HERMANDAD SACRAMENTAL NTRA SRA DEL ESPINO CORONADA

martes, 5 de marzo de 2013

RECOGIDA DE ALIMENTOS


SALMOS





Cardenal Jorge Bergoglio

El cardenal Jorge Bergoglio, 77 años, nació en el barrio argentino de Flores en el Gran Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. Tras estudiar como técnico químico eligió el sacerdocio y entró en la Compañía de Jesús.

Estudio filosofía y teología en ambas facultades del Colegio Máximo San José. Fue maestro de novicios y profesor universitario en teología, provincial de los Jesuitas en su país y presidente de la Conferencia episcopal del 2005 al 2011. El 13 diciembre de 1969 fue ordenado sacerdote. Cumplió un postgrado en la Universidad de Alcalá de Henares y en 1986 concluyó su tesis doctoral en Alemania. Juan Pablo II lo creó cardenal en el 2001.
Según indiscreciones, en el cónclave de 2005 la última votación lo vio protagonista junto a Ratzinger. Tiene una fuerte experiencia pastoral, se caracterizó por decir verdades siempre de manera clara. Su pagina enFacebook cuenta más de 37.000 'me gusta' aunque no es él quien la cuida. Viaja normalmente en subterráneo, metro o medios públicos.
No da entrevistas por lo que los periodistas toman sus declaraciones de las homilías. Se enfrentó fuertemente con las autoridades locales en temas como aborto, matrimonio homosexual y liberalización de drogas.
El cardenal primado de Argentina tomó siempre una posición cercana a las clases menos favorecidas, y de reciente criticó a los sacerdotes que no aceptan bautizar a bebés extramatrimoniales, según indicaron los medios locales.
A los religiosos le pidió "salir a dar testimonio e interesarse por el hermano" porque la cultura del encuentro "nos hace hermanos, nos hace hijos, y no socios de una ONG o prosélitos de una multinacional".
En diversas oportunidades criticó fuertemente la corrupción y la trata de personas con imágenes fuertes: "Se cuida mejor a un perro que a estos esclavos nuestros". O “la esclavitud está a la orden del día, hay chicos en situación de calle desde hace años, no sé si más o menos, pero hay muchos”. Se “sigue fracasando en librarnos de la esclavitud estructural". "En esta ciudad está prohibida la tracción a sangre” si bien “todas las noches veo carritos cargados de cartones y tirados por chicos, ¿eso no es tracción a sangre?"
Recordó que "hay chicas que dejan de jugar a las muñecas para entrar en tugurios de la prostitución, porque fueron robadas, vendidas o traicionadas". Criticó fuertemente el “limitar y eliminar el valor supremo de la vida e ignorar los derechos de los niños por nacer". Y aseveró: "el aborto nunca es una solución". Se opuso a la liberalización de drogas y exhortó a los jóvenes a no creerles a "los mercaderes de la muerte”.
Advirtió que su país “no se cimentó con delirios de grandeza desafiantes", e invitó a ir “más allá de las diferencias". Criticó la falta de "humildad" de los gobernantes y la "veleidad" como un desvalor "que carece de toda propuesta".
Sobre Aparecida indicó que “la inspiración del Espíritu es la gran luz que hubo ahí. Sombras son las mil y una cositas que trababan y tuvimos que superar”. “Todo fue un complejo de luces y sombras y que ganó la luz”.
Siempre se mostró reacio a obtener encargos de un cierto peso en la Curia Romana, si bien fue nombrado consultor de la Pontificia Comisión de América Latina; miembro de las Congregaciones para el Culto Divino y la disciplina de los sacramentos; del Clero; de los Institutos de Vida Consagrada, del Consejo postsinodal, y de la presidencia del Pontificio Consejo para la Familia.
La fuerza de la Iglesia -indicó el purpurado en el sínodo sobre la nueva evangelización- está en la comunión y su debilidad en la división y en la contraposición.

