla será ensalzado
  7
.
MD 38,3,2 Como si dijese que la oración del primero no fue escuchada porque estaba
acompañada con sentimientos de orgullo; y que el segundo, a pesar de los
344 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 38 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 58considerables pecados que había cometido, obtuvo la plena remisión, a causa de
la contrición y de la humildad con que se había presentado ante Dios; y regresó
justificado a su casa.
Cuando oréis, pues, a Dios, que sea con tanta humildad que Dios no os pueda
rehusar nada de lo que le pidáis.
MD 38,1,1:
1
Mt 21,22. –
2
Lc 11,10. – MD 38,2,1:
3
Mt 21,22. –
4
Jn 14,6. –
5
Mt 15,28. – MD
28,3,1:
6
 Pr 3,34. –
7
 Lc 18,14.
39. Vigilia de la Ascensión
39
MD 39 Para la vigilia de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo
De lo que ha de pedirse a Dios en la oración
MD 39,1,1 Punto I.
Jesucristo, en el evangelio de este día y en la continuación del mismo capítulo,
nos hace ver, a través de la oración que dirige a su Padre por sus santos
apóstoles, lo que debemos pedir a Dios.
Para ellos no pide cosas humanas y temporales, porque Él no vino a este mundo
para proporcionárselas a los hombres; y porque reconoce que es  el Padre
Eterno quien le ha deparado sus discípulos, y que a Él le pertenecen
  1
; y que
incluso los ha destinado a predicar su Evangelio
  2
y a trabajar en la salvación
de las almas; por ello no debe pedir a su Padre que les conceda sino cuanto
pueda contribuir al fin para el que Él los llama. Por este motivo, pues, pide
Jesucristo al Padre Eterno, en esta oración, particularmente tres cosas.
La primera es el alejamiento del pecado, con estas palabras:  Presérvalos del
mal
  3
. Eso es también lo primero que debéis pedir vosotros a Dios, hasta que lo
obtengáis.
MD 39,1,2 Debéis tener tal horror de todo aquello que se acerca al pecado, que incluso os
abstengáis, según san Pablo, de cuanto tiene su sombra y apariencia
  4
. Y como
es un bien que no podéis conseguir por vosotros mismos, importa mucho que,
para ello, imploréis continuamente la ayuda de Dios.
Pedidle, pues, insistentemente que nada os haga desagradables a sus ojos, ya
que tenéis la obligación de inspirar su amor en el corazón de aquellos a quienes
instruís.
¿Lo hacéis así? ¿Es eso lo que pedís a Dios en las oraciones que le dirigís?
MD 39,2,1 Punto II.
La segunda cosa que pide Jesucristo al Padre Eterno para sus santos apóstoles
en esta oración es que  los santifique en la verdad
  5
; es decir, que no los
santifique sólo con una santidad exterior, como la que exigía en la antigua ley,
sino que purifique sus corazones y que los santifique por la gracia y la
comunicación de la santidad divina, que se halla en Jesucristo, de la cual deben
ellos hacerse partícipes para poder contribuir a santificar a los demás. Añade
que con este fin se ofrece a su Padre y quiere sacrificarse
  6
por la muerte que
va a padecer en la cruz.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 345
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 59 MD 39,2,1MD 39,2,2 Puesto que estáis llamados en vuestro estado a procurar la santificación de
vuestros alumnos, debéis ser santos, con santidad no común; ya que sois
vosotros quienes debéis comunicarles la santidad, tanto por medio de vuestro
buen ejemplo como por las palabras de salvación que debéis anunciarles todos
los días.
La aplicación interior a la oración, el aprecio de vuestros ejercicios, la fidelidad
en cumplirlos bien y en seguir todas las prácticas de comunidad os ayudarán,
sobre todo, a adquirir esta santidad y esta perfección que Dios desea que
tengáis.
Pedídsela todos los días con insistencia, y tomadlo tan a pechos, que no dejéis
nunca de orar hasta que la hayáis conseguido.
MD 39,3,1 Punto III.
La tercera cosa que pide Jesucristo al Padre Eterno para sus santos apóstoles, en
la oración que hace en el evangelio de este día, es  unión muy estrecha entre
ellos, que sea tan íntima y estable, que desea se asemeje a la de las tres divinas
personas
  7
; no en todo, puesto que ellas poseen, las tres, una misma esencia;
sino por participación, y de tal modo, que la unión de espíritu y de corazón que
Jesucristo deseaba que existiese entre sus apóstoles, produjera el mismo efecto
que la unión esencial que existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; es
decir, que  entre todos ellos sólo hubiese un mismo sentir y un mismo querer;
las mismas aficiones, las mismas máximas y las mismas prácticas
  8
.
Esto es lo que recomienda san Pablo a los fieles a quienes escribe. Y es también
lo que se puso de manifiesto en los santos apóstoles y en los primeros
discípulos de Jesucristo, según lo que refiere san Lucas en los Hechos de los
Apóstoles, que tenían todos un solo corazón y una sola alma
  9
.
MD 39,3,2 Puesto que Dios os ha concedido la gracia de llamaros a vivir en comunidad, no
hay nada que debáis pedirle con mayor insistencia que esta unión de espíritu y
de corazón con vuestros Hermanos; pues sólo a través de esta unión alcanzaréis
la paz que debe constituir toda la dicha de vuestra vida.
Instad, pues, al Dios de los corazones, que del vuestro y del de vuestros
Hermanos forme uno solo en el de Jesús.
MD 39,1,1:
1
Jn 17,6. –
2
Cf. Jn 17,18; Mt 28,19. –
3
Jn 17,15. – MD 39,1,2:
4
1Ts 5,22. – MD
39,2,1:
5
 Jn 17,17. –
6
 Jn 17,19. – MD 39,3,1:
7
Jn 17,22-23. –
8
 Flp 2,2. –
9
 Hch 4,32.
40. Ascensión de Nuestro Señor
40
MD 40 Para la fiesta de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo
MD 40,1,1 Punto I.
Como Jesucristo no vino a la tierra sino para darnos la ley nueva y para obrar
los misterios de nuestra redención, una vez cumplido plenamente cuanto se
refería a las funciones de su ministerio de legislador y de redentor de los
hombres, ya no había nada que le retuviera en este mundo; y hasta parecía que
ya no se encontraba sino en situación violenta, puesto que el centro de su
346 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 39,2,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 60cuerpo glorioso era el cielo, y su lugar, la derecha de su Padre
  1
.
Con todo, el trato que aún debía mantener con los hombres le forzaría a ocultar
en sus apariciones el resplandor de su gloria.
MD 40,1,2 Vosotros, que os habéis retirado del mundo, debéis vivir completamente
desprendidos de todas las inclinaciones humanas, que llevan sólo a la tierra.
Tenéis que aspirar sólo al cielo y dirigir siempre a él vuestro espíritu y vuestro
corazón
  2
, puesto que no existís sino para el cielo, no debéis trabajar sino por el
cielo, y no encontraréis perfecto descanso más que en el cielo.
MD 40,2,1 Punto II.
Este es el día en que Jesucristo deja la tierra para elevarse al cielo. Allí ha
establecido y fijado su morada para siempre. En este día su santísima
humanidad se presta a la adoración de todos los ángeles y de todos los justos
que allí entraron con Él, para gozar de la felicidad eterna.
Adorad con todos los santos esta sagrada humanidad,  a la que ha sido dado
todo poder en el cielo y en la tierra
  3
; uníos allí a todos ellos para mostrarle
vuestro reconocimiento y reverenciarla cuanto se merece; consideradla como
aquella en quien se encierran todos los tesoros de la ciencia y de la sabiduría
de Dios
  4
, según san Pablo. De ella, como de fuente, saca el Salvador todas las
gracias que derrama sobre los hombres que, por sus buenas obras y por su
piedad, se hacen dignos de participar de ellas.
MD 40,2,2 ¿Cuándo podréis decir vosotros con san Esteban que  veis los cielos abiertos, y
a Jesucristo dispuesto a comunicaros sus gracias
  5
? Pedidle, sobre todo, la de
no ocuparos ya más que de las cosas del cielo.
MD 40,3,1 Punto III.
Reconoced que la subida de Jesucristo al cielo resulta muy provechosa para
vosotros, pues de allí proceden todos los dones que han de enriquecer y adornar
vuestra alma. En efecto, Jesucristo se muestra liberal con los hombres en virtud
de la potestad que hoy recibe sobre todas las criaturas, tanto del cielo como de
la tierra. En cuanto cabeza suya
  6
, los hace partícipes de la vida de la gracia,
cuya plenitud posee
  7
; y, en calidad de mediador, presenta vuestras oraciones y
vuestras buenas obras a Dios, su Padre; y Él mismo ruega por vosotros
  8
, para
atraer su misericordia sobre vosotros, e impedir que descarge su ira contra
vosotros, cuando le ofendéis.
MD 40,3,2 Decid, pues, con san Agustín, que la Ascensión de Jesucristo es vuestra gloria,
el motivo de vuestra esperanza y la prenda de vuestra felicidad. Haceos dignos
de tener a Jesucristo por vuestro soberano, vuestra cabeza y vuestro mediador
en el cielo.
MD 40,1,1:
1
Mc 16,19. – MD 40,1,2:
2
Cf. Col 3,1-2. – MD 40,2,1:
3
Mt 28,18. –
4
Col 2,3. – MD
40,2,2:
5
 Hch 7,56. – MD 40,3,1:
6
 Col 1,18-20; Cf. Ef 4,15; 1,19-22. –
7
 Cf. Jn 1,16. –
8
 Hb 7,25.
41. Domingo infraoctava de la Ascensión
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 347
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 61 MD 40,3,241
MD 41 Para el domingo infraoctava
de la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo
(Jn 15,26-27; 16,1-4)
MD 41,1,1 Punto I.
En el evangelio de este día, Jesucristo predice a sus apóstoles las persecuciones
que habrán de padecer por parte de los judíos, que  los han de arrojar de sus
sinagogas y de sus asambleas, considerándolos como excomulgados
  1
, indignos
de vivir entre ellos.
Así es como las gentes del mundo consideran a quienes son de Dios, sobre todo
a los que se han retirado del mundo; los vejan, los injurian, los ultrajan y los
maltratan como  a malhechores,  porque,  según  Nuestro  Señor,  no son  del
mundo
  2
.
MD 41,1,2 Así tenéis que esperar ser tratados mientras viváis según el espíritu de vuestro
Instituto y trabajéis provechosamente por el prójimo; pues, como el demonio os
odia, el mundo, que está estrechamente unido a él, no podrá soportaros.
Correspondedle vosotros con la misma medida; ese será uno de los mejores
medios para manteneros en la piedad, en el retiro y en el alejamiento del
mundo.
MD 41,2,1 Punto II.
Jesucristo predice a los apóstoles no sólo que serán arrojados y ultrajados por
los judíos, sino incluso, que  quienes los maten creerán que hacen un gran
servicio a Dios
  3
.
Si en nuestros días no se quita la vida a quienes son de Dios y trabajan por su
gloria, con todo, ¿qué no se hace para deshonrarlos con las más viles
calumnias, tratándolos como si fueran indignos de vivir?
MD 41,2,2 Por vuestra parte, debéis sentiros a gusto de ser tratados así. Consideraos,
incluso, como muertos al mundo, y no tengáis ningún trato con él.  Si sois
verdaderamente de Dios, sois enemigos del mundo, y él lo es vuestro, porque es
enemigo de Dios
  4
.
Tratadlo, pues, como tal, y tened horror a frecuentarlo; y no permitáis que tenga
el menor acceso a vosotros, por temor a que, si os relacionáis con él, vengáis a
participar de su espíritu.
MD 41,3,1 Punto III.
La razón de que el mundo maltrate y ultraje así a los discípulos de Jesucristo es,
como Él mismo dice, que este mundo no lo conoce, ni a Él, ni a su Padre, que
le ha enviado
  5
.
Y, en efecto, los seguidores del siglo, de ordinario sólo tienen afecto a sus
semejantes, es decir, a quienes sólo sienten gusto por lo que halaga los sentidos.
Sólo tienen un conocimiento muy imperfecto de Dios, por lo cual no piensan en
Él, no hablan de Él, no escuchan con gusto que se hable de Él, y sólo rara vez le
rezan. De ahí viene el desprecio que sienten y que con frecuencia manifiestan
hacia los servidores y amigos de Dios.
348 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 41 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 62MD 41,3,2 Vosotros tenéis que instruir, a veces, a niños que no conocen a Dios, porque
fueron educados por padres que tampoco ellos mismos lo conocían. Tratad de
conocerlo tan bien, por medio de la lectura y por la oración, que estéis en
condiciones de darlo a conocer a los demás, y conseguir que sea amado de
todos aquellos a quienes lo hayáis dado a conocer.
MD 41,1,1:
1
Jn 16,2. –
2
Jn 15,19; Jn 17,14. – MD 41,2,1:
3
Jn 16,2. – MD 41,2,2:
4
Cf. Jn
15,18-19. – MD 41,3,1:
5
 Jn 16,3.
42. Vigilia de Pentecostés
42
MD 42 Para la vigilia de Pentecostés
Sobre las disposiciones para recibir el Espíritu Santo
MD 42,1,1 Punto I.
Jesucristo, en el evangelio de este día, nos señala tres disposiciones para recibir
el Espíritu Santo, expresadas en estas palabras:  Si me amáis, observad mis
mandamientos, y yo rogaré a mi Padre, y Él os dará otro Consolador, para que
esté por siempre con vosotros
  1
.
MD 42,1,2 La primera de estas disposiciones es amar a Dios y entregarse del todo a Él.
Para esto, es preciso que estéis desasidos de todas las cosas creadas, y que no
tengáis afecto sino para Dios. Pues quien se apega al mundo y a sus bienes, no
es apto para recibir el Espíritu de Dios, que sólo se comunica a aquellos que
encuentra vacíos de lo que no es Dios.
Esa es la razón de que el mundo no pueda recibir este divino Espíritu
  2
, como
dice Jesucristo, porque sólo se aficiona a la concupiscencia de la carne, a la
concupiscencia de los ojos y a la soberbia de la vida
  3
.