Los «trend topics» éticos, religiosos y de espiritualidad de 2012 en la red


Los «trend topics» éticos, religiosos y de espiritualidad de 2012 en la red

La aparición y masificación de las redes sociales han derivado en lo que el célebre libro The cluetrain manifesto llama conversacionalidad de la opinión pública. Esta forma de mercado de ideas tiene sus ventajas: permite que las instituciones «escuchen» antes de tomar decisiones como estrategias de marketing y contenidos a publicar. ¿Cómo? A través del Web Listening.

¿Y qué nos dice el Web Listening de los temas ético-religiosos y de espiritualidad que más destacaron en la web durante el año 2012? Esta es una de las respuestas que da un estudio realizado por Aleteia.org (cf.Rapporto "web listening e spiritualità. I trend topics etico religiosi del 2012 in rete").
La primera parte del estudio dice qué es un Web Listening: una actividad que «permite decodificar la extrema complejidad y articulación de información histórica que viaja en la red en referencia a un determinado objeto de interés» y «extraer evidencias útiles para la definición de una estrategia de presencia en internet para una empresa». O en otras palabras, un monitoreo en motores de búsqueda, social network, blogs, noticias, fórum, UGC y aplicaciones móviles para saber en dónde se habla de determinado tema, institución o persona, cuánto y cuándo y qué se dice.
El porqué del reporte Web Listening y espiritualidad ocupa la segunda parte del estudio. Las respuestas son cuatro:
1. La nueva evangelización implica escuchar las preocupaciones, sufrimientos y alegrías de las personas;
2. Decodificar una mole de contenidos vinculados a temáticas y discusiones de cariz ético-religioso es una gran oportunidad;
3. Presentar los argumentos que las personas discuten, buscan y comparten en la web;
4. Ofrecer un instrumento útil para el diálogo entre la Iglesia y el mundo de las nuevas tecnologías.
En la tercera y última parte del reporte se colocan los resultados. En un primer momento el análisis cuantitativo (dónde, cuánto y cuándo se habla de temas en óptica ético-religiosa) evidencia que el 71% de las menciones proviene de los Estados Unidos, seguido de México (14%), Francia (8%) e Italia (7%). Los canalizadores de esas menciones son las redes sociales (46%), seguidas de las noticias, blogs, foros y videos.
Considerando que el estudio se basa en la observación de noviembre de 2011 a noviembre de 2012, el análisis muestra que el volumen de postrelativos al mundo conversacional ético-religioso presenta puntos de crecimiento variado según los países. En los Estados Unidos serían los meses de febrero, mayo y octubre de 2012; en México los meses de marzo y octubre de 2012; en Francia no se distinguen momentos especiales.
En un segundo momento de la tercera parte del reporte se hace el análisis cualitativo (de qué se habla en el ámbito de menciones y discusiones ético-religiosas). En este campo, los tres macro-temas más abordados son fe, familia y bioética. Otros temas con menciones relevantes respecto a lo ético-religioso son cultura y sociedad, sexualidad, ciencia, historia, educación y viajes.
Estados Unidos, México, Francia e Italia reciben una atención especial al ser los países de donde mayoritariamente proceden las menciones. En Estados Unidos la categoría «fe» implica tratar especialmente la evangelización y el diálogo interreligioso hasta un 59%, la categoría «familia» supone abordar el matrimonio y el debate sobre las nuevas uniones en un 45% y la categoría bioética está vinculada al debate aborto y eutanasia en un 53%.
En México la categoría «familia» dice relación a matrimonio y el debate sobre las nuevas uniones en un 98%, la categoría «fe» se relaciona con evangelización y defensa de minorías en un 90% y «bioética» con tratar el debate sobre aborto y eutanasia en un 96%. En Francia la categoría «bioética» conlleva al debate entre eutanasia y procreación asistida en un 54%, «familia» implica la temática del matrimonio y nuevas uniones en un 55% y la categoría «fe» supone los temas evangelización y presencia islámica en un 61%. En Italia, por último, la categoría «fe» está relacionada con la evangelización y catequesis en un 76%, «familia» con matrimonio y uniones civiles en un 88% y «bioética» con el debate sobre el aborto y la eutanasia en un 85%. En la inmensa mayoría de los casos, el usuario afronta estos temas con una aproximación participativo-informativa.
Toda esta información supone una brújula orientativa que puede ayudar a perfilar proyectos confesionales en la web, inspirar otros o mejorar los existentes.

Llegan, saludan, juran y meditan


Llegan, saludan, juran y meditan

Ayer lunes 4 de marzo por la tarde, los cardenales llegaron a la Sala Pablo VI, algunos muy distendidos, haciendo a los periodistas una señal de saludo con la mano, otros más tensos y muy concentrados, al darse la vuelta. El cardenal Philippe Barbarin, arzobispo de Lyon, estrechó la manos de los periodistas franceses, el cardenal canadiense Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos ha saludado lanzando un súplica: "Recen por nosotros".

Algunos respondían con un gesto de la mano a los Buona sera, Buenas tardes, Guten abend, o Bonsoir Eminence, como el cardenal suizo George-Marie Cottier exteólogo de la Casa Pontificia.
Llegaban para participar en la segunda Congregación General de cardenales.
El padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, ofreció a los purpurados asistentes la primera de las meditaciones previstas por la constitución apostólica que establece las normas que preceden a la celebración del Cónclave.
Cada purpurado que llega debe jurar, de acuerdo a un protocolo establecido. Ayer pronunciaron su juramento otros cuatro cardenales electores llegados a Roma: el patriarca maronita libanés Bechara Rai, los cardenales alemanes Joachim Meisner de Colonia y Rainer Maria Woelki de Berlín y el cardenal Théodore-Adrien Sarr de Dakar, Senegal.
Se decidió que, los días martes y miércoles, las congregaciones tendrán lugar sólo por la mañana.

Perdona no sólo siete veces, sino setenta veces siete
Mateo 18, 21-35. Cuaresma. Te pido, Señor, la gracia de tener un corazón como el tuyo, que sepa amar y perdonar.
 
Perdona no sólo siete veces, sino  setenta veces siete
Del santo Evangelio según Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y les propuso esta parábola: el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: "Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré." Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: "Paga lo que debes." Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: "Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré." Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido.
Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: "Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?" Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.


Oración introductoria

Jesús mío, Tú me has amado tanto que has querido dar tu vida por mí. Tú has amado a cada hombre hasta el punto de morir por nosotros, a través del sacrificio de la cruz. Padre bueno, bendícenos a nosotros, a nuestros padres, a nuestras familias y nuestros amigos. Te ofrezco esta meditación por todos mis parientes, especialmente por aquellos que están más alejados de tu gracia y de tu amor. Por aquellos que están peleados o tienen riñas dentro del hogar. Abre nuestros corazones, para que hagamos siempre lo que tú nos pides y te descubramos en el prójimo, para saber perdonarlo de corazón.

Petición

Señor, que a ejemplo tuyo, perdone al que me ofenda. Que tenga paciencia con aquellos que son más ásperos o que pueden ser un poco duros, que te vea en mis hermanos y en ellos te ame con corazón magnánimo.

Meditación del Papa

Al soplo, al don del Espíritu Santo, el Señor une el poder de perdonar. Hemos escuchado antes que el Espíritu Santo une, derriba las fronteras, conduce a unos hacia los otros. La fuerza, que abre y permite superar Babel, es la fuerza del perdón. Jesús puede dar el perdón y el poder de perdonar, porque él mismo sufrió las consecuencias de la culpa y las disolvió en las llamas de su amor. El perdón viene de la cruz; él transforma el mundo con el amor que se entrega. Su corazón abierto en la cruz es la puerta a través de la cual entra en el mundo la gracia del perdón. Y sólo esta gracia puede transformar el mundo y construir la paz. (Homilía del santo padre Benedicto XVI domingo 15 de mayo de 2005solemnidad de pentecostés)

Reflexión 

La entrega de Jesucristo en la cruz por nosotros, no puede dejarnos indiferentes. Esforcémonos particularmente por perdonar a nuestro prójimo y sobre todo saber pedir perdón a Dios. Necesito salir de mí mismo; que mi alma vaya cambiando y creciendo en amor a los demás. Que con mi testimonio anime aquellos que están lejos del amor a Dios y que les acerque al sacramento de la confesión.