Desasíos, pues, de todas las cosas, y no os apeguéis sino a Dios sólo, si queréis
estar en disposición de recibir el Espíritu de Dios.
MD 42,2,1 Punto II.
La segunda disposición para recibir el Espíritu Santo es observar fielmente los
mandamientos de Dios, y aplicarse a cumplir en todo su santa voluntad.
Puesto que Jesucristo dice que el Espíritu Santo permanecerá para siempre en
aquellos y con aquellos que lo reciban
  4
, y que sólo se complace en aquellos
que tratan de cumplir siempre lo que Dios desea de ellos y conformarse en todo
con su santa voluntad, no puede uno pretender recibirlo si no se dispone  a
cumplir en todas las cosas la voluntad de Dios.
MD 42,2,2 No hay duda de que vosotros os habéis retirado del mundo con el único fin de
entregaros del todo a Dios y poseer en abundancia su divino Espíritu; con todo,
no esperéis alcanzarlo, si no ejecutáis con exactitud aquello que conocéis ser
voluntad de Dios. Poned sumo cuidado en observar exactamente vuestras
Reglas.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 349
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 63 MD 42,2,2MD 42,3,1 Punto III.
Nada dispone mejor a recibir el Espíritu Santo que la oración. Por eso asegura
Jesucristo que nuestro Padre celestial dará este Espíritu, todo lleno de amor y
de bondad hacia nosotros, a cuantos se lo pidan
  5
.
Y como sabe que la plenitud de este divino Espíritu es difícil de conseguir, y
deseando, a pesar de ello, comunicársela a sus santos apóstoles, les asegura que
Él rogará por ellos a su Padre
  6
 para que puedan recibirlo con profusión.
MD 42,3,2 Si queréis, pues, disponeros en la medida que Dios os lo exige, a ser colmados
del Espíritu de Dios el día de Pentecostés, día en que derrama gustoso sus
gracias, puesto que en tal día se comunicó a los santos apóstoles y a cuantos
entonces componían la Iglesia, aplicaos atenta y fervorosamente a la oración,
para que podáis ser colmados de las gracias de Dios.
No ceséis de rogarlo durante estos días santos. Repetidle a menudo, con la
Iglesia, estas santas palabras: Envía tu Espíritu Santo para darnos nueva vida, y
renovarás la faz de la tierra
  7
.
MD 42,1,1:
1
 Jn 14,15-16. – MD 42,1,2:
2
 Jn 14,17. –
3
 1Jn 2,16. – MD 42,2,1:
4
 Jn 14,16-17. – MD
42,3,1:
5
Lc 11,13. –
6
 Jn 14,16. – MD 42,3,2:
7
 Sal 104,30.
43. Pentecostés
43
MD 43 Para el día de Pentecostés
(Jn 14,23-31)
MD 43,1,1 Punto I.
Los apóstoles permanecieron en retiro y dedicados a la oración
  1
desde la
Ascensión de Jesucristo hasta el día de Pentecostés, que era la fiesta que
celebraban los judíos para conmemorar la recepción de la ley antigua por
Moisés, en el monte Sinaí. En este día descendió el Espíritu Santo sobre ellos y
sobre cuantos estaban reunidos con ellos
  2
, en una espaciosa sala, para darles la
ley nueva, que era ley de gracia y de amor
  3
.
Y se derramó sobre ellos y en ellos a modo de viento impetuoso
  4
, para indicar
que del mismo modo que Dios, al crear al hombre,  insufló en él, según la
expresión de la Escritura,  un aliento de vida
  5
, así igualmente Jesucristo, al
comunicar a sus discípulos la vida nueva, para que vivieran en lo sucesivo sólo
según la gracia, insufló en ellos su divino Espíritu, para darles alguna señal de
su vida divina.
MD 43,1,2 También en este santo día debe reposar sobre vosotros el Espíritu de Dios, para
poneros en disposición de no vivir y de no actuar ya sino por su impulso.
Atraedle a vosotros mediante un corazón bien dispuesto.
MD 43,2,1 Punto II.
Se refiere en los Hechos de los Apóstoles que ese  viento, símbolo del Espíritu
de Dios, que se derramó sobre los discípulos de Jesucristo, llenó toda la casa; y
eso para manifestar lo que se expresa a continuación, que todos los que estaban
allí reunidos fueron llenos del Espíritu Santo
  6
.
350 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 42,3,1 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 64En ese momento los apóstoles recibieron tal abundancia de gracias, que  toda
Jerusalén resonó con sus voces
  7
. No hablaban más que de Jesucristo
resucitado. Tenían siempre en su boca las palabras de la Sagrada Escritura, que
les servía de guía de su conducta.
Todos se habían dispersado después de verlo expirar en la cruz. Se habían
escondido por miedo a la muerte. Pero, una vez recibido el Espíritu Santo, se
reunieron en asamblea en el mismo lugar, y allí se animaban;  se alentaban a
padecer por el nombre de Jesucristo; se consideraban felices por ello y se
regocijaban
  8
.
MD 43,2,2 En vuestro estado necesitáis la plenitud del Espíritu de Dios, pues no debéis
vivir ni guiaros sino conforme al espíritu y a las luces de la fe. Y sólo el
Espíritu de Dios os puede poner en tal disposición.
MD 43,3,1 Punto III.
Los Hechos de los Apóstoles añaden que  a todos los discípulos que estaban
reunidos se les aparecieron como lenguas de fuego, separadas unas de otras,
que se posaron sobre cada uno de ellos; y desde ese momento comenzaron a
hablar lenguas diversas, según la gracia que el Espíritu Santo les otorgaba
  9
.
¡Qué maravilla! Los que antes eran tan rudos que no podían entender las santas
verdades que les exponía Jesucristo, fueron de repente iluminados de tal modo,
que explicaban con claridad e increíble precisión las palabras de la Sagrada
Escritura. De manera que  todos los allí presentes estaban fuera de sí  y
profundamente asombrados
10
; y que en poco tiempo se convirtieron muchos
11
;
porque, como les dijo san Pedro, el Espíritu de Dios se había derramado sobre
ellos
12
.
MD 43,3,2 Vosotros ejercéis un empleo que os pone en la obligación de mover los
corazones; y no podréis conseguirlo sino por el Espíritu de Dios. Pedidle que os
conceda hoy la misma gracia que otorgó a los santos apóstoles, y que después
de haberos colmado de su Espíritu para santificaros, os lo comunique también
para procurar la salvación de los demás.
MD 43,1,1:
1
Hch 1,13-14. –
2
Hch, 2,1-4. – 3 Cf. Jr 31,33-34; Rm 8,2. –
4
Hch 2,2. –
5
Gn 2,7. –
MD 43,2,1:
6
Hch 2,2-4. –
7
Hch 2,5-6. –
8
Hch 5,41. – MD 43,3,1:
9
Hch 2,3-4. –
10
Hch 2,12. –
11
 Hch 2,33.  –
12
 Hch 2,33.
44. Lunes de Pentecostés
44
MD 44 Para el lunes de Pentecostés
Del primer efecto que produce el Espíritu Santo en el alma,
que es moverla a contemplar las cosas con los ojos de la fe
MD 44,1,1 Punto I.
En el evangelio de hoy dice Jesucristo que la luz vino al mundo, pero que los
hombres amaron más las tinieblas que la luz
  1
.
Por la venida del Espíritu Santo descendió al mundo la luz verdadera; y el
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 351
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 65 MD 44,1,1primer efecto que produce en el alma que ha tenido la dicha de recibirlo, es
hacerle ver las cosas del cielo con ojos totalmente distintos a como las ven
quienes viven según el espíritu del siglo.
Por este motivo dice Jesucristo a sus apóstoles en otro lugar del Evangelio, que
cuando venga el Espíritu Santo, al que llama Espíritu de Verdad, les enseñará
toda verdad
  2
; pues les dará a conocer todas las cosas, mostrándoselas, no sólo
en aquello que tienen de apariencia, sino según lo que son en sí mismas,  y
según se conocen cuando se penetra en ellas con los ojos de la fe.
MD 44,1,2 ¿Es ésta la luz de que os servís para discernir todas las cosas visibles, y para
conocer en ellas lo verdadero y lo falso, lo aparente y lo real? Si procedéis
como discípulos de Jesucristo y como iluminados por el Espíritu de Dios, ésa
ha de ser la única luz que debe guiaros.
MD 44,2,1 Punto II.
Las verdades que el Espíritu Santo enseña a los que lo han recibido, son las
máximas diseminadas por el Santo Evangelio; Él se las hace comprender y se
las hace gustar, y los mueve a vivir y a actuar según las mismas. Pues sólo el
Espíritu de Dios puede hacer que se comprendan y mover eficazmente  a
practicarlas, porque están por encima del alcance de la mente humana.
¿Podemos, en efecto, comprender que  los pobres son bienaventurados
  3
; que
hay que amar a los que nos odian
  4
; que  hay que alegrarse cuando nos
calumnian y se dice toda clase de mal contra nosotros
  5
; que debemos devolver
bien por mal
6
, y otras muchas verdades del todo contrarias a lo que nos sugiere
la naturaleza, a menos que el mismo Espíritu de Dios nos las enseñe?
MD 44,2,2 Tenéis obligación de enseñar estas santas máximas a los niños a quienes estáis
encargados de instruir. Debéis estar muy penetrados de ellas, para imprimirlas
profundamente en sus corazones. Sed, pues, dóciles al Espíritu Santo, que en
poco tiempo os puede comunicar perfecto conocimiento de ellas.
MD 44,3,1 Punto III.
Aun cuando estas profundas verdades sean tan admirables y sublimes, y aunque
sea el Espíritu de Dios, que es la verdadera luz, quien ilumine a las almas, con
todo, la mayoría de los hombres no entienden nada de ellas, porque, dice el
Evangelio,  aman  más  las tinieblas  que  la  luz, y  no  conocen  el  Espíritu
de Dios
  7
, ni lo que es capaz de inspirar y producir en las almas. Y la razón que
Jesucristo da de ello es que sus obras son malas, y que quienquiera que obra el
mal aborrece la luz
  8
.
Además, como el mundo está cegado por el pecado, profesa máximas
totalmente contrarias a las que el Espíritu de Dios enseña a las almas santas, y
se conduce según dichas máximas. Ellas son, también, la fuente de sus pecados
y de la corrupción de su corazón.
MD 44,3,2 No hay nada que no debáis hacer para alejar del espíritu de vuestros discípulos
las máximas y las prácticas del mundo, y para inspirarles horror hacia ellas.
Cuanta mayor aversión sintáis hacia el mundo, tanto más aborreceréis su
proceder y sus máximas en vosotros y en los demás.
352 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 44,1,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 66MD 44,1,1:
1
Jn 3,19. –
2
Jn 16,13. – MD 44,2,1:
3
Mt 5,3. –
4
Mt 5,44. –
5
Mt 5,11. –
6
Lc 6,27. –
MD 44,3,1:
7
 Jn 3,19. –
8
 Jn 3,19-20.
45. Martes de Pentecostés
45
MD 45 Para el martes de Pentecostés
Del segundo efecto que produce el Espíritu Santo en el alma,
que es hacerla vivir y obrar por la gracia
MD 45,1,1 Punto I.
Jesucristo dice en el evangelio de este día que ha venido para que aquellos que
son suyos tengan la vida, y la tengan en mayor abundancia
  1
.
Eso mismo se debe atribuir al Espíritu Santo, que no viene al alma sino para
comunicarle la vida de la gracia o para hacer que obre por medio de la gracia.
Puesto que para poder obrar es necesario vivir, el primer impulso que el
Espíritu de Dios ha de dar a un corazón del que toma posesión es infundirle la
vida de la gracia. Por eso san Pablo le llama Espíritu de Vida, y dice que por
medio de este Espíritu fue él liberado de la ley del pecado
  2
.
MD 45,1,2 Vosotros debisteis quedar libres de esta ley vergonzosa desde el momento en
que salisteis del mundo y llegasteis a ser libres con la libertad de los hijos de
Dios
  3
, con la que os ha honrado Jesucristo. Poned, pues, cuidado en conservar
la gracia que os fue dada, y que Jesucristo adquirió para vosotros con tanto
esfuerzo, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud
  4
 del pecado.
Eso sería injuriar a Jesús, que os mereció la gracia mediante tantos
sufrimientos, y  contristar al Espíritu Santo
  5
, que con tanta bondad os la
comunicó.
MD 45,2,1 Punto II.
A la persona retirada del mundo no le basta con vivir de la gracia; es preciso
también que resista a cuanto pudiera hacérsela perder. Eso es también lo que
produce en ella el Espíritu Santo.
La carne, dice san Pablo,  combate con sus apetitos contra el espíritu, y el
espíritu contra la carne, y son contrarios entre sí
  6
.  Por eso, dice el mismo
apóstol, si mortificáis las obras de la carne por el Espíritu (es decir, por el
Espíritu de Dios, que mora en vosotros), viviréis
  7
.
MD 45,2,2 Lo que os indica que no podréis conservar la vida de la gracia sino
mortificando en vosotros las inclinaciones de la naturaleza corrompida, que a
eso llama carne san Pablo. Cuanto más las resistáis, tanto más fortaleceréis en
vosotros la vida de la gracia.
Además, sólo por este medio seréis totalmente de Jesucristo, ya que  quienes
son de Jesucristo, dice el mismo san Pablo, han crucificado su carne con sus
vicios y pasiones
  8
.
Mortificad, pues, vuestros miembros
  9
, añade, y de ese modo os abstendréis de
realizar los deseos de la carne y os afianzaréis en la gracia.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 353
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 67 MD 45,2,2MD 45,3,1 Punto III.
Aunque sea efecto muy particular de la bondad de Dios el manteneros en su
santa gracia, con todo, esto no os basta en vuestra profesión para vivir en ella
según el espíritu de vuestro estado.
En ella debéis, además, obrar por la gracia, y poner de manifiesto que os
conducís por el impulso del Espíritu de Dios. Eso, según san Pablo, debe ser
señal de que estáis en gracia de Dios:  Si vivís por el Espíritu, dice,  obrad
también por el Espíritu
10
.
Es, pues, necesario, que procuréis mantener sobre vosotros mismos tal
vigilancia, que la naturaleza no tenga parte alguna en lo que realizáis, y que no
haya nada en vuestras acciones que no sea producido por la gracia.
¿No hacéis muchas cosas sólo por motivos puramente humanos y naturales, y
porque tenéis inclinación a ello? ¿Hacéis todo como quien está delante de Dios,
es de Dios y como quien no tiene que agradar más que a Dios
11
?
MD 45,1,1:
1
Jn 10,10. –
2
Rm 8,2. – MD 45,1,2:
3
Rm 8,21. –
4
Ga 5,1. –
5
Ef 4,30. – MD 45,2,1:
6
Ga 5,17. –
7
Rm 8,11-13. – MD 45,2,2:
8
Ga 5,24. –
9
Col 3,5. – MD 45,3,1:
10
Ga 5,25. –
11
1Co
7,32.
46. Domingo de la Santísima Trinidad
46
MD 46 Para el domingo de la Santísima Trinidad
(Mt 28,18-20)
MD 46,1,1 Punto I.
Adorad este sagrado misterio, que está completamente por encima de nuestros
sentidos, e incluso por encima de nuestra razón. Los ángeles y los santos le
tributan su reverencia sin haber podido nunca penetrarlo.
Contentaos con venerarlo con ellos, y anonadándoos en espíritu y de corazón en
la consideración de este misterio, confesad que cuanto de él podéis decir  y
concebir es que encierra un Dios en tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
He ahí el objeto de la más profunda veneración de la Iglesia, tanto en el cielo
como en la tierra.
Ante tan inefable misterio, toda rodilla se dobla en el cielo, en la tierra y en los
infiernos
  1
, y vosotros debéis reconocer, con todos los espíritus
bienaventurados, que santo, santo, santo es el Señor Dios omnipotente, y que
todo el mundo está lleno de su gloria y de su majestad
  2
. Él es, en efecto, quien
merece toda la gloria, y el único a quien corresponde, pues no hay otro, sino Él,
que sea algo por sí mismo.
MD 46,1,2 Tributad hoy vuestros homenajes a este divino misterio, y confesad que está por
encima de cualquier otro misterio, porque es el principio de todos los demás.
MD 46,2,1 Punto II.
Con justa razón se puede llamar al misterio de la Santísima Trinidad misterio
de fe, porque sólo la fe brilla en este misterio. Sólo ella nos permite conocerlo,
aunque superficialmente, y en la medida en que es posible durante esta vida.
354 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 45,3,1 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 68Sólo ella mantiene nuestro espíritu fijo en la consideración de este supremo
misterio, que excede infinitamente la capacidad del espíritu humano. Sólo ella,
arrancando el espíritu de las tinieblas
  3
de la infidelidad, lo vuelve a introducir
en la profundidad de estas sagradas tinieblas, de las que se vale la fe para
mantenernos en cautividad.
¡Dichosa oscuridad que vela nuestro entendimiento y humilla nuestra razón!
En los demás misterios hay algo sensible que los acompaña y presta apoyo, de
algún modo, a nuestros sentidos y nuestra razón; pero en éste, ni los sentidos ni
la razón tienen acceso.
MD 46,2,2 Pedid, pues, a Dios fe abundante para creer en este sagrado misterio, y decid,
confesando abiertamente un Dios en tres personas, que son bienaventurados los
que creen sin haber visto
  4
.
MD 46,3,1 Punto III.
Si es cierto que este misterio, que no tiene semejante en eminencia y santidad,
es el primer objeto de la veneración de todos los fieles, mucho más digno de
respeto debe ser para vosotros, que os comprometéis a enseñarlo y a darlo  a
conocer a los niños, que son las plantas animadas del campo de la Iglesia.
Ellos, igual que vosotros, desde su bautismo están consagrados a la Santísima
Trinidad. De ella llevan las señales, impresas en sus almas
  5
, y a este adorable
misterio son deudores de la unción de la gracia, derramada en sus corazones
  6
.
Es muy justo que vosotros, que estáis encargados de explicar este misterio en la
medida que la fe lo permite, lo reconozcáis como la fuente de toda luz, el sostén
de la fe y el primer fundamento de nuestra religión.
MD 46,3,2 Con esta mira debéis, en este día, tributar honor muy especial y consagraros por
completo a la Santísima Trinidad, para contribuir, en la medida que podáis, a
extender su gloria por toda la tierra.
A este respecto, penetraos del espíritu de vuestro Instituto, y animaos del celo
con que Dios quiere que estéis henchidos, para comunicar a los niños el
conocimiento de este sagrado misterio.
MD 46,1,1:
1
Flp 2,10. –
2
Is 6,3. – MD 46,2,1:
3
Col 1,13. – MD 46,2,2:
4
Jn 20,29. – MD 46,3,1:
5
 Ef 4,30. –
6
 1Jn 2,20-27.
47. Fiesta del Santísimo Sacramento
47
MD 47 Para la fiesta del Santísimo Sacramento
MD 47,1,1 Punto I.
Es, sin duda, gran honor para los hombres que Dios quiera morar siempre con
ellos y, en cierto modo, hacerse sensible a ellos, en el Santísimo Sacramento de
la Eucaristía, para proporcionarles abundantes gracias, tanto interiores como
exteriores. Los ángeles se contentan con adorarlo y anonadarse ante este
sagrado depósito que constituye el consuelo de los hombres sobre la tierra.
Hoy es cuando toda la Iglesia pone su atención en él, y cuando todos los fieles
se unen de espíritu y de corazón, para agradecer tan gran favor.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 355
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 69 MD 47,1,1Penetraos de las mismas intenciones y tributad a Jesucristo, en este misterio,
vuestras humildísimas acciones de gracias, por la bondad que muestra al
comunicarse a vosotros en este sacramento, y al estar siempre dispuesto a daros
profusamente sus gracias.
MD 47,2,1 Punto II.
El amor que Jesucristo os manifiesta en este augusto sacramento, bien merece
que, en justa correspondencia, le atestigüéis hoy amor singularísimo, por medio
de un profundísimo respeto, exterior e interior, a este adorable misterio.
En este día, en la Iglesia, se esmeran todos en testimoniar el mayor respeto
exterior que sea posible a este  Dios escondido
  1
. Con este fin se expone el
Santísimo Sacramento sobre los altares, durante toda la octava; y hoy se lo
lleva solemnemente en procesión, para que los cristianos se animen unos  a
otros a honrarlo en este santo tiempo y a frecuentar las iglesias.
Tened suma veneración a este sagrado misterio. Llevad a vuestros discípulos a
que lo veneren, y cuidad de que visiten el Santísimo Sacramento, en estos
santos días, con piedad nada común.
MD 47,3,1 Punto III.
El respeto exterior sería poco apreciado por Dios y por el mismo Jesucristo si
no lo acompañáis con el anonadamiento interior, que es lo único capaz de hacer
digno de Dios ese respeto interior, por muy grande que sea.
Los hombres quedan satisfechos con el honor que se les tributa en lo exterior,
sin preocuparse de si el corazón se corresponde con él. Pero Dios quiere que el
honor que se le tributa y el respeto que se le manifiesta, procedan mucho más
del interior que del exterior.
Es también lo que Jesucristo espera de vosotros en la Eucaristía. Quiere que
vuestra alma se derrita, por decirlo así, en su presencia, en el acatamiento de
este Dios de amor; y que le hagáis patente que lo honráis interiormente, como
Él os lo exige, por la atención continua a las bondades que os ha prodigado,
entregándose sin reserva a vosotros en este augusto sacramento. Sed fieles  a
ello.
MD 47,2,1:
1
 Is 45,15.
48. Viernes en la octava del Santísimo Sacramento
48
MD 48 Para el viernes en la octava del Santísimo Sacramento
Que Jesucristo es, en la Eucaristía, pan que alimenta nuestras almas
MD 48,1,1 Punto I.
Los judíos se ufanaban de que Moisés había dado a sus padres pan del cielo;
pero Jesucristo les dio a entender que se equivocaban, que  era el Padre Eterno
quien había dado el verdadero pan celestial, y que Él mismo era el pan vivo
bajado del cielo
  1
.
356 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 47,2,1 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 70Él está vivo, en efecto, en quienes lo reciben; pues cuando se acercan al
Sacramento de la Eucaristía con santas disposiciones, Él se difunde en todas las
facultades de sus almas, y en ellas realiza actos de vida, guiándolos  y
conduciéndolos por su divino Espíritu, mediante el cual vive y actúa en ellos.
MD 48,1,2 Cuando está en vosotros, ¿lo está como pan vivo? ¿Le dejáis total libertad para
que comunique su divino Espíritu a vuestra alma? ¿Está de tal manera vivo en
vosotros que podáis decir que  ya no sois vosotros los que vivís, sino que es
Jesucristo quien vive en vosotros
  2
?
MD 48,2,1 Punto II.
Después de decir Jesucristo a los judíos que era el verdadero pan bajado del
cielo, añade que este pan da la vida al mundo. Y dice mucho más: que  quien
come de este pan no tendrá nunca hambre
  3
.
¡Cuán dichoso es el hombre, al poder saciarse con tal pan, y tan a menudo
como quiera! Este es el pan que lo sustenta de tal manera, que en él encuentra
todo el alimento y la fuerza espiritual que necesita.
Por eso dicen los Padres de la Iglesia que este es el pan que sobrepasa toda
sustancia, del que se habla en la oración dominical, según san Mateo
  4
. Pues no
hay nada tan capaz de sostener bien nuestra alma y comunicarle tal fuerza para
caminar con vigor por la senda de la virtud.
MD 48,2,2 También se considera figura del pan sagrado de la Eucaristía  aquel pan que
comió Elías antes de llegar a la cima del monte Horeb, y que bastó para
sostenerlo durante su viaje de cuarenta días
  5
.
Comed, pues, gustosos, con amor, y lo más a menudo que podáis este pan
divino; pues si sabéis encontrar en él todo el gusto que encierra, dará a vuestra
alma, ya en la tierra, vida del todo celestial.
MD 48,3,1 Punto III.
Al ver Jesucristo que los judíos tenían dificultad para creer lo que les decía,
añadió que Él era el pan de vida; que sus padres, que habían comido el maná
en el desierto, murieron; pero que quienes comen de este pan bajado del cielo,
no morirán; y que si alguien come de este pan, vivirá eternamente; e incluso,
que el pan que Él dará es su propia carne
  6
.
MD 48,3,2 Así, pues, cuando se recibe el cuerpo de Jesucristo, se tiene el privilegio de
participar en la vida del Salvador, de poseer en sí una prenda de la vida eterna,
y de estar incluso seguro de vivir eternamente, si uno conserva en sí mismo el
Espíritu de Jesucristo, que es lo que Él nos transmite.
¿Es posible que nos asegure Jesucristo mismo que comiendo de este pan, que es
el mismo Dios, tendremos vida eterna, y que no queráis comerlo, o que lo
comáis raras veces?
Gustad y ved
  7
cuán sabroso al paladar es este pan y cuán provechoso para
vuestra alma.
49. Sábado en la octavadel Santísimo Sacramento
MD 48,1,1:
1
Jn 6,31-32.51. – MD 48,1,2:
2
Ga 2,20. – MD 48,2,1:
3
Jn 6,51; 6,35. –
4
Mt 6,11. –
MD 48,2,2:
5
 1R 19,7-8. – MD 48,3,1:
6
 Jn 6,48-51. – MD 48,3,2:
7
 Jn 6,55; Sal 34,9.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 357
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 71 MD 48,3,249
MD 49 Para el sábado en la octava del Santísimo Sacramento
Que Jesucristo en la Eucaristía es comida
que sustenta la vida de nuestras almas
MD 49,1,1 Punto I.
Jesucristo, en el Santo Evangelio, no sólo llama a la Eucaristía pan, sino
comida: Mi carne, dice, es verdaderamente comida
  1
.
En cuanto tal, comunica al alma el vigor que le permite superar fácilmente
todas las dificultades que encuentra en el camino de la virtud; de tal modo, que
nada hay que pueda hacerla vacilar, porque el mismo Jesucristo le da, de algún
modo, el poder contra todo lo que pudiera oponerse a su bien; y le da el ánimo
que la tranquiliza frente a todo lo que podría temer de los ataques de sus
enemigos.
Con esta carne, precisamente, somos cebados, dice Tertuliano. Por eso es más
necesario al hombre alimentarse de ella, para procurar abundancia de gracias a
su alma, que alimentar su cuerpo con el manjar ordinario, para conservar la
vida.
MD 49,1,2 Cuanta mayor virtud y perfección exija vuestro estado, tanta mayor necesidad
tenéis de fortaleza y de generosidad para alcanzarlas, y para no dejaros abatir
por el temor a las dificultades que encontréis en él. Alimentaos con esta comida
eucarística para fortaleceros interiormente y para vencer todos los obstáculos a
vuestra salvación.
MD 49,2,1 Punto II.
Esta divina comida de la Eucaristía procura además al hombre otra ventaja, a
saber, que quienes la comen permanecen en Jesucristo, y Jesucristo permanece
en ellos
  2
. Así nos lo asegura Él en el Santo Evangelio.
Lo cual indica que entre Jesucristo y aquel que come su carne se establece
unión tan íntima y estrecha, que difícilmente se puede separar uno del otro;
porque esta comida sagrada se incorpora de tal modo al alma que la come con
gusto, que esta alma participa de inmediato de las virtudes de Jesucristo; y le
sucede lo que se dice de la esposa en los Cantares: Mi amado es para mí, y yo
soy toda para él
  3
.
MD 49,2,2 ¿Estáis de tal modo unidos a Jesucristo cuando lo recibís, que nada pueda
separaros de Él, y podáis decir después de comulgar, como san Pablo:  ¿Quién
me separará de Jesucristo? ¿Será la tribulación, la escasez, la persecución, el
hambre, la desnudez o los peligros
  4
? ¿Y podríais decir luego, con toda la
confianza del apóstol, que ninguna criatura podrá separaros jamás de vuestro
Salvador
  5
?