Propósito

Tendré paciencia y perdonaré a aquél que sea ofensivo conmigo; a ejemplo de Cristo que perdonó a todos los que le crucificaban.

Diálogo con Cristo

Jesús, me alegra tanto saber que Tú siempre estas allí para enseñarme a perdonar y sobre todo que me enseñas tu perdón; cuando yo peco también te estoy condenando y ofendiendo nuevamente, al igual que tus verdugos. Cuando ofendo a mi hermano también te hago daño a ti. Pero a pesar de ser así, me queda el consuelo más grande de mi fe: ¡Dios me ama! Te pido, Señor, la gracia de tener un corazón como el tuyo, que sepa amar y perdonar a pesar de las grandes o pequeñas dificultades de la vida.


"Que la Santa Madre de Dios, que nos indica a su Hijo, nuestro hermano, nos recuerde a los cristianos de todo lugar el deber de amar a nuestro prójimo, de ser constructores de paz y los primeros en perdonar a quien ha pecado contra nosotros, así como nosotros hemos sido perdonados" ) (Benedicto XVI, 22 de marzo de 2009)

Juan José de la Cruz, Santo
Presbítero Franciscano, 5 de marzo
 
Juan José de la Cruz, Santo
Juan José de la Cruz, Santo

Presbítero Franciscano

Martirologio Romano:En Nápoles, san Juan José de la Cruz (Carlos) Gaetano, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, que, siguiendo las huellas de san Pedro de Alcántara, restableció la disciplina de la Regla en muchos conventos de la provincia de Nápoles.

Fecha de canonización: 26 de mayo de 1839 por el Papa Gregorio XVI.
CARLOS CAYETANO CALOSINTO nació el 15 de agosto, día de la gloriosa Asunción de Nuestra Señora, del año 1654 en el volcánico islote de Isquia, situado a la entrada del golfo de Nápoles, de suelo muy rico y fértil. En el bautismo recibió el nombre de Carlos Cayetano. Su familia era noble y piadosísima; sus padres, José Calosinto y Laura Garguilo, vieron, con santo consuelo, que cinco hijos suyos se consagraron al Señor. A todos aventajó Carlos en virtud y santidad de vida.

Ya en sus tiernos años gustaba sobremanera del retiro, silencio y oración; apartábase de los juegos y entretenimientos de sus hermanos y consagraba el tiempo de los recreos a visitar iglesias, orando en ellas con angelical devoción.

Tenía especial cariño y amor a la Virgen nuestra Señora, y cada día rezaba el Oficio Parvo y otras preces marianas, como el rosario y las letanías, ante un altarcito que él mismo había aderezado en su aposento a la gloriosa Reina del cielo. Los sábados y vigilias de sus fiestas solía ayunar a pan y agua.

Amaba a los pobres con singular ternura, recordando que el bien que a ellos se hace lo tiene Jesucristo como hecho a Él mismo. Aunque de muy noble y opulenta familia, gustaba de llevar vestidos humildes y ordinarios. Trabajaba y distribuía entre los pobres el fruto de su labor.

Ya pequeñito sabía mortificarse y practicar algunas penitencias, y cierto día en que uno de sus hermanos le dio de bofetadas, él, en vez de vengarse, se arrodilló a sus pies pidiéndole perdón, y luego rezó por él un Padrenuestro.

Carlos Cayetano, religioso

Cuando tenía apenas diecisiete años, determinó consagrarse enteramente al servicio divino, abrazando alguna religión de vida rigurosa y austera; pero no sabía cuál elegir entre las tres severas órdenes de los Cartujos, Mínimos y Frailes Menores o Franciscanos.