Procurad que la sagrada comunión produzca entre Jesucristo y vosotros unión
tan constante, que no os separéis jamás de Él.
MD 49,3,1 Punto III.
Otro efecto admirable que esta divina comida de la Eucaristía produce en el
358 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 49 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 72alma, es el hacerle vivir vida sobrenatural y del todo divina. Lo que hace
realidad en ella lo que dice Jesucristo: Igual que mi Padre, que me ha enviado,
vive, y yo vivo por mi Padre, del mismo modo, quien me come vivirá también
por Mí
  6
.
Así, pues, el alma que ha comido esta carne de Jesucristo y que se ha
alimentado con esta comida, no vive ya una vida natural, ni busca ya contentar
a los sentidos, ni tampoco obra por su propio espíritu, sino por el Espíritu de su
Dios, de quien ha hecho su alimento.
¿Son éstos los efectos que produce en vosotros la unión con Jesucristo en la
Eucaristía?
MD 49,1,1:
1
Jn 6,55. – MD 49,2,1:
2
Jn 6,56. –
3
Ct 6,2-3. – MD 49,2,2:
4
Rm 8,35. –
5
Rm 8,39. –
MD 49,3,1:
6
 Jn 6,57.
50. Segundo domingo después de Pentecostés
50
MD 50 Para el segundo domingo después de Pentecostés,
 en la octava del Santísimo Sacramento
(Lc 14,16-24)
Del honor que Dios nos dispensa
invitándonos a recibir a Jesucristo en la Eucaristía
MD 50,1,1 Punto I.
Vosotros mismos sois aquellos a quienes el Padre Eterno invita hoy a que
acudan a su festín, para recibir en él a su Hijo Jesucristo en la Eucaristía. La
gente del siglo se excusa de acudir a él: uno dice que ha comprado una tierra, y
que necesariamente tiene que ir a verla; otro, que quiere probar cinco yuntas
de bueyes que ha adquirido; otro, que se ha casado
  1
.
Unos se excusan con sus negocios, otros con los placeres que desean disfrutar;
y unos y otros prefieren sus negocios y sus propias satisfacciones a los
ejercicios de piedad y de religión, y sobre todo, al mayor honor que pueden
tener en la tierra, y que debieran considerar el más agradable en este mundo,
que es recibir a Jesucristo en la Eucaristía.
MD 50,1,2 Deplorad la ceguera de las gentes que viven en el siglo y según las máximas del
siglo, y que prefieren cosas temporales a un manjar tan delicioso, que es
Jesucristo, que, al entrar en ellos, los hace partícipes de la divinidad misma
  2
.
MD 50,2,1 Punto II.
Es incomprensible que hombres que han nacido para el cielo, que en el
bautismo se comprometieron a llevar vida santa, descuiden los medios que Dios
les da para santificarse, y sobre todo, el principal, que es la comunión del
cuerpo de Jesucristo, quien, uniéndose a ellos, les comunica abundantemente
las gracias de que son capaces, y que Él les ha preparado.
Si el cuerpo, según Nuestro Señor, es más que el vestido, ¿qué es el cuerpo en
comparación con el alma? ¿No es mucho más justo dejar de lado el cuerpo y
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 359
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 73 MD 50,2,1todo lo que es temporal, para pensar primero en el alma, y atender sus
necesidades?
MD 50,2,2 Si un rey hubiera querido hacer a esas gentes, entregadas a los cuidados del
siglo, el honor de alojarse a su casa, ¿se habrían negado a recibirlo por tan
fútiles pretextos?
Por tanto, es muy adecuado aplicar al rechazo que la mayoría tienen  a
comulgar, a causa de sus asuntos temporales, lo que Jesucristo dice en el
Evangelio: Cuando venga el Hijo del Hombre, es decir, cuando se ofrezca para
ser alimento espiritual de los hombres, ¿creéis que encontrará fe en la tierra?
  3
La falta de fe es, en efecto, lo que induce a los hombres a apartarse así de la
comunión.
MD 50,3,1 Punto III.
Vosotros, que tenéis la dicha de vivir apartados del mundo y que, para haceros
dignos de vuestro ministerio, habéis de llevar vida que se aproxime a la de los
ángeles, debéis también consideraros felices por recibir con frecuencia este pan
de los ángeles, que el mismo Jesucristo os ofrece, y con el cual desea saciaros
plenamente. ¿Podríais acaso excusaros de asisitir a tan delicioso festín, en el
cual, cualquier corazón que ame a Dios encuentra cuanto puede apetecer?
Jesucristo os dice  que se quitará a quien no tiene y que se dará a aquel que
tiene
  4
; de lo que puede deducirse, en relación con el Santísimo Sacramento,
que las gracias que habrían recibido quienes de él se alejan, se dan a los que
tienen la dicha de acercarse a él.
MD 50,3,2 Para aprovechar beneficio tan grande, apresuraos, pues, a comulgar, y hacedlo
con fe. Cometeríais inmenso error si os excusarais de hacerlo, disponiendo de
tantos medios y de facilidad tan grande. Persuadíos de que cualquiera que fuese
la excusa que diereis a Jesucristo para dispensaros de ello, no está Él dispuesto
a recibirla.
MD 50,1,1:
1
Lc 14,18-20. – MD 50,1,2:
2
Cf. 2P 1,4. – MD 50,2,2:
3
Lc 18,8. MD 50,3,1:
4
Lc
19,26.
51. Lunes en la octava del Santísimo Sacramento
51
MD 51 Para el lunes en la octava del Santísimo Sacramento
Que a menudo es poco razonable dispensarse de la comunión,
y que ésta es remedio de todas las enfermedades de nuestra alma
MD 51,1,1 Punto I.
Una de las excusas que los tibios en el servicio de Dios más comúnmente
aducen para abstenerse de comulgar, es que no están preparados. Pero esta
excusa parece muy mal fundada, pues hay que entender que no se está
preparado, o porque no se quiere hacerlo, o porque no se puede.
Si es porque no se quiere, es señal de que se tiene muy poco amor a Dios, que
siente por nosotros tanta ternura, que nos da su propio Hijo
  1
para alimentar
360 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 50,2,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 74nuestras almas y para poner remedio, al mismo tiempo, a todas nuestras
dolencias espirituales.
MD 51,1,2 ¿Queréis, pues, dejar desfallecer vuestra alma, por falta de alimento, y queréis
dejarla en el desorden, ya del pecado, ya de vuestras pasiones, que conducirán
infaliblemente al pecado, por no serviros del remedio que en poco tiempo
podría apartar vuestra alma de toda corrupción?
MD 51,2,1 Punto II.
Si se dice que no se está dispuesto a comulgar porque no se puede, hay que
examinar si efectivamente es cierto que no se puede;  pues es preciso probarse
antes de comulgar
  2
, según el mandato de san Pablo, para que la comunión no
sea indigna. Y, sin duda, sólo el pecado mortal pone en la imposibilidad de
comulgar, por mucho deseo que se tenga de hacerlo, y por muchas invitaciones
que para ello se nos hagan; pues comulgar en tal estado sería cometer
sacrilegio.
MD 51,2,2 Pero, ¿sería posible que quisierais ennegrecer vuestra alma con tal pecado,
vosotros, a quienes Dios ha concedido, y todavía concede a diario, tantas, tan
singulares e importantes gracias? Vuestro corazón, que Jesucristo se escogió
para morada suya, y que debiera guiarse siempre por sus impulsos, ¿podría
infligirle semejante injuria, como es apegarse culpablemente a las criaturas,
haciendo inútil el fruto de su Pasión, y convertirse en enemigo de Dios  y
esclavo del demonio, cuyo poder sobre nosotros destruyó Jesucristo mediante
tantas penas y sufrimientos?
MD 51,3,1 Punto III.
O tal vez digáis que no os creéis en disposición de comulgar porque vuestra
alma está atribulada o porque tenéis tentaciones.
¿No sabéis que las tribulaciones y las tentaciones están muy lejos de ser
indisposición para comulgar; antes, al contrario, cuanto más atribulado  o
tentado se esté, más se debe acudir a la comunión, que es remedio seguro para
suavizar vuestras tribulaciones y debilitar vuestras tentaciones?
MD 51,3,2 Tal vez digáis, otras veces, que la razón por la que no comulgáis es que no
podéis ocuparos en Dios, que os halláis en sequedad, o que vuestra mente sólo
está llena de pensamientos perniciosos e inútiles; y que por esa razón no podéis
ni prepararos para la comunión ni dar gracias después de comulgar.
Pedid a Jesucristo, residente en vosotros, que supla vuestra impotencia, y que
realice una y otra cosa en vosotros y por vosotros. De ese modo quedará
totalmente reparado lo que os falta, y Dios estará muy satisfecho de vosotros y
de vuestras comuniones.
No escuchéis, pues, en lo sucesivo, lo que os sugiera vuestra imaginación para
dispensaros de ella.
MD 51,1,1:
 1
 Jn 3,16. – MD 51,2,1:
2
 1Co 11,28.
52. Martes en la octava del Santísimo Sacrament
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 361
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 75 MD 51,3,252
MD 52 Para el martes en la octava del Santísimo Sacramento
De las malas comuniones, de sus causas y de sus remedios
MD 52,1,1 Punto I.
Una mala comunión es un pecado horrendo; y, sin embargo, puede darse en
personas que aparentan tener, o que incluso tienen, cierta piedad.
Esta desgracia puede ocurrir en las comunidades más santas. Judas vivía en
compañía de Jesucristo, y se hizo culpable de este delito y de otros muchos,
porque, según el testimonio de Jesucristo, era un demonio
  1
. Ver a un demonio
con Jesucristo: ¡quién pudiera imaginarlo!
Recibir cada día las enseñanzas de tan buen maestro, y abusar de ellas hasta tal
punto: ¡qué perfidia y qué ingratitud! ¡Ser avisado de su crimen antes de caer
en él, y tener suficiente temeridad para cometerlo! ¡Ah, cuán endurecido hay
que tener el corazón para no horrorizarse de semejante pecado!
Lo que le sucedió a este apóstol, le puede suceder a cualquiera. Temblad a vista
de ello, y estad sobre aviso ante el temor de tan vergonzoso desorden.
MD 52,2,1 Punto II.
Ordinariamente, la causa de hacer una mala comunión es, o la hipocresía, o la
vergüenza de confesar los pecados; también fue eso lo que causó la de Judas.
Aparentaba, externamente, actuar como los demás apóstoles, y vivió con ellos
durante tres años, sin que hubieran podido advertir nada desordenado en su
comportamiento. Y todo cuanto Jesucristo pudo decirle para inspirarle horror a
su delito antes de cometerlo, no fue capaz de conmoverlo. Y él nunca confesó,
ni a Jesucristo ni a ningún otro, nada que hubiera podido dar a conocer su mala
conciencia.
MD 52,2,2 Esa es también la causa de tan horrible pecado en quienes lo cometen. Quieren
aparecer tan piadosos y tan regulares como los demás, y sin embargo tienen el
alma ennegrecida de pecados. No se atreven a descubrirlos a quienes están
encargados de sus almas, y abusan criminalmente de la bondad de Jesucristo,
que les concede la gracia de darse a ellos.
MD 52,3,1 Punto III.
El medio de prevenir y de remediar tan lamentable estado, consiste, en primer
lugar, en ser muy humilde, y en que os habituéis a acusaros sencilla  y
humildemente de todas vuestras faltas, sin ocultar o disimular ni una sola. De lo
contrario, el demonio os sorprenderá cuando menos lo penséis, y os hará caer
en sus redes.
En segundo lugar, no ocultar nada a quienes os dirigen. Con estos dos medios
evitaréis con toda seguridad realizar una comunión indigna.
Pues en un pecado tan detestable no se incurre de golpe; antes bien, si se
comete, no es sino por haber cerrado insensiblemente el corazón a la gracia, al
haberlo tenido cerrado a aquellos a quienes Dios encomendó el cuidado de
conducirlo al cielo. Ese corazón está ciego, y no conoce el camino para ir  a
Dios si alguien no lo guía.
362 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 52 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 76MD 52,3,2 ¡Ay, pues, de aquellos que se guían a sí mismos, porque no son capaces de
sostenerse; y si caen, no tendrán a nadie que los levante
  2
!
MD 52,1,1:
1
 Jn 6,70-71. – MD 52,3,2:
2
 Cf. Qo 4,10.
53. Miércoles en laoctava del Santísimo Sacramento
53
MD 53 Para el miércoles en la octava del Santísimo Sacramento
De las comuniones poco provechosas,
de sus causas y de sus remedios
MD 53,1,1 Punto I.
Es verdad que para recibir la gracia del Sacramento de la Eucaristía, que es
alimentar nuestras almas e impedir que caigan en el pecado, basta con estar
exento de pecado mortal.
Con todo, si se desea, como debe hacerse cuando se comulga con frecuencia,
que la comunión resulte provechosa, es preciso confesar antes los pecados
veniales, no conservarles afecto alguno, y estar resuelto a corregirse de ellos.
En caso contrario, la comunión sería poco fructuosa.
Y puesto que se comulga con el fin de santificarse, para conseguirlo hay que
procurar hacerlo con tal disposición, que pueda uno fortalecerse en la gracia,
alcanzar otras nuevas y practicar la virtud con mayor facilidad.
MD 53,1,2 ¿Notáis que es ése el fruto de vuestras comuniones? ¿Sois, con ellas, más
recogidos, más recatados y más caritativos para con vuestros Hermanos, más
pacientes y más comedidos? ¿Os hacéis mayor violencia para venceros? ¿Sentís
que vuestras pasiones se rebelan más raramente? ¿Veláis sobre vosotros
mismos para no abandonaros a ellas?
Debéis proceder de modo que vuestras comuniones produzcan estos buenos
efectos.
MD 53,2,1 Punto II.
A menudo, la causa de que las comuniones no tengan el fruto que se debiera
obtener de ellas, es que se comulga con pecados importantes, aunque veniales,
sin haberlos confesado antes. Comulgar, por ejemplo, después de haber
mentido, de haber murmurado contra el superior o contra los Hermanos,
después de haberlos escandalizado, sin haber hecho o deseado hacer una
penitencia, después de haberse dejado llevar deliberadamente por alguna
curiosidad, o después de faltas parecidas, es señal de que no se tiene mucho
horror al pecado; pues se pone poco cuidado en purificar el corazón cuando se
desea comulgar, y se da poca importancia a esa clase de pecados, que no dejan
de ser feísimos en la persona que hace profesión de piedad.
MD 53,2,2 Para obtener de vuestras comuniones todo el fruto que os sea posible, procurad,
antes de comulgar, purificar totalmente vuestra conciencia; si no, demostraríais
poco amor a Dios y poco respeto a Jesucristo, a quien vais a recibir.
MD 53,3,1 Punto III.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 363
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 77 MD 53,2,2Otra razón del escaso provecho que producen algunas comuniones es que se
pone poco esfuerzo por corregirse de los pecados veniales, aun cuando se
confiesen. Pues tal flojedad y negligencia son señal de tibieza espiritual; causa,
a su vez, de que Dios preste menos atención al alma, al considerarla indigna de
sus gracias, ya que también se preocupa poco por Él, y se aplica poco a hacerse
plenamente agradable a Él. El alma que procede con tanta negligencia,  a
menudo pone poco cuidado en prepararse a la comunión y en dar gracias a Dios
después de recibirla.
Esa clase de faltas proviene de la poca disposición del corazón para entregarse
totalmente a Dios, pero no de la comunión o de la frecuencia en hacerla, pues
su efecto propio es alimentar nuestras almas y acrecentar en ellas la gracia.
Proceded, pues, de manera que cada vez que os acerquéis a ella, produzca todo
el fruto que Dios le asigna, y no pongáis ningún obstáculo a ello.
54. Octava del Santísimo Sacramento
54
MD 54 Para el día de la octava del Santísimo Sacramento
De la comunión frecuente
MD 54,1,1 Punto I.
Los primeros discípulos tenían costumbre de comulgar todos los días
  1
, y esta
práctica se mantuvo en uso mucho tiempo en la Iglesia. Sobre todo, quienes
asistían a la santa Misa no dejaban de comulgar en ella.
Varios Padres de la Iglesia prueban que esta práctica se conformaba con el
designio de Jesucristo al instituir la Eucaristía, cuando aplican las palabras de la
oración dominical,  nuestro pan de cada día
  2
, al cuerpo de Jesucristo, que
recibimos en la comunión, y lo consideran como el pan con el que tenemos que
alimentar nuestra alma todos los días.
Ella, en efecto, necesita ser alimentada y fortalecida, igual que nuestro cuerpo,
pues de lo contrario no es posible que se mantenga en la piedad.
MD 54,1,2 ¡Qué dicha la vuestra poder comulgar a menudo, para conservar la gracia, que
os dejaría muy pronto si vosotros dejarais la comunión! En ella encontraréis
alivio a vuestras penas, fortaleza para no sucumbir en las tentaciones y medio
fácil para adquirir la virtud.
No descuidéis, pues, tan santa práctica.
MD 54,2,1 Punto II.
Los efectos de la sagrada comunión son tan admirables y ella proporciona
bienes tan grandes a nuestras almas, que esto debe animaros, de modo
particular, a acercaros a ella con frecuencia.
Este divino sacramento, dice san Bernardo, produce en nosotros dos efectos
importantes: disminuye la propensión a incurrir en pecados leves, e impide el
consentimiento cuando estamos tentados de caer en pecados graves.
Si alguno de vosotros, añade este Padre, no siente ahora impulsos de cólera, de
envidia, de impureza u otros semejantes, dé gracias al cuerpo y a la sangre de
364 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 53,3,1 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 78Jesucristo, porque se debe a la virtud del Sacramento de la Eucaristía que obra
en él.
MD 54,2,2 Puesto que no podéis encontrar remedio más rápido y eficaz para vuestras
tentaciones y para vuestras caídas que la recepción del cuerpo de Jesucristo,
recibidlo con frecuencia, a fin de que, por su medio, vuestra alma no caiga
fácilmente en ningún pecado.
MD 54,3,1 Punto III.
San Crisóstomo atribuye a la sagrada comunión otro efecto, que supera todo lo
imaginable y que enaltece al hombre sobremanera: el de unirnos tan
íntimamente a Jesucristo que llegamos a ser un solo cuerpo con Él, y el cuerpo
de Jesucristo mismo. Igual que muchos granos de trigo, dice, se hacen un solo
pan, sin que se advierta ninguna diferencia entre ellos, por ser todos la misma
cosa; e igual, también, que es ése el efecto del alimento, que produce unión tan
íntima, que llega a la unión sustancial con todo el cuerpo del hombre que lo
utiliza; del mismo modo se une Jesucristo a vosotros en la sagrada comunión,
para transformaros en Él y hacer que no seáis más que un mismo corazón y un
mismo espíritu con Él, y que las disposiciones interiores que Él tiene pasen a
vosotros y lleguen a ser propias vuestras.
MD 54,3,2 ¡Cuán felices tenéis que consideraros por vivir en un estado en el que, al ser tan
frecuente la comunión, podéis ser siempre uno y no formar más que uno con
Jesucristo, poseer su Espíritu y no obrar sino por Él!
MD 54,1,1:
 1
 Hch 2,42. –
2
Lc 11,3.
55. Viernes después de la octava del Santísimo Sacramento
55
MD 55 Para el viernes después de la octava del Santísimo Sacramento
De las razones que sirven a algunos como pretexto
para no comulgar con frecuencia
MD 55,1,1 Punto I.
Los grandes beneficios que se consiguen al comulgar con frecuencia son causa
de que el demonio haga todo lo posible para inducir a algunos a comulgar sólo
rara vez, con falsos pretextos que pone en su mente.
Unos temen, dicen, cometer un sacrilegio. Hacen bien, pero para cometerlo hay
que comulgar en pecado mortal. ¿Sería posible que estuvierais vosotros en ese
estado?
Otros dicen que no son dignos de comulgar tan a menudo. Tampoco deben
esperar que alguna vez lo serán. Todos cuantos reciben la comunión,
cualesquiera que sean, dan testimonio de su indignidad antes de acercarse  a
ella. Pero otros dicen: estoy cargado de defectos; ¿cómo comulgar tan  a
menudo en ese estado?
MD 55,1,2 Si para comulgar aguardáis a veros libres de defectos, no comulgaríais en toda
la vida. El no caer en otros mayores que los que cometéis de ordinario, debéis
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 365
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 79 MD 55,1,2considerarlo como fruto de la comunión frecuente, y debe animaros a continuar
con esa práctica.
MD 55,2,1 Punto II.
Hay algunos que se asustan de la comunión, persuadidos de que no sacan fruto
de ella; y que participar tan a menudo, sin ningún provecho para el bien de su
alma, es abusar de tan augusto misterio. ¿Consideran que es nada el que la
comunión los preserve del pecado mortal? Ése es, sin duda, un bien
inestimable, que debería hacer que deseaseis comulgar todos los días.
Pero, diréis con otros, este sacramento, que contiene la santidad por esencia,
exige elevada santidad en quienes lo reciben tan frecuentemente. Razonar de
ese modo es pretender ver como preparación al sacramento lo que constituye su
efecto y su finalidad: se comulga para llegar a ser santo, no porque se es ya
santo.
Si dijerais, igualmente, que para vivir en comunidad hay que ser santo, se os
diría que se viene a ella para ser santo, y no porque ya se sea.
La unión que contraéis con Jesucristo al recibirlo, ¿no es ella misma ya capaz
de haceros partícipes de su santidad? Precisamente, con este fin debéis
comulgar a menudo.
MD 55,3,1 Punto III.
Como la Eucaristía es sacramento de amor, también hay que manifestar tierno
amor a Jesucristo, al recibirlo. Por eso, una de las principales disposiciones que
hay que llevar es la devoción.
Entonces, dicen algunos, ¿cómo se puede comulgar a menudo, si no se tiene?
Para comulgar no es necesario tener devoción sensible; estad seguros de que la
verdadera y la menos equívoca consiste en el profundo horror al pecado.
¿No es de temer que se comulga por costumbre cuando se comulga con tanta
frecuencia? ¿Creéis, pues, que tal costumbre sea mala? ¿No habría, también,
que dejar de oir la misa todos los días, por temor a asistir a ella por costumbre?
MD 55,3,2 Guardaos bien de aceptar ninguna de estas razones para eximiros de la
comunión, si, por otro lado, no tenéis impedimentos importantes.
Y por estar retirados del mundo, vuestro primer cuidado debe ser uniros a Dios;
acercaos a menudo a Él por la sagrada comunión: es el medio más fácil y más
seguro que Dios os ha dejado para uniros a Él.
Y aun cuando tuvierais reparo en comulgar a causa de vuestras faltas, si éstas
no son mortales, tened la seguridad de que comulgando puramente por
sumisión, y pidiendo a Dios que destruya los defectos que hay en vosotros,
vuestra comunión será agradable a Dios y os atraerá muchas gracias, por la
virtud de tal obediencia.
56. Domingo tercero después de Pentecostés
366 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 55,2,1 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 8056
MD 56 Para el domingo tercero después de Pentecostés
(Lc 15,1-10)
Que el primer cuidado de quienes enseñan a los niños
ha de ser apartarlos del pecado
MD 56,1,1 Punto I.
Como sois los ministros de Dios en el empleo que ejercéis, debéis cooperar con
Él
  1
y secundar sus designios, de procurar la salvación de los niños de los que
estáis encargados, particularmente de los que están más inclinados al
libertinaje.
El evangelio de este día os indica que debéis vigilar más sobre éstos que sobre
los que, por sí mismos, se entregan al bien y practican la piedad, cuando nos
propone la parábola del  buen pastor, que teniendo cien ovejas, y habiendo
perdido una, dejó las noventa y nueve para ir a buscar la extraviada
  2
.
MD 56,1,2 Es preciso que empleéis todos los medios para hacer volver a Dios a aquellos
que se ven sometidos a algún vicio, pues como dice Jesucristo,  no es voluntad
de vuestro Padre que está en el cielo que perezca uno solo de estos
pequeñuelos
  3
.
Puesto que Él es quien os emplea para guiarlos por el camino de la salvación,
procurad que no se extravíen; o, si se extravían, que vuelvan a Él sin tardanza.
A vosotros corresponde hacer que sigan el camino.
MD 56,2,1 Punto II.
Una de las principales cosas que más contribuyen a que se pierda la juventud es
la frecuentación de malas compañías. Pocos se descarrían por la malicia de su
corazón; antes bien, la mayor parte se corrompen por el mal ejemplo y por las
ocasiones en que se encuentran.
Por lo cual, no hay nada sobre lo que más deban vigilar quienes tienen la
dirección de los niños, que en impedir que sean seducidos por el uno y por las
otras. Pues si es grande la debilidad de los hombres, a causa de su inclinación al
pecado, la de los niños es mucho mayor, por el deficiente uso que tienen de la
razón, y porque la naturaleza, que por esta razón está más viva en ellos, tiene
suma inclinación a gozar de los placeres de los sentidos, y así, a dejarse
arrastrar al pecado.
MD 56,2,2 Aplicaos, pues, con todo el cuidado posible, a alejar a vuestros discípulos de las
malas compañías, y procurad que frecuenten sólo las buenas; a fin de que no
recibiendo, por ese medio, más que influjos saludables, practiquen el bien con
mucha facilidad.
MD 56,3,1 Punto III.
Como Dios ha dado a los hombres dos medios seguros para apartarse del
pecado y conservar la gracia, que son la oración y los sacramentos, no hay nada
que más se deba inspirar a los niños, para comunicarles horror al vicio, que el
amor a la oración y el uso frecuente de los sacramentos.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 367
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 81 MD 56,3,1Hay que animarlos a orar a Dios con frecuencia, y a orar con atención. Y hay
que darles a conocer las santas disposiciones que deben llevar para recibir
debidamente los sacramentos, y estimularlos a que se acerquen a menudo  a
ellos para mantener su conciencia limpia de todo pecado.
MD 56,3,2 Esas son las dos cosas principales que habéis de tener presentes en las
instrucciones que dais a vuestros alumnos, a fin de mantenerlos alejados del
pecado.
Tenéis, incluso, que rezar mucho a Dios por aquellos que veis menos inclinados
a la piedad, para que Dios infunda en su corazón el deseo de salvarse.  Sois para
con ellos mediadores, de quienes Dios se sirve para enseñarles los medios para
salvarse
  4
.
Desempeñad, pues, con ellos el oficio que Dios os ha encargado. De lo
contrario, Dios os pedirá cuenta de su perdición si, por no haberlos alejado del
pecado y animado al bien, cayeren en desorden.
MD 56,1,1:
1
 1Co 4,1; 3,5.9. –
2
 Lc 15,4-5. – MD 56,1,2:
3
 Mt 18,14. – MD 56,3,2:
4
 Cf. 1Co 3,5.
57. Domingocuarto después de Pentecostés
57
MD 57 Para el domingo cuarto después de Pentecostés
(Lc 5,1-11)
Que siempre se acierta en lo que se hace
cuando se realiza por obediencia
MD 57,1,1 Punto I.
Ocurre a menudo que lo que se hace no alcanza el éxito que se esperaba de ello,
por haberlo emprendido por propio impulso, y porque no se tiene otra regla ni
otra guía que lo que el propio espíritu pueda sugerir.
Es lo que nos indica el evangelio de este día en la persona de san Pedro, quien,
según dijo a Jesucristo,  había trabajado en pescar toda la noche, sin haber
podido, a pesar de ello, conseguir un solo pez
  1
; y esto, porque no había
actuado más que por cuenta propia.
MD 57,1,2 Así sucede a veces, cuando os imagináis hacer el bien, y con todo no hacéis
ninguno, sea para vosotros, sea para los demás, porque en lo que emprendéis no
tenéis otro guía ni otro conductor que vuestro propio espíritu.
Cuando uno procede así, trabaja realmente en la oscuridad de la noche, porque
nuestro espíritu sólo sirve, con frecuencia, para extraviarnos, ya que la luz que
hay en él no es, la mayoría de las veces más que tinieblas
  2
. Seguid, pues, a un
guía más seguro, si no queréis perderos y hacer que todo vuestro esfuerzo
resulte inútil.