Hizo una fervorosa novena al Espíritu Santo, en la que pidió luz para conocer su camino. Al terminarla ocurrió que Juan de San Bernardo, franciscano descalzo de la reforma de San Pedro de Alcántara, llegado de España a Italia para establecer allí esta nueva rama de la Orden de San Francisco, llegó a Isquia llevado de la providencia del Señor. Las eminentes virtudes de Juan, su vida santísima y su hábito austero y humilde, llenaron de admiración a Carlos Cayetano, el cual desde ese día ya no titubeó más en la elección. Dejó a su familia y pasó a Nápoles, al convento de Santa Lucía del Monte, pidiendo con insistencia ser admitido.

Pasados nueve meses de prueba, comenzó los santos ejercicios del noviciado, y poco después vistió el hábito religioso, trocando su nombre por el de Juan José de la Cruz, en honra de San Juan Bautista, cuya fiesta se celebraba al día siguiente; del glorioso San José, de quien era devotísimo, y de la sagrada Cruz, por la gran devoción que tenía a la Pasión de nuestro divino Salvador. Fue el primero en Italia en ingresar en la Reforma de Observantes Descalzos, y luego el principal promotor de la Orden en las provincias napolitanas.

El tiempo de su noviciado lo pasó entregado a las mayores austeridades, no excediéndole ningún novicio en la exactitud de la observancia regular. Ayunaba cada día a pan y agua, dormía breves horas, y consigo llevaba, como dice San Pablo, la mortificación de Cristo en su espíritu y corazón. San Francisco de Asís y San Pedro de Alcántara fueron los modelos que trató de imitar, llegando en breve a ser dechado de novicio.

Tres años permaneció en Nápoles después de su profesión, adelantando a grandes pasos por la senda de la virtud.

En el año de 1674 y cumplidos los veinte de su edad, viendo los superiores que, aunque mozo en los años, era eminente en virtud y santidad, lo enviaron a fundar un convento en Piedimonte de Afila, al pie de los montes Apeninos, y, con ser ese cargo de difícil desempeño, lo ejerció perfectamente ayudándose de la gracia del Señor. Dio fuerte impulso a la edificación del convento, ayudando él mismo a los albañiles y llevando sobre sus hombros piedras y otros materiales necesarios.

De ese modo, al juntarse las muchas fatigas y trabajos con sus grandes austeridades, le sobrevinieron recios vómitos de sangre que lo dejaron extenuado, y aun hubiera muerto a no ser por la protección visible de la Virgen María, merced a la cual cobró en breve la salud.

Concluida la fábrica material del convento, dedicóse a hacer reinar entre los religiosos un profundo silencio y recogimiento, y la observancia exacta y rigurosa de la santa Regla. Quería que aquella casa, primera de la Orden en Italia, no sólo rivalizara con la de Pedroso, fundada en Extremadura por el mismo San Pedro de Alcántara, sino que la excediera en el rigor de la observancia regular. Como si quisiera el Señor premiar el celo de su siervo, tuvo aquí fray Juan José el primer arrobamiento, viéndole los demás religiosos levantado en el aire durante un oficio que celebraba en la capilla.

A la edad de veintitrés años, fue ordenado sacerdote por mandato de los superiores, pues no quería él aceptar esta dignidad por juzgarse indigno de ella. También por obediencia consintió en dedicarse al cargo de confesor. Descubrió en el ejercicio de este santo ministerio su admirable ciencia teológica, que había aprendido, como Santo Tomás y Santa Teresa, más en la meditación del crucifijo que en el estudio de los libros. Con el fin de darse de lleno a la oración y penitencia, se retiró a una pequeña ermita próxima al convento, y muy en breve se le juntaron algunos religiosos, que bajo su dirección progresaron en perfección y santidad.

Maestro de novicios y provincial

A los veintisiete años cumplidos, lo nombraron los superiores maestro de novicios. En su nuevo cargo nunca se tomó licencia para dispensarse de la observancia regular; asistía puntualmente al coro y a los ejercicios de comunidad, siendo fidelísimo a la oración y espejo de virtudes religiosas para sus novicios. Áspero y riguroso consigo mismo, era muy blando y bondadoso con los demás. Ponía todo su afán en abrasar en el fuego del divino amor y traer a la imitación de Cristo y de su santísima Madre a cuantos tenía bajo su dirección.