MD 57,2,1 Punto II.
San Pedro, que no tuvo éxito en su trabajo cuando actuó por sí mismo, en
cuanto Jesucristo le mandó echar la red, y le señaló el lugar en donde debía
echarla, se mostró tan sumiso a lo que el Salvador acababa de decirle que, al
368 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 56,3,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 82momento, él y los que lo acompañaban, recogieron tal cantidad de peces, que
su red se rompía
  3
.
He ahí el fruto de la obediencia. Atrae de tal modo las bendiciones de Dios
sobre lo que se hace que, por su medio, se alcanza cuanto se desea; y cuando se
tiene la suerte de trabajar en la salvación de las almas, y dedicarse a ello por
pura obediencia, se adquiere mucha facilidad para obrar el bien y mover los
corazones.
MD 57,2,2 Si incurrís en muchos defectos y si no conseguís en vuestro empleo todo el
fruto que podríais, atribuidlo a que con frecuencia no sois bastante regulares ni
os guiáis suficientemente por la obediencia. Comparad lo que realizáis por
inspiración de la obediencia con lo que hacéis por propio impulso, y considerad
lo primero como obra de Dios, y lo segundo, como trabajo del hombre.
MD 57,3,1 Punto III.
Los que viven en las comunidades tienen sobre los seglares la ventaja de poder
decir cada día a Jesucristo, con san Pedro: Señor, en tu palabra echaré la red
  4
;
en tu palabra voy a realizar esta acción; esto me da la confianza de que la
bendecirás y la tendrás por agradable.
En efecto, basta que una acción se ejecute por obediencia para que agrade  a
Dios, cuando se realiza con tal sencillez que no se tenga otra mira que
obedecer. De ahí que haya ocurrido a veces, por especial providencia de Dios,
que una acción mala en sí misma se haya trocado en buena, al haberla realizado
por simple obediencia.
MD 57,3,2 Puesto que la obediencia procura tan importante ventaja, obrad, pues, de modo
que sea inseparable de todas vuestras acciones; y que así las haga dignas de
Dios y os ponga en condiciones de producir fruto en las almas de aquellos a
quienes debéis conducir a Dios y educar como cristianos.
MD 57,1,1:
1
 Lc 5,5. – MD 57,1,2:
2
 Mt 6,23. – MD 57,2,1:
3
 Lc 5,6. – MD 57,3,1:
4
 Lc 5,5.
58. Domingo quinto después de Pentecostés
58
MD 58 Para el domingo quinto después de Pentecostés
(Mt 5,20-24)
Que los religiosos han de tener mucha más virtud
que las  personas del siglo
MD 58,1,1 Punto I.
Hoy, en el evangelio, Jesucristo dice a sus santos apóstoles que si su virtud no
es mayor que la de los fariseos, no entrarán en el reino de los cielos
  1
.
Aplicaos estas palabras y persuadíos de que Jesucristo os las dirige a vosotros
mismos; si no tenéis más virtud que las personas del siglo, el día del juicio
seréis más dignos de condena que ellas.
Las gentes del mundo, igual que los fariseos, se contentan con cumplir lo
externo y aparente de la religión. Asisten a misa, oyen las predicaciones, se
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 369
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 83 MD 58,1,1hallan presentes, a veces, en el oficio divino, pero realizan todas estas cosas y otras
muchas sin espíritu interior.
MD 58,1,2 Vosotros, que os habéis entregado a Dios y que, en consecuencia, debéis
consagrarle todo el tiempo de vuestra vida, tenéis también que hacerlo todo por
espíritu de religión, sin quedar satisfechos con cumplir sólo lo que es externo
en los deberes de vuestro estado. Pues si los hombres se contentan con lo que
hay de aparente en las acciones, Dios, que sondea los corazones
  2
, para nada se
las tendrá en cuenta.
MD 58,2,1 Punto II.
Quienes en el mundo tienen cierta piedad, juzgan haber satisfecho sus
obligaciones si no han manifestado vicios considerables y si su conducta
externa no es de todo punto reprensible.
Pero Jesucristo condena tales sentimientos en quienes se aplican a servirlo con
fidelidad, y no desea que se acerquen a Él en la oración o en la participación en
la Eucaristía, si tienen la mínima frialdad respecto de su hermano
  3
.  Quiere
que, muy lejos de odiar a los enemigos, se los ame, que se les haga el bien y
que se rece por ellos
  4
.
MD 58,2,2 Lo que Dios exige de vosotros, y aquello en lo que desea que  vuestra justicia
sea mayor que la de la gente del mundo
  5
, es que no sólo guardéis sus
mandamientos con exactitud, sino que incluso seáis fieles en cumplir los
consejos de su Evangelio y, en consecuencia, en la observancia de vuestras
Reglas. ¿No tenéis nada que reprocharos de todo esto?
MD 58,3,1 Punto III.
Las personas que viven en el siglo piensan muy poco en Dios y se preocupan
poco de lo referente a su salvación. Su única ocupación consiste, de ordinario,
en lo que concierne a sus negocios temporales y a las necesidades del cuerpo.
Parece como si la mayoría de los hombres no tuvieran nada que esperar ni
temer más allá de esta vida.
¿Se les habla de Dios, de lo que conduce a Él, de los deberes esenciales del
cristiano, de la práctica del bien, de la huida de las ocasiones de pecado y de las
compañías peligrosas? Para todo ello  tienen orejas y no oyen
  6
, porque no
entienden sino lo que impresiona a los sentidos.
MD 58,3,2 En cuanto a vosotros, que os habéis retirado del mundo para llevar vida por
encima de la naturaleza y de las inclinaciones humanas, y para trabajar en la
salvación del prójimo, no debéis apegaros ni aplicaros más que a Dios y al
ministerio con que os ha honrado. De ese modo, todo vuestro cuidado debéis
ponerlo en vacar a las cosas puramente espirituales.
MD 58,1,1:
1
Mt 5,20. – MD 58,1,2:
2
Rm 8,27. – MD 58,2,1:
3
Mt 5,23. –
4
Mt 5,43-44; Lc
6,27-28. – MD 58,2,2:
5
 Cf. Mt 5,20. – MD 58,3,1:
6
 Sal 115,6.
59. Domingo sexto después de Pentecostés
370 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 58,1,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 8459
MD 59 Para el domingo sexto después de Pentecostés
(Mc 8,1-9)
Quienes se han entregado a Dios deben amar
la mortificación y la pobreza
MD 59,1,1 Punto I.
Más de cuatro mil personas siguieron a Jesús en el desierto
  1
, atraídas por el
ejemplo de su santa vida y por el celo en convertir a las almas, que mostraba en
sus fervorosas predicaciones.
Aquellas gentes no se cansaban en la compañía de Nuestro Señor, aunque se
hallasen en un lugar solitario, sin tener ni poder encontrar qué comer.  Lo
acompañaron durante tres días seguidos
  2
, sin preocuparse del alimento del
cuerpo.
MD 59,1,2 Si procedían así, era porque estaban persuadidos de que, siguiendo a Jesucristo,
no debían ya preocuparse de su cuerpo, sino sólo de su alma; y que para
perfeccionarla, era preciso  mortificar la carne y reducirla a servidumbre
  3
,
como dice san Pablo. Pues cuanto más se humille y mortifique al cuerpo, tanto
más se purifica el alma y se hace más agradable a Dios y capaz de adquirir la
perfección que le corresponde.
Vosotros, que habéis dejado el mundo para seguir a Jesucristo en el retiro,
procurad que todo vuestro cuidado sea entregaros por entero a Él.
MD 59,2,1 Punto II.
Al ver que el pueblo no se preocupaba de lo referente al alimento del cuerpo,
Jesucristo mismo se toma este cuidado, y se encarga de sustentar a quienes se
han consagrado plenamente a Él.
Y con razón hay que dejarlo hacer en tales ocasiones, pues cuanto más se
abandona uno a los cuidados de la Providencia, tanto más atiende ella a que
nada falte.
¡Cosa admirable! Aquel pueblo, durante tres días, no dijo ni una sola palabra de
queja o para señalar su dificultad, pues bastaba que Jesucristo conociera sus
necesidades. ¿Ha abandonado Él alguna vez a quienes no se esmeran sino en
complacerlo y que no piensan más que en seguirle?
MD 59,2,2 ¿Procedéis vosotros así? ¿Estáis de tal modo apegados a Jesucristo que ya no
pensáis en vosotros? No os preocupéis más que de alimentar vuestra alma con
las máximas del santo Evangelio, aplicándoos a practicarlas y dedicándoos con
tanto interés a lo que se refiere a vuestro progreso espiritual, que olvidéis las
necesidades de vuestro cuerpo.
MD 59,3,1 Punto III.
Admirad la bondad de Jesucristo con las gentes que lo siguen.  Tengo
compasión de este pueblo
  4
, dijo. E hizo un milagro para alimentar a todos; y
para alimentar a tan elevado número de personas, multiplicó de tal forma siete
panes, que todos quedaron saciados, e incluso sobró mucho
  5
.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 371
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 85 MD 59,3,1Así alimentó Dios durante cuarenta años al pueblo judío en el desierto, sin que
ninguno se preocupara, durante tantos años, de proveer a sus necesidades
  6
.
MD 59,3,2 Así proveerá Dios a cuanto necesitéis, si no pensáis más que en santificaros y
en desempeñar bien los deberes de vuestro estado. Por eso decía Dios a santa
Catalina de Siena que pensara en Él, y que Él pensaría en ella.
Dios, que ha creado a todos los hombres, quiere que se les dé lo necesario; y Él
mismo provee cuando les faltan los medios.
Vosotros que, en vuestro estado, realizáis la obra de Dios
  7
, tened la seguridad
de que Él cuidará de vosotros, con tal que lo sirváis con fidelidad y no omitáis
nada de lo que os pide.
MD 59,1,1:
1
Mc 8,9. –
2
Mc 8,2. – MD 59,1,2:
3
1Co 9,27. – MD 59,3,1:
4
Mc 8,2. –
5
Mc 8,8. –
6
 Cf. Ne 9,21. – MD 59,3,2:
7
 1Co 3,9; Ha 3,2; Qo 7,14.
60. Domingo séptimodespués de Pentecostés
60
MD 60 Para el domingo séptimo después de Pentecostés
(Mt 7,15-21)
Que la santidad no consiste en el hábito, sino en las obras
MD 60,1,1 Punto I.
En el evangelio de este día, dice Jesucristo que  muchos se visten con piel de
oveja, pero bajo esa piel ocultan lobos voraces
  1
. Eso es lo que sucede a veces
en las comunidades más santas, y por lo que dice el Concilio de Trento que no
es el hábito lo que hace al religioso.
Este hábito, sencillo y basto, da aire de piedad y de modestia que edifica al
mundo; e impone a quienes lo llevan, cierta gravedad exterior. Es hábito santo,
porque es señal externa del compromiso que han contraído quienes lo visten de
llevar vida santa. Pero, si es verdad que este hábito se lo debe recordar
constantemente, también es cierto que no es el hábito el que los santifica;  y
sucede que a menudo sirve para cubrir graves defectos.
MD 60,1,2 Sondeaos a vosotros mismos para considerar si os habéis despojado de todas las
falsas máximas del mundo cuando os despojasteis de sus libreas; si al revestiros
con nuevo hábito  os habéis renovado en el espíritu
  2
y  renunciado
completamente a las prácticas de los mundanos
  3
; puesto que vuestra vida, al
igual que vuestro hábito, debe ser totalmente distinta de la suya.
MD 60,2,1 Punto II.
Añade el Evangelio que no hay que detenerse en el hábito que se lleva, sino en
los frutos que se producen. Por los frutos los conoceréis
  4
, dice. Vosotros tenéis
que producir dos clases de frutos.
Respecto de vosotros, frutos de gracia, que consisten en la santidad de vuestras
acciones. Al vestir hábito totalmente distinto que en el siglo, tenéis que ser un
hombre nuevo, creado en justicia y en santidad
  5
, dice san Pablo. Todo en
vosotros, tanto lo exterior como lo interior, debe traslucir la santidad a la que os
372 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 59,3,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 86obliga vuestra profesión.
Vuestro exterior debe ser santo, porque ha de ser edificante. Debéis ser tan
recogidos, tan modestos y recatados, que parezca que Dios está verdaderamente
en vosotros, y que no tenéis otra mira que Él en vuestro modo de obrar.
Vuestras acciones deben ser santas, haciéndolas por un motivo santo, con
atención a Dios y según las Reglas que os están prescritas, y que son los medios
adecuados para santificaros.
Esos son los frutos que debéis producir en el estado en que Dios os ha puesto.
MD 60,3,1 Punto III.
Hay además otros frutos que debéis producir, respecto de los niños a cuya
instrucción estáis obligados a dedicaros.
Es vuestro deber enseñarles la religión; y si no la conocen, por ignorarla
vosotros mismos, o porque descuidáis instruirlos, sois falsos profetas, que
estando encargados de darles a conocer a Dios, los dejáis, por vuestra
negligencia, en una ignorancia tal que podría llevarlos a la condenación.
Debéis inspirarles horror al vicio y a cuanto pueda contribuir a descarriarlos; y
tal vez no os preocupa el que frecuenten malas compañías, se entreguen al
juego, o pasen la mayor parte del día en la disipación y el desorden.
MD 60,3,2
Si es así, sois para ellos falsos profetas, que  no producís más que frutos
malos
  6
. Tenéis que inculcarles la piedad, el amor a la oración, la asiduidad a la
iglesia y a los ejercicios de devoción. Si son, pues, inmodestos en la iglesia, no
guardando ningún recato en ella, no rezando a Dios o rezando sin devoción, se
conocerá, por su exterior, que vosotros mismos estáis faltos de piedad, y que  al
no producir buenos frutos
  7
, no podéis lograr que los produzcan los demás.
MD 60,1,1:
1
Mt,7,15. – MD 60,1,2:
2
Ef 4,22-23. –
3
Cf. Ef 4,17. – MD 60,2,1:
4
Mt 7,16. –
5
Ef
4,24. – MD 60,3,2:
6
 Mt 7,15-17. –
7
 Mt 7,19.
61. Domingo octavo después de Pentecostés
61
MD 61 Para el domingo octavo después de Pentecostés
(Lc 16,1-9)
De la cuenta que habréis de dar
sobre el modo como hayáis desempeñado vuestro empleo
MD 61,1,1 Punto I.
Habiendo sido acusado cierto mayordomo ante su señor de haber dilapidado
su fortuna, éste le hizo venir y le dijo: ¿Qué es lo que oigo sobre ti? Dame
cuenta de tu administración
  1
.
Vosotros, que ejercéis un empleo santo, en el que os ha puesto Dios, debéis
persuadiros de que estas palabras se dirigen a vosotros; y habéis de pensar que
al final de cada día y de cada ejercicio de vuestro empleo, Dios os pide cuenta
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 373
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 87 MD 61,1,1sobre el modo como lo habéis desempeñado.
Por esta razón, pues, tenéis que entrar en vosotros mismos para examinar esa
cuenta, a fin de estar siempre preparados para rendirla; y habéis de proceder de
forma que Dios, a quien habéis de rendirla, no halle nada que replicar. Pues si
para exigiros esa cuenta esperáis el momento en que Dios mismo venga  a
pedírosla, es de temer que os encuentre en falta.
MD 61,2,1 Punto II.
En lo que concierne al bien espiritual que debéis producir en vuestro empleo,
tendréis que dar cuenta a Dios de dos cosas.
La primera se refiere a la obligación que tenéis de enseñar a los niños el
catecismo y las máximas del Evangelio. Ni uno solo de vuestros alumnos debe
quedar sin ser instruido en la religión, y esta es la primera razón por la que la
Iglesia os los  confía. Por eso debéis  consideraros como  los depositarios
de la fe
  2
, para comunicársela. Ése es el capital que Dios os confía y del cual os
constituye administradores.
MD 61,2,2 En la cuenta que os exija, ¿no encontrará que muchos de vuestros niños
desconocen los principales misterios de la religión? Si así fuera,62
MD 62 Para el domingo noveno después de Pentecostés
(Lc 19,41-47)
MD 62,1,1 Punto I.
Habiendo entrado Jesucristo en el Templo de Jerusalén, encontró allí a personas
que vendían y compraban, y que de ese modo profanaban el Templo del Dios
vivo. Los arrojó de allí diciendo que su casa era casa de oración, y que ellos la
habían convertido en cueva de ladrones
  1
.
Vosotros, aquí, vivís en una casa de oración; ésa debe ser vuestra principal
ocupación. El Espíritu de Dios no residirá en ella, ni Dios mismo derramará
sobre ella sus bendiciones, sino en la medida en que sea casa de oración. Y tan
pronto como perdáis el espíritu y el amor de la oración, Dios os mirará con
malos ojos, como a personas indignas de un empleo que  es su propia obra
  2
, y
que convierten su casa en cueva de ladrones.
MD 62,1,2 En efecto, ¿no es ser ladrón el atribuirse una obra tal, como la conservación de
la inocencia en las almas, o la de su conversión, obra que sólo puede
corresponder a Dios y a los que Él emplea en ella, que son todo de Él y que
recurren continuamente a Él para procurar bien tan grande?
Así, pues, si no sois de Dios, si no recurrís a menudo a Él por la oración, si no
enseñáis a los niños más que cosas exteriores, si no ponéis todo vuestro cuidado
en inspirarles el espíritu de religión, ¿no debéis ser considerados por Dios como
ladrones, que os introducís en su casa, que permanecéis en ella sin su
participación, y que en vez de inspirar a vuestros alumnos el espíritu del
cristianismo, como es vuestro deber, les enseñáis cosas que sólo les servirán
para el mundo?
MD 62,2,1 Punto II.
No sólo vivís en casa de oración, sino que vuestros mismos cuerpos son casa de
oración. En efecto,  ¿No sabéis, dice san Pablo,  que vuestros cuerpos son
templos del Espíritu Santo, que habita en vosotros, y os han sido dados por
Dios, y que ya no os pertenecéis a vosotros mismos, pues habéis sido
comprados a alto precio? De donde concluye san Pablo:  Glorificad, pues,  y
llevad a Dios en vuestros cuerpos
  3
, puesto que vuestros cuerpos son casas de
oración.
Con este mismo espíritu y con este sentimiento, el mismo san Pablo os conjura,
en otro lugar, por la misericordia de Dios, a que le ofrezcáis vuestros cuerpos
como hostia viva, santa y agradable a sus ojos
  4
.
MD 62,2,2 ¿Pensáis alguna vez en la dicha que supone para vosotros que el Espíritu Santo
resida en vuestros cuerpos como en su templo, y  que sea Él quien ora en
vosotros y por vosotros
  5
? Abandonaos totalmente a este divino Espíritu para
que pida a Dios, por vosotros, todo lo que os conviene para el bien de vuestra
alma y de aquellos de quienes estáis encargados, y para que no actuéis sino por
Él.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 375
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 89 MD 62,2,2MD 62,3,1 Punto III.
El Espíritu Santo, que reside en vosotros, debe penetrar el fondo de vuestras
almas. En ellas es donde este divino Espíritu más particularmente debe orar. En
el interior del alma es donde este Espíritu se le comunica y une a ella, y donde
le da a conocer lo que Dios pide de ella para que sea toda de Él
  6
.
Es allí donde le hace partícipe de su divino amor, con el que honra a las almas
santas, que ya no tienen apego a la tierra; entonces es cuando, desprendidas de
todo afecto a las criaturas, hace de ellas su santuario, hace que se ocupen
siempre de Dios, y que vivan sólo de Dios y para Dios.
MD 62,3,2 Puesto que Jesucristo es vuestro mediador
  7
y que no podéis ir a Dios sino por
medio de Él
  8
, suplicadle que esté siempre en vuestra alma, para que ore en ella
a Dios y la lleve a Él; y para que haciendo de ella, durante el tiempo, su
morada, como en su templo, establezca luego ella su residencia en Él durante
toda la eternidad.
MD 62,1,1:
1
 Mt 21,12-13. –
2
 Cf. 1Co 3,9. – MD 62,2,1:
3
 1Co 6,19-20. –
4
 Rm 12,1. – MD 62,2,2:
5
 Rm 8,26. – MD 62,3,1:
6
 Rm 8,27. – MD 62,3,2:
7
 Cf. 1Tm 2,5; Hb 8,6. –
8
 Cf. Jn 14,6.
63. Domingo décimo después de Pentecostés
63
MD 63 Para el domingo décimo después de Pentecostés
(Lc 18,9-14)
Del menosprecio de sí mismo
MD 63,1,1 Punto I.
Una de las cosas que más contribuyen a adquirir la virtud es el menosprecio de
sí mismo;  pues la fuente de todo pecado, dice el Sabio,  es el orgullo
  1
y el
aprecio de sí mismo. No hay ningún hombre, por santo y favorecido de la
gracia que fuere, que no deba menospreciarse a sí mismo y a todo cuanto le
atañe.
¡Qué menosprecio no merece aquel cuyo ser no le pertenece, sino que pertenece
a Dios, que se lo ha dado, y se lo puede quitar, y volverlo a la nada cuando le
plazca! ¿Se puede tener alguna estima por aquel cuya vida no es más que
pecado, y que, por sí mismo, nunca podrá apartarse de él?
He ahí, con todo, el estado en que os encontráis; y parece, al escucharos, que
sois algo. No imitéis, pues, al  fariseo que, en vez de orar a Dios, sólo piensa
en alabarse y darse gracias a sí mismo
  2
.
MD 63,2,1 Punto II.
Viendo Jesucristo que la mayoría de los hombres están tan pagados de sí
mismos que a menudo, cuando hablan, lo hacen de ellos mismos y a su favor,
propone en su Evangelio la parábola de un publicano y un fariseo.
Este último, aparentando orar, tenía el espíritu lleno sólo de sus buenas
cualidades. El primero, que se consideraba miserable pecador y pedía
376 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 62,3,1 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 90humildemente a Dios misericordia, quedó justificado, a causa de la sencillez y
humildad con que oró; mientras que el otro sólo obtuvo confusión
  3
, por haber
ultrajado a Dios, en vez de rezarle.
MD 63,2,2 Este es el modelo que os da Jesucristo, y que debéis poner a menudo ante los
ojos, para animaros a no hablar nunca de vosotros ni a pensar en vosotros. Y
cuando pensáis en ello delante de Dios, pensadlo sólo para humillaros y para
buscar los medios de corregiros de vuestros defectos. Cuando oréis, decid  a
menudo como David: Mi pecado está siempre delante de mí
  4
.
MD 63,3,1 Punto III.
No es posible excederse en el menosprecio de sí mismo. San Francisco, tan
santo como era, se consideraba el mayor pecador del mundo. Otros, para que
los despreciaran, hicieron cosas indignas de un hombre.
Vosotros, que por vuestros pecados crucificasteis a Jesucristo
  5
,  haceos
conformes  a  Él  por  sentimientos  de  humildad
  6
  y,  mirándoos  con  los  ojos
de la fe, no atendáis sino a lo que puede inspiraros bajos sentimientos de
vosotros mismos ante Dios y ante los hombres.
MD 63,3,2 Y puesto que  Dios da su gracia a los humildes
  7
, es preciso que tanto en lo
exterior como en lo interior, el menosprecio de vosotros mismos sea vuestra
herencia, y que en él encontréis vuestra satisfacción.
En vuestro estado y en vuestro empleo tenéis muchas ocasiones para ello. Para
animaros a aprovecharlas bien, miradlas como uno de los mejores medios para
santificaros, y consideraos como los más débiles de los hombres, y los más
incapaces de realizar bien alguno.
Agradeced a Dios la gracia que os concede de veros menospreciados, cargados
de oprobios y de calumnias. Y no manifestéis nunca estima alguna por lo que
hacéis, puesto que Dios, por su bondad y por su gracia, es el autor de todo lo
bueno que hay en vosotros
  8
.
MD 63,1,1:
1
Si 10,13. –
2
Lc 18,11. – MD 63,2,1:
3
Cf. Lc 18,11-14. – MD 63,2,2:
4
Sal 51,5. –
MD 63,3,1:
5
 Hb 6,6. –
6
 Cf. Flp 2,5-6. – MD 63,3,2:
7
 1P 5,5. –
8
 Flp 2,13.
64. Domingo undécimo después de Pentecostés
64
MD 64 Para el domingo undécimo después de Pentecostés
(Mc 7,31-37)
De la sordera espiritual
MD 64,1,1 Punto I.
Según el evangelio de este día, Jesús curó a un hombre que era sordo y mudo
  1
.
Este hombre representa para nosotros a tres clases de sordos que se encuentran,
a veces, en las comunidades.
Los primeros, los que son sordos a las inspiraciones de Dios, ya les induzcan a
observar fielmente sus Reglas, que es lo único que puede mantener en ellos la
gracia de su estado, ya los impulsen a determinadas prácticas particulares que
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 377
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 91 MD 64,1,1Dios les pide.
La segunda clase de sordera es la de quienes son sordos a la voz de sus
superiores. Y puesto que la obediencia es lo que atrae más gracias generales y
particulares en una comunidad, y lo que mejor conserva en la gracia de Dios,
esta clase de sordera llega a ser casi siempre incurable, a menos que se intente
pronto su curación.
La tercera clase de sordera es la de quienes no pueden oír hablar de Dios ni
gustar su palabra en la lectura de los libros sagrados o de piedad. Por ello,
nunca se entregan del todo a Dios, ya que de ordinario es la lectura de los libros
sagrados y piadosos lo que nos llena de su espíritu.
MD 64,1,2 ¡Cuánto le cuesta al Salvador curar tales sorderas! Y ello procede de que no
encuentra ya, en quienes las padecen, la unción de su gracia. Es necesario que
los lleve aparte, porque sólo en el retiro se dispondrán a escuchar la voz de
Dios. Luego, Jesús eleva los ojos hacia el cielo, lanza un suspiro y pone sus
dedos en las orejas del sordo, y dice después: abríos
  2
.
¡Ah, cuán difícil y raro es curar un alma cuando esta sordera es inveterada!
MD 64,2,1 Punto II.
El hombre a quien curó Jesucristo era a la vez mudo y sordo. Igual que hay tres
clases de sordos, también hay tres clases de mudos.
Los primeros son los que no saben hablar a Dios, y la razón de ello es la falta
de correspondencia entre Dios y ellos. Sólo se aprende a hablar a Dios
escuchándolo; pues saber hablar a Dios y conversar con Él, sólo puede venir de
Dios, que tiene su propio lenguaje, y que sólo lo comunica a sus amigos  y
confidentes, a quienes concede la dicha de conversar a menudo con Él.
La segunda clase de mudos es la de quienes no pueden hablar de Dios. Son
muchos los mudos de esta clase, los cuales, por pensar rara vez en Dios, apenas
lo conocen; pues como están llenos de las ideas del mundo y de los
entretenimientos del siglo,  no pueden, según san Pablo, penetrar las cosas de
Dios
  3
; y son tan poco capaces de hablar de Él y de lo que le atañe, como niños
recién nacidos.
MD 64,2,2 La tercera clase de mudos son aquellos a quienes Dios no ha dado  el don de
lenguas
  4
, y no pueden hablar para llevar a Dios. Tener el don de lenguas es
saber hablar para atraer las almas a Dios y procurar su conversión
  5
, y poder
decir a cada uno lo que le conviene; pues Dios no atrae a todas las almas con
los mismos medios, y  hay que saber hablar adecuadamente a cada una de
ellas
6
 para animarlas a ser enteramente de Dios.
Vosotros, que estáis encargados de instruir a los niños, debéis haceros hábiles
en el arte de hablar a Dios, de hablar de Dios y de hablar para llevar a Dios.
Pero tened la seguridad de que nunca hablaréis bien a vuestros alumnos con el
fin de ganarlos para Dios, sino en la medida en que hayáis aprendido a hablarle
y a hablar de Él.