Nombrado luego «guardián» del convento de Piedimonte, desempeñó con mucho acierto este cargo; pero, como su humildad prefería la obediencia al mando, hizo tales instancias a los superiores, que a poco le relevaron del empleo; mas no disfrutó largo tiempo de esa libertad tan deseada, pues en 1684, el Capítulo provincial volvió a nombrarle guardián.

El Señor le probó por entonces con grandes desolaciones interiores, pues se vio atormentada su alma con tinieblas y dudas que le hicieron padecer sobremanera. Sufrió esta prueba con mucha paciencia y el Señor se dignó premiarle con una visión en la que se le apareció el alma de un religioso muerto hacía poco, asegurándole que ninguno de los religiosos de San Pedro de Alcántara venidos a Nápoles se había condenado. Tan consolado quedó con esta revelación, que de muy buen grado aceptó las obligaciones que su nuevo cargo le imponía.

También por este tiempo plugo al Señor manifestar la santidad de su siervo con muchos y portentosos milagros, multiplicando el pan del monasterio y haciendo crecer en una noche legumbres recogidas la víspera para darlas a los pobres.

Libre ya otra vez del cargo de guardián, fue elegido en 1690 definidor de la Orden y al mismo tiempo repuesto en el cargo de maestro de novicios, cargo que desempeñó por espacio de cuatro años en Nápoles y en Piedimonte. Habiendo enfermado gravemente su anciana madre, acudió a su lado para asistirla en su agonía y muerte, siendo recibido por los de Isquia con grandes honores y muchas muestras de veneración.

En el año de 1702, los religiosos españoles fundadores de la Reforma de los Observantes Descalzos en Italia, juzgaron haber cumplido su cometido y regresaron a su patria. Con este motivo, los religiosos italianos suplicaron al padre Juan José que se encargara de llevar adelante la constitución de la provincia italiana. Después de vencer muchas y grandes dificultades, logró el apetecido intento, y el Capítulo de la nueva provincia le nombró ministro provincial a pesar de sus ruegos y lágrimas. En verdad fue acertada esta elección, pues él era el más apto para ocupar y asegurar la prosperidad de la naciente provincia, mantener el rigor de la observancia de San Pedro de Alcántara y hacer florecer las virtudes del patriarca San Francisco.

Cumplido el tiempo de su mandato y habiendo desempeñado con acierto tan preeminente cargo, volvió a la obediencia y vida común con gran consuelo y gozo de su alma, recogiéndose en el convento de Santa Lucía, para consagrar lo que le quedase de vida a la dirección y salvación del prójimo.

Virtudes y prodigios

Tenía Juan José ilimitada confianza en el Señor, y Dios se la premiaba con multitud de milagros y prodigios extraordinarios, como el que obró ocho años antes de su muerte, sucedido de la manera que aquí declaramos.

Al entrar cierto día del mes de febrero en el convento, se le acercó un comerciante napolitano y le rogó intercediera por su mujer gravemente enferma, la cual deseaba ardientemente comerse unos melocotones, cosa imposible de darle en aquella época del año. Díjole el Santo que tuviese confianza y que, al día siguiente, el Señor, San Pedro de Alcántara y San Pascual Bailón atenderían sus súplicas; y, como viera allí cerca unas ramas secas de castaño, dijo a fray Miguel que le acompañaba:

- Hermano Miguel, tome tres ramas de ésas y plántelas; si así lo hace, el Señor, San Pedro de Alcántara y San Pascual remediarán la necesidad de esa pobre mujer.

Fray Miguel repuso extrañado:

- Pero, Padre, ¿cómo van a dar melocotones estas ramas de castaño?

- Eso lo harán el Señor y San Pedro de Alcántara -le respondió Juan José.

Obedeció fray Miguel plantando las tres ramas secas de castaño en una maceta que estaba cerca de la ventana del Santo, y, cosa maravillosa, al día siguiente aparecieron todas cubiertas de hojas verdes, y vieron todos que de cada rama colgaba un hermoso melocotón; al comerlos la mujer enferma, quedó sana.

Los resplandores del divino amor que inflamaba su alma, iluminaban su rostro y daban a sus palabras singular blandura y piedad. Aunque no hubiese cielo ni infierno -decía-, quisiera yo amar a Dios por toda la eternidad.

El amor a Dios suele ir acompañado de grande amor al prójimo y sobre todo a los pobres y necesitados, y así el padre Juan José miraba como obligación suya socorrer y alimentar a los menesterosos, no consintiendo nunca que se despidiese del monasterio a un solo mendigo sin darle limosna. En cierta época de gran escasez, guardaba su propia comida y la de la comunidad para sustentar con ella a los necesitados, dejando en manos de la divina Providencia el cuidado de proveer a las necesidades del convento.

Su caridad para con los enfermos le llevaba a desear padecer los achaques y enfermedades que ellos padecían, y así lo pedía al Señor, siendo muchas veces oídas sus súplicas. Gustábale asimismo hacer grandes penitencias para que el Señor perdonase a los pecadores que con él se confesaban, y a los cuales no imponía sino una leve satisfacción.

Tanto a sus penitentes como a los enfermos que visitaba, les infundía tierna y filial devoción a la Virgen María, a quien amaba con singular ternura y cariño.

-- Acudid a la Virgen Santísima -les decía-; ella os ayudará, os consolará y os librará de vuestras penas y congojas.

-- Dale el dulcísimo nombre de madre -dijo un día a un joven estudiante de su comunidad-; dile Mamá, mamá, mi dulce y querida madre María!, y tenle grande y filial devoción y amor, pues ella es tu tierna madre.

Tenía en su celda un precioso cuadro de la Virgen que le regaló el famoso pintor Mattœis, y no apartaba de él sus ojos, consultando con su Madre celestial todas las dificultades. Aseguran algunos que esta santa imagen le habló repetidas veces.

Poseía en grado eminente las virtudes que son propias del estado religioso. Su obediencia a los mandatos de sus superiores era perfectísima; su amor a la pobreza era intenso. Durante toda su vida guardó íntegra la flor de la virginidad; y la humildad, que es fundamento de todas las virtudes cristianas, le hizo cumplir con alegría los oficios más bajos del convento. Guardaba riguroso silencio y, si alguna vez se veía precisado a hablar, lo hacía en voz baja. Iba siempre con la cabeza descubierta y bajo su hábito llevaba cilicios y cadenas que mudaba con frecuencia para aumentar sus dolores. Se disciplinaba duramente y, cuando sus superiores le obligaron a llevar sandalias, que fue a los cuarenta años, ponía en ellas clavos y piedrecitas. Daba brevísimo tiempo al sueño, y en los últimos treinta años de su vida no probó vino, agua, ni otra bebida; y, como en su vejez le aconsejaran moderar un tanto sus rigores a la vista de las enfermedades que padecía, él respondió:

-- No padezco ninguna dolencia que me impida trabajar en la salvación de las almas; y aun cuando la padeciera, ¿acaso no tendría que sacrificarme con Jesús crucificado por estas almas tan desgraciadas?

Éxtasis y otros favores celestiales

El divino Maestro suele complacerse en regalar con las celestiales delicias del Tabor a cuantos le aman lo bastante para seguirle valerosamente hasta el Calvario.

El padre Juan José de la Cruz tuvo frecuentes éxtasis, mereciendo además el insigne favor de tener al Niño Jesús en sus brazos en varias ocasiones, y señaladamente en la noche de Navidad. La Virgen María se le apareció y habló muchas veces, como él mismo lo declaró en ratos de esparcimiento.

Tuvo asimismo el don de bilocación. Vino un día al convento el criado de una duquesa, suplicando al Santo que fuese a visitarla, pues estaba gravemente enferma y quería confesarse; pero Juan José se hallaba también acostado sin poder moverse. El criado se volvió muy afligido y fue a su dueña para contarle la triste noticia. Mas cuál no sería su asombro cuando, al entrar en el cuarto donde yacía la enferma, halló en él al padre Juan José. Fuera de sí de gozo, prorrumpió en gritos de admiración, no pudiendo creer lo que veían sus ojos.