MD 64,3,1 Punto III.
No basta con conocer las diversas clases de sordos y de mudos; hay que saber,
además, los remedios que pueden curarlos. De ordinario, la sordera es causa de
378 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 64,1,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 92la mudez; por lo cual resulta más fácil curar a un mudo que sanar a un sordo,
porque en cuanto un sordo es capaz de oír, pronto se encuentra en condiciones
de hablar.
También por esta razón, el hombre del que se habla en el evangelio, recobró
antes el uso de la lengua que el del oído; pues, para conseguir que hablara,
Jesucristo no hizo más que  ponerle saliva en la boca, sobre la lengua, y en
seguida ésta se desató, y habló con mucha claridad
  7
.
Para curar su sordera, Jesucristo mete los dedos en las orejas del sordo
  8
; lo que
indica que es preciso que Jesucristo toque el alma interiormente para hacerle
oír, comprender, y gustar lo que Él le dice. Es necesario que Él la lleve aparte
para que el ruido del mundo no pueda impedirle escuchar y gustar sus palabras.
MD 64,3,2 Luego levanta los ojos hacia el cielo y lanza un profundo suspiro
  9
, para darnos
a entender cuánto lamenta ante Dios la ceguera producida en el alma por la
sordera espiritual. Incluso es necesario que haga un esfuerzo para decir con voz
potente ante los oídos del sordo: abríos
10
;   con el fin de que esta alma abra
suficientemente sus oídos para oír con facilidad las palabras de Jesucristo y ser
dócil a ellas.
Cura al mudo poniéndole saliva en la lengua, para indicarle que sería poco útil
el hablar si no habla con sabiduría.
Tened, pues, siempre abiertos los oídos y atentos a la palabra de Dios,  y
aprended a hablar poco, y a no hablar sino con sabiduría.
MD 64,1,1:
1
Mc 7,32. – MD 64,1,2:
2
Mc 7,33-34. – MD 64,2,1:
3
1Co 2,14. – MD 64,2,2:
4
Cf.
Hch 2,4. –
5
 Cf. Hch 2,41. –
6
 Cf. Hch 2,8. – MD 64,3,1:
7
Mc 7,35. –
8
 Mc 7,33. – MD 64,3,2:
9
 Mc
7,34. –
10
 Mc 7,34.
65. Domingo duodécimo después de Pentecostés
65
MD 65 Para el domingo duodécimo después de Pentecostés
(Lc 10,23-27)
De la unión que debe existir entre los Hermanos
MD 65,1,1 Punto I.
Lo que Jesucristo propone hoy en el evangelio es un ejemplo de caridad.  Se
trata de un samaritano que encuentra en el camino a un hombre medio muerto;
lo venda y lo pone en manos de un mesonero para que lo cuide hasta su total
curación
  1
.
El Salvador, al referirnos en detalle cuanto hace este hombre caritativo, nos da
bien a entender cómo debe ser la caridad que hemos de tener hacia nuestros
Hermanos, y cuán unidos hemos de estar los unos con los otros. Es ésta
también una de las cosas que hemos de tomar más a pechos, pues, como dice
san Pablo, si no tenéis caridad, todo lo bueno que pudiereis hacer no os servirá
de nada
  2
. Incluso la experiencia permite comprobar suficientemente la verdad
de esta afirmación.
En efecto, una comunidad sin caridad y sin unión es un infierno: uno, por su
parte, murmura; el otro habla mal de su Hermano por estar molesto con él; éste
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 379
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 93 MD 65,1,1se enfada con alguno que lo ha incomodado; aquél se queja al superior de lo
que cierto Hermano ha hecho contra él. En fin, no se oyen más que quejas,
murmuraciones y maledicencias, de donde resultan muchas turbaciones  e
inquietudes.
MD 65,1,2 El único remedio de todos estos desórdenes es la unión y la caridad; pues, como
dice san Pablo, la caridad es paciente
  3
. Este santo apóstol quiere, incluso, que
la paciencia, fruto de la caridad, llegue hasta soportarlo todo
  4
; y quien dice
todo, no exceptúa nada.
Así, pues, si se tiene caridad y unión con los Hermanos, puesto que hay que
soportar todo de todos, ya no se puede decir: no puedo sufrir tal cosa de éste; no
toleraré tal defecto en aquel otro; es preciso que éste se acomode en algo a mi
talante o a mi debilidad. Porque hablar así no es soportar todo de todos.
Pensad mucho en esa máxima y ponedla en práctica con exactitud.
MD 65,2,1 Punto II.
La caridad es mansa
  5
. Es la segunda cualidad que san Pablo atribuye a la
caridad. En efecto, el amor y la unión no se demuestran regañando,
murmurando, quejándose a voces y disputando; sino hablándose con
mansedumbre y amabilidad, y humillándose, incluso, hasta ponerse por debajo
de sus Hermanos; pues la palabra blanda, dice el Sabio, quebranta la ira, pero
la palabra áspera excita el furor
  6
.
Por eso Nuestro Señor dijo a sus apóstoles en el Sermón de la Montaña:
Bienaventurados los mansos, porque poseerán la tierra
  7
; es decir, todo el
mundo; pues poseen todo el mundo quienes poseen el corazón de todos los
hombres.
Esto lo consiguen fácilmente las personas de natural bondadoso y mesurado. Se
insinúan de tal forma en el corazón de aquellos con quienes conversan y con
quienes tratan, que los ganan insensiblemente y obtienen de ellos cuanto
desean.
Así es como se conquistan los corazones y se los induce a hacer cuanto de ellos
se desea. Así es como quienes han nacido con tan feliz disposición, o la han
adquirido mediante la ayuda de la gracia, vienen a ser como los dueños de los
demás, y los mueven a su gusto.
MD 65,2,2 ¡Ah, qué gran beneficio el de comprender y practicar convenientemente esta
lección de Jesucristo:  Aprended de mí, dice,  que soy manso y humilde de
corazón
  8
!
Pero no es este el único bien que se consigue mediante la mansedumbre; el
principal es que, merced a ella, se adquieren fácilmente las virtudes más
sublimes; por ella se sujetan las pasiones y se impide que se desmanden; y por
ella se logra mantener la unión con sus Hermanos.
No les habléis nunca sino con mansedumbre, y callaos cuando temáis hablarles
de otro modo.
MD 65,3,1 Punto III.
La caridad es benéfica
  9
. Es la tercera cualidad que san Pablo atribuye a la
caridad. Y también por ella mostró el samaritano del evangelio la bondad de su
380 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 65,1,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 94corazón. Pues  habiendo encontrado a un hombre infortunado a quienes los
ladrones habían despojado, cubierto de heridas y abandonado medio muerto,
se conmovió de tal manera, que después de poner aceite y vino en sus llagas, y
de vendarlas, le montó en su cabalgadura y le llevó a un mesón, donde lo cuidó
por algún tiempo; y cuando hubo de partir, encargó al mesonero que le
cuidara muy bien, y le entregó dos denarios de plata, prometiendo pagarle
todos los gastos
10
.
MD 65,3,2 Admirad la extrema caridad de este buen samaritano. Para los judíos era un
extranjero, pues los de su país eran considerados por los judíos como
cismáticos; se odiaban mutuamente. Éste, no obstante, hizo todo por tan
desafortunado viajero, a quien un sacerdote y un levita no quisieron atender.
Incluso manifestó sumo desinterés en su caridad, pues después de haber hecho
todo por este hombre, dio dinero por él al mesonero, y le prometió pagar, a la
vuelta, cuanto gastara con aquel hombre.
También es ésta una de las condiciones que exige san Pablo para que la caridad
sea verdadera; quiere  que sea desinteresada
11
. Con todo, sucede a menudo,
incluso en las comunidades, que se hace algún bien a los Hermanos por haberlo
recibido de ellos; o se rehúsa prestarles un servicio, o al menos no se presta de
buena gana, porque hay algo en ellos que desagrada, o porque nos han causado
alguna molestia u ocasionado algún disgusto.
¡Ah, cuán humana es tal caridad, cuán poco cristiana y qué poco merece
llamarse benéfica!
MD 65,1,1:
1
Lc 10,10-35. –
2
1Co 13,3. – MD 65,1,2:
3
1Co 13,4. –
4
1Co 13,7. – MD 65,2,1:
5
1Co 13,4. –
6
Pr 15,1. –
7
Mt 5,4. – MD 65,2,2:
8
Mt 11,29. – MD 65,3,1:
9
1Co 13,4. –
10
Lc
10,30.34-35. – MD 65,3,2:
11
 1Co 13,5.
66. Domingo decimotercero después de Pentecostés
66
MD 66 Para el domingo decimotercero después de Pentecostés
(Lc 17,11-19)
De las tentaciones de impureza y de los medios para vencerlas
MD 66,1,1 Punto I.
Los diez leprosos que, según el evangelio de este día, se presentaron  a
Jesucristo, significan para nosotros las tentaciones de impureza, pues la lepra  es
enfermedad que hace al cuerpo sucio e infecto
  1
; y la manera como Él los curó
nos indica cuáles son los remedios más seguros de que hay que valerse para
librarse de ella.
El evangelio refiere que viendo estos leprosos a Jesucristo desde bastante lejos,
se pararon, y elevando la voz le dijeron: ¡Jesús, nuestro maestro, ten piedad de
nosotros!
  2
.
La distancia a que se mantenían estos leprosos nos indica cuán alejados se
hallan los impúdicos de Nuestro Señor, que siendo la pureza misma, no quiere
tener comunicación con los contagiados, por poco que sea, de este vicio; igual
que tampoco estaba permitido a los leprosos tenerla con los demás judíos.
OBRAS COMPLETAS - I JUAN BAUTISTA DE LA SALLE 381
7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 95 MD 66,1,1Gritaron con tono elevado de voz, para pedir a Jesucristo que tuviera
compasión de ellos. Esto nos recuerda lo que Jesucristo dice en otro pasaje del
Evangelio, que el primer remedio contra la impureza y contra las tentaciones
que llevan a ella, es recurrir a la oración
  3
.
MD 66,1,2 Esta voz, elevada y apremiante, es figura del fervor e insistencia con que se
debe orar para obtener la curación de esta enfermedad; pues el hombre, que
según el Sabio, no puede ser puro si Dios no le concede esa gracia
  4
, nunca
podría pedirla con exceso ni con demasiada insistencia, pues esta enfermedad
es muy peligrosa y de consecuencias muy funestas.
Si ocurre, pues, que alguna vez os vierais atormentados por pensamientos
impuros, no ceséis de orar a Dios hasta quedar totalmente libres de ellos.
MD 66,2,1 Punto II.
El segundo remedio que propone el evangelio, y que Jesucristo  manda a los
leprosos, es presentarse a los sacerdotes
  5
. La antigua ley prescribía que los
leprosos, una vez sanados, se presentaran a los sacerdotes, para que pudieran
comprobar que su lepra se había curado realmente, y para que, si era así, les
permitiesen la comunicación con los demás judíos
  6
.
Pero en la ley nueva, los mandatos de Jesucristo tienen virtud muy distinta que
los de Moisés; ya que si ordena a los leprosos que vayan a presentarse a los
sacerdotes, es para que queden curados de su vergonzosa enfermedad; también
a ellos les ocurrió, de modo perfecto, mientran iban de camino.
MD 66,2,2 En comunidad, es al superior a quien hay que acudir para declararle su
enfermedad y darse a conocer tal como se es. Este es el medio eficaz para curar
prontamente. Y es el que san Dositeo, aquel hábil maestro en la dirección de las
almas, dice haber experimentado en sí mismo. Pues no hay nada, dice, que
tanto tema el espíritu inmundo como ser descubierto; y una vez que lo ha sido,
ya no puede dañar.
Así, añade el Santo, el alma se pone a salvo mediante la declaración que hace
de todas sus disposiciones interiores. Y cuando su superior le dice: haz esto, o
no lo hagas, esto es bueno, o esto es malo, el demonio no encuentra ya
resquicio por donde penetrar en el corazón del enfermo. Y éste encuentra la
salud en el cuidado que pone en manifestarse a su superior, y en actuar en todo
según sus consejos.
Sed, pues, fieles a esta práctica, ya que resulta tan eficaz.
MD 66,3,1 Punto III.
En la antigua ley se ordenaba a los leprosos que  cuando estaban curados,
ofrecieran un sacrificio antes de ponerse en comunicación con los demás, con
el fin de purificarse externamente, en razón de la impureza legal que habían
contraído por la lepra
  7
.
Este sacrificio indica la mortificación, que Jesucristo impone también como
remedio a los leprosos de que hablamos; es decir, a los que están cubiertos de la
lepra de la impureza, o que se sienten atacados por el demonio impuro.
Jesucristo dice, incluso, que  uno no puede curarse perfectamente de este tipo
de enfermedad, ni librarse completamente de este espíritu tentador, más que
382 JUAN BAUTISTA DE LA SALLE OBRAS COMPLETAS - I
MD 66,1,2 7 - MEDITACIONES PARA LOS DOMINGOS - 96con el ayuno
  8
, es decir, con la mortificación.
Por medio de este sacrificio se ofrece a Dios el propio cuerpo, hablando con la
expresión de san Pablo,  como hostia viva, santa y agradable a Dios
  9
. La
mortificación, en efecto, consigue el beneficio de hacer al cuerpo partícipe de la
vida del espíritu.
MD 66,3,2 Por eso dice el mismo san Pablo: Si por el espíritu mortificáis la carne y todas
sus obras, viviréis; por el contrario, como añade el mismo apóstol,  si vivís
según la carne y permitís que satisfaga sus sentidos, moriréis
10
; es decir, que la
impureza, al haceros morir a la gracia, embrutecerá vuestro espíritu; lo hará, en
cierto modo, del todo material y vuestra alma semejante a la de las bestias.
Sea, pues, la mortificación para vosotros aquel  sacrificio perpetuo que se
ordenaba en la ley antigua
11
, llevando siempre en vuestro cuerpo, como dice
san Pablo,  la mortificación de Jesucristo, para que la vida de Jesucristo se
manifieste también en vuestro cuerpo
12
. Tal es el efecto admirable q