-- Eres muy cándido -le dijo el Santo, cuya humildad se vio comprometida-; he pasado a tu lado y no me has visto.

El Señor le favoreció con el don de profecía. Así, predijo un día su destino a tres jóvenes que fueron a consultarle. Al primero le dijo: «Hijo mío, tu vocación no es la vida religiosa; tienes cara de tener que morir ahorcado». Al segundo le dio este consejo: Ten cuidado y está alerta, hijo, pues te amenaza un grave peligro. Al tercero le dijo: Ruega a la Virgen con fervor, cumple fielmente todas tus obligaciones y el Señor te protegerá». Estas predicciones se verificaron a la letra, pues el tercero se hizo religioso franciscano descalzo. Pasando cerca de Puzzuoli, supo que el segundo había sido asesinado y ferozmente acuchillado en un monte cercano. Poco después halló al primero armado como un bandido, el cual le contó cómo se había escapado de la cárcel para evitar la muerte a que le condenaron por asesinato, y que ahora le perseguían por un homicidio.

Llamado otra vez el Santo para asistir a una religiosa moribunda, acudió al instante y, mirando a una jovencita, sobrina de la monja que estaba junto a su cama, dijo: Me habéis llamado para asistir a la muerte de la tía que aún vivirá largos años; pero la sobrina sí que está al borde de la eternidad. Poco después sanó la religiosa, y la joven murió repentinamente de apoplejía.

Su muerte

Los señalados premios y favores otorgados por el Señor a nuestro Santo, sólo consiguieron desprenderle más y más de las cosas de este mundo y acrecentar el deseo que tenía de las eternas. Por eso se llenó de santa alegría con la noticia de su próxima muerte. Una semana antes, o sea, a finales del mes de febrero del año 1734, rogó a su hermano que le encomendase al Señor en sus oraciones del viernes siguiente, y cabalmente fue ese día el postrero de su vida.

Le administraron la Extremaunción hallándose presente la comunidad y algunas personas honorables de la ciudad. Pasó la noche entretenido en fervorosos afectos de contrición, amor, agradecimiento y resignación, y al amanecer dijo al Hermano que le asistía:

-- Ya sólo me quedan breves momentos de vida.

Corrió el Hermano a decírselo al superior y toda la Comunidad acudió cabe su lecho, y entre gemidos y lágrimas le leyeron la recomendación del alma. Cuando el padre Guardián advirtió en el enfermo señales de agonía, le dio la absolución, y el Santo bajó la cabeza en prueba de agradecimiento. Luego, la levantó y miró con inefable ternura a la imagen de María, y, sonriendo plácidamente, cerró los ojos del cuerpo a las cosas visibles y expiró con grande tranquilidad. Su gloriosa alma voló al cielo para gozar eternamente de la bienaventurada presencia del Señor. Sucedió tan dichoso tránsito a los cinco días del mes de marzo del año 1734, cuando Juan José tenía ochenta de edad.

En el instante en que el espíritu del siervo de Dios voló al cielo, Diego Pignatelli, duque de Monte León, vio aparecer, de repente, delante de sí al Padre Juan José aureolado con luz sobrenatural y muy sano y robusto. Admiróse de lo que veía, pues unos días antes le había dejado enfermo en Nápoles, y así le dijo:

-- Pero ¿qué pasa, Padre Juan José? ¿De dónde que haya cobrado tan presto salud y fuerzas?

-- Ya estoy bueno y soy feliz -le contestó el Santo.

Y en diciendo estas palabras, desapareció. También se apareció a Inocencia Vabetta, que estaba durmiendo cuando murió el Santo, y a otros muchos, entre ellos al padre Bruno, que era religioso en la misma comunidad que Juan José.

Este admirable y santísimo siervo de Dios fue canonizado por Gregorio XVI junto con San Alfonso María de Ligorio, San Francisco de Jerónimo, San Pacífico y Santa Verónica de Juliani. Sus sagradas reliquias están en la ciudad de Nápoles, en la iglesia del convento de Sta. Lucía del Monte